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Full text of "Jose Luis Bustamante - Los cinco errores capitales de la intervencion anglo-francesa en el Plata"

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/ m «O ERRORES CAPITALES / 

' • \ 

DE LA 

INTERVENCION 



ANGLO-FRANCESA 



EN EL 



FUTI. 



POR 



¿JOSE LUIS BUSTAMANTE. 



MONTEVIDEO, 



1849. 



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SE VENDE 



En la Librería nueva callé del 25 dé Mayo N„° 
230 y 232. 

Y en esta imprenta. 



IMPRENTA PRUGUAYANA. 

Caile de Buenoa A$re¿ níim. 205. 



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IM*) 



A S. E. El Sr. D. Joaquín Suarez. 

PRESIDENTE DE LA REPUBLICA. 
En testimonio de aprecio y respeto individual— 



el autor. 



896 



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NOTA — Una pluma hábil y acreditada, la der Stu Marmol, se 
ocupa en estos momentos de escribir la historia com- 
pleta de la Intervención. 

Tenemos entendido que pronto verán la luz, las primeras en* 
tregas de esta interesante obra, la primera y mas aca- 
bada en tan importante asunto. 



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DISCURSO PRELIMINAR. 



N O obstante el «rífenlo &.• de! tratado Ra&ait, entre la 
Francia y el Dictador de Buenos Ayres, la gnerra á la Re-’ 
pública Oriental, continuaba haciéndose en todas partes 
y de todos modos, con el mismo encarnizamiento y ferocidad 
por parte de aquel, sin respetar ni la vida de los prisioneros, 
ni la propiedad de los estranjeros, ni la seguridad de sus péic- 
sonas. 

El General Oribe, bajo las órdenes de Rosas, y al frente 
dé un Ejército dé éste, se ocupaba á fines de 4© y M, de ter- 
minar la horrible obra de asolar y despedazar, hasta en sus ci- 
mientos, & los infortunados Pueblos de la República Arjentina, 
para convertir roas tarde contra el corazón: de su propia Pa- 
tria, las armas estranjeras, que sin pudor, habia mandado en 
el Quebracho y en San Calá, sirviendo de vil insttuménto á las 
furiosas venganzas de aquel Dictador, contra los esfuerzos jr- 
gantes de libertad, en aquéllos infortunados Pueblos. 

Ellos no conocían al General Oribe : no le habían hecho 
ningún mal, ni recibido de él, ningún bien : jamás habia figu- 
rado en aquellas rejiones, al lado de los grandes caudillos de la 
anarquía, como Quiroga y López : ni cerca de los famosos Ge- 
nerales de la Independencia, como Belgrano y San Martin. 

Los Pueblos Aijentinos, combatían por sus libertades,’ 
por su propia dignidad y derechos. 

Oribe combatía, por su propia tiranía y la ajena ; como 
el- esclavo por las cadenas de su Señor, para que lo opri- 
man y degraden mas. 

Esto hacia mas oprobiosa la oficiosidad de aquel General. 
Se había peleado ya contra el Dictador en el Yeruá, en 
B. Gristoval, en el Sauce Grande ; y esa guerra tenía, una afi- 
nidad estrecha con la cuestión Oriental. Be aquí habían salí- 



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VI 



do á organizarse en Martin García, los primeros elementos 
Arjentinos que hicieron aquella campaña : cada uno de aque- 
llos sucesos importaba un triunfo, ó un revez, para la causa 
Oriental ; y sus consecuencias inmediatas alcanzaban al estran- 
jero y su comercio en estos paises, como á sus hijos, á su li- 
bertad y á sus instituciones. 

Corrientes, erguida por la noble causa que defendía, al 
frente de la revolución Arjentina contra el Dictador, centro de 
todos los elementos de reacción, vencía en Caa-guazú bajo la 
dirección del General Paz, el 28 de Noviembre de Al, ponien- 
do k sus pies un ejército de Rosas, y una de sus mas guerreras 
¡Provincias, la de Entre-Rios. 

El Presidente de la República Oriental General D. Frucrr 
jtuoso Rivera, al frente del ejército en campaña, después de la 
famosa derrota del ejército de Rosas en Cagancha, observaba 
A lo largo del litoral del Uruguay, las escenas que tenían lugar 
en la República Arjentina ; invadiendo mas tarde la Provincia 
de Entre-Rios, con una fuerza de 2000 hombres escasos, al 
mismo tiempo que el ejército mandado por el General Paz, pe- 
netraba en el mismo territorio con fuerzas numerosas y ven- 
cedoras. 

% Esta situación era grave y peligrosa para todos los intere- 
ses, y muy especialmente para la República Oriental, amena- 
zada de una próxima invacion por el ejército que mandaba 
Oribe ; que habiendo terminado su bárbara misión, y destrui- 
do en su vuelta la independencia de la Provincia de Santa Fé, 
penetraba también en la de Entre-Rios, apoderándose de la 
capital del Paraná, para disponerse á emprender la conquista 
y desolación de esta rica República. 

Aspecto tan amenazador, no podía dejar de producir en 
el ánimo de los que tenían poder de evitar las nuevas calami- 
dades horribles, que iban á tener lugar, la convicción Intima, 
de la necesidad de oponer oportunamente un dique al torren- 
te debastador que á la primera circunstancia debía desbor- 
darse sobre los Pueblos de ambas orillas del Plata. 

El conocimiento de aquella situación amenazadora, y la 
demanda constante del Gobierno Oriental para arribar á su 
terminación, determinaron k los Representantes de los Go- 






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va 

biernos de Inglaterra y Francia, á ofrecer con espresiva dili- 
jencia, la mediación de aquellas poderosas Naciones, en virtud 
de instrucciones que al efecto tenían, para arribar prontamen- 
te á un arreglo honorable, entre el Gobierno de la República 
Oriental, y el Dictador de Buenos Ayres. 

La mediación abrió su marcha, iniciando su acción y su 
poder, como el iris en medio de la tempestad, derramando la 
luz y el consuelo en todos ios corazones ; la esperanza mas 
dulce en todos los Pueblos del Plata. 

Penosa y grave es sin duda la tarea que nos hemos pro- 
puesto, de demostrar los lamentables ERRORES que se han 
cometido en el curso de esa importante ‘mediación. Pero en 
las grandes situaciones la verdad, es siempre útil, como el 
faro que disipa las tinieblas, y muéstrala ruta que conduce al 
punto anhelado que se busca, en la tenebrosa obscuridad de 
Fa tempestad. 

Se ha escrito y se ha probado la justicia de la causa que, 
én los Pueblos del Plata se sostiene, contra el Dictador de 
Buenos Ayres ; se ha escrito y se ha demostrado con entera 
verdad, el único camino que puede conducir al término que 
se pretende llegar en bien de la humanidad y de la civilización. 
Necesario es escribir y mostrar ahora los errores que en ese 
noble empeño se han cometido, retardando el triunfo mas be- 
% lio é importante á que pueden aspirar las poderosas Nacio- 
nes, que marchan al frente de la civilización del mundo : la 
Francia que ha derribado dos tronos para establecer la liber- 
tad y la República, y la Inglaterra que tremola sus envejecidos 
Estandartes, en los mares yen la tierra, abriendo canales por 
todas partes, al comercio, ájente poderoso y celestial de civi- 
lización y de progreso en los tiempos modernos. 

Este trabajo puede ser útil, porque creemos que aun es 
tiempo de reparar las consecuencias que, una política basada 
en engañosos informes, ha producido contra su propia mente, 
y en directo daño de los mas altos intereses políticos y co- 
merciales de esas dos naciones. 

^ Nuestro objeto es, presentar en el menor número posible 
de pajinas, los hechos mas conspicuos de la Intervención des- 
de Agosto de 42 ; mostrando de este modo, lo que se ha hecho. 



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VHt 



y lo que se ha dejado de hacer ; lo que aquellas potencias se 
arometierou, al iniciar con tan nobles fines, su mediación en 
aquella época ; su intervención armada en 45, y hasta que gra- 
do de lamentable estravío, se ha llevado ese torrente de MI- 
SIONES DIPLOMÁTICAS, desaciendo la una, lo que habla si- 
do becho por la otra : olvidando ésta, los compromisos con- 
traídos por aquella : declarando hoy insubsistentes las casas 
oficialmente establecidas ayer, cambiando, alterando, varian- 
do, con asombrosa y sorprendente facilidad, los principios, 
los medios y los fines que una vez se propusieron ; sin haber 
comprendido, ni la cuestión, cuya solución buscaban tan an- 
helosamente, ni al hombre á quien era necesario subordinar 
jt la ley de las Naciones, ni la naturaleza de su poder, que era 
preciso combatir y desbaratar, para plantear en su lugar, el 
sistema de los principios, del órden legal y de la paz pública. 

Este desengaño no será tarde, si la política flamante de 
Ja República Francesa especialmente, y la desengañada Ingla- 
terra, dejando el camino estéril del error, vuelven á la 6enda 
luminosa de la verdad, donde se recojen frutos ópimos y se- 
guros para la felicidad de las Naciones, para el bien-estar dp 
la especie humana. 

Entonces, los pueblos del Plata, bendecirían la mano y el 
poder que tales resultados les proporcionase, único fin á que 
aspiran, ¿despecho de la tiranía y de la demagojia. 

Con relación á esas misiones diplomáticas, podríamos 
decir con el inmortal Bacon, 

“ Todos han iluminado los rincones y revueltas del edifi- 
” ció, pero ninguno levantó su antorcha bajo la bóveda y en 
” el Santuario. De aquí es solamente de donde la claridad po- 
” drá estenderse sobre los ídolos, y hacer desvanecer lospresr 
” tijios, las imposturas y los horrores que los rodean,.” 



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LOS CINCO ERRORES CAPITALES, 

BE U. 



INTERVENCION ANGLO-FRANCESA 

m* 



1. ° Mande ville t Deltjrdb. 

2. # Deffaudis t Ouse ley. 

3 ° Hood. 

4. ° Howden y Walesky. 

5. ° Goatf y Gaos. 



CAPITULO I. 

MANDEV1LLE T DELURDE. 

La debilidad y la intriga . 

i. 

(jCOPIA Y TRADUCCION). 

Reservada y confidencial. 

Buenos Ayres Setiembre 2 de 1842. 

Mi querido Sr. Vidal— 

No he tenido tiempo, antee de la salida del Paquete de contestar 
su carta particular del 24 del último, y ahora cumplo mi promesa hecha 
á V. en carta del 25, de replicar á ella. 

En primer lugar debo decir á V. que algunos dias antes de la salida 

2 



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10 



OS CINCO ERRORES CAPITALES 



del Paquete, el Conde Delurde, y yn, hornos ' hecho la oferta formal de 
ia mediación en el modo preecrjpto por mis instrucciones, que hice co- 
nocer á V. cuando mi última estada en Montevideo. 

D’je al Sr. Arana, que él estaba sin duda impuesto del objeto de 
nuestra visita; á lo que convino de que estaba bien informado por con- 
versaciones prévias que había tenido conmigo, y porque hacía tiempo que 
no era un secreto, pues h»bia sido asunto de artículos do los papeles de 
Montevideo, y el tópico de las conversaciones dedas calles de ese Pue- 
blo, durante semanas. Pero público, ú secreto le repuse, el objeto era 
siempre de la mayor imp^rtancii para estos Países, y de muy séria con- 
sideración para los Gobiernos Francés é Ingles, que el objeto era urjir al 
Jeneral Rosas á aceptar la mediación de la Francia y de la Gran Breta» 
ña, de que el Conde Delurde, y yo por consiguiente hacíamos la oferta 
formal al Gobierno de Buenos Ayres en orden á concluir el conflicto 
deplorable en que estaban empeñados hacia tanto tiempo Buenos Ayres 7 
Montevideo. Qie Montevideo, según estaba informado deseaba hacer 
la paz con Buenos Ayre*, en términos justos y razonables, y que podía 
producir autorización de lo que decía, si se ex jh. — Q te la propuesta que 
el Jeneral Ro?as había hecho anteriormente de aceptar la mediación de 
la Gran Bretaña, con la condición, de que el Jeneral Oribe fuese resta- 
blecido al Poder era inadmisible, y de una impoeibi idad muy clara, para 
que el Gobierno Francés ni el Ingles, la sancionasen con su mediación» 
Que el deseo del Jeneral Rosas de poner en el lugar de la Presidencia 
de Montevideo un individuo particular, aunque fue¿e meritorio á otros 
respectos, no puede ser aceptable á la mayoría de los habitantes del Es- 
tado Oriental, y que aquellos Gobiernos pueden solamente consentir en 
ofrecer á cualesquiera de los Poderes belijerantes tales condiciones, como 
un Estado independiente puede aceptar de otro, sin ofender su honor. 

Manifesté á S. E.que I09 Gobiernos de SS. MM. tenían una con- 
fiada espectacion de que el Gobierno de Buenos Ayres aceptaría la oferta 
de la Gran Bretaña y de la Francia para mediar entre Buenos Ayres y 
Montevideo, sobre condiciones justas y razonables, y que el Gobierno de 



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DE LA INTERVENCION ANGLO*FRANCE8A. 



11 



Buenos Ayres autorizaría a) Conde Delurde, y á mí para proponer tér- 
minos moderados y honorables de psz ti Gobierno de la República del 
Uruguay. Manifesté también al Sr. Arana, que esta oferta era dictada 
por humanidad, y por interés de la prosperidad de dos Repúblicas veci* 
ñas: que el Gobierno de S. M. deseaba ardientemente, y el Sr. Conde 
Delurde dijo lo mismo del Gobierno Francés, que el de Buenos Ayres’ 
reflexionase maduramente antes de desechar esta intervención amigable» 
que ahora ofrecían dos Estados tan poderosos; y concluí conjurando á S# 
E, á que usase de6u -influencia con el Jeneral Rosas como su amigo y 
consejero, á que aceptase la mediación en los términos qne acababan de 
proponer. 

131 Sr. Arana replicó, que nosotros no podíamos esperar ninguna 
respuesta, sino la de que él se apresuraría a manifestar al Jeneral Ro- 
sas la comunicación que acabamos de hacerle, y que lo baria esa misma 
tarde; y dirijiéndose al Conde Delurde, le dijo— V. conoce la respuesta 
dada al Ministerio Británico el año pesado, do que so dio una copia al 
Sr. De Becourt. Ni el Ministro Francés, ni yo, podíamos aludirá esta 
respuesta, ni discutirla; y él se reanió á mí para solicitar los buenos oficios 
del Sr. Arana para obtener un resultado feliz á nuestra común oferta. El 
Sr. Delurde dijo, y con razón, que era muy importante obtener la acquie* 
cencía del Jeneral Rosas ¿ la mediación, tan pronto como fuese poaU 
ble, y yo adherí á esto en términos muy precisos. El Sr. Arana res- 
pondió inmediatamente, que iba á dar cuenta al Gobernador del deseo de 
los dos Ministros, con todo el interés que demanda un negocio ¿an deli- 
cado é importante. 

Con esta última observación del Sr, Arana concluyó la conferencia, 
y nos despedimos llenos de esperanza, que el Jeneral Rosas, con la so- 
lidez de su juicio, y la jenerosidad de su disposición, ayudado de la in- 
fluencia y buenos oficios de S. E, no dudará aceptar la oferta déla 
Gran Bretaña y la Francia, para terminar la guerra por humanidad, y 
por la prosperidad de las dos Repúblicas, tan deseada por toda la Euro- 
pq» y por el Pueblo y Gobierno de Montevideo, que solo pide la paz, y el 



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12 XiÓS CINCO ERRORES CAPITALES 

poder mas lejítimo del mundo, el de elejir sus gobernantes y las formas 
de su Gobierno, él mismo. 

Dos dias después de la salida del Paquete, el Conde Delurde y yo 
pasamos por lo del Sr. Arana. Nos dijo; que en una cuestión de tan 
gran importancia, como era la oferta común de la mediación de la Gran 
Bretaña y Francia, él creía, que debia comunicarse por escrito, y nos pre- 
guntó si teníamos alguna objeción en hacerla de esta manera; yo le dije 
que ninguna; y el Ministro Francés y yo, le hemos pasado una nota al 
dia siguiente 30 del pasado , que empieza con—* 1 En consecuencia 
” del deseo de S. E., de que la comunicación verbal hecha el 24 del cor- 
” riente, fuese comunicada por escrito, tenemos el honor &c. &c. &c. w 
Y escribiendo he repetido palabra por palabra lo que había dicho verbal, 
mente, lo mismo que el Ministro Francés. 

Tiene V. ahora, querido Sr. Vidal, una fiel y exacta relación de cada 
cosa, que ha tenido lugar en este importante negocio. 

Ahora á lo que V. me pide con respecto á contestar la nota oficial, 
que me mandó con el Ministro Francés, yo estoy perfectamente de acuer- 
do con V., en que el Gobierno de S. M., no haría una segunda oferta de 
bu mediación, 6in estar resuelto á sostenerla, mas especialmente desde 
que V. dice que Lord Aberdeen ha declarado al Sr. Ellauri, que él pon* 
drá un fin á la guerra.' 

Pero esta seguridad de parte de Lord Aberdeen, no me dan el poder 

ni de tomar medidas para hacer efectiva esta declaración, ni para hacerla 

al Jeneral Rosas. Yo debo esperar instrucciones de mi Gobierno antes 

% 

de informar al de Buenos Ayres de lo que ellas me mandarán hacer, y no 
está en mi decir como acabará la guerra. 

El Sr. Delurde, cuando le hablé sobre el contenido de la nota oficial 
de V. á mí, de que él era portador, me dijo que él se limitó á un simple 
acuse de recibo, porque no podía responder otra cosa, y me encuentro 
que estoy en semejante exacta posición. 

V. está ahora, y ha estado siempre en posesión de mis sentimientos 
públicos y privados sobre esta importante cuestión de la mediación, y V. 



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DE LA INTERVENCION ANCLO-FRANCESA. 13 

puede confiar, que mi conducta en ella mientras dure* será tau satisfac- 
toria á su Gobierno como á V. 

Quiera V. contar &c. &c. 

MANDEVILLE. 

Es traducción literal y copia conforme? 

Juan A. Gelly. 



Con el importante documento que acaba de leer* 
se, dieron principio en el Rio de la Plata, la media* 
cion y la intervención Anglo-Francesa en la cuestión 
Oriental. 

A la vista de esa importante y notable comuni- 
cación, difícil era, y aun insensato, juzgar entonces, 
que la guerra, cuyo término se promovía y solicitaba 
por medios tan formales, pudiera haber durado hasta 
hoy, sacrificando tanto honor, tantos intereses, tantas 
y tan importantes vidas. 

Asi, no obstante, ha sucedido por desgracia, á 
despecho de todos los cálculo, de las convinaciones y 
probabilidades mas fundadas. 

El Ministro Ingles y el Ministro Francés, mani- 
fiestan por esa primera medida oficial, la resolución 
de sus respectivos Gobiernos, — de esos dos poderosos 
Gobiernos Europeos, — de que cesase la guerra san* 
grienta y devastadora, que por fatalidad aflijta á estos 
Países: que la propuesta hecha anteriormente por Ro- 
sas de aceptar la mediapion á condición de que, Oribe 
fuese restablecido al poder, era inadmisible, y de una 



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14 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



imposibilidad muy clara, para que el Gobierno Jaran- 
ees, ni el Ingles, la sancionasen; que el deseo de Ro- 
sas, de poner en el lugar de la Presidencia de Monte- 
video, un individuo particular, aunque fuese merito- 
rio á otros respectos, no podía ser aceptable á la ma- 
yoría de los ^abitantes del Estado Oriental: que la 
mediación era dictada por humanidad y por interés 
de la prosperidad de las dos Repúblicas: que el Go- 
gior.no.de Rueños Ayres reflexionase maduramente 
antes de desechar esta intervención conjurando al 
§r. Arana á que, usase de su influencia con el Jene- 
ral Rosas, como su amigo y consejero, á que, aceptase 
Inmediación en los términos que acababa de propo- 
nerse 

Que el Sr. Mandeville estaba perfectamente descuera- 
do con el Sr. Vidal (Ministro de Gobierno Oriental) 
en que el Gobierno de Su Majestad no haría una se- 
gunda oferta de su mediación, sin estar resuelto á sos* 
tenerla, especialmente desde que, así lo había asegu- 
rado Lord Aberdeen al Sr. Ellauri. 

La respuesta de Arana dos dias después de aque- 
lla solemne é importante declaración, formuló por pri- 
mera vez, el iníquo y faláz programa de Rosas, de 
eludir toda respuesta data y terminante, de entrete- 
ner y ganar tiempo, dando lugar á que, su Jeneral de 
Vanguardia del Ejército de la Confederación Arjen- 
tina, D. Manuel Oribe, situado en las Conchillas, á 
cinco leguas de la Capital del Paraná, provincia de 
Ex^tre- Ríos, reorganizase las numerosas fuérzas eos 



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DE LA INTERVENCION ANQLO-FRANCENA. 



15 



que venia de devastar, ensangrentar y arruinar las 
Provincias Arjentinas del interior, para emprender la 
conquista del Estado Oriental, dirijida en esta vez por 
ese hombre horriblemente célebre del 20 de Marzo.'* 

Arana pide que se ponga por escrito esa misma 
solicitud tan esplícita y terminante, tan urjente como 
ejecutiva, sin anunciar siquiera, de parte de Rosas, la 
mínima esperanza, ni promesa la mas remota, de que 
le animasen iguales sentimientos por la paz, entre am* 
bas Repúblicas. 

Pide el Ministro de Rosas que los Representan* 
tes de la Inglaterra y déla Francia, reduzcan á escrito, 
su declaración verbal, pala dejar correr el tiempo, sin 
una respuesta formal, cuando él sabia que el Ejército 
del- Jeneral Rivera, parte en- Entre-Rios, y parte en 
las Costas Orientales del Uruguay, debia chocarse 
muy pronto con el que mandaba su digno Teniente 
D. Manuel Oribe; cuando él sabia que ese encuentro; 
cuyas probabilidades todas para él, le anunciaban un 
triunfó completo y decisivo, debia ensangrentar de 
nuevo la cuestión, dominar á Corrientes, y abrirle las 
puertas á la conquista dél Estado Oriental, su sueño 
dorado. 

Los Ministros Ingles y Francés, dirijen por es- 
crito al Ministro Arana, aquella misma solicitud pala' 
brapor paldbra, según lo asegura el Sr. Mandeville; di- 
rijen por escrito esa solicitud tan aparentemente ful- 



* El asesino del Sr. Várela. 



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16 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES. 



minante y severa, y la dirijen, como ellos mismos di> 
cen, conforme á sus instrucciones; en momentos deci* 
sivos; cuando de uno á otro instante podía derramar- 
se á torrentes la sangre, y caer y comprometerse la 
Independencia de una de las dos Repúblicas. La di- 
rijen, cuando la propiedad y la vida de sus propios 
nacionales, corría el peligro de ser sacrificadas á la in- 
saciable sed de sangre y debastacion que distinguen 
tan infernalmente á esos soldados, y á esos Jefes de 
Rosas que llaman triunfo, al asesinato de los prisio- 
neros, medida de justicia á la espoliacion de las pro- 
piedades, americanismo á todo lo quejes estran- 
jero, á todo lo quej^rae el sello de civilización y de 
progreso. 

¿ Pero, la dirijen para hacer efectivas las volun- 
tades de esos dos poderosos Estados Europeos ? ¿Pa- 
ra exijir una pronta y análoga respuesta ? ¿ Para 
evitar las calamidades que todos conocían y te- 
mían en aquellos momentos, nacionales y estran je- 
ros, y que hasta hoy pesan sobre todos en el Rio de 
la Plata ? 

Los hechos que subsiguieron á aquella declara- 
ción, lo dirán. 

Rosas recibió la propuesta de mediación hecha 
por los Ministros Inglés y Francés, con sardónica 
sonrisa, al observar que ‘ ella estaba firmada, por su 
muy leal t grande amigo el señor Mandeville. 

Nada temió de su estilo amenazante, ni de lo 
ejecutivo de sus formas: conocía el carácter de su 

n' ^ 



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DE LA INTERVENCION ANCLO-FRANCESA. 



17 



amigo, sus intimas simpatías, y hasta que grado de 
energía llegarían las consecuencias de aquel primer 
paso bajo las inspiraciones y dirección del Ministro 
Inglés. 

Hé aquí la nota: 

“ Buenos Ayres Agosto 30 1842. 

A S. E. D. Felipe Arana &s. 

41 Señor— 

44 A consecuencia del deseo que V. E, espresó ayer al Conde De- 
Jqrde y ámí,de que la comunicación que tuvimos el honor de ha- 
cer presente á V. E. en, la conferencia que tuvimos el honor detener con 
<V. E. el 24 del corriente i sobre el particular de la mediación, fuese con- 
signada por escrito, hoy de este*modo reproduzco lo que entonces le es- 
presé verbalmente, é igualmente las observaciones de V. E. á ello.— 
Manifesté á V. E. que sin duda tenia conocimiento del objeto de nuestra 
visita, á lo que V. E. asintió, que de ello habia sido informado, por con., 
¡versaciones anteriores que habian tenido lugar entre V. E. y yo, y que ya 
no podía ser por mas tiempo un secreto, pues que él habia orijinado artí- 
culos en los Diarios de Montevideo, y fué por semanas el tópico de con- 
versaciones en las calles de aquella Ciudad.— Pero que público ó privado 
el objeto ea el mismo, uno de la mayor importancia para este pais, y de 
séria consideración para la Gran Bretaña y Ja Francia, siendo el de exi- 
tar al Jeneral Rosas á aceptar la mediación, de la Francia y la Gran 
Bretaña, de cuya mediación, tanto el Conde Delurde como yo, entonces 
hicimos formal oferta al Gobierno de Buenos Ayres, á fin determinar 
]a lucha deplorable en que han estado empeñados ha tan largo tiempo 
Buenos Ayres y Montevideo; que Montevideo según datos que tenía, es» 
tá ansioso y deseoso», de hacer la paz con Buenos Ayres sobre términos 
justos y razonables; y que podría producir si fuese necesario, pruebas de 
loque aducía; que la proposición que el Jeneral Rosas anteriormente hi« 
zo, de aceptar la, mediación de la Gran Bretaña bajo Ja condición, de que 

3 



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LOS CINCO ERRORES CAPITALES 

el Jeneral Oribe sería restablecido al poder, era inadmisible, y que era 
evidentemente imposible que el Gobierno Británico, ó el Francés, san- 
cionasen por sil mediación el deseo del Jeneral Rosas de constituir en \a, 
Presidencia de Montevideo á un individuo particular, que, por digno que. 
fuese en otros respectos, no fuese aceptable á U mayoría de los habitan* 
tes del Estado Oriental; y que los referidos Gobiernos solo pueden con* 
venir en ofrecer á cualquiera da las partes belijerantes aquellas condicio* 
nes, que un estado independiente, puede en consonancia con su honor 
aceptar de otro. — Informé luego á V. E. que el Gobierno de S. M. B. 
esperaba confiadamente que el Arjentino, aceptaría la oferta de la Gran 
Bretaña y de la Francia, de mediar entre Buenos Ayres y Montevideo, 
bajo condiciones justas y razonables, y que nos autorizaría al Conde De- 
lurde y á roí, para proponer bases moderadas y honrosas de paz al Go- 
bierno de la República del Uruguay. — Manifesté a V. E. que esta oferta 
es dictada por sentimientos de humanidad, y de ardiente interésenla 
prosperidad de las dos Repúblicas vecinas, y el Gobierno de S. M.‘ an- 
siosamente espera, lo mismo que el de Francia según lo declaró el Con. 
de Delurde, que el de Buenos Ayres, reflexionara maduramente, an* 
tes de repulsar, la amistosa intervención que hoy se le ofrece por dos 
potencias tan poderosas.— Y concluí exortando á V. E. á poner en ejer- 
cicio toda su influencia con el Jeneral Rosas como su amigo y consejero, 
para que acepte la oferta de mediación en la forma quene le acaba de 
proponer. — V. E. contestó que desde luego no podíamos esperar de V 5 . 
E. otra respuesta, sino de que se apresuraría á poner en conocimiento 
del Jeneral Rosas el objeto de la comunicación que acabábamos de ha- 
cer á V. E. lo que verificaría esa misma tarde; y dirijiéndóse al Sr. Con- ' 
de Delurde, espresó V. E — S. E< tendrá conocimiénto de la contesta- 
ción que fué dirijida el año pasado al Sr. Ministro Británico, habiéndose 
enviado copia de ella- al Sr. Lefebre de Becourt. Ni el Ministro Francés 
ni yo, estuvimos dispuestos ó recurrir á aquella contestación, ni á discu* 
tirlá; pero éste se reunió conmigo para implorar los buenos oficios de V* 
E. á fia de obtener un éxito feliz de nuestra recíproca oferta.— V, E. 



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DE LA INTERVENCION ANGLO«FRANCE8A. 



19 



repuso inmediatamente que daría cuenta al Sr. Gobernador del enetre- 
cido deseóle los Miniaros, con todo el interés que reclama un asunto 
tan delicado, como importante. ^Con esta ultima observación V. E. con. 
cluyó la conferencia y nos despedimos llenos de esperanza, de qu9 el Je» 
neral Rosas con la rectitud de.su espíritu y jenerosidad de su carácter, 
auxiliados por la influencia y buenos oficios de V. E. no vacilaría en 
aceptar la oferta de la Gran Bretaña y de la Francia para terminar una 
guerra que por bien de la humanidad, y de la prosperidad de ambas Re- 
públicas, tan ardientemente se desea por la Europa entera, como po r 
los habitantes y Gobierno de Montevideo, que solo piden la paz y -la 
mas lejítima facultad del mundo,Ja de determinar ellos mismos sus go- 
bernantes, y su forma de gobierno. 

“Tengo el honor &a. 

J. H. Mandeville.** 



,El silencio y la calma mas admirables, sucedie- 
roo á la exijencia de aquellas palabras, y de aquella 
nota, tan significativa. 

Visitas de pura forma, de etiqueta y de besama* 
no; conferencias de confianza, sin ningún resultado 
positivo; seguridades a su querido Sr. Vipaj., de 
parte del Ministro Inglés, de que trabajaba con ac- 
tividad por obtener de Rosas, una {espuesta, ocupa- 
ron todo el precioso tiempo que transcurso, desde el 
SO de Agosto de 42 , hasta el 18 de Octubre del mis- 
mo año, dia en que Rosas contestó por medio de su 
Ministro Arana, negándose á aceptar la mediación 
que se le ofrecía. 

Esa nota de 18 de Octubre es el modelo mas 
acabado y perfecto de torpeza y de ignorancia, de 



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2a 



L08 CINCO ERRORES CAPITALES 



groseras personalidades contra el Jeneral Rivera, y de 
insaciable sed de venganza contra los amigos y defen- 
sores de la libertad Arjentina refugiados en el suelo 
Oriental. 

Ninguna razón de estado, ninguna conveniencia 
política, ninguna mira de interés público se alega en 
esa fastidiosa nota, para justificar, la continuación de 
la guerra y la próxima invasión que se preparaba al 
Estado Oriental. 

Todo en ella es personal y grosero, personal has- 
ta el extremo; es el tipo del sistema y de la naturaleza 
del Gobierno despótico y sangriento de Rosas. 

Pero esa horrible nota importa algo mas que 
una negativa injustificada á la mediación ofrecida;; 
importa un desprecio completo, de los respetos debi- 
dos á las dos poderosas potencias que la ofrecian; fi 
sus principios de humanidad, y al interés que mani- 
festaban por la prosperidad de estas Repúblicas; era 
además un anatema sangriento contra los súbditos de 
esas naciones establecidos en la República Oriental, 
cuyas propiedades debian ser, como fueron, arruina- 
das completamente. 

Rosas continuaba con actividad sus aprestos mili- 
tares, para emprender su anciada conquista del Esta, 
do Oriental, y castigar aun mismo tiempo, á los ven- 
cedores de Cagancha y de Ca-aguazú. 

Un suceso rápido del Ejército Oriental sobre el 
paso de la Laguna en el Gualeguay, precipitó las 



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DE LA INTERVENCION ANGU-O-FRANCEiA. 



21 



operaciones, y la funesta batalla del Arroyo Grande, 
coronó los deseos diabólicos del tirano. 

La mediación no había sido admitida aun. 

¿ Corno-contener entonces, la marcha triunfante 
del Ejército de Rosas sobre el Estado Oriental ? ¿ la 
consumación de sus planes ? 

Esa debió ser la obra de la mediación ofrecida y 
no aceptada hasta entonces; la enérgica resolución de 
aquellos diplomáticos, levantaría una muralla á lo 
largo del Uruguay, que contuviese dentro de sus lí- 
mites, al E ército vencedor. 

Los hechos probarán la triste verdad de lo con* 
trario. 

La noticia de aquella triste jornada, aterra á 
todo el mundo: los degüellos que Oribe mandó 
practicar sobre el campo de batalla, de los prisione» 
ros Jefes y Oñciales, anuncian las nuevas y espan- 
tosas calamidades que nos amenazaban. 

La heroica capital, se pone en pié para defen- 
derse: dá libertad á sus esclavos para pelear con 
ellos, por la libertad de la República: la flor de 
Montevideo corre á las armas: se alzan las formida- 
bles trincheras, que debían contener el orgulloso 
Ejército vencedor, y ponerlo á .raya, enclavado en 
las alturas del Cerrito, esperando confiadamente, en 
la mediación Anglo-Francesa, en la política insi- 
nuante y consoladora del señor Mandeville, en sus 
promesas y seguridades repetidas. 

El conflicto era grande para el diplomático Ih" 



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22 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



gles: los hechos debían patentizarse, y venir á 
comprobar la engañosa confianza en que impruden- 
teniente se había caído, á virtud de sus repetidas 
promesas á su querido señor Vidal. 

Los ojos fijos en él, se le ofrece, cuanto era 
posible ofrecer en aquellos instantes para seguridad 
de la Nación Inglesa, para complacerla y consertar 
tratados ventajosos á su política y á su comercio. 

Se le urge, se le apremia por una medida: se 
le hace conocer la situación critica aunque formU 
dable, de la Capital. 

El diplomático Inglés tan fecundo para ofrecer 
esperanzas consoladoras: para escribir notas aprer 
mientes, como para caer en la lapsitud mas mortal, 
apuró' su genio, cuanto apurados fueron los momen» 
tos, y concivió pasar á Rosas de acuerdo con su 
honorable colega el Conde Delurde, la famosa nota 
de 16 de Diciembre de 42. 

He aquí su tenor: 

II. 

Nota del Mifiistro Británico al Gobierno de Buenos Ayr.es¡, 

• 41 Buenos Ayrep, Diciembre 16 de 1842. 

** Siendo la intención de los Gobiernos de la Gran Bretaña y de la 
Francia, adoptar las medidas que consideren necesaria?, para impe- 
dir que continúen las hostilidades entre las Repúblicas de Buenos Ay- 
reey Montevideo, el abajo firmado Ministro, Plenipotenciario de S. M. B, 
cerca déla Confederación Arjeqtina, tiene el honor, en conformidad 



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DE LA INTERVENCION ANO LO «FRANCESA. 



23 



con las instrucciones de su Gobibrno, de hacer presente á S E. ej 
Sr. Arana, Ministro de Relaciones Estertores dél Gobierno de Buenos 
Ayres: “ que la guerra sangrienta que actualmente existe entre el Go- 
bierno de Buenos Ayres y el de Montevideo debe cesar, por interés 
99 de la humanidad y de los súbditos británicos, franceses y otros eetran- 
” jeros residentes hoy en el pais que es actualmente teatro de la guerra,” 
y para esto reclama del Gobierno de Buenos Ayres; 

(r l.° La cesación inmediata de las hostilidades éntrelas fuerzas 
Arjentinas y las de la República del Uruguay. 

“2,° Que las tropas de la República Arjentina, (bien entendido 
que las de la República del Uruguay adoptarán la misma condúcta) voU 
verán á entrar en su territorio en el caso de haber pasado la frontera. 

“ El abajo firmado pide á S. E. una respuesta la mas pronta posible, 
parR saber si es la intención del Gobierno de Buenos Ayres acceder á 
esta reclamación. 

“ Tengo el honor &c. 

“ J. H. Mandeville. 

i‘ A^S. Er el Sr. D. Felipe Arana.” 



Y se preguntará con razón, después de haber 
leído esa famosa nota de los Representantes de los 
dos poderosos Estados, ¿ se retiró el Ejército in* 
vasor ? ¿Contuvo siquiera sus marchas No., 
nada de eso sucedió. Y esos vigorosos diplomáti* 
eos, para pasar las Notas de 30 de Agosto y 16 de- 
Diciembre; ¿ tomaron alguna medida coercitiva en 
aquellos momentos, para llenar los mandatos de sus 
Gobiernos, para do dejarlos desairados por Rosas, en 
su tan justa y humana solicitud ?. . .. no, nada de 
eso tuvo lugar. 



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24 



LOS CINCO EBROBE8 CAPITALES 



Ellos callaron, dejando llegar hasta los mu- 
ros de la Capital, al Ejército vencedor en el Arroyo 
Grande , dejando que se aumentase el conflicto, que 
sus Gobiernos manifestaron por su medio, querer 
evitar: callaron, sino llenos de vergüenza y humi- 
llación, al menos, porque la política del Sr. Mande- 
ville, alma de esa diplomacia, así lo exijía y asi le 
convenía. 

Las relaciones de este Diplomático con el Je- 
neral Rosas y su familia, eran demasiado íntimas, 
para que debieran comprometerse por una me- 
diación, que al fín habría que darle muchos nuevos 
.jiros: habría que hacerla viajar por el vasto Occéa- 
no: ir y venir á la Europa, mudando muchas veces 
de objeto y de formas, de medios y de fines. 

Tan cierto es que, la debilidad y la intriga 
marchaban paralelas en aquella diplomacia del Si;. 
Mandeville, que no hay hoy en el Rio de la Plata, 
quien no la conozca, y penetre los ocultos secretos 
de esos manejos injustificables*, y que merced á los 
propios esfuerzos de la Capital, pudo frustrar sus 
consecuencias, desbaratando. esas convinaciones con 
la poderosa posición que asumió en aquellos instan* 
tes, y mas tarde, por la fuerza de los hechos que se 
ligaron y subordinaron á la primera causa que los 
hiciera nacer. 

El Sr. Mandeville, continuara infatigable sus 
cumplimientos y seguridades al Gobierno de Mon- 
tevideo, sin abandonar ni el teatro, ni la marcha de 



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DE LA INTERVENCION AftaLO-FKANCEf A. 25 

su política fraternal, — porque en verdad había fra- 
ternizado con Rosas. 

Su lenguaje era siempre el mismo, consolador 
y lleno de esperanzas; él por momentos esperaba 
nuevas instrucciones: forzoso era también llevar & 
Europa el resultado de los primeros pasos dados 
cerca de Rosas, y de las tristísimas consecuencias 
que se habían recojido de ellos. 

Esto importaba seis ú ocho meses, en los cuales* 
era necesario que Montevideo peleara sola, asediada 
por un Ejército poderoso, y bloqueada por una Es- 
cuadra no menos fuerte; y ella peleó, y sola con- 
quistó la envidiable posición y el imperecedero nom« 
bre que hoy lleva por todo el mundo, ó despecho de 
esa política ¡acidiosa que la trababa y ahogaba en 
los primeros y mas peligrosos momentos de estable- 
cer la resistencia. 

Ella debía probar — y ha probado espléndida- 
mente, que resiste con todo 6U poder, la arbitraria 
pretencion de Rosas, de imponerle por el influjo de 
sus armas conquistadoras, un mandón, que ella no 
ha elejido, y que la voluntad nacional, arrojó del 
suelo de la República. 

La primera intervención regresa ó Europa, 
avergonzada y desairada. 

El Sr. Guizot , era el primer Ministro de 
Francia. 

El Lord Aberdeen, el primer Ministro de lo« 
glaterra. 

4 



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26 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



La debilidad y la intriga, caracterizaban la mar- 
cha de la intervención en el Plata. 

La debilidad y el error presidian los consejos del 
Gabinete Guizot, y la parcialidad también, porque 
allí estaba el Almirante Makau. 

La debilidad y el engaño se bailaban unidos en 
el Gabinete Inglés. 

Ninguna otra esplicacion puede darse á los he» 
chos que hemos visto consumarse á nuestra vista, con 
asombro de la numerosa población Inglesa y Francesa 
de) Plata. 

Ningún documento oficial ha venido hasta hoy, á 
manifestarnos el desagrado de aquellos Gabinetes por 
los desaires recibidos de Rosas, ni por la inercia y debi- 
lidad de sus Representantes: parece que se hacían so- 
lidarios de esa diplomacia de cortesías, de ruegos, de 
impotencia, de debilidad, de burla, ante Rosas, que 
comprendiéndola desde el principio, y teniendo en su 
apoyo al Sr. Mandeville en el Rio de la Plata, y al 
Almirante Makau en Francia, ningún jénero de peli* 
gro tenia que temer. 

Error, que por mucho tiempo lamentarán la In- 
glaterra y la F rancia. 

La indecisión y debilidad de aquellos poderosos 
Gobiernos, continuó sin embargo, presenciando la de* 
bastacion y la ruina de su comercio, de sus naciona- 
les, y de la población toda de la República, invadida 
por los Ejércitos de Rosas. 

Error que comienzan ya hoy á deplorar y sentir. 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCEIA. 27 

Volvamos la vista al Rio de la Plata, y veremos 
que fuerza incontrastable tienen los principios, una 
v«z proclamados, y como se eslabonan y encadenan 
los hechos homojéneos, una vez que se ha dado el 
primer paso. 

En la diplomacia, como en todos los negocios hu- 
manos, no es posible preveerlo todo, ni abarcar y do- 
minar todas l?s emerjencias que puedan nacer de un 
hecho dado, y especialmente cuando se pretende, co- 
mo el Alcen en medio de las Olas, jugar en ese piéla- 
go tan proceloso de la política. 

, El Sr. Mandeville, quería complacer á Rosas, 
dejándole el pampo desembarazado para que consu* 
mase sus planes: pero tenia que llenar las órdenes 
de su Gobierno, y de algún modo satisfacer las exi- 
jpneias de su honorable colega, el ponde Delurde. 

Fué pues necesario pasar la nota de 16 de Di- 
ciembre. 

Pero, él no privó, que esa Nota, comprometía an* 
te todo el mundo, el honor de su Nación, y que un 
marino Ingles, lleno de honor y buena fé, no podía 
dejar de acudir con todo su poder, allí donde se ha- 
llaba empeñado el nombre y la fama de su augusta 
Soberana. 

El respetable y noble Comodoro Purvis, tan lue- 
go como tuvo conocimiento de esa nota, se trasladó 
desde el Rio de Janeiro al Rio de la Plata, k prestar 
su cooperación á los objetos importantes que su augus- 
ta Soberana quería consultar, al autorizar á su Repre- 



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28 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



sentante para ofrecer su alta mediación, entre ei Go> 
bierno de Buenos Ayres y el de Montevideo. 

Comprendió bien los designios de su Soberana, 
se consagró sin reserva á ellos, sin cuidarse mucho, d 
los compromisos y de la política del Sr. Mandeville 
para con Rosas. 

Se declaró desde luego, en abierta oposición con 
aquel Diplomático, prestando al Gobierno de Monte- 
video, todo el apoyo de su poder marítimo en estas 
aguas, y de su influencia entre sus nacionales que le 
adoraban todos. 

Y hé aquí, como después de haber desbaratado 
las convinaciones de Rosas, fundadas en la debilidad y 
la intriga de la mediación, alzándose formidable la Ca- 
pital; vino mas tarde, á quebrar el poder marítimo y 
terrestre de aquel, con la presencia y el poder del Co- 
modoro Purvis 

El honor de su Soberana, se hallaba íntimamente 
unido para él, con la justa causa de Montevideo, con 
la humanidad y la civilización tan atrozmente ultraja- 
das por Rosas y su báibaro sistema. 

Fiel á esos principios, á tan nobles sentimientos, 
se conservó hasta los últimos momentos de su perma- 
nencia en estas playas. 

Su poderoso apoyo contribuyó grandemente á 
disciplinar la resistencia y darle ese aplomo, que has- 
ta hoy no han podido contrastar, ni el poder, ni las in- 
trigas de Rosas y Oribe, 

Los recuerdos de ese bizarro marino, no perece- 



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CD ^ 




BE LA INTERVENCION ANGLO-FÍtANCEÍA. 



20 



rá n jamás entre los hombres de corazón del Rio de la 
Plata entre los amigos de la libertad y de la civiliza* 
cion. 

Algún dia, cuando se escriba la historia de ésta 
herói<>a resistencia, el nombre del Comodoro PurviSj 
se rejstrará en sus mejores pájinas, en donde mas la 
intriga, unida á la fuerza, se estrellaron tantas veces, 
contra su providad y honor, apoyando los grandiosos 
esfuerzos de la Capital, que se alza todavía orgullosa 
é invencible, en medio del estrago de una guerra y dé 
un asedio de seis años. 

* 



lít 



Difícil posición la de Montevideo en aquellos me- 
morables meses de Enero, Febrero y Marzo de 43, te» 
niendo que luchar aun mismo tiempo, con la política 
insidiosa del Sr. Mandeville, y con el poder terrestre 
y marítimo que la cercaba estrechándola por todas 
partes. 

El Sr. Mandeville procuraba por todos medios* 
adormecer á los defensores de Montevideo, con pró- 
ximas esperanzas de la llegada inmediata de fuerzas 
Británicas en apoyo de la mediación^ pero el heroico 
pueblo habia alzado sus trincheras, y el Gobierno, há- 
bil y enérjico hasta la altura de aquellos momentos 



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30 



EOg CINCO ERRORES CAFLTALE* 



solemnes, hacía frente á todas partes con e) cañón de 
la defensa, y con la sabiduría y destreza del Gabinete. 

Las intrigas del Diplomático Ingles, fueron des* 
baratadas el 3 de Febrero, con la misma bizarra reso* 
lucion con que se le hizo conocer al imbécil Jefe del 
Ejército de Rosas, D. Manuel Oribe, que la voluntad 
de un pueblo que defiende su libertad, no se dobla jas 
más, ni se quebranta por el poder ni por la intriga. 

Así es verdad, que el arte infame de engañar y 
de mentir, á que tan malamente se le dá el nombre 
de diplomacia ó de política, suele ser como los hilos 
quebradizos de la Oruga, que solo tienen fuerza para 
apabar con el miserable incepto que los fabrica. 

Esas mismas intrigas del Sr. Mandeville, vinieron 
á su pesar, así como los degüellos mandados practicar 
por Oribe, en los prisioneros del Arroyo Grande, á 
dar mayor impulso á la resistencia, á vigorizarla, y 
robustecerla con nobles y jenerosos auxiliares. 

La Nota de 16 de Diciembre, y esas bárbaras 
escenas con que Oribe marcó horriblemente sus mar- 
chas, desde el 6 de Diciembre de 42, hasta el 16 de 
Febrero de 43, dijeron 6 la Capital;— armaos y defen- 
deos: pronto vendrá en vuestro auxilio la Francia y la Ingla- 
terra: resistid, antes que presentar el cuello al cuchillo san- 
griento del feróz invasor. 

Esa misma Nota de 16 de D ; ciembre, y la torpe 
Circular de Oribe de l.° de Abril de 4§, dijeron á los 
estranjeros residentes en Montevideo: — armaos y con- 
tribuid á la defensa del gran pueblo, que, vuestros Gobiernos 



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DE IiA INTlí RVEN CION ANGLO-FBaKGESA. 



31 



pronto os auxiliarán para garantir vuestras vidas y propie- 
dades. 

Y hé aquí, radicada ya, la Intervención en la 
Cuestión Oriental, de una manera formal, y á pesar 
de la política del Sr, Mandeville, comprometidas la 
Inglaterra y la Franciá, á defender á sus propios na. 
‘cionales, llevando adelante sus altas miras, de humani* 
dad y de protección, á las dos Repúblicas del Plata, 

Gracias al Sr. Mandeville por la Nota de 16 de 
Diciembre. 

Execración á su intrigante política. 

Aquellas dos potencias continuaban, no obstante 
aquellos hechos en su política especiante de indesicion 
y de error: cerraban los ojos para no ver ni estudiar 
los sucesos que tenían lugar en el Plata, y no escucha- 
ban mas, que los apasionados informes del Sr. Maii- 
deville, y las desfiguradas relaciones del Almirante 
Makau, inspirado por Sarratea, Ministro de Rosas en 
Paris. 

Peleábase heroicamente en las trincheras, con 
el auxilio jeneroso de las Lej iones Francesa é Itqjia* 
na, cubriéndonos en todas partes, el escudo sagrado 
del Comodoro Purvis; mientras el Gabinete de 3 de 
Febrero, reducía á la impotencia mas completa, 
aquella diplomacia traidora que dictó la Nota de 16 
de Diciembre. 

Tomóse entonces, el verdadero aplomo de la 
defensa y de la política. 



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32 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



Al Sr, Mandeville, muchas cortesías; al inva? 
sor, el cañón y el acero. 

Así se peleó medio año del 43, en medio del 
huracán mas espantoso, de la guerra y de la inr 
triga. 

Pero la guerra se prolongaba sin término, y las 
promesas del Diplomático Ingles, no se realizaban; 
Jos conflictos se repetían de momento á momento 
por falta de recursos, y el polo de todas las espe»- 
ranzas, se oscurecía mas, cuanto mas lejano é inde- 
ciso aparecía. 

Resolvióse enviar en misión confidencial cerca 
de aquellos Gobiernos, para instruirles del estado 
verdadero de la cuestión, á un hombre eminente, — 
cuyo nombre no puede recordarse sin lágrimas— el 
Sr. Varela. 

Su rápida misión, iluminó de un solo golpe, to- 
das las faces de la cuestión tan importante; la luz 
se derramó sobre los Gabinetes de San James y de 
las Tullerías, de una manera tal, que la opinión que- 
dó por primera vez formada, en abierto contraste 
coi* los informes y maniobras de los que tanto erar 
peño habían manifestado en mantener engañados á 
los Gobiernos de Inglaterra y Francia. 

Ellos manifestaron conocerla y comprenderla 
acabadamente, pero sin atreverse á salir todavía del 
error en que se hallaban sumidos, y cuya confesión 
les parecía temible, ante los ojos de la Europa. 

El error, es como esas plantas dañinas, que una 



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PE U INTERVENCION ANOLO-FRANCERA. 33 

vez arraigadas, crecen y se estienden con prodijioso 
vicio. 

La misión del Sr; Varela, y los efectos que ella 
había producido en el Parlamento Ingles y en la Cá- 
mara Francesa, hacían presajiar prontos auxilios de 
aquellos Gobiernos, en protección de Montevideo. 

Empero, ho sucedió así, y el Almirante Lainé, 
trajo al Rio de la Plata, la misión de hacer desar- 
mar la Lejion Francesa. 

Al mismo tiempo un nuevo Jefe debia reempla- 
zar al honrado y leal Comodoro Purvis, en el mando 
de las fuerzas marítimas en el Plata. 

Ese nuevo marino, era el bizarro y noble In- 
glefiel. 

Estos hechos, pudieron cambiar instantánea- 
mente la cuestión, y abrir las puertas de la Capital, 
á ese Ejército sitiador, que ya tantas veces había 
derramado sangre fraocesa al frente de Montevideo* 

El patriotismo y jenerosa decisión de la Lejion 
Francesa, eran demasiado efectivas para abatirse 
ante esta nueva prueba, de su valor y de su leal- 
tad, despojóse sin trepidar de la Cucarda de su Na' 
cion, para poner la Oriental en su lugar, respon* 
diendo así, á las simpatías, y á la situación crítica 
de todo un pueblo. 

Abnegación digna de corazones franceses} ¡ ho» 
por eterno á ellos ! 

El Almirante Lainé, comprendió desde luego, 
que su misión, dura por otra parte, de hacer despo* 

5 



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84 liO* CINCO ERRORBS CAPITARRf 

jar ú la Lejion Francesa de los colores de str Na- 
ción, no alcanzaba hasta poder arrancar del cora* 
zfln de los valientes que la componían, el amor y el 
entusiasmo por la libertad de la República. 

Respetó ese hecho grandioso, sin faltar á sus 
instrucciones y sin traicionar la justicia. 

,*Ese raro acontecimiento, dio nueva vida á la 
defensa; prolongó su existencia, porque era necesá- 
rio esperar seis ú ocho meses para recibir nuevas 
fírdenes de Europa . 

Cada golpe que se daba por los enemigos de la. 
causa, para aniquilar y destruir la defensa, venía, por 
una voluntad providencial, á consolidarla mas; á dar- 
le mas realidad haciéndola incontrastable. Tan cier- 
to es que, la humanidad y la civilización, tienen por 
Aliados ó todo el mundo. 

¿ Qué hacen la Inglaterra y la Francia en este 
nuevo conflicto para su política incierta y tímida ? 

Los ciudadanos Franceses abandonan su cali, 
dad de tales, por tomar la Cucarda Oriental y con- 
tinuar la bizarra defensa de la Capital. 

Los ciudadanos Ingleses en el Rio de la Plata, 
con muy pocas menguadas escepciones, no simpati- 
zan menos por la causa de Montevideo. 

Los informes mas fidedignos, van de todas par- 
tes, á demostrar en la Europa, la realidad de los he- 
chos que tienen lugar en el Plata. El honor y el 
interés de las dos grandes Potencias, se hallan so* 
lemne mente comprometidos. 



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DE XA INTERVENCION ANfiLO-FRANCESA. 85 

¿ Se continuará en el error ? ¿ Se perderá tiem- 
;po en oir los informes apasionados de Mandeville f 
Makau? ¿Se dejarán sacrificar tantos intereses 
comprometidos? 

Sí, el error pasado, debía nutrirse con los erro^ 
res presentes: á la política engañosa que dictó la 
Nota de 16 de Diciembre, debia seguir la política 
tímida, incalificable, de conocer la verdad, para no 
remediar los males que se sentían; de comprender la 
Cuestión, para no asumir de una vez, la posición 
que su honor y sus intereses mas importantes, les dc« 
terminaban en el Rio de la Plata. 

‘Necesario era que el tiempo pasara; que nuevos 
sucesos, vinieran á despertar en aquellos Gabinetes, 
todo el interés y toda la importancia, que la Cues- 
tión arrojaba de sí, y que por todos era ya cono- 
cida. 

Preciso era combatir el error con la verdad, y 
de desalojarlo de sus últimos atrincheramientos. 
No bastaban ya para esta nueva tarea, ni los in- 
formes del Rio de la Plata, ni los hechos que habían 
tenido lugar. 

Habría que escuchar la opinión mas alta y res- 
petable todavía, de otra parte, intimamente intere- 
sada en la solución de la Cuestión: opinión mas 
homojénea á la naturaleza de aquellos dos Gobier- 
nos, pero no menos errónea y tímida en este impor* 
tan te negocio. 

El año 44, debia presentarnos el término deesa 



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30 • 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



funesta debilidad, fundada en el error, y el 45 — nos 
daría la primera prueba. 

Conquista cara para el Pueblo Oriental, pero al 
fin útil y provee hosa para todos. * 



* Las notables palabras del Sr. Mandeville que publicamos á couti. 
nuacion, son un testimonio mas, de la política de aquel Diplomático, en 
los momentos mas críticos de la Capital. 

Si ellos, podían alentar á los espíritus débiles de aquella época, no 
adormecían al Ministerio de 3 de Febrero, ni á los hombres todos de la 
defensa, que puestos una vez en pié, habían formado, la incontrastable 
resoluc on.de confitr menos en aquellas promesas, que en el poder da 
a us propias fuerzas. 

41 Indudablemente el negocio de la nota del 16 de Diciembre, está 
” muy embrollado gracias á la habilidad del Sr. Mandeville, á quien ten- 
” dríamos derecho para declarar hombre sin honor, si la intervención no 
99 tuviese lugar, porque una de sus principales bases reposa en la palabra 
99 qu© ha dado unas veces como caballero y otras como Ministro. 

“ Lofr ingleses comerciantes, los prestamistas de diner^ habilitado- 
99 r© 9 de Mandas de campana y propietarios de estancias, consultab* n con 
99 ansia al Sr. Mandeville sobre las probabilidades de la guerra y de la 
99 paz, y su respuesta era: — *• No altereu la marcha de sus negocio?, res- 
99 pondo que no habrá invasión.” 

44 Tuvo lugar el desastre del Arroyo Grande, y el Sr. Mandeville 
99 puco su nota de 16 'de Diciembre, intimando el cese déla guerra* 
99 Remitió copia á nuestro Gobierno, y le anunció que esperaba una es- 
99 cuadra poderosa, anglo.francesn, que debía II *gar por momentos, y que 
99 c ? n «fie resistiese la República quince dias mas estaría salvada 99 

“ Pasaron dias, y el Ministro Vidal urjít al Sr. Muidev ile, y ésto 
99 contestaba — *• Me tiene sorprendido la dem ora de la pscuadra, y aun 
” mas de que e! Comodoro no haya venido ya de Rio Janeiro, como se 
99 tengo indicado.” ** (Rosas y sus Opositores ) 

** Al final de esta obro, de rejistra la correspondencia privada que 
el Sr. Mandeville entretuvo con el Sr. Ministro Vida!, en aquellos mo-* 
me otos críticos deleño 42. 



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CAPITULO II 



DEFFAUD1S Y OUSELEY. 



La incbrtidumbrb db los Gabinetes Interventores* 

Modificación de su política , 



La misión del Visconde de Abrantes, enviado 
dél Brasil á Europa, en su tránsito por Inglaterra y 
ÍYancia, obtuvo al fin, decidir á los Gobiernos de es- 
tas dos Potencias, á intervenir en la cuestión del 
Plata. 

El memorándum que el Visconde de Abrantesi 
presentó á la consideración de aquellos Gobiernos, pa« 
ra probar la necesidad de intervenir pronta y activa- 
mente, en unión con el Brasil, es un documento, sino 
completo en el número y la importancia de las razo- 
nes y hechos que espone, al menos bastante á formar 
la opinión y ádicidirlos, como en efecto, los decidió á 
proceder inmediatamente en el sentido de la inter- 
vención. 

Pero los Gobiernos de Inglaterra y Francia, des» 
pues de tan inesplicable indecisión, debían cometer 
un nuevo y mas grande error, por que el imperio de 



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H.08 CINCO ERRORES CAPITALES 



38 

la debilidad que se habia apoderado por desgracia, de 
su política, estraviaba su verdadera senda, dejando el 
camino firme y seguro de la justicia y de los hechos, 
porseguir la débil y equívoca marcha de la política 
Mandeville. 

Aceptaron la opinión del Gabinete Brasilero., de 
intervenir en la Cuestión del Plata; y sea que, la al- 
tura y poder de aquellas dos Potencias, les hiciera 
creer bastantes por sí solas, para obligar á Rosas, con 
una amenaza oficial, ó medios puramente coercitivos, 
á entrar en sus deberes., abandonando la invasión 
Oriental; ó que tubiesen del Brasil, temores de la pre- 
ponderancia que pudiera tomar en el Rio de la Plata, 
si empleando su poder conjuntamente con la Ingla- 
terra y la Francia, contribuía á la terminación de la 
Cuestún, le separaron de la intervención, y tomaron 
por sí solos, la misión de intervenir del modo que ve- 
remos mas adelante. 

Error lamentable, que ha costado ya mucha san- 
gre, muchos desengaños, y no pocos inútiles sacrificios 
desde 43 hasta hoy. 

Si el Brasil hubiera entrado á cooperar en la in- 
tervención propuesta, con todo su poder terrestre y 
marítimo, como era la mente del Gabinete de aquella 
época, la Cuestión pudo resolverse en seis meses; y 
esa economía de tiempo, de vidas y fortunas, importa- 
ría hoy, una verdadera riqueza para este País; al mis- 
mo tiempo que, habrían conquistado esas Potencias, 
todo el riquísimo presente y porvenir, que las Bepfi- 



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JOB LA INTERVENCION ANOLO-FRANCEÍA. 



39 



blica» del Plata, no obstante tantas vicisitudes, conser- 
van aun vírjene» y envidiables. 

Aquellas dos Potencias, acostumbradas á mirar 
y manejar las grandes Cuestiones Europeas, como se 
mira y maneja un tablero de damas, creyeron que en 
América, en el Rio de la Plata especial mente, das co- 
sas y los hombres eran iguales, á los hombres y las co- 
sas Europeas. No calcularon ni la distancia, ni nues- 
tro distinto modo de ser, ni nuestras propensiones, há. 
bitos y tendencias. Creyeron, que como en cuales- 
quier punto del Mediterráneo, en Cádiz ó en Portu. 
gal, bastaría la simple amenaza dé un bloqueo, inefi. 
cáz también, para hacer que Rosas invasor y tirano, 
con un sistema y un poder, cedería inmediatamente y 
se encerraría dentro de sus límites, si puede reconocer 
y. tener alguno;, el que no conoce ni derecho, ni ley, 
mas que su interés y su voluntad, confiaron en que, el 
nombre bien respetable de esas dos altas Potencias en 
Europa, bastaría- en el Rio de la Plata para intimidar 
y contener al audáz y temerario invasor.- 

Pero, si tan peligrosa fué esa infundada confian- 
za, no fué menos errónea la imprevisión de no acor- 
dar, lo que se haría, si aquellos medios no producían 
los resultados que buscaban; si la intervención era re- 
chazada y resistida. 

Se limitaron á consignar vagamente, en las ins- 
trucciones dé los Plenipotenciarios, la facultad de em» 
plear la fuerza, y ocupar los ríos; pero siempre con 
límites estrechos y deficientes*, ineficaces y para decir 



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40 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



con verdad, perjudiciales en alto grado, á los mismos 
intereses de los interventores y al comercio jeneral de 
los neutrales. 

Perjudiciales porque, no pudiendo por su medio, 

. obtener resultado alguno decisivo, la situación que esos 
arbitrios hacían nacer, era evidentemente incierta, 
vacilante y nula, traían la ruina del comercio en la 
continuación de la guerra, y la completa destrucción 
de la República que se pretendía protejer. 

Bajo de esas inspiraciones, y con las instrucciones 
que vamos á presentar á continuación, llegaron al Rio 
de la Plata, el Barón Deñ'audis, Comisario Réjio de 
la Francia, y el Caballero O use ley, Ministro Pleni- 
potenciario de la Inglaterra. 

Instrucciones dadas al Sr. Ornele)/, Ministro de S. M. en 
Buenos Ayres , 'para su guia en la intervención conjunta 
de Inglaterra y Francia entre Buenos Ayres y Monte * 
video. 

(hum. l.*) 

J3I Conde Aberdeen al Sr. Ouseley. 

( Ministerio de Relaciones Esteriores f 
Febrero UO — 1845. 

Señor:— Ya está V. informado áe que el deber primero y mas impor- 
tante que se presentará á V. luego que ll»*guo á su puesto, será e! de es** 
forzarse en efectuar la cesación de las hostilidades que el Jeneral Rosas 
dirije, tanto tiempo hace, contra la ciudad de Montevideo, y restablecer 
y asegurar la paz en todo el Estado del Uruguay. 

También está V. impuesto de que, á Unes del año próximo pasado, 
pl (gobierno del Brasi 1 , en tu carácter de Potencia vecina, habiendo sjda 



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DE LA INTERVENCION ANGLO •FRANCESA. 



41 



parte en la Convención de Agosto de 1828, que declaró la independencia 
.de Montevideo, é interesado también en la tranquilidad de su propia fron- 
tera, instó á los Gabinetes de Londres y de París, por medio del Viscon* 
de de Abrantes, sobre la necesidad de una intervención pronta y efecti- 
va, con el fin de poner término á la guerra; y debe V. haber sabido, por 
la comunicación personal que ha tenido V. últimamente con los Minis- 
tros del Rey de los Franceses, que el Gobierno de Francia participa en 
la determinación adoptada por el Gobierno de S. M., de conseguir aquél 
objeto; y que es la intención de los dos países unir su influencia, y, si 
necesario fuere, sus fuerzas, para lograr el expresado fin. 

Procederé ahora á dar á V. algunas instrucciones por las que guiará 
V. su conducta en el desempeño del importante deber que se le encarga. 

No es probable que el nuevo Representante de la Francia, que vá á 
ser acreditado cerca del Gobierno de Buenos Ayres, haya arribado á 
aquella ciudad, cuando V. llegue; y aunque sería impropio emplear me- 
dida alguna cohercitiva á menos que fuese exactamente de acuerdo con 
su colega francés, no hay razón para que V. no ensaye el efecto de las 
representaciones amistosas, sin dilación alguna. 

Por consiguiente, debe V. dar solo esos pasos; y el Gobierno deS* 
M. desea que sean dirijidos á hacer presente al Jeneral Rosas, en térmi- 
nos iínceros y amistosos, el peligro en que le ha colocado su negativa 
á dar oidos á las anteriores representaciones del Gobierno de S. M.; y á 
inducirle áque desista, de una vez, y por acto suyo propio, de tomar 
parte ninguna ulterior en las operaciones contra Montevideo. 

No perderá V. tiempo, por lo tanto, en entrar en comunicación con 
él Jeneral Rosas y con sus Ministros. Dirá V. que el espíritu con que 
el Gobierno de S. M. se dirijo al de Buenos Ayres, no es un espíritu de 
hostilidad á ese estado ni al individuo influyente que le preside; que, por 
el contrario el consejo que tiene V. instrucciones de darle, es dictado 
por la amistad y por uua verdadera consideración á los intereses de la 
República. Apenas será necesario asegurar al Gobierno de Buenos Ay- 
res qué no tenemos en vista objeto alguno egoista ni escluaivo. El mis» 

6 



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42 



LOS CINCO* EUltORES CAPITALES 



no ¿teñera! Rosas debe comprender plenamente y reconocer el verdade- 
ro carácter de nuestros procedimientos* V. dirá que, al exhortar al ¿teñe- 
ra! Rosas á que desista de la lucha en que él mismo se ha hecho parte, el 
Gobierno de S. M; niega toda intencionado intervenir de modo alguno en 
la independencia de Buenos Ayres; que no niega s! derecho que tiene 
ese Estado de hacer la guerra, como cualquier otra potencia, con tal 
siempre que la guerra se haga con arreglo al derecho de gentes y á las 
prácticas de los hombres civilizados. Pero que la guerra en que están hoy ' 
empeñadas las armas arjentinas, se hace contra un Efetado,. cuya inde- 
pendencia ¿a Gran Bretaña está virtualmente obligada á sostener; y el ob- 
jeto de esa guerra es poner el Gobierno doméstico de Montevideo en 
otras manos que las de aquellos á quienes le confió el consentimiento 
del Estado. Esto solo puede justificar la intervención de una potencia^ , 
bajo cuya mediación se estableció la independencia de Montevideo; y, á 
la verdad, el hecho de que 69a guerra no tiene carácter alguno nacional, 
en cuanto dice relación á Buenos Ayres, y de que el Jeneral Rosas, por * 
confesión propúsolo está empeñado en ella como auxiliar, y no como 
principal, le habilita para someterse, sin sacrificio alguno de hbnor ó de 
independencia, á una terminación de la lucha, por la pacífica interven** 
cion de potencias amigas. V. rogará encarecidamente al Jeneral Ro- 
sas que considere así la cuestión; y que, aceptando la mediación de la 
l&glaterra y de la Francia, abra una puerta á su final arreglo, antes que 
6ea demasiado tarde para hacerlo con dignidad; y le hará V. presente 
que ha llegado el tiempo en que la repulsa de este consejo le envolverá • 
en peligros y dificultades, de que no puede tener esperanza de escapar 
sin grave daño de su poder; porque la larga duración déla guerra, las 
pérdidas cada dia mayores, y los daños á que los intereses europeos es- 
tán expuestos, la ninguna esperanza de su terminación, y los hécho» 
bárbaros que sellan su carácter, á mas de las justas pretenciones de Mon~ 
tevideo á que se mantenga su independencia, han determinado al Go- 
bierno de S. M. y al de Francia, á unir sus esfuerzos con el fin de po — 
nerle término. Informará V*jal Jeneral Rosas de que no solamente so 



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DE LA INTERVENCION ANGLO*FRANCESA. 



43 



ha adolado esta determinación, y están prontos los medios de llevarla á 
cabo, eíno^ue su ejecución no puede demorarse mucho tiempo; á menos 
<que sea prevenida por una aquiescencia oportuna y propia, de su par- 
te, á la proposición que están para hacerle la iogl aterra y la Francia* 

Añadirá V. que dice todoesto, no como una amenaza, ni para conse. 
guir solo con palabras lo que el Gobierno de S. M. vacilaría en hacerse 

conceder por el empleo de la fuerza, sino como una advertencia amiga* 
ble, hecha con el deseo sincero de evitar la necesidad de adoptar medi- 
das ofensivas á la dignidad de un eetado, con el^que la Gran Bretaña ha 
mantenido hasta ahora sin romper sus relaciones amistosas* 

Debo necesariamente dejar al juicio de V. el modo mas eficaz de 
presentar á la atención del leneral Rosas estas consideraciones y cuales- 
quiera otras que el estado de las cosas al tiempo de su llegada pueda su- 
jerir á V.; pero me 'inclino á creer que será mejor no hacerlo, al prin- 
cipio, por comunicaciones oficiales 6 formales; y, aunque no debe Y. 
guardar reserva ó secreto alguno con el representante de Francia, que se 
halle en la actualidad residiendo en Buenos Ay res, es probable que, hasta 
la llegada del Ministro francés eon las instrucciones de 6U Gobierno, las 
probabilidades de buen éxito para nuestra causa común se consulten me- 
jor hablando V « solo, é independientemente, al principio, oomo Ministro 
de la Gran Bretaña; 

Si las manifestaciones de V. en ese carácter tienen el peso debido 
como el Gobierno de S. M. no puede menos que esperarlo, y el Gobier- 
no de Buenos Ayres retirase sus tropas de la Banda Oriental, y sus 
fuerzas navales de delante de Montevideo, ó diese órdenes para una 
suspensión de hostilidades, y para alzar el bloqueo, entonces se habría 
llenado el primero y mas importante objeto que el Gobierno de S. M, tie- 
ne en vísta. Los términos en que haya de establecerse definitivamente y 
declararse la paz entre las dos Repúblicas,* pueden entonces dejarse á.la 
mediación unida de las potencias amigas, que nos discutirán y recomen- 
darán á las partes principales, tan luego como la llegada del Ministro Fran. 
•ce s á Buenos Ayres habilite á V. para obrar junu> con é\ en el negocie. 



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4é 



LOS CINCO ERRORE8 CAPITALES 



Es esencial que V. observe imparcialidad estricta en las proposicio- 
nes que haga á- las partes con ten den tes; pero el carácter de la locha, y 
la ausencia de todo objeto sustancial y naeional— al menos por parte de 
Buenos Ayres— hace difícil prescribir condición alguna que pueda* ser- 
vir de basa para negociar una paz. Sin embargo, el punto que principal- 
mente debe tenerse en vista, y el que es mas importante para las partes 
mediadoras, es la conservación de la independencia de Montevideo. Eñ 
esta condición está respectivamente empeñado el honor de la Inglaterra 
de la Francia y dél Brasil/y sobre ella ningún compromiso puede admitirse* 

Eh efecto las obligaciones de Bs. Ayres de reconocer aquella indepen- 
dencia, son igualmente fuertes que las que ligan á las potencias mediado- 
ras; ni hay razón alguna para suponer que el Jral. Rosas vacile en reeono* 
cerla. El reconocimiento, sin embargo, sería de poco valor mientras el 
Jeneral Rosas continuase siendo el principal apoyo de la causa del Jene- 
ral Oribe; bien sea que diere ese apoyo ostensiblemente por la a armas, 6 
secretamente ayudándole con dinero, ó con otra influencia cualquiera.Con 
la mira pues de disipar cualesquiera desconfianzas con e6te motivo, se- 
ría bueno, tal vez, que las condiciones de paz incluyesen, poruña parte, 
la remosion del Jeral Oribe del territorio Montevideano; y, por la otra, 
que cualesquiera refujjados políticos ú otras personas ¡ cuya presencia en 
Montevideo pueda ser un motivo racional de inquietud para el Góbierno 
de Buenos Ayres, busquen un asilo en alguna otra parte. Entre estos 
indudablemente se comprendería el Jóneral Rivera. Y* solo en este punto 
estaría dispuesto e! Góbierno de S. M. por su parte ó por la de otrós, á 
alguna intervención en los negocios domésticos de Montevideo. Si apa» 
reciese necesario, para un órreglo semejante, que se diesen seguridades i 
Jas personas y propiedades de los individuos á quienes ¿1 afectase, que- 
dar en libertad para ofrecer, con las debidas precauciones, la interven* 
eion del Góbierno de S. M. para ese fin. 

Si halla V. que el- Gobierno del Jeneral Rosas tenga alguna queja 
jiusta, o alguna reparación que pedir del Gobierno del Uruguay; ó sí por 
otra parte, pareciese á V. que Montevideo' tiene derecho^ exijir de Bue-' 



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DS LA INTERVENCION ANGLO-FRANCE8A. 



45 



nos Ayres algo mas que la seguridad contra agresiones futuras, deber de 
V« será, en unión con su cólega francés, el examinar atenta é imparcial, 
mente las reclamaciones de cada parte, y recomendarles el arreglo que 
juzguen Veles. equitativo, y consistente con el honor é independencia de 
ambos Bstados. 

fin el curso de las investigaciones, ó negociación sobre cualquiera 
de esos puntos se pondrá V., cuando sea necesario, en comunicación 
con el Gobierno de Montevideo; ó por medio del Encargado de Negocios 
de S. M; en aquella Ciudad, ó, si V. lo cree prec iso, trasladándose per- 
sonalmente á ella. 

Apenas necesito agregar, que es plenamente entendido entre el Go- 
bierno de S. M. y el de Francia, que el arreglo de estas cuestiones en. 
tre las dos Repúblicas, no será acompañado por consecion ninguna ter- 
ritorial, ni por otra cualquiera ventaja separada paralas partes interesa* 
das en la mediación. 

Es muy posible que esta coyuntura se considere favorable para ase¿ 
gurar la libre navegación de los tributarios del Rio de la Plata, aunque 
eso no tenga sino una relación indirecta con el objeto principal de nues- 
tra intervención. 

Sin espresar opinión alguna sobre el cárnico que sea necésario se-* 
guir si acaso nos vemos obligados á ocupar aquellas sguas con la fuerza 
convinada, el Gobierno de S. M. está dispuesto á creer que será mejor 
abstenerse, al principio, y mientras haya esperanza do restaurar la paz 
sin el apoyo de la fherze, de hacer mención alguna de esta materia; 

Verdad es, que la apertura dé las graúdes artérias del Continente Sud 
Americano á la libre circulación del comercio, seria no solamente un 
Vasto beneficio al comercio de la Europa, sino una garantía práctica, y 
tal vez la mejor, de la conservación de la paz en la América misma. Y 
si el Gobierno de S. M. no se engaña en la esperanza que tiene de con* 
seguir en qnion con la Francia la terminación de la lucha por una media- 
ción amistosa, estaré pronto á dar á V. instrucciones para unir sus es- 
fuerzos á los del Ministro Francés, con el objeto de poner la libre nave-* 



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46 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



gacion del Rio de la Plata y sus tributarios en un pié descompleta se- 
guridad. Ahora sin embargo, y como la cuestión no parece tener -cone. 
xión alguna necesaria con las desavenencias entre las dos Repúblicas* 
cuyo arreglo es nuestro objeto principal, hará V. bien en no introducir 
aquella cuestión como un punto esencial de negociación. Cuidará Y. al 
mismo tiempo de no entrar en compromiso ninguno, que encadene la 
libertad del Gobierno de S. M. para tratar después de esta importante 
.materia. 

No creo que puedo dar á Y. otras ningunas instrucciones, sobre los 
términos en que pueda concluirse la paz. En cualesquiera condiciones 
.que puedan ocurrir á Y. como adaptables á la posición de las dos partes* 
ó que se vea Y. llamado á sostener, cuidará V. mucho, por bu puesto* 
de no sancionar cosa «Iguna que pueda ser ofensiva 4 la dignidad y á los 
«verdaderos intereses 4e Montevideo, como tampoco á los del Estado en 
el que se halla Y. acreditado. Teniendo eso presente queda V. autori- 
zado para declarar el deseo del Gobierno de S. M. de hacerse mediador 
para el tratado. 

He supuesto hasta ahora que V. hallará al Jeneral Rosas bien dis- 
puesto á dar oidos á las representaciones que, en nombre del Gobierno 
«de S. M. le hará V. luego después de su llegada. 

Si, por desgracia, así no sucediese, y si él se negase á dar cualesquiera 
pasos para la suspensión de hostilidades, siempre será deber de Y. abs- 
tenerse de todo lenguaje amenazador y de toda ulterior alusión á la 
fuerza. 

Esperará Y. la llegada del Ministro Francés, y tan luego como él se 
haya presentado en Buenos Ayres, concertará Y. con él la forma en que 
deben hacerse á las dos Repúblicas sus representaciones reunidas. 

Podemos contiadamen te anticiparnos la pronta acquiesencia de Mon- 
tevideo, á nuestra mediación. Los puntos sobre que ya he indicado! 
Y. que Jlame por si solo la atención del Jeneral Rosas le seráp entonces 
presentados de nuevo, instándole con e) peso que agregará el Gobierne 
de Francia, y de un modo mas formal y mas solemne* 



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DE LA INTERVENCION AROLO- FRANCESA. 



47 



Cualesquiera que hayan sido ¡as esperanzas y las intenciones del 
General Rosas hasta ese momento; apenas puede concebirse que cuando* 
se le presenten con evidencia las consecuencias que no puede dejar de 
tener su negativa á dar oidos al consejo de las dos Potencias, persistiese 
él en no hacerle caso. Pero si reuaase prestarse á las manifestaciones 
reunidas de Vdes., y 4 descubriese alguna señal 6 intención de ganar 
tiempo, y prolongar la negociaeion, con la mira de apoyar al Jeneral 
Qtibeen un ultimo esfuerzo para apoderarse de Montevideo, invitará V. 
á 6U colega á declarar en unión con V., que, si para un diá fijo, no se 
han retirado del ejército sitiador' Ia9 tropas arjentinas, ni levantado el 
Moqueo de la Ciudad, los Comandantes de las Escuadras Inglesa y Fran. 
cesa recibirán órdenes de obtener esos objetbs por la fiierza, 

No es necesario decir que tfna vez hecha esta declaración; será in- 
dispensable que se adhiera á ella. En conseeuencia, tan luego como V. 
advierta la probabilidad de que semejante paso será 'necesario, deberá V. 
ponerse en comunicación con el Comandante de las fberzas navales de 
S. M. en el Rio de la Plata, para informarle de los objetos propuestos en 
ti declaración, y pedirle que concierte con el comandante Francés el 
modo como deban llevarse á efecto. £& cesación del bloqueo se obten- 
drá, por su puesto, en el momento y sin dificultad. Con respecto á la 
retirada de las tropas arjentinas del territorio Montevideano, queda á la 
unida consideración de Veles, la elección del modo mejor de forzarlos á 
que lo hagan. De los informes que tiene el Gobierno de S. M. res !-- 
taría que el bloqueo de los puertos por donde el Gobierno de Buenos Ay¿ 
res acostumbra ahora mantener sus comunicacionos con el Ejército si- 
tiador, muy especialmente el del Buseo, y si es necesario la ocupación 
de la parte baja del Uruguay, cortaría eficazmente toda comunicación 
entre Buenos Ayres y las fberzas del Jeneral Oribe, obligándolas así á 
retirarse ó disolverse. 

Punios son estos, sin embargo sobre los que si alguna dúda existe 
deben decidir los Comandantes de la fuerza. 

Debe V* tener presente que el Gobierno de S. M. no tiene inten- 



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48 



LÓ8 CINCO ERRORES CAPITALES 



cion de emprender operación ninguna por tierra; y no consentirá V . en 
el desembarco de gente alguna de los buques de S. M»; fuera de la -que 
sea necesaria para la ocupación de la Isla de Martin García., ó de cual- 
quier otro punto de que sea necesario tomar posesión temporaria para 
seguridad de las fuerzas convinadas, «para hacer mas eficaces sus ope- 
raciones. Cuidará V. en ese caso de que el número de fuerza con que 
cada parte concurra sea lo mas igual posible. Necesito sin embargo 
agregar que en cualquier momento, y en cualquier lugar en que puedan 
.hallarse en riesgo las vidas de los súbditos Británicos, deberá V. pedir 
en su auxilio toda la fuerza que sea necesaria para asegurar su prouta y 
eficaz protección. 

Hasta que punto sea conveniente y justo adoptar las mismas pre- 
cauciones en el caso, de que solo corran riesgo las propiedades inglesas, 
es cosa que dependerá del grado y estencion del riesgo, y de otras cir- 
cunstancias del momento que es imposible anticipar. Por lo tanto, 
tengo que dejar este punto al bnen juicio de Y. El Gobierno de S. M, 
«espera que n¡ una negativa continuada por parte del Jeneral Rosas á 
aceptar condiciones, ni el caso, menos probable todavía, de que haga 
«una resistencia activa, nos pondrán en la necesidad de recurrir á un 
^loqueo del puerto de Buenos Ayres. Los objetos que el Gobierno tiene 
ipmediatamente en vista— el restablecimiento de la paz, y un Gobierno 
tranquilo en la República del Uruguay; la cesación de los apuros do su 
'Capital, y la apertura de sus puertos al comercio extranjero— pueden 
tal vez efectuarse sin semejante medida. Pero al Gobierno de S, Mj 
no se oculta que las circunstancias pueden obligarle á ese paso; y si fa- 
llasen todos los otros medios de inducir al Jeneral Rosas á abandonar la 
causa del Jeneral Oribe y á concluir la paz; queda V. autorizado para 
proponer á su colega Francés la adopción de aquella medida; dejando, 
como en el caso del apoyo que haya de darse á Montevideo, la ejecu- 
ción de la medida al juicio y responsabiliad de los Comandantes na- 
vales. 

pe(>e tenerse presente, que, en cualesquiera circunstancias en que 



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BE LA INTERVENCION ANO LO -FRANCESA. 



40 



V.ee vea obligado á decidir el bloqueo de cualquier punto de las costas 
del Plata, ó sus tributarios, debe darse todo el fomento posible, y conci- 
liable con la conservación de ese bloqueo, al comercio de buques neu- 
trales con los puertos que no estén dentro de los limites del distrito blo- 
queado. Pero el Gobierno de S. M. no está por ahora preparado para 
recomendar que, en caso de que el Jeneral Rosas reuse reconocer la li- 
bre navegación de los tributarios del Rio de la Plata, las fuerzas convi- 
nadas hayan de ocupar, por e6e 6olo motivo, aquellos ños, para conser- 
var la libertad de su navegación. En la opinión del Gobierno de S. M. 
es de desear que se conserve el gran objeto principal que tiene en vista, 
tan distinto como sea posible de toda otra consideración. Al mismo tiem. 
,po,si se presenta alguna oportunidad de promover cualquier otro objeto 
colateral de importancia — como, por ejemplo, la apertura dé la navega- 
ción de esos rioe, ó la restauración de Ja paz á los Gobiernos de Cor- 
rientes ó Entre- Rioe en sus costas— no necesito decir á V. que deberá 
aprovecharlas del mejor modo que pueda. 

Está V. ahora en posesión de las miras generales del Gobierno de 
S. M., sobre los negocios que vá V. á manejar. Pueden ocurrir inciden- 
tes, á que no provean específicamente estas instrucciones; y respecto de 
los cuales, hallándose V. tan lejos de su país, será necesario que obre 
V. bajo su propia responsabilidad; pero no dudo que el conocimiento 
que ha tenido V. oportunidad de adquirir personalmente de los senti- 
mientos de los dos Gobiernos, habilitará & V. para llevar adelante sus 
instrucciones, cualesquiera que sean las circunstancias que se presenten* 

Entretanto si V. encontrare— lo que el Gobierno de $• M. no tiene 
motivos de mirar como probable— que la Ciudad de Montevideo hubiese 
caide en manos del Jeneral Oribe antes que Y. llegue al Rio de la Plata, 
la mayor parte de las instrucciones que preceden no serían entonces apli- 
cables. Con todo, mientras V. no pueda recibir instrucciones adoptadas 
á las circunstancias en que ese suceso baya tenido lugar, recordará V. 
que, como ya lo he dicho, el objeto principal que el Gobierno de S. M» 
tiene en mira es la conservación de la independencia del Uruguay; y 

7 



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50 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



que, por consiguiente, cualquier tentativa por parte del Jeneral Oribe, ó 
de cualquier otro individuo ó partido, para sostenerse en el poder por la 
presencia de las tropas de Buenos Ayres en Montevideo, sería uná vio- 
lación fragante de aquella independencia, que, si en ella se insistía podría 
imponer al Gobierno de S. M. la necesidad de una intervención acti- 
va. Solo me resta agregar que será uno de los mas importantes debe- 
res de V. mantener una intelijencia cordial en todos los puntos con el 
Ministro Francés en Buenos Ayres; y contribuir, por todos los medios 
que V. pueda, á promover el mUmo sentimiento entre los oficiales de 
los dos países. 

Soy etc. 

(firmado) , Abeerden» 



Instrucciones dadas por el Sr.Guiíot al 1 Sr. Barón Deffáu • 
disy para el desempeño de la misión especial de que vino 
encargado al ¡lio déla Plata , presentadas por el primero 
á la Cámara de Diputados . 



París, Marzo 22 de' 1845. 

Señor Barón:— Los dos Gobiernos . de Inglaterra y de Francia, to- 
mando en consideración la duración indefinida de la guerra que se hacen 
las dos Repúblicas de Buenos Ayres y. Montevideo, la interrupción del 
comercio que de ahí resulta, y las ofensas de todas clases que los eatran- 
jeros neutrales establecidos en aquellas latitudes se ven obligados á so- 
portar, acaban de concertar medidas con el objeto de hacer que la9 par. 
tes bel ij erantes acepten su mediación. Como todo lo relativo á esta me- 
diación debe constituir una cuestión separada— una misión temporal — 
que ha de ser independiente de la9 funciones, tanto del Encargado de 
Negocios dé Francia en Buenos Ayres, como de nuestro Cónsul Jeneral 
en Montevideo, el rey ha creído de su deber ocurrir á la esperiencia y al 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRAN0E8A. 



51 



;ya experimentado jcelo de V. por su servicio, nombrándole» á propuesta 
mta, s ir comisario extraordinario en el Plata. 

£1 Sr. Gore Ouseley, recientemente nombrado Ministro de S. M« 
B. en Buenos Ayres, en lugar del Sr. de Mandeville, y destinado por su 
Gobierno á desempeñar la- misma misión que V., debe haber salido ya 
para su destino. «Tendrá V. por lo tanto» la bondad de prepararse tam- 
bién para ealir lo mas pronto posible. La fragata de S. M. Erigone 
que debe llevar á V. al Plata, ha recibido órdenes del Ministro de la Ma- 
rina, para *estár pronta á dar la vela. En primer lugar V. irá á Rio de 
•Janeiro, con el fin de informar de su viaje algobierno del Emperador del 
Brasil. Porque en verdad, las comunicaciones del Gabinete brasilero re^- 
presentado pcrr el Sr. visconde de Abrante®, sobre la cuestión del Plata» 
son las que han 'decidido á los Gobiernos de Francia y de Inglaterra, que 
se ocupaban ya, en las dificultades de aquella situación, y que estaban 
resueltos á tomarla en séria consideración, á adoptar definitivamente la 
determinación de intervenir en común. Acompaño copia del despacho 
que me dirijió el Visconde de Abrantes,y también de la respuesta que yo 
le di. Verá V. por ellae, que, según nuestras primeras ideas, habíamos 
consentido en convenir con el Gobierno Brasilero en cuanto á los me*- 
dios de ejecución. Después de ma3 maduro examen, los dos Gobiernos 
han creído mas ^conveniente, en el interés del Brasil mismo, no empa* 
fiarle en medida alguna, que pudiese venir á 6er coercitiva, respecto de 
un Gobierno vecino; y dejar á la Francia y i la Inglaterra, la mas com- 
pleta independencia, como también la responsabilidad de la acción. V» 
esplicará al Gabinete Imperial los motivos de nuestra conducta, y le in*- 
formará V. de que nuestra sincera benevolencia para con él, nos hace 
dar una importancia real á tenerle exactamente informado. 

La permanencia de V. en la Capital del Brasil será necesariamente 
muy breve; y tan luego como haya V. desempeñado los importantes de- 
beres que allí le llevan, saldrá V, para el Rio de la Plata. A su llega- 
da á Buenos Ayres, su primer cuidado de V. será ponerse en comuni- 
cación con el Sr. Ouseley; qu 3 , sin duda alguna, habrá llegado á aquellA 



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52 



LOS CINCO ERHORE8 CAPITALES 



Ciudad antes que V. Sabrá V. por él, el estado de la cuestión en el 
momento de su llegada en consecuencia de los pasos preliminares que él 
habrá dado mientras V. no llegt, y tomará V: con él las medidas nece- 
carias para todos los que hayan de seguir. Residirá V. habitualmente en 
Buenos Ayree, donde también debe residir su cólegs, con el objeto de 
mantenerse V. en constante comunicación con él. Fácil será comuni- 
car desde allí, por escrito, con el Gobierno de Montevideo. Amas 
do que, el Estado Arjentino és el mas considerable de los dos, que de- 
seamos reconciliar; de su Gobierno es de quien, indudablemente, ha de 
nacer la resistencia á nuestra mediación; él es, al menos el que tendrá 
que hacer el primer sacrificio para el restablecimiento déla paz; y será 
prudente que V. permanezca en el asiento de la dificultad principal, con 
el objeto de trabajar mas de cerca en su solución. Et objéto que la lo- 
gia térra y la Francia se proponen en primer lugar, es hacer cesar las 
hostilidades. El Sr, Ouseley tiene instrucciones, primero, para dirijir 
al Jeneral Rosas representaciones amigables con ese objeto. Aellas 
agregará V. las suyas, que deribarán un nuevo grado de autoridad de la 
situación peculiar de la Fraeia con respecto al Gobierno Arjentino, V. 
hará que el Jeneral Rosas comprenda las consideraciones que el Gobierno 
del Rey no ha dejado de tener por él desde la conclusión del tratado de 
29 de Octubre de 1940^ de les esfuerzos perseverantes, aunque induda- 
blemente inútiles que nuestro Cónsul Jeneral en Montevideo ha hecho 
para mantener en un estado de neutralidad á loe súbditos franceses que 
deseaban tomar las armas contra Oribe ; la resistencia que hemos 
opuesto dorante los últimos cuatro años á los esfuerzos que 6e han he- 
cho en la Francia misma para influir la opinión pública, con el fin de ar. 
rastrarnos á intervenir. V. le informará de que nuestra intención no es 
en manera alguna empezar de nuevo lo que por fortuna concluyó por el 
tratado de 1840; que nosotros no somos loe aliados del Gobierno actual 
de Montevideo contra él: que reconocemos, Jo mismo que toda otra per- 
sona sensible, la necesidad que le ha colocado en el Gobierno de su pais, 
y que le conserva en é); que hemos esperado toda el tiempo que hemos 



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DE LA INTERVENCION ANCLO «FRANCESA. 53 

podido á'ver bí la guerra terminaba por sí misma; pero que no podemos 
ya creernos justificados para esperar mas tiempo, en vista;' de loa sufri- 
mientos y de las reitiradas peticiones de aquellos de nuestros nacíona* 
Jes que han permanecido neutrales; y que, tanto por el interés de nues- 
tro comercio, cuanto por el de la humanidad; no9 vemos forzados á poner 
término A un estado dfe cosas, que ha venido á ser intolerable. 

Nos indinamos á creer que el Gobierno de Buenos Ayres, recono- 
cerá la evidéncia de estos hechos. A' ellos agregará Vi que, en las con- 
versaciones que han tenido lugar entre I 09 do6 Gobiernos sobre el asunto 
déla mediación, hemos tenido siempre cuidado de estabiecér lascondi* 
ojones necesarias para conservar el honor f los intereses de la República 
Aijentí na; condiciones que el Gabinete Ingles ha admitido ademas con 
perfecta bueno fé. V. le informará, por ñn, de q'óe su propia dignidad, 
la prospectiva futura de su poder, su adhesión misma á la causa america- 
na, le aconsejan, en nuestro sentir, ceder de buena voluntad? y no conti» 
miar una lucha feréz* que es condenada' por todo el mundo. Las condn* 
dones que él obtenga en el arreglo final, después de haber tomado la ini- 
dativa en la obra de pacificación, serán necesariamente mejores que ai 
persiste en exitar todos los intereses contra sí. Asegúrelp V. que, en 
la negociación, no omitiremos esfuerzo para obtener que se le conce- 
dan, de hecho, Jas mejores condiciones posibles; pero recuérdele V; ai 
mismo tiempo, que hemos reconocido, lo mismo qne la Inglaterra y el 
Brasil, la independencia del Estado Oriental, y qne n&da podemos admi- 
tir que ponga en duda esa independencia. 

Aun cuando el Sr. Ouseley nada haya conseguido, antes que V. lie. 
gue, en su empeño de una persuacion amigable; V, hará por su parte, 
nuevos esfuerzos. Si el Jénera) Rosas cede á esas razones, si consiente 
en retirar al Jeneral Oribe, y en ordenar que su Ejército evacúe el terri- 
torio Orienta), V. emprenderá sin demora, y de, acuerdo con su colega, 
la negociación de un arreglo entre las dos Repúblicas. Entonces, la re* 
8istencia vá á cambiar indudablemente de naturaleza; y V, tendrá que 
bichar coalas pretensiones de los Jefes actuales del Gobierno de Mon* 



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54 



L08 CIUCO ERRORES CAPITALES 



tevideo, exaltados por una libertad inesperada. No vacile V. en reducir 
esas demandas á en justo valor; declare 'V. que las dos grandes Potencias 
no han intervenido para satisfacer animosidades locales ó rivalidades de 
emigrados, sino para establecer la paz sobre basas solidas, y para ase- 
gurar la conservación del órden en las dos mátjenes del Plata. — V. dirá 
alta y firmemente, que lejo9 de tomar parte en favor de una de las dos 
Repúblicas contra la otra, los dos Gabinetes están determinados á ga- 
rantir la segundad de cada una de ellaq, lo mismo la de Buenos Ayre® 
que la de Montevideo. 

En consecuencia, si el Gobierno de Buenos Ayre» cree necesario á 
su reposo desterrar del territorio á los refugiados Arjer.tinoe que allí se 
encuentren, admitirá V. la lejitimidad de esta pretensión, y Ja aceptará 
como condición de paz. Es bien entendido que en 66te caso, V. inter- 
vendrá si es necesario, para que.ee dé á los indLvidos designados loa me- 
dios de salir de Montevideo, y /de asegurar á sus personas y propiedades 
toda la protección deseable. Por otra parte, si la República Oriental 
exije, de la de Buenos Avres, garantías contra futuras agresiones, cuida- 
rá V. de dar á esas garantías la forma que parezca á V. mas séria y mas 
eficaz. En una palabra, no perdonará V. medio alguno en unión con su 
oólega, para cimentar firmemente la buena armonía que está V. encar- 
gado de restablecer entre las dos márjenes del Rio. Dejamos la e!eccion 
de los medios á la propia eeperiencia de V. 

Hasta ahora, Sr. Barón, solo he hablado á V, do los casos en que 
las partes belijerantes puedan aceptar voluntariamente la mediación de 
Vdes., aun después de alguna vacilación. No es, en efecto, muy pro- 
bable que ambos resistan las amistosas observaciones que está V. encar- 
gado de hacerles. Sin embargo, si hallase V. una oposición inconquis- 
table, está V. autorizado para recurrir al empleo de la fuerza. Dirijirá 
V. al mismo tiempo á los dos Gobiernos una invitación firmada por el Sr. 
Ouseley y por V.; y sí, en cierto término dado, uno de ellos no ha con- 
sentido en sujetarse á esa invitación, dará V. aviso al Sr. Almirante 
Lainé, Comandante de las fuerzas navales francesas en el Plata, quien 



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DE LA. INTERVENCION ANGLO-PRANCE8AÍ 



55 



tomará» de concierto con el Comandante de las fuerzas navales de Si 
M. B.» las medidas que se crean necesarias contra el belijerante obsti- 
nado* Las escuadras convinadas ocuparán loa rioe, si ea necesario, y 
establecerán un bloqueo efectivo en cualquiera de las dos itfárj enea del 
Plata; ;pero se ordena á los dos Almirantea, que no empleen otro* me* 
dios que los marítimos, que se han creído suficientes, y que no hagan 
otro ningún desembarco, qep la ocupación temporaria de la Isla de Mar* 
tin García, 6 cualquiera otra demostración de la misma clase útil á las 
operaciones marítimas. 

Dentro de estos límites, indicará V. sobre su propia responsabilidad» 
y después de un acuerdo preliminar con el Sr. Oúseley, aquellas medí.’ 
das que parezcan á V. eficaces en un momento dado. 

El Admirante Lainé recibirá órdenés para obedecer las que V. Je di- 
rija por escrito. Se acompaña copia de sus instrucciónes. 

Está expresamente convenido entre los dos Gobiernos de Francia y 
de Inglaterra que ni el uno ni el otro 'procurarán obtener, en consecuen- 
cia de esta mediación, concesión ninguna de territorio ni otra ventaja 
separada. Está bien conveni do que si es posible aprovecharnos, de la 
nueva situación que vá á comenzar, para obtener que los afluentes del 
Plata se abran á la libre navegación, los Representantes dé las dos 
grandes Potencias, se ocuparán en esta cuestión; pero solamenté en caso 
de. que la oportunidad se presente naturalmente, y cuando puedan ven- 
cerse las otras dificultades. No hay duda que es ventajoso abrir al co- 
mercio europeo esos grandes canales fluviales que penetran al corazón 
mismo de Sud-América; pero este es, por el momento un interés mera- 
mente secundario, comparado con los qne se ventilan en el Plata; y sería 
imprudente aumentar, desde el principio, por una exijencia cualquiera 
el mal-estar y desconfianza del Gobierno Arjetitino. 

Por conclusión acompaño copia de las instrucciones dadas si Sr. 
Ouseley, por el Gobierno de S. M* B. y que no? han sido comunicadas* 
Siendo exactamente conforme las instrucciones de ambos Gobiernos, 
hallará V/en las instrucciones de su célega lo que en estas pueda faltar* 



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56 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



No necesito renovar, al concluir la recomendación esencia) de mantener 
en todas ocasiones una buena y . cordial inteligencia .con el Sr. Ouseley, 
y de contribuir por todos los medios al alcance de Y. á que iguaies sen- 
timientos reinen entre los oficiales de las dos Escuadras. Es este uno de 
loa principales deberes de la misión de V., y el Gobierno del Rey es- 
pera que se aplicará V. á desempefiarle, con la inielijencia y celo de 
que ya ha dado V. tantas pruebas. 

Reciba V. &a. 

(firmado) Gui;k©x,. 

Al Sr. Barón Deffaudia. 



El arribo del Ministro Ingles á Buenos Ayres, 
algunos dias antes del Representante Francés, le pro- 
porcionó la ocasión de abrir conferencias con el 
Ministro de Rosas, y discutir con él, sobre puntos 
muy delicados de su misión; debilitando así la acción 
unida de los dos interventores que, en perfecto acuer- 
do, y no separadamente, debieran dar principio á 
una negociación tan grave y tan complicada ya por 
los anteriores acontecimientos. 

La inconveniencia de este primer paso aislado 
del Diplomático Ingles, se patentiza mas, desde que 
se lea el Memorándum de 10 de Mayo de 45, que pa- 
só á Rosas en calidad de reservado, y publicado en 
en «1 núm. 14 del “ Comercio del Plata ” de 16 de 
Octubre del mismo año. 

En ese documento está formulada acabadamente, 
la política del Gabinete Ingles, siempre tímida y er* 



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DE L A INTERVENCION ANCLO-FRANCESA. 



57 



rónea, y lacadi léz de su Representante en el Plata. 
£1 quería, y no quería, manifestar á Rosas los encar- 
gos de su Gobierno, sobre la necesidad de un arreglo, 
quería, y no quería, intimidarlo con amenazas frívolas* 
bajo el ropaje de admoniciones amistosas; y esa polí- 
tica tan vacilante y singular, alentaba á Rosas, tanto* 
cuanto', ella le revelaba su impotencia é ineficacia, en 
el estado en que se hallaban los negocios. 

Muy luego comprendió Rosas, en esos pasos po- 
co ‘meditados del Ministro Ingles, y por las conferen- 
cias que con él tuvo en Rio de Janeiro el Ministro 
Arjentino Guido, publicadas por la prensa que, la in- 
tervención tan anunciada, no traía ni las instruccio- 
nes, ni el poder para herirle en el corazón de su po- 
lítica, y contenerlo en su desbocada ambición de con* 
quista en el Estado Oriental. 

Comenzó pues á jugar con aquella política de in- 
decisión y de error, como habíalo hecho con la del Ca- 
ballero Mandeville, tan complaciente y bueno. 

Desdo el principio Rosas reveló su plan de, en- 
tretener y oponer obstáculos á todo arreglo regular y 
justo. 

Pidió previamente, el reconocimiento del bloqueo 
absoluto de los puertos de Montevideo y Maldonado, 
como condición sine citanom para tratar. 

Pidió mas, que asistiera á todas las conferencias 
en calidad de mediador, entre los mediadores, el Sr. 
Brent, Representante residente del Gobierno de los 
-Estados Unidos, cerca de Rosas. 

8 



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58 



LOS CINCO ERROnES CAPITALES 



El bueno del Sr. Brent, había sido traído por 
Rosas con mucha habilidad, á representar tan síngu» 
lar papel en los fastos diplomáticos. 

El sabía que todo eso, sería resistido por los Mi- 
nistros interventores, como lo fue, y que la negocia- 
ción fracasaría en sus primeros pasos. 

Debemos decir en honor del Barón Deffaudis, 
que, merced á su talento á su firmeza y á su penetra- 
ción, la negociación no tomó el camino que Rosas 
quería, y entonces, Dios sabe, hasta donde la hubie- 
ran conducido los mismos acontecimientos dominando 
y dirijiendo á la misma intervención; bajo el jénio ma- 
léfico de Rosas. 

El Barón Deffaudis, desbarató con firmeza, todas 
esas insidiosas maniobras de Rosas, y todas aquellas 
argucias de su Ministro. 

Pidió en Nota de 17 de Junio, terminantemen- 
te, una suspensión de hostilidades, conforme á los USOS de 
todas las Naciones cultas en iguales casos, de acuerda 
con los principios de humanidad y en el interés mis- 
mo de los pueblos. 

Pero Rosas, montado en su caballo de batalla, re- 
sistió entrar en ningún a clase de arreglos, ni aun inci- 
dentalmente, si antes no se convenía, en el bloqueo 
completo y absoluto de los puntos de Montevideo y 
Maldonado, y en la admisión del Sr. Brent, á tomar 
parte en la negociación, en calidad de mediador, entre 
tos mediadores. 

La situación de Montevideo, era crítica y peti- 



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DE LA INTERVENCION ANCLO-FRANCESA. 50 

grosa; se había perdido en Marzo de aquel mismo 
año, la batalla de la India Muerta; los restos del Ejér* 
cito Oriental que salvaron de aquella triste jornada, 
se hallaban emigrados en el territorio del Brasil. So- 
la la Capital quedaba en pié, sin recursos, ni otro po- 
der que los valientes que se encerraban dentro de sus 
muros. 

La Nota que publicamos a continuación com- 
prueba la exactitud de nuestras palabras. Ella no 
puede ser leída, sin esperimentar un sentimiento de 
respeto y admiración por las personas que la firma- 
ron. En aquella grave situación, sin recursos, sin 
medios de subsistencia de ningún jénero, sin pro- 
tección de nadie, y por último, hasta sin municiones 
de guerra, nadie pensaba estender una mano cobarde 
ni traidora para buscar una tranzacion con Oribe y 
postrarse á sus pies; no, se resolvió buscar la muerte 
del honor ó la victoria, haciendo una salida jeneral 
para batir a Oribe en sus propias posiciones, antes 
que manchar la gloriosa defensa de la Capital, 
j Qué diferencia do tiempos y de ideas ! 

(copia) 

MINISTERIO de GOBIERNO i 

Relaciones Esteriores. j (Reservado) 

Montevideo, Mareo 20 de 1845. 

Con esta fecha el Gobierno en pleno Consejo de Ministros ha expe» 
dido el acuerdo que sigue— 

Gobierno de la República en la situación solemne en que se halla 



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60 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



la Capital, considerando que el Contra-Almirante Lainé, Comandante 
de la Estación Francesa, único que resimó el Bloqueo absoluto por par- 
te del Tirano de Buenos Ay res, ahora e6tá dispuesto á reconocerle, aun- 
que exijiendo el término de quince dias para su ejecución contables des- 
de su nuevo establecimiento — que por consecuencia debe saberse en 
Montevideo que el bloqueo absoluto está reconocido dentro de tres ó cua- 
tro dias, y que será ejecutado desde el J5’ó 18* de Abril inmediato — que 
lasóla impresión causada er. este último período por la falta de entradas 
de buques, tiene en suma inquietud ó todas las clases de' la población — que 
bíq duda alguna la certidumbre de hi proximidad del Bloqueo produci- 
rá la postración universal— que el contrato de víveres termina ¿cía fines 
de Abril, y que es moralmenie imposible alcanzar otro nuevo, pues eje* 
cutado el bloqueo cesan de .todo puntólas rentas de Aduana, medio ab- 
solutamente principa) y casi único con que el Gobierno puede contar — 
qus los pocos artículos de víveres existentes en la Ciudad y puerto, aun 
adoptando toda medida para adquirirlos con violencia y sin dinero, alcan- 
zarán á penas para un mes, ó cuarenta dias— que las multiplicadas exac- 
ciones arrancadas á las clases no menesterosas y Ja absoluta escaséz de 
numerario consecuencia necesaria de la falta de trabajo y de comercio, 
han hecho que pese sobre la población entera una situación violenta y 
poco durable, y que la mas espantosa miseria abruma á las clases pobres 
—que han sido inútiles los multiplicados y afanosos empeños para ad- 
quirir fondos r ó socorros fuera del país — que 26 meses de asedio han apu- 
rado los recursos, los medios de defensa, la paciencia de los sufrimien- 
tos, y solo dejan al patriotismo y á la bravura de los heroicos defenso- 
res de Montevideo la necesidad de defender el suelo sagrado y la espe- 
ranza de la desesperación —que la falta absoluta de cabalgaduras y de 
tropa de esta arma inutilizan por entero el ardor bélico del Ejército, que 
en tal estado, aunque busque la muerte del honor, ó la victoria de la Pa- 
tria nunca podría contar con ventaja permanente, ni con deshacer el ase- 
dio— considerando en fin la escaséz de municiones de guerra. 

Por todos estos datos el Gobierno declara á la Capital en inminente 



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DE LA INTERVENCION ANGLO' FRANCESA. 6Í ? 

peligro de caer en manos del enemigo, y después de dados todos los pasos 
que están en * u poder para evitar que el bloqueo se realice, reconoce que 
ei los lancee de la fortuna no le favorecen por este (i otros medios, la 
defensa no puede racionalmente sostenerse mas allá de cuarenta y cinco 
días contados desde esta fecha, y aun' dentro de ese término corriendo 
todos los riesgos de una disolución ó de otros sucesos funestos fuera dé 
Imprevisión humana: en tal situación el Gobierno pretendo correr todos 
esos riesgos y aventuras, pero aspirando á disminuir lo posiblé su dura- 
ción, acuerda; hacer una salida jsneral como mucho antes de ahorá se 
manifestó al Director do la guerra pidiendo caba Hería, llevando por obpto 
destruir el asedio ocupando las posiciones de los enemigos; mas como 
para realizar este proyecto sea de absoluta necesidad, adquirir la fuerza 
de caballería, y las cabalgaduras para montar las que aquí puede formar- 
se, resuelve que por el Ministerio de la Guerra se comunique este acuer- 
do al Sr. Director de ella y Jeneral en Jefe D.' Fructuoso Rivera, á quien 
además esplane todos los datos ó informes que considere oportunos para 
que conciba exactamente nuestro estado estremo, y en consecuencia 
conduzca sus operaciones dé manera que le faciliten desprenderse de 
una fuerza de quinientos hombres de caballería, y de mil ó mas caballo# 
en buen estado, cuya fuerza se incorpore á nuestras filas, introduciéndo- 
se en el Cerro, y quedando á cargo del mismo Jeneral entretener la# 
fuerzas del enemigo en la Campaña, de manera que las de la Plaza no 
tengan otras sobre 6Í que las que habitualmente forman el asedio, que en 
esta situación estrenua el Gobierno responde de que no pasarán seis dias 
después de la entrada de la caballería sin que el Ejército haga una salida 
jéneral con todas las probabilidades de suceso ecbre los enemigos, (le- 
vando consigo mas que suficiente artillería y de 1200 á 1?00 hombres de 
caballería sobrados para arrollar la fuerza de esta clase que preséntenlos 
enemigos; que en fin es esta la tínica esperanza que la Providencia le 
deja para que el término sea cual fuere, de la lucha de esta Capital sea 
tan gloriosa como lo ha sido su defensa: 

Decaes de esta exposición terminante, y definitiva después de há- 



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62 LOS CINCO ERRORES CAPITALES 

ber manifestado: que el estado actual es absolutamente inconciliable con 
la prolongación de la defensa do la Capital;; apurados ya todos los esfuer- 
zos humano?, después d^ haber indicado el único asilo de la esperanza 
en la introducción de la fuerza de caballería y cabalgaduras indicadas, y 
finalmente después de declarar solemnemente, oido el consejo de milita- 
res aventajados, que obtenida la caballería todas las probabilidades, toda 
la seguridad moral á quepuede aspirarse, en casos semejantes, dá la con- 
vicción de un triunfo completo y decisivo, el Gobierno debe protestar 
como protesta ante Dios y la Patria, y á su nombre reclama del Je- 
neral D. Fructuoso Rivera, que acepte toda la responsabilidad que le 
toca si estando en la esfera de la posibilidad no llena el objeto que se le 
exije para la salvación de la Capital que queda en este punto en sus 
manos: resuelve finalmente que en oportunidad se pase este acuerdo re- 
servado orijinal á la Honorable Asamblea Jeneral para su conocimiento 
y efectos á que hubiese lugar. 

t JOAQUIN SUAREZ. 

Santiago Vázquez. 

Rufino Bauza 

Santiago Satago. 

Y lo transcribo á'V. E. para su conocimiento y efectos prevenidos. 

Dios guarde á V. E. muchos años. 

Santiago Vázquez. 

A S. E. el Exmo. Sr, Ministro de la Guerra. 

Ei reconocí Aliento del bloqueo de los puertos de 
Montevideo y Maldonado, en aquellos momentos, im- 
portaba, la caida de aquella en poco tiempo, y por 
consiguiente el completo triunfo de Rosas. 

Los Ministros interventores, comprendieron fá« 



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DE XA INTERVENCION ANGLO-FRANCEÍA. 



63 ' 



cilmente esasituacion. y resistieron decididamente las 
pretensiones de Rosas. 

Sus instrucciones les prevenían también, exijir 
de Rosas, el alzamiento del bloqueo parcial de Mon- 
tevideo, y mal podían consentir en que se establecie- 
se completo y absoluto como aquel lo pretendía. 

Los Ministros interventores, instaron nuevamen<> 
te por una suspensión de hostilidades; pero Rosas, ni' 
aun tuvo el comedimiento de contestar. Ellos com- 
prendieron al fin que era, completamente inútil todo 
esfuerzo amistoso y conciliatorio y se decidieron á 
obrar. 

El 8 de Julio, el Ministro ' Ingles; pasó á Rosas 
su famosa Nota exijiéndole — 

1. ° La evacuación dél territorio del Uruguay 

por las tropas Arjentinas. 

2. ® El retiro de frente de Montevideo de la 

Escuadra Arjentina, que bloqueaba su 

Puerto. 

Las razones en que fundaba esta exijencia en 
nombre de su Gobierno fueron, el art. 10 de la Con- 
véncion del año 28, entre la República Arjentina y el 
Imperio del Brasil, y el art, 4.® del Tratado Mackau 
de 1840 entre la Francia y Rosas. 

El Ministro Ingles hacía valer también, en aque- 
lla Nota, el perjuicio grabe que sufría el comercio 
estranjero, y en especialidad el de la Gran Bretaña; 
las atrocidades cometidas por las tropas de Rosas en 



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U>4 LOS CINCO ERRORES CAPITALES 

«1 territorio Oriental, y la debastacion que habían ya 
causado en este infortunado pais. 

Sostenía el Diplomático Ingles la necesidad de 
combatir las pretenciones de Rosas, de colocar por la 
fuerza de sus armas al Jeneral Oribe en la Presiden* 
cía del Estado Oriental, 

Esa Nota estaba concebida en términos severos, 
claros y terminantes, exijiendo una pronta respuesta. 

En el mismo día 8, el Barón Deffaudis pasó á 
•Rosas una Nota igual á la del Ministro Ingles. 

Habían terminado los cumplimientos y admoni- 
ciones amistosas: comenzaban las exijencias, con todo 
el aparato del poder, dispuesto á .obrar con firmeza. 
Esa era también la mente y el deseo de los Plenipo* 
tenciarios, porque, se habían convencido de la inutili- 
dad de otros medios; pero sus instrucciones no les pro. 
porcionaban los elementos que al efecto se necesita» 
ban, porque la timidez y el error de los Gobiernos 
interventores, no les había provisto de ellos. 

Engañados con el efecto que su solo nombre pro- 
duciría en «l Plata, se encerraron en esa política im- 
previsora y vacilante que tantos males ha causado has- 
ta hoy, prolongando inútilmente, una guerra debasta- 
dora y bárbara, que perjudica á todo el mundo. 

Tal es el poder del error que, úna vez colocado 
bajo su funesta influencia, no se sale de él, sino á costa 
de crueles desengaños y de costosos inconvenientes. 

Por mucho tiempo, la Inglaterra y la Francia, 
lamentarán lo improvidente de su política en el Rio 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FBANCESA. 



65 



de la Plata: su debilidad y su error, ha perjudicado 
tanto á su comercio y á influencia en estas r ejiones, 
cuanto ha crecido el poder de Rosas para debastar los 
elementos todos de orden, de civilización y de pro> 
greso. 

Rosas no contestó en 8 dias, á las exijentes No- 
tas de los Plenipotenciarios. 

£1 16, éstos pasaron nuevas Notas á Rosas, que" 
jándose de su silencio sobre sus importantes requisU 
ciones. En ellas le apremiaban por la sangre que . 
continuaba derramándose y por los perjuicios en je- 
neral que la continuación de la guerra causaba. 

£1 18, contestó Rosas por medio de su Ministro 
de Relaciones Exteriores, quejándose de la exijencia 
que se le hacía, cuando á penas habían pasado 8 diasj 
manifestaba sus graves atenciones con la guerra que le 
absorvía preferentemente todo su tiempo: que tenía 
que responder con igual premura á otros ajentes di* 
plomáticos, con quienes conservaba voluminosa cor- 
respondencia; y concluía con manifestar su estrañeza 
de que, los Plenipotenciarios no le hubiesen dado res- 
puesta, en tanto tiempo, á su exijencia de recocimien- 
to del bloqueo absoluto de los puertos de Montevideo 
y Maldonado. 

Nota bien singular, y que presentaba una nueva 
prueba, del plan de Rosas, en ganar tiempo y frustar 
las combinaciones de los interventores, de cuyo poder 
Bada temía. 

£1 19, el Ministro Ingles pasa á Rosas unater- 

0 



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«6 



LOS CINCO EKItORES CAPITALES 



cera Nota* estrañando no se le haya contestado á la 
del 8, y que evadiéndose con sus multiplicadas 
atenciones, déje sin respuesta aquella requisición tan 
urjente y que tanto compromete su situación: que él 
no podrá, dice el Ministro Británico, dejar de cum- 
plir con'sUs instrucciones; y que respecto del blo- 
queo, su Gobierno había aprobado la conducta del 
Capitán Pasley, Jefe de las fuerzas marítimas ingle- 
„ sas en el Plata, de no reconocer tal bloqueo absolu- 
to; concluía pidiendo la mas pronta respuesta. 

Rosas no contestó á esta Nota del Ministro In- 
gles, á pesar de su exijencia y de los términos gra- 
ves y perentorios de su redacción, quedando así las 
negociaciones, anunciando un próximo y violento 
desenlace. 



II. 



Los Plenipotenciarios se hallaron, en aquella: 
fecha, perfectamente convencidos de la inutilidad 
de sus esfuerzos, lamentando el tiempo que habían 
perdido sin obtener el mas pequeño resultado. 

Era necesario, sin embargo, probar la tenacidad 
de Rosas, y lo absurdo y temerario de sus planes 
de conquista sobre el territorio Oriental: á ese im- 
portante objeto se sacrificó el tiempo, que no poce 



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DE LA INTERVENCION ANOLO-FBANCE8A. 



67 



importaba en aquellos momentos & la situación crí- 
tica en que se hallaba Montevideo, y las considera* 
ciones todas, que la diplomacia usa en esos casos 
oon los Gobiernos regulares. 

£1 21 de Julio los Plenipotenciarios de Ingla- 
terra y Francia pasaron á Rosas su ultimátum, pi- 
diéndole sus pasaportes para el 31 del mismo, si an- 
tes no se les hacía saber que, se habían dado órdenes 
para hacer efectivas perentoriamente, las dos con* 
diciones propuestas al principiar la negociación; 
la retirada de las tropas Arjentinas del territorio 
Oriental, y alzamiento completo del bloqueo, de- 
biendo respetar, si esto se realizaba, las propiedades 
y personas en el tránsito por donde las tropas eje* 
cutasen su retirada. 

En esta Nota, los Plenipotenciarios, hacían sen- 
tir á Rosas, la ninguna esperanza que tenían de un 
arreglo, pues que en tres meses que habjan corrido» 
po habian podido ni obtener una suspensión de hos- 
tilidades, tan nftural, cuando se trataba de un ar- 
reglo amistoso entre partes que están en guerra. 

Le hacían notar lo sorprendente que eso sería 
en Europa: las inauditas crueldades que se cometían 
en el Estado Oriental por las tropas Arjentinas: los 
grandes esfuerzos que hacían sobre Montevideo du- 
rante la negociación: la inconciliable pertináz insis- 
tencia de que, tomara parte en la negociación, el 
Encargado de Negocios de los Estados Unidos, y que 
¡al mismo tiempo se reconociese por los Píen i poten* 



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08 IOS CINCO NRROBBS CAPtTAtE* 

ciarios el bloqueo absoluto, y sin condición de Ios- 
puertos de Montevideo y Maldonadó, como Rosas lo- 
pretendía. 

Los Plenipotenciarios, desde aquellos monten* 
tos, asumieron una posición respetable, digna y cual 
correspondía: pero, desgraciadamente, tan nobles, 
esfuerzos, no debían ser sostenidos por sus respecti- 
vos Gobiernos, que obsecados en el error, habían 
acordado, ser débiles, para obtener fuertes concesio- 
nes: habían resuelto, amenazar á Rosas con medi- 
das coercitivas, para relajarlas muy luego, y llegar 
por esta nueva senda, hasta la mas lastimosa debili- 
dad ó imprevisión. 

Los Plenipotenciarios invocaban sus instruccio- 
nes para la adopción de medidas prontas y eficaces, 
que le hicieran sentir á Rosas todo el peso de su tena- 
cidad: proponíanse dar golpes fuertes, que le lastima- ' 
sen en lo mas vivo, á fin de obligarlo á entrar en un 
arreglo regular; y mas adelánte veremos de que natu- 
raleza eran esas instrucciones y cíales las medidas 
que adoptaron para no merecer de sus respectivos Go- 
biernos toda la aprobación á que eran acreedores por 
su buen juicio; por su lealtad y por su conducta tan 
honorable en las Repúblicas del Plata. 

El 29 de Julio, contestó Rosas á la Nota de los- 
Plenipotenciarios de 8 del mismo, negándose comple- 
tamente á la evacuación de la República Oriental y á- 
la retirada de sus fuerzas marítimas que bloqueaban á 
Montevideo, 



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DE IA INTERVENCHON A«OlO>FRAK«EIA. 



En esa larguísima Nota, Rosas recapitula cuanto 
había dicho desde Octubre de 42, al Conde Delurde y 
al Sr. Mandeviile, para no admitir la mediación, qu& 
entonces le ofrecieron, los* dos Gobiernos de Inglaterra 
y de Francia: procura justificar su derecho en la 
guerra atróz y devastadora que hace al Estado Orien- 
tal, trayendo en la punta de sus lanzas, la desolación y 
la muerte; y el pretendido empeño de colocar en lá 
presidencia de la República al tristemente célebre D. 
Manuel Oribe, y con la mas escandalosa impavidez, 
niega que interviene á mano armada en los negocios 
domésticos de este País, y con igual desvergüenza 
afirma que sus tropas en este territorio, no han come, 
tido crueldades de ningún jénero; que por el contrario 
han respetado relijiúsamente la propiedad y la vida 
de sus habitantes. 

Afirma por último que, solo la intervención tenia 
la culpa de la sangre que se derramaba y de las cala*- 
midades que se sufrían, y que infaliblemente se se. 
guirían, hasta derramarse, de nuevo k torrentes la 
sangre, si ella continuaba en sus pretenciones de pro- 
tejer á Montevideo, y á los salvajes unitarios; 

Nota singular por el esquisito empeño que Ro- 
sas manifiesta de trastornar todas las cosas, negando 
los hechos mas notorios y cargando á sus enemigos 
todo el peso de las atrocidades que él ha mandado co* 
meter contra la propiedad y contra la vida de los pa^ 
cíñeos habitantes del pais, y contra lo sagrado de la vi- 
da de los prisioneros que ha mandado degollar barba*- 



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70 



LOS CINCO BBBOBE8 CAPITALES 



ramente sobre los campos de batalla donde la fortuna 
ha favorecido sus armas. 

Esa escandalosa Nota nada dice referente á la 
que le habían pasado los Plenipotenciarios el 21 del 
mismo mes, pidiéndole sus pasaportes; esta tarea de* 
bía ser la materia de una nueva Nota, 

El 30, contestó Rosas á la Nota de ios Plenipo* 
tenciarios de £1 del mismo, combatiendo violenta- 
mente todos los fundamentos espuestos por éstos, con 
lenguaje descomedido y audaz, protestando contra 
ellos, por los males que iban á seguirse de la termi- 
nación de la negociación: cargándoles toda la respon- 
sabilidad de aquel acto en que solo él, tenia la culpa, 
por su tenáz insistencia á no conceder nada, conclu* 
yendo por enviarles sus pasaportes. 

Al mismo tiempo el Sr. Brent, de acuerdo con 
Rosas, retiraba su mediación que jamás fué admitida 
por los Plenipotenciarios, quedando así rota definid 
vamente la negociación. 

Sin embargo del estado á que habían llegado las 
cosas, como acaba de verse, el Ministro Ingles pasó á 
Rosas una nueva nota el 31 del mismo mes, anuo* 
ciándole que tenía que pasar hasta Montevideo con el 
Ministro Francés, reservándose para cuando llegase á 
aquella Capital, contestar á las demás exijencias del 
Gobierno de Buenos Ayres; que, hallándose alterada 
completamente la posición de aquel Gobierno, pedía 
le permitiese, su Ministro de Relaciones Estertores, 
rede a) dia siguiente, para presentarle al Sr. Ballf 



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DB LA INTERVENCION ANGLO-FRANCEIA. 7 í 

Secretorio de la Legación, á fin de que quedase en el 
carácter de Encargado de Negocios de S. M, B., du- 
rante la ausencia del Ministro Ingles por consecuen- 
cía de la misión especial. 

Rosas contestó el 4 de Agosto pidiendo esplica* 
ciones sobre el contenido de la del Ministro Ingles, y 
haciendo notar la diferencia entre ella y la de 21 de 
Julio, porque en esta pedía sus pasaportes para retí- 
rarse el 31 en el Paquete Ingles, y en la de 4 de 
Agosto difería su salida para mas adelante. 

La suspicacia del Dictador se alarmó con las pa- 
labras que empleaba el Ministro Inglés en esta última 
Nota de 31 de Julio, y empezó á temer desde enton- 
ces las interioridades de su indiscreta tenacidad. 

En el entretanto que la misión de los Ministros 
Interventores, tomaba en Buenos Ay res, un aspecto 
sério y alarmante, otras escenas no menos graves, te- 
nían lugar frente á Montevideo, entre la Escuadra Ar« 
jentina y las fuerzas marítimas de la Francia y la In~ 
glaterra. 

Los Almirantes Lainé é Inglefield, intimaban á 
Brown, no poder retirarse á Buenos Ayres llevando 
los marineros ingleses y franceses que tenía á su bor* 
do al servicio de la Escuadra. Esta medida imposi - 
bilitó á Brown dar un paso con la falta de tripulacio- 
nes, viéndose obligado á consultar al Dictador. 

Los Almirantes obraban en virtud de órdenes do 
los Ministros interventores que negociaban en Bue- 
nos Ayres. El objeto de estos era, hacer conocerá Ro« 



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72 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



sas, cuanto podían hacer, si él se negaba completa* 
mente á entrar en un arreglo. 

Rosas en precaución de todo evento, había orde» 
nado el 22 de Julio, al Almirante Brown, .so retírase 
con la Escuadra á Buenr.s Ayres, puesto que el blo- 
queo, como él lo pretendía, de los puertos de Monte- 
video y Maldonado, no había sido reconocido por las 
fuerzas combinadas de Inglaterra y Francia. 

El 22 de Julio, cuando Brown hacía sus prepa- 
rativos para retirarse furtivamente, recibióla intima- 
ción de los Almirantes de orden de los Ministros In- 
terventores de quedar detenida la Escuadra Arjen- 
tina. 

Muy luego fueron enviados á Buenos Ayres to- 
dos los Jefes, Oficiales y tripulaciones que no quisie- 
ron tomar servicio en Montevideo, á excepción de na- 
cionalidad inglesa y francesa. 

La Escuadra fué repartida, bajo de formal inven- 
tario, entre las fuerzas inglesas y francesas, y el Almi- 
rante Brown se retiró también á Buenos Ayres, en un 
buque particular que le trasportó. 

Este fué el primer hecho conspicuo de la inter- 
vención, que inició las medidas coercitivas, en grande 
escala, que los Ministros Interventores se proponían 
adoptar, en virtud de sus instrucciones. El anunciaba, 
á todo el mundo, y los hijos del Plata, lo creyeron, así 
de buena fé, que el momento había llegado de la li- 
bertad de estos países. 

Todas las combinaciones políticas y comerciales, 



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DE LA. INTERVENCION ANGLO-FRANCEgA. 



73 



se basaron, sobre la creencia, que aquel grande acon- 
tecimiento revelaba, de que, los Gobiernos interven* 
tores, no retrocederían después de aquellos primeros 
pasos, y que completarían activa y enéticamente, la 
obra de humanidad y civilización que sus represen- 
tantes en el Plata, iniciaban con tanto honor y buen 
juicio. Las poblaciones del Plata se conmovieron pro. 
fundamente; y desde Montevideo á Corrientes y al 
Paraguay, todos ios hombres de libertad, se pusieron 
en pié para combatir al tirano. 

Buenos Ayres, inició una nueva y espléndida 
cruzada: la emigración fué inmensa: todos corrian 
á Montevideo, como á la tierra Santa, á donde se 
encontraria, la libertad y la dicha, confiando en la 
lealtad de los Gobiernos interventores, en su poder 
y en su honor. 

Y sin embargo, otras eran las miras secretas de 
los SS. Guizot y Lord Aberdeen. 

Después de aquellos primeros actos de vigorosa 
justicia contra el tirano, para hacerlo entrar en la 
buena senda: actos que comprometían tantos inte, 
reses y tantas vidas, debia volverse muy luego, á la 
deplorable política de Mr. Mandeville y del Conde 
Delurde, insistiendo con mayor obstinación en per- 
manecer en el error, que en revindicar tanta justi- 
cia, tan importantes y graves intereses del presente 
y del porvenir. 

Asi el error de aquellos ios hombres de Esta- 
do, ha venido & sacrificar tan inmensas fortunas, tan 

10 



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74 



XÓ8 CINCO ERRORES CAPITALES 



numerosas vidas, las mas altas conveniencias de la 
política de ambos mundos. 

Volvamos á Buenos Ayres, donde dejamos á los 
Ministros Interventores, despidiéndose de Rosas, pa- 
ra no volverlo á ver jamás. 

El l.o de Agosto, el Ministro Ingles paso á 
Rosas una Nota, contestando á otra de éste, de 29 
de Julio, con laque le acompaña copias de varios 
actos y conferencias privadas que habian tenido lu- 
gar con el Sr. Brent en prueba, según el decía, de 
su lealtad, franqueza y dignidad. 

El Ministro Ingles estraña que, sin su consen- 
timiento, se hubiese hecho uso de aquellos inciden- 
tes privados, y niega que ellos pudieran ser en nin- 
guna circunstancia, prueba de esa lealtad, franque- 
za y dignidad que Rosas decantaba. 

Pero el pensamiento de Rosas se comprendía 
bien: quería hacer públicas aquellas conferencias, y 
envolver á los Interventores en las consecuencias 
que, de ellos quería deducir, para cargarles toda la 
responsabilidad de la nueva y terrible situación en 
que se iban á hallar todos los intereses estranjeros y 
nacionales, una vez rotas las negociaciones. 

Y á fé que no pocos embarazos hizo nacer 
aquella pérñda intriga de Rosas, y no poco sirvió 
también en Europa, para que sus amigos y defenso- 
res calumniasen Alos'SS. Deffaudis y Ouseley ha- 
ciendo estraviar mas el juicio de los Gabinetes de 



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DE XA INTERVENCION ANGLO «FRANCESA. 



75 



Francia é Inglaterra, como lo probaron, la misión 
Hood y otros sucesos posteriores. 

Los Ministros Interventores, plenamente con- 
vencidos de la inutilidad de sus esfuerzos, se em- 
barcaron en los primeros dias de Agosto y llegaron 
á Montevideo inmediatamente, quedando así termi- 
nada, rota, y concluida para siempre aquella nego- 
ciación tan enéticamente conducida desde la llega* 
da del Barón Defiaudis á Buenos Ayres. 

Sensible, es, que tan nobles y hábiles esfuer- 
zos, hubiesen dado un resultado, tan opuesto al que 
todos tenian derecho á esperar, 

. En el Plata se trabajaba para dar impulso á la 
acción que los Ministros Interventores iniciaban 
en nombre de sus respectivos Gobiernos: todo el 
mando se preparaba á prestarles su apoyo; y en Eu- 
ropa, por el contrario, se hacían grandes esfuerzos, 
por inutilizar la política de aquellos Ministros, neu- 
tralizando el efecto de sus primeros pasos, tan acer- 
tados, como simpáticos en la difícil misión que de- 
sempeñaban. 



III. 



La causa de Montevideo, la causa de la República, 
la causa de la civilización y de la humanidad, renacía 



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70 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



en aquellos momentos, de en medio de las ruinas de 
treinta meses de guerra devastadora y crueh de desas- 
tres terribles y espantosos» 

£1 Ejército de la Capital, redobló sus esfuerzos, 
su enerjía, su invencible constancia: la población toda 
se animó, entregándose á las ilusiones de una pronta 
terminación de la guerra, esperando, como era justo 
esperar, que la Francia y la Inglaterra, terminarían de 
un solo golpe, tantas calamidades. 

£1 Gobierno hizo nuevos y mas costosos sacrifi- 
cios: enajenó las rentas de Aduana, para hacer frente 
á los nuevos compromisos en que entraba: admitió la 
Intervención, que conjuntamente le ofrecieron los Mi- 
nistros Interventores, en nombre de la Inglaterra y la 
Francia, por medio de la famosa Nota Colectiva de 
4 de Agosto, ofreciendo emplear todos sus recursos, 
hasta dejar, plena, y completamente asegurada la Indepen. 
delicia de la República. 



Montevideo • Agosto 4 de 1845. 

El Gobierno de la República Oriental ha aceptado desde el 11 de Julio- 
con una prontitud y confianza que prueban los sentimientos mas laudables 

C Inglaterra y la Francia 
de conciliación la mediación emprendida por la J 

( Francia é Inglaterra 

para poner término á la guerra, que continua hasta hoy mismo contra- 
ía República el.Gobierno de Buenos Ayrea. 

Este último Gobierno, al contrario, ha desechado, por desgracia,. 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCESA. ' 7? 

todas las insinuaciones, y proposiciones que le han hecho loa infrascritos 

C Inglaterra y de Francia 

Ministros Plenipotenciarios dev para establecer 

( Francia é Inglaterra 

esta mediación sobre bases amigab’ep.— Rehusó desde luego una sus— 
pensión de hostilidades que previenen, en semejantes circunstancias, 
los usos internacionales y los principios de la humanidad.— Después 
rehusó igualmente la exigencia que se le dirijió, de alejar del territorio 
y de las costas del Uruguay las tropas y la escuadra Argentina, cuya 
alianza con cierto mímero de Orientales y extranjeros á sueldo suyo, 
con el objeto patente y reconocido de imponer por la fuerza un cambio 
de Gobierno á este país, constituía un ataque directo contra su Inde- 
pendencia.-' Antre tanto, esta última exigencia se fundaba en los tér- 
minos espresoa de tratados, que el Gobierno mismo de Buenos Ayrea 

í Inglaterra y la Francia 

ha firmado, en cuya conclusión la l han tomado 

( Francia é Inglaterra 

una parte mas ó menos directa, y que han consagrado de la manera 
maaesplícita, la Independencia perfecta y absoluta del Uruguay. 

En este estado de cosas, I 09 abija firmados creen necesario entrar 
en algunas explicaciones mas estensas, que las que ya han tenido el ho- 
nor de presentar á S. E. el Sr. Ministro de Relaciones Estertores de la 
República* Oriental, sobre el objeto y el espíritu de la misión que tie- 
nen encargo de llenar de consierto. 

El objeto de esta misión, es el que indican los tratados de 1828 y 
1840, es decir, la Independencia perfecta y absoluta del Uru- 
auAY. A6Í pues, para que esta Independencia exista, es necesario que 
las tropas, la escuadra, y con ellas toda especie de influencias Argentinas 
desaparezcan del país, y que entonces el Pueblo Oriental pueda en ple- 
na libertad y por las vías que trazan sus leyes constitucionales, elejir el 
Gefe qué deba presidir sus destinos. Se han querido justificar los ata- 
ques persistentes del gobierno de Buenos Ayres contra el Uruguay, con 
la mas o menos parte que loe estr&ngeros han tomado en la defensa 



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78 



IOS CINCO ERIJO RES capitales 



fie este país. Pero estos estrangeros no han tomado las armas sino des* 
pues de la invasión de la República por las tropas Argentinas : no las 
han tomado, como estas tropas, por orden de su Gobierno, ni para el 
cumplimiento de proyectos ambiciosos ; sino espontáneamente y para 
preservarse, ellos, sus familias y sus propiedades, de las violencias y de 
las espoliaciones que le amenazaban. En fin, todos estos estrangero?, 
no tienen deseo mas ardiente que el de volver ¿ sus pacíficos y útiles 
trabajos, tan luego como el restablecimiento de la República Oriental á 
su entera Independencia les permita hacerlo con seguridad. 

£21 espíritu de la misión que ha sido confiada á los dos Plenipoten* 
í Inglaterra y de Francia 

ciarios de 2 es el desinterés mas perfecto. Los 

( Francia y de Inglaterra 

abajo firmados no descenderán á refutar los absurdos y calumnias que 
atribuyen á los dos Poderes mediadores pérfidos proyectos de, invasión* 
Pero declaran de concierto que no pretenden, de ninguna manera, reser* 
var á sus Gobiernos la mínima parte de esa influencia dominadora e i le* 
jitima, que combaten, y combatirán siempre, de parte del gobierno de 
Buenos Ayres,— Cualquiera que sea el Gefe que el pueblo Oriental juz- 
gue á proposito poner á su caveza, con tal que pueda elejirlo en plena 
libertad y por la franca aplicación de sus leyes contitucionales, loa aba- 
jo firmados están prontos á reconocerlo y saludarlo en nombre de la 
Inglaterra y de la Francia 

Francia y de la Inglaterra 

La sola especie de influencia que los abajo firmados desean ejercer 
en la República, es una influencia de paz y de reconciliación. Quisie- 
ran persuadir á los Orientales de todos los partidos á que pongan tér* 
mino á crueles discordias, que solo pueden aprovechar á su enemigo 
común, y que deben precipitar á su patria en un abismo de males. 
Los abajo firmados necesitan por otra parte, del concurso sincero y sin 
reserva del Gobierno Oriental para llenar esta obra santa de reconci- 
liación y creen conocer demasiado bien sus intenciones patrióticas á este 




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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCE8A. 



79 



respecto, para no temor el pedirle aquí la seguridad solemne de su en-* 
tora adhesión. 

Los abajo firmados aprovechan con placer de esta ocasión para re-* 
novar á S. E. las seguridades de su alta consideración. 

W. G. OossLKt. Barón Deífaudib. 

A S. E. el Sr. Ministro de Relaciones Estertores- de la República Orien-^ 
tal del Uruguay. 



En consecuencia de estos compromisos, contraí- 
dos en virtud dé sus instruciones, desembarcaron tro- 
pas Inglesas y Francesas: proveyeron á la Plaza los 
artículos de guerra que necesitaba, y la resistencia to- 
mó un poder incontrastable bajo la protencion de las 
Escuadras combinadas, y de los Batallones desembar- 
cados en tierra que guardaban una parte de la Línea 
interior. 

El aspecto de todos estos preparativos, difundía 
la confianza por todas partes: daba á la causa de Mon- 
tevideo, un aplomo, que le revelaba su triunfo, pró- 
ximo y completo: la solución de la cuestión, venía á 
ser, con tales elementos, una diversión de poco tiem- 
po, si se procedía con la enerjía correspondiente. 

Corrientes y el Paraguay en armas, con grandes 
Ejércitos: la opinión formada, en todas partes, y el 
mismo Brasil tan menguado cuando se trataba de la 
cuestión del Plata, dispuesto á cooperar al triunfo, si* 
no directamente, al menos, como se lo permetía, la 
política que se había trazado en aquella época. 



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8© 



1,03 CINCO ERRORES CAPITALES 



El conocimiento de esta situación, no llevaba á 
Mr. Guizot y al Lord Aberdeen, mas allá de las opi- 
niones del Caballero Mandeville en Londres, de que 
para hacerlo entrar á Rosas en su deber, bastaba hacer 
un poco de bulla amenazándole que se le atacaría. 

¡ Consejo pérfido y desleal ! abiertamente contra- 
rio á la verdad y la justicia, que ha costado ya tantos 
vergonzosos inconvenientes á la Inglaterra. 

A su llegada á Montevideo, el Ministro Ingles, 
pasó á Rosas una Nota en 21 de Agosto, contestándo- 
le á la de aquel, del 4 del mismo en que, pedia espli- 
caciones sobre la de 31 de Julio. 

Rosas contestó en 19 de Octubre, en lenguaje 
grosero, y ajeno enteramente, de los usos diplomáti- 
cos; clasificando de desacordado el procedimiento del 
Ministro Ingles, abusivo y calumnioso: llamando inaudito 
el apresamiento de la Escuadra Arjentina, infamando 
él honor de la marina Británica por haberse aliado , dice, 
con el Pirata Garibaldí: reprocha al Minstro Ingles, la 
ignorancia que éste manifiesta de la orden que Rosas 
habia dado, de la retirada de la Escuadra de frente de 
Montevideo, y de la circunstancia de haber retirado 
Mr. Brent su oferta de mediación al Gobierno Arjen* 
tino: dos concesiones de hecho en el sentido de las exi- 
jencias dé los Ministros Interventores, quedando solo 
en pié la retirada de las fuerzas Arjentinas. 

Esa Nota de Rosas es, la esp resion mas ca ráete* 
rística de su sistema y de su diplomacia: larga, inaca- 
bable en deducciones y cargos calumniosos: fastidiosa 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCESA. 



81 



por su repetida grosería, termina, como siempre, pro- 
testando, contra los Ministros Interventores : cargán- 
doles la culpa de todo : amenazándoles con la sangré» 
que por ellos vá á derramarse, y protestándoles de la 
manera mas formal. 

£1 18 de Setiembre, los Ministros Interventores 
pasaron á Rosas la famosa Nota Colectiva, fundando, 
con detallados hechos y razones, lá declaración solem- 
ne del bloqueo que hacían á los Puertos y Costas de 
la provincia de Buenos Ayres. 

Por la importancia de aquella Nota, que deter* 
mina una situación especial y grave en alto grado, y 
porque ella hace grandemente á nuestro objeto, la in- 
sertamos á continuación. 



(Traducción.) % 

Declaración de BLOQUEO dirijida por los Plenipotenciario* 
de las Potencias Mediadoras, al Ministro de Relaciones 
Exteriores de Buenos Atres. 

Montevideo, Setiembre 18 de 1845. 

Los Plenipotenciarios abajo firmados, han recibido la misión de rea* 
tablecer la paz entre las Repúblicas del Plata, asegurando la perfecta y 
absoluta Independencia del Estado del Uruguay. Tal es el objeto ex- 
preso en los tratados de 1828 y 1840, firmados por el gobierno de Buenos 
Ayres, y en cuya conclusión los Gobiernos de los infrascriptos tomaron 
una parte mas ó menos directa. Mas la guerra que .Buenos Ayres con- 
tinúa contra el Estado del Uruguay, es abiertamente contraria á su In- 
dependencia, pues que, tiene por público objeto, imponerle por la fuerza 
un cámbio de Gobierno,— Por otra parte, esta guerra sin ningún objeto 

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LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



nacional ni legítimo, y a) contrafio, causa de ruina y eeterminio para el 
Uruguay, no os menos desastrosa para los otros Estados del Plata, y vie- 
ne, por eso, á ser origen de grandes quebrantos para las Naciones Co- 
merciales de la Europa y de la América, especialmente para las que los 
abajo firmados tienen el honor de representar. El deber imperioso así 
como el interes lejítimo de los'GobifTnos de los infrascriptos, no les per- 
mitían, pues, consentir por mas tiempo la prolongación de esta guerra» 
que ha durado demasiado. 

Los abajo firmados tenían ademas instrucciones, para obtener, si 
era posible, por medios amigables, la pacificación del Plata, y durante la 
mayor parte de su residencia er. Buenos Ayres han agotado, ya por se- 
parado, ya de concierto, loe mtedios de conciliación todos que las comu- 
nicaciones amigables y confidenciales parecía ofrecer, con la esperanza 
de hacer nacer á este respecto en el Gobierno, sentimientos semejantes 
á los suyos. Tal vez por el vivo deseo de conseguirlo por este medio, 
se han avanzado alguna vez mas allá de lo que les permitía sus instruc- 
ciones, y se han expuesto de ese modo, á hicer pesar sobre sí una 
grave responsabilidad. Pero, el Gobierno de Buenos Ayres al paso que 
prodigaba las seguridades de su amor á la paz, y de su respeto acia la 
Independencia del Uruguay, ha rechazado, ó eludido constantemente,, 
toda proposición relativa á la cesación de la guerra, y no ha dejado un 
solo instante de continuar 6U3 esfuerzos para someter la República 
Oriental á su voluntad. 

Era desde entonces un absoluto deber de los abajo firmados, notifi- 
car oficialmente al Gobierno de Buenos Ayres las justas exijencias de 
las Potencias Mediadoras. 

Entre tanto, su primera comunicación oficial se limitó á pedir la 
suspensión de hostilidades. 

Esta demanda, dictada por los sentimientos de humanidad, y fundada 
en los usos internacionales, era por otra parte esencialmente preliminar 
y tendía á hacer menos urjente la conclusión de las negociaciones, con- 
teniendo la efusjon de sangre:— dejaba así la puerta abierta para volver á 



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DE LA INTERVENCION ANGLO«FRANCE8A. 



83 



las comunicaciones amigables y confidenciales. — Pero ei Gobierno de 
Buenos Ayres se rehusó á ella. 

En consecuencia de esta negativa, y solo despule de perdida toda 
esperanza de obtener un buen éxito por vías de persuacion, los abajo fir« 
madoshan debido dirijir al Gobierno do Buenos Ayres intimaciones mas 
y mas uijentes, para que retirase las fuerzas de tierra y de mar, con 
que atacaba la Independencia del Uruguay. Pero habiendo sido estas 
mismas intimaciones perentoriamente rechazadas, y habiendo, al contra* 
rio, tomado un nuevo grado de actividad las hostilidades contra la Re- 
pública Oriental, los abajos firmados se vieron en la necesidad de apro- 
vechar de los pasaportes que pidieron para salir de Buenos Ayres. 

Durante este tiempo, y algo antes de su partida, supieron que la 
escuadrilla de Buenos Ayres, fondeada delante del puerto de Montevi*> 
deo, había recibido la órden secreta dq retirarse. Esta orden no podía 
ser considerada como una acquiescencia á su demanda, pues que fué 
rechazada <)e la manera mas perentoria. Había aun fuertes motivos de 
suponer que la escuadrilla era destinada á continuar en otra parte una 
resistencia armada contra sus justas pretensiones. No obstante quisie- 
ron ver en este apto tardío del Qobierno d-e Buenos Ayres, la señal de 
una disposición á ceder, al menos de Jacto, y trataron de persuadirse, 
que la retirada del Ejército invasor del Uruguay igualmente en forma se* 
creta, no sería imposible. Invitaron, pues, £ los Almirantes Comandan- 
tes de las fuerzas navales de sus Gobiernos, á que no pusiesen obstácu- 
lo á la salida de la escuadrilla, bajo la condipion única (y también jus- 
tificada por la incertidumbre de los acontecimientos), que entregaría 
aquellos de sus nacionales que se encontraban a bordo. Pero, al mo-* 
mentó de la llegada á Montevideo de los abajo firmados, la escuadrilla 
aun permanecía aquí. Ella habia rehusado someterse á las exij encías 
de los Almirantes, respecto á los subditos de sus naciones. El término 
fijado para su retirada había espirado, sin que el Gobierno de Buenos 
Ayres hiciese la menor concesión;— á pesar de esta reunión de cir- 
cunstancias, los abajo firmados estaban todavía dispuestos á permitir la 



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84 



LÓS CINCO ERRORES CAPITALES 



retirada de esta escuadrilla, bajo la condición indicada, cuando de im* 
proviso trató de eludirla, haciéndose á la vela sin esplicacion alguna.—* 
Esta tentativa imperdonable y felizmente infructuosa, determinó su in- 
mediata detención. Los abajo firmados por otra parte adoptando esta 
medida en ocssjon de Un proceder sin excusa, y en la previsión, mas y 
mas probable' de proyectos de resistencia y aun también de agresión han 
dado una nueva prueba de su moderación y de su equidad, haciendo re* 
conducir á Buenos Ayres las tripulaciones del país. * 

Después de mas de un mes que estos ill timos hechos han tenido lu- 
,gar, los abajo firmados obstinándose siempre y apesar de todo, en espe- 
rar que el Gobierno de Buenos Ayres acabaría por entrar en idéas mas 
conformes á la razón, y A la justicia, se han abstenido de todo medio 
le coacción directa contra él, y se han limitado, á tomar sobre las cos- 
tas de la República Oriental, medidas propias á cortar la comunicación 
entre él y su ejército de invasión.— Pero ¿como ha 6¡do recompensada 
esta perseverancia, por parte de ellos, en un sistéma de tan gratuita 
moderación 1 

En posesión hace largo tiempo de las facultades extraordinarias, 
que no han dejado subsistir eh la Provincia de Buenos Ayres, ni en la 
mayor parte de la ribera derecha del Plata, ninguna de las garantías de 
la libertad civil y política : ocupando en la orilla izquierda de este rio la 
casi totalidad de la República Oriental con un ejército que domina vio- 
lenta y militarmente, y sin otra ley que la fuerza, el Gobierno de Buenos 
Ayres, no podría negar 6U responsabilidad de los hechos que tienen lu- 
gar en los paises sometidos á semejantes instituciones. Todo el mundo 
conoce que adonde quiera que se extiende el poder del Gobierno de Bue- 
nos Ayres, nada se hace, se imprime, ni se dice en manera alguna, sino 
por su órden ó con su permiso, en materia de legislación, de guerra, de 
administración, de justicia civil, comercial y aun eclesiástica, de im- 
prenta, &c. 

Empezando por la República Oriental, y sin recapitular las espo- 
rtones y las crueldades del ejército de Buenos Ayres, que, desde el 



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DE LA INTERVENCION ANGLO «FRANCESA. 



85 



principio de la guerra, han exilado la indignación del mundo civilizado ; 
ein discutir este epíteto de sahagés aplicado á, aquellos á quienes se 
despoja y degüelle , y menos las calificaciones dé unitarios yfederáles 9 
transportadas á un país en que jamás han existido los partidos que ellas 
designan, y á donde, por consecuencia* no pueden servir sino de pretea-» 
to para asesinatos; sin insistir en fin sobre el hecho reciente aun, y po- 
co conocido, aunque por desgracia demasiado cierto* de la atroz mortan- 
dad cometida á sangre fria después de la batalla de India Muerta, en 
un millar de prisioneros de guerra, ¿ qué és lo que ha pasado en la Re- 
pública Oriental, desde que los abajo firmados se retiraron á Montevideo? 

Sobre el simple bloqueo, por los buques de la escuadra combinado, 
de los puertos de este Estado ocupados por las tropas de Buenos Ayresv 

Se ha hecho internar por la violencia los súbditos pacíficos de las dos 
Potencias Mediadoras establecidos en la costa, forzándolos á abandonar 
así, á merced de la soldadezca, todas sus propiedades. 

Se les ha rehusado, así como á sus compatriotas que moran en el in- 
torior, pasaportes para salir del país, y una muerte inmediata ha ame- 
nazado á aquellos que intentasen escapar. 

Se ha llegado hasta obligar por el terror y por amenazas muy á me. 
nudo seguidas de violencias, un gran número de entre ellos á firmar pro*» 
testas y pedir armas contra los Gobiernos de su Patria. 

Se ha arrojado de Maldonado al Cónsul Francés, acto contrario á 
los usos seguidos hoy, aun en tiempos de guerra, en los pueblos un po«* 
co civilizados. 

Se ha apagado y roto el farol de la Isla de Flores (restablecido por 
el Gobierno de Montevideo, desde que volvió á tomar posesión de él), con 
el objeto de multiplicar los peligros en una costa ya demasiado difícil. 

Se había probado, además con anterioridad que ni aun ¿ los náufra- 
gos se respetaba -! 

Las tripulaciones de buques mercantes que acababan de naufragar 
habían sido despojadas y detenidas en prisión. En fio, cuando la Escua. 
dra combinada* se presentó delante de la Colonia para ayudar á que vol- 



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LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



vieee esta Ciudad al poder del Gobierno Oriental, la guarnición encar- 
gada de defenderla por el Gobierno de Buenoa Ayrea, eapulsó de ella sin 
piedad á la desgraciada población, abrumando sobre todo á los estranje- 
roa de ultrajes y maltratos; forzó y saquee las casas desiertas, y las in- 
cendió en seguida, antes de huir ! . . . . Tales hechos, que en su mayor 
parte no se reproducen hoy sino entre algunas tribus salvajes, y de los 
cuales el último, parece ligarse a un sistema general de ruina y de devas- 
tación, perfectamente seguido por el Gobierno de Buenos Ayres en la 
República Oriental, no necesitan comentarios. 

Sí, en la otra orilla del Plata, la Confederación Arjentina, no ha si- 
do en estos últimos tiempos, teatro de violencias tan repugnantes como 
la República Oriental, no es menos cierto que el Gobierno de Buenos 
/ Ayrea en su propio territorio, lejos de mostrarse dispuesto á entrar en fin 
en las vías de la conciliación y del derecho, ha continuado al contraríe 
manifestando las tendencias mas hostiles y aun cornotiendo una multi- 
tud de actos, que, en cualquiera otro pais, exitaríau la mas viva indig- 
nación. Del mismo modo los Diarios del Qobiernu de Buenos Ayree no 
han cesado de dirijir contra las intenciones de las Potencias mediadoras 
y la conducta de sus Plenipotenciarios, las acusaciones mas injuriosas y 
mas contrarias también á la verdad y aun á la evidencia de los hechos:- 
presentando una mediación pacífica y desinteresada como una interven- 
ción hostil y ambiciosa; las tentativas de conciliación como perfidias: 
los argumentos de derecho, como exijencias arbitrarias;— la demanda de 
la ejecución de los tratados, como la negación de estos; en fio las me- 
didas de coacción provocadas por una resistencia injusta, como violen- 
cias sin motivo.— Tales calumnias, no pueden tener otro objeto, que el 
de extraviar la opinión publica y pervertir lás disposiciones naturalmen- 
te benévolas y amistosas de Ifis poblaciones del Plats, para convertirlas 
en un encono insensato contra los estranjeros, que, por una reciprocidad 
de ventajas tan feliz para todos, traen aquí en cambio de la hospitalidad y 
de los productos naturales del pais, sus capitales, sos brazos, su industria 
y sus artes. 



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BE LA INTERVENCION ANGLO*FRANCE8A. 87 

En la Asamblea que llaman Sala de Representantes , inspirándose 
con las comunicaciones del Gobierno se ha usado de un lenguaje aun 
mas violento que el de los Diarios contra las Potencias mediadoras, sus 
Plenipotenciarios, y sus súbditos; y este lenguaje ha sido en la plaza 
pública; la ocasión de amenazadoras aclamaciones de la Policía. 

Esta Policía, á cuya oabeza se encuentra una asociaeion famosa por 
multitud de hechos siniestros* (*) rompe los documentos de seguridad 
que loa Cónsules dán á los estranjeroe; después bajo el pretesto de que 
no tienen documentos prende é incorpora, á estos mismos estranjeros 
en las tropas de Buenos Ayres, desde el niño hasta el anciano, en la 
misma forma que lo hace con la población del pais. 

Si estranjeros solicitan de ella, pasaportes para salvarse de su opre. 
«ion rechaza ó elude sus demandas, según cree que debe ó no disfrazar 
sus proyectos respecto de Cada uno de ellos.—— Se ha reusado pasaportes 
á señoras para salir en busca de 6us maridos, á niños para volver al lado 
de sus padres. 

Aprovechando en medio de todo esto el terror que inspira la pre- 
sencia de estos actos arbitrarios, y mucho mas el recuerdo de los re- 
cientes y atroces asesinatos, cuyos actores no ha podido ella descubrir á 
pesar de su actividad y maestría; hace firmar por estranjeros, peticiones 
en su favor y en oposición á sus propios Gobiernos. 

En fin por un Decreto dictado hace algunos dias, el Gobierno de 
Buenos Ayres acaba de prohibir bajo las penas que ásu arbitrio apli- 
cará t toda comunicación entre el territorio de la Confederación Arjenti- 
na y la Escuadra combinada de las Potencias mediadoras. 

Esta medida tan poco motivada y tan provocante, cuando la Escua- 
dra aun no ha usado de ningún medio coercitivo sobre las costas de Bue- 
nos Ayres, adquiere un alto grado de gravedad, si se considera junto 
con las dos disposiciones análogas anteriormente adoptadas respecto á los 
simples buques do comercio;—] . * Hace un;año, poco mas ó menos que, 

(*) La Maz-horca. 



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LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



I&s operaciones comerciales y espediciones marítimas á los rios interiores 
del pais, emprendidas en la misma Buenos Ayres y con anuencia del 
Gobierno, han sido bruscamente interrumpidas aun autes de su término» 
por la interdicción en la carrera de esos ríos.— 2. p A principios del año 
corriente se ha prohibido de un modo igualmente brusco la entrada á 
Buenos Ayres de todos los buques que hubiesen tocado en Montevideo y 
sin distinción ni de la procedencia mas ó menos lejana de estos buques» 
ni de la imposibilidad mas 6 menos completa en que sé hubiesen hallado 
de conocer el obstáculo que se oponía á sus operaciones. 

Ahora, pues, sin discutir aquí la cuestión de saber hasta que punto 
se hallaba autorizado el Gobierno de Buenos Ayres para tomar estas dos 
medidas, contrarias no solo á los intereses de los Estados estranjeros y 
lejanos de Europa y América, sino también á los de muchos Estados ve- 
cinos* que como él, tienen derechos especial! ¿irnos á la navegación del 
Plata y sus afluentes, es cierto al menos, que estas dos medidas son, por 
solo sus efectos retroactivos, absolutamente contrarias á todo principio 
de equidad.— Los abajo firmados creen también dé su deber hacer (has- 
ta que puedan comunicarlo á sus Gobiernos) las protestas y reservas mas 
formales contra actos tan arbitrarios, á fin de asegurar la conservación de 
los derechos de sus nacionales, á ser indemnizados completamente por 
el Gobierno de Buenos Ayres.— Entre tanto* de lá combinación de las dos 
medidas expresadas con la que prohibe á las Escuadras altadas toda co- 
municación con las costas de la Confederación Arjentina, resulta, de he~ 
cho, un bloqueo jeneral y casi absoluto, del Plata y sus afluentes, y de 
los diversos países situados en las orillas de esos rios, impuesto á los 
buques de guerra y mercantes de las dos Potencias Mediadoras: blo- 
queo establecido con el solo designio de dañar, y en desprecio de todas 
las ideas de justicia y de equidad que deben presidir las relaciones entre 
los diferentes pueblos. 

En este estado de cosas, los Plenipotenciarios abajo firmados no 
creen que les sea permitido persistir mas en el sistema de completa mo- 
deración que hasta hoy han seguido, ni aun á diferir la ejecución de las 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCESA. 



89 



-instrucciones que recibieron para el caso de provocaciones mucho menos 
graves. 

£1 bloqueo de la provincia de Buenos Ayres por los buques de la Es* 
cuadra combinada, empezará, pues, pesadas cuarenta y ocho horas de la 
entrega de la presente declaración, á S. E. el Sr. Ministro de Relacio- 
nes Esteriores, por conducto de los SS. Encargados de Negocios de las 
Potencias Mediadoras. 

Lo 8 Plenipotenciarios abajo firmados tienen el honor de ofrecer á S, 
E. el Sr. Ministro de Relaciones Esteriores las seguridades de su alta 
consideración 

El Ministro Plenipoten- El Enviado Estraordinario y Minis- 
ciario de Inglaterra, tro Plenipotenciario de Francia, 

(firmado) G. Oüseley. (firmado) Barón Deffaudib, 



(TRADUCCION.) 

El abajo firmado, Encargado de Negocios de 8. M« fi. tiene el ho* 
ñor de anunciar á S. E. D. Santiago Vázquez Ministro de Gobierno y 
Relaciones Esteriores, que en conformidad de una declaración que los 
Plenipotenciarios de las Potencias Mediadoras dirijieron al Gobierno de 
Buenos Ayres el 18 del presente y que le fué entregada el 20, empeza- 
rán á bloquear los Puertos y las Costas de la Provincia de Buenos Ay- 
res por las Escuadras Inglesa y Francesa, el dia de mafiana 24 del cor- 
riente. 

Se ha concedido el término de quince dias para la salida de las em- 
barcaciones neutrales del puerto de Buenos Ayres; y el Comandante de 
la fuerza bloqueado» está autorizado, en caso necesario, para prorrogar 
aquel término hasta el 24 del próximo Octubre* 

Eí abajo firmado aprovecha esta oportunidad para renovar á S. £> 

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tOS CINCO ERRORES CAPITALES 



D. Santiago Vázquez las seguridades de su mas distinguida considera* 
cion. 

Adolfo Turnes. 

Montevideo Setiembre 23 de 1845. 

A S. E. el Sr. D. Santiago Vázquez, Ministro de Negocios Estranjeras. 



Montevideo , Setiembre 23 de 1845. 

Señor Ministro : 

Tengo el honor de anunciaros que, conforme á una declaración que 
]os Plenipotenciarios de las Potencias Mediadoras han dirijido al Go- 
bierno de Buenos Ayres el 18 de este mes, y que lefué presentado el 20, 
el bloqueo de los Puertos y Costas de la Provincia de Buenos Ayres, por 
los buques de la Escuadra combinada, principiará mañana 24. 

Ha sido acordado para la salida de las embarcaciones neutras del 
puerto de Buenos Ayres, un plazo de 15 dias, y los Comandantes de los 
buques bloqueadores han sido autorizados para extenderlo hasta un mes/ 
en caso de necesidad. 

» 

El aviso del bloqueo fué pasado á los Ajentes de las Potencias neu- 
trales en Buenos Ayres, el dia 22, de ipanera que el plazo acordado á 
es ti embarcaciones para prepararse á salir del puerto se esteuderá en 
realidad á 32 dias. 

Tengo el honor de ser con respeto Sr. Ministro de V. E. humilde 
servidor. 

El Jérente del Consulado Jeneral de Francia 

Marcelino Denoi*. 

A 6. E. el Sr. D. Santiago Vázquez, Ministro de Negocios Estrapjeros* 



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DE LA. INTERVENCION ANOI.O-FR&NCE8A. 



91 



La enerjía de los Documentos que dejamos trans - 
criptos; la gravedad y justicia de los fundamentos que 
aducen para imponer al Gobierno de Buenos Ayres la 
declaración solemne de bloqueo á los Puertos y Cos* 
tas de aquella Provincia, en observancia de las ins- 
trucciones de los Gobiernos de Inglaterra y Francia 
para proceder vigorosamente contra el Dictador aun 
por provocaciones menos graves, difundieron en los pue- 
blos del Plata, la idea, la esperanza, el convencimiento 
de que, se abría en efecto, una nueva época de repa- 
ración, de justicia, que al fin pondría pronto término 
á las calamidades que por tantos anos aflijían á estos 
infortunados Países, ajilados y destruidos por la acba 
feroz del Dictador de Buenos Ayres: que pronto ra- 
yaría la aurora de la paz pública en ambas orillas del 
Plata, restableciendo el imperio suave y benéfico de los 
principios y de la civilización; la seguridad de las per- 
sonas, de la propiedad y de la industria: el pleno goce 
de todos los derechos que el hombre tiene en los pue- 
blos cultos. 

Ni que otro juicio podría formarse á la vista de 
ese clásico documento y de los hechos que acababan 
de tener lugar en la Capital de Buenos Ayres y en la 
rada al frente de Montevideo. 

Necedad indiscreta habría sido, pensar de otro 
modo en aquellos momentos, cuando á la faz del mun- 
do, en presencia de todos los pueblos de la tierra, se 
hacían las declaraciones que contiene la Nota Colec- 
tiva de 18 de Setiembre de 45: cuando para hacerlas, 



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92 



L08 CINCO ERRORES CAPITALES 



'se invocaban, las instrucciones de los dos poderosos 
Gobiernos de la Inglaterra y de la Francia: cuando se 
hablaba en el nombre de la humanidad, de la civiliza» 
cion, del interés basto y jeneral de todos los pueblos 
de la tierra perjudicados horriblemente, por el bár- 
baro sistema del Gobernador de Buenos Ayres. 

Rejistremos los hechos que siguieron á esa so- 
lemne declaración, y por lo menos se verá que, los 
Ministros Interventores que así obraron, fueron lóji- 
cos, hasta donde sus Gobiernos, les dejaron ser, para 
que el contraste fuese mas saltante después, mas pa- 
tente el error, y mas grave la responsabilidad, de los 
que, así, intervenían, desde el Centro de la Europa, 
en los destinos, de tantos pueblos nacientes, de tan im- 
portantes intereses. 

. Los Ministros Interventores comprendieron des» 
de luego, que á aquella victoriosa declaración, era ne- 
cesario que le siguiesen hechos, positivamente enér* 
jicos, que hiriesen el poder de Rosas, haciéndole sen- 
tir prácticamente los efectos de su tenacidad, y la na- 
turaleza del poder que desafiaba. 

Principióse en consecuencia asegurando com- 
pletamente la Capital: la guarnición, fué reforzada con 
dos bizarros Rejimientos de Infantería Inglesa, y un 
Cuerpo fuerte de tropas Francesas: desembarcáronse 
cañones y municiones de guerra de toda clase; y nada 
dejó' por hacerse en ese sentido. 

Los Ministros Interventores para facilitar mas- 
ías operaciones. de la guerra, garantieron una parte 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCEIA. 



93 



del Contrato de 48 con la Sociedad Compradora de 
los derechos de Aduana; y subscribiéronse á un em- 
préstito de víveres para el mantenimiento de la guar- 
nioion con la sume de 15,000 pesos por seis meses. 

Hecho todo esto, se trató de abrir los rios Paraná 
y Uruguay, Tomóse la Colonia, el Salto y Martin 
García, invadióse el Entre-Rios. y la navegación que* 
dó asegurada por esos ricos canalts interiores. 

El Paraná ofrecía otras dificultades, pero taro-- 
bien mayores eran las ventajas que presentaba su 
posesión. Una. vez franqueado, se encontraba en 
Corrientes y Paraguay, un basto y riquísimo mer- 
cado, á donde dar al comercio , acumulado por el 
bloqueo, sobre la plaza de Montevideo, movimiento 
y vida, necesarios, para aquellos pueblos: se batía á 
Rosas en el litoral y por la espalda de su poder, 
poniéndose en contacto con los Ejércitos aliados de 
Corrientes y Paraguay, enemigos de aquel, se les 
daba un grado de poder moral y físico muy conve- 
niente y necesario en aquellos momentos. 

Preparóse al efecto una grande espedicion mer- 
cantil en comboy, bajo la protección de las Escua- 
dras combinadas, resueltos á romper todos los obstá- 
culos que Rosas preparaba oponerles, pues compren- 
día bien cuanto le perjudicaría si la espedicion pa- 
saba. 

El combate de Obligado, tan célebre por la in- 
geniosa y tenaz resistencia de las fuerzas del Dicta- 
dor, como por la bizarría de la marina Inglesa y 



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94 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



Francesa que allí pelearon, es uno de esos hechos 
que caracterizan toda una sitqacion; que clasifican 
acabadamente, la política de los Gobiernos, en cu- 
yo nombre se hacía, y que no puede, sino por laaver- 
racion mas inesplicable, desnaturalizarse en sus 
efectos, cambiando por actos igualmente raros, la 
posición que el hecho asumía, y que todos han debido 
reconocer. 

A ese hecho altamente elocuente, se siguieron, 
los combates de San Lorenzo, de frente al Paraná; 
la espedicion penetró á Corrientes y Paraguay, lie» 
gando hasta la Capital de esta última el vapor de 
guerra francés Fülton, que por primera vez lleva- 
ba á aquellas altas rejiones del Paraná e| pabellón 
que flameó tan bizarramente en el Castillo de San 
Juan de Clloa. 

Las consecuencias de esa espedicion, fueron im- 
portantísimas al comercio y á la guerra: ella dio un 
impulso admirable á Montevideo, debilitando en 
proporción, los recursos del Gubernador de Buenos 
Ayres. 

Hecho conspicuo de la intervención de esa épo- 
ca: de los Ministro que lo ejecutaron, pero que por 
desgracia debía caer, ante la política de Lord Aber- 
deen y. de Mr. Guizqt, que obsecados en sus erro» 
res sobre el Plata, retrocedían hoy, en presenciado 
lo que habian hecho ayer, interpretando débilmen- 
te las mismas instrucciones que habían dado á sus 
Ministros para el caso de ser provocados por Rosas. 



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DE LA INTERVENCION ANGLO.FRANCE8A. 



95 . 



En ese famoso combate de Obligado* Rosas 
perdió cuatrocientos hombres muertos, que se encon- 
traron en las mismas baterías, y Veinte y dos piezas 
de artillería. 

La pérdida de las fuerzas combinadas, fue mu- 
cho menor: el combate duró nueve horas con en- 
carnizamiento y tenacidad por ambas partes. 

El Paraná quedó abierto Con la sangre inglesa 
y francesa, y el Dictador escarmentado severa- 
mente. 

¿Qué anunciaba ese hecho importante, á los 
pueblos del Plata ? ¿ Qué designios revelaba ? Cuan- 
do menos, la intención de completar la obra, de es 4 
carmiento del tirano, y de libertad á los pueblos* 
asegurando de un modo regular y conveniente, el 
comercio estranjero, y garantiendo la numerosa po- 
blación europea que, en aquella época, rebozaba en 
las Ciudades y en los campos; que confiando en las 
Leyes protectoras del Pais, en sus propios derechos 
y en el poder de sus Gobiernos para hacerlos respe* 
tar, habían acumulado inmensas fortunas, entregán- 
dose tranquilamente á todo jénero de especulaciones, 
de industria y de trabajo. 

No era permitido dudar de aquellos resultados, 
porque no es justo dudar, de las promesas y declara* 
ciones de Gobiernos, que dirijen la política y el mo- 
vimiento del mundo; y que, tanto se honran de pre« 
cidir la marcha de la civilización y de la humanidad. 

Las poblaciones del Plata, estranjeras y nació* 



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m 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



nales, se entregaron sin reserva, á esas lisonjeras 
ilusiones, basando sus nuevas operaciones, sobre t* 
plena seguridad de que, la intervención completaría 
su grande obra; dando á estos pueblos, la paz y las 
instituciones que son el fundamento de la felicidad 
de loa Estados modernos. 

¡ Fatal destino el de esta grave Cuestión del 
Plata í 

Apenas ilustrada, por los primeros destellos de 
la política interventora bajo la dirección de los SS. 
Deffaudis y Ouseley, después de tanta obscuridad, de 
tantos errores, cuando una nueva y mas singular po* 
lltica, viene á desbaratar, á inutilizar -completamen. 
te, todos aquellos esfuerzos que tanta sangre habían 
costado ya, y tantos sacrificios de todo jénero. 

Era preciso á la política de Mr. Guizot y de 
Lord Aberdeen detenerse, en presencia de la nueva 
situación, que los hechos consumados en el Plata y el 
Paraná, habían establecido: necesario era una tregua, 
sin cálculo, una nueva marcha, sin polo, una política 
sin base, abandonando el camino de los hechos, del 
honor, de la justicia, para entrar, en el laberinto sin 
salida, de la política de debilidades, de averraciones, 
de concesiones y de errores sin fin, con el deseo de al* 
canzar, lo que por tales medios se alejaba mas, como 
al caminante que en medio de la niebla, le parecen 
mas próximos los objetos, cuanto roas se separa de 
ellos. 

Ya tenemos á la intervención empeñada y com» 



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DE LA INTERVENCION ANULO-FRANCESA. 



97 



prometida, en los Ríos interiores de ambas Repúbli. 
cas el Paraná yel Uruguay, domando el poder orgu- 
iloso del Dictador en las aguas y en la tierra: rom- 
piendo los primeros obstáculos para llevar el órden y 
la prosperidad á los pueblos I itorales, protejiendo sus 
esfuerzos, y dándoles con su presencia, un grado mas 
de seguridad en el triunto que buscaban; empeñán- 
dose á su vez, en presencia de esas seguridades, en 
mayores y mas solemnes compromisos, y haciendo 
hasta el último sacrificio, para proporcionarse recursos, 
con que llevar adelante su magnánima empresa, bajo 
la clientela poderosa de las dos grandes Naciones. 

Los pueblos del alto Paraná, contestando al ca- 
non de Obligado; saludando á sus nuevos amigos y 
protectores, no como las poblaciones salvajes de Mé. 
jico y del Perú, ft sus conquistadores, sino como pue- 
blos intelijentes, con la conciencia del bien, que 
aquella intervención les llevaba, para impedir, los pro- 
gresos del poder corrosivo y destructor de la tiranía, y 
garantir el imperio suave de las Leyes y de la civili- 
zación. 

Con las mechas encendidas, prontos á continuar 
la campaña santa de la libertad, veían con placentera 
esperanza, flamear en sus Costas y Puertos, las ban- 
deras de la Francia y de la Inglaterra. Novedad ex- 
traordinaria, después de tres siglos, que por primera 
vez, fué conocido ese magnífico Canal, que desde los 
Cabos de San Antonio y Santa María, conduce, hasta 
Jas lejanas rejiones del Paraguay y del Diamante. 

13 



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98 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



Dejemos al alto Paraná, invadido y ocupado por 
tantos nuevos acontecimientos, por tan nuevas ideas y 
combinaciones, como ellos hacían nacer, en medio de 
la fermentación febril que produjeron, y volvamos ai 
Rio de la Plata, á Buenos Ayres y Montevideo, tea- 
tro de otros sucesos no menos nuevos é importantes. 



IV. 



Rosas oponía, á la intervención armada que pe- 
netraba en el Paraná, sus formidables fortificaciones 
de Obligado, protestando con el canon, como había 
protestado con su diplomacia, á la razón pública, 
contra el derecho de las Naciones y contra todos los 
principios de civilización y libertad. 

Infatigable en sus protestas y argumentaciones, 
el 9 de Diciembre contestó á la Nota Colectiva de los 
Ministros Interventores de 18 de Setiembre estable- 
ciendo el bloqueo. 

Esa Nota del Dictador es, una larguísima diatri- 
va, contra la intervención y los Ministros que la re- 
presentaban en el Plata; es una refutación ágria, des- 
templada, descomedida, insultante también, negando 
todos los hechos y razones en que, los interventores, 
apoyan su declaración; es uno de esos documentos que 
cierra la puerta, á todo medio de conciliación, que 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCEBA. 



proclama la resistencia á todo jénero de acomoda» 
miento equitativo, y prec ede siempre, á una declara- 
ción formal de guerra. 

Para Rosas, los interventores son los únicos res** 
ponsables de la ruptura de las negociaciones, de las 
desgracias actuales en la continuación de la resistencia 
de Montevideo, y de la sangre que nuevamente vá á 
correr en estos países: niega las violencias ejercidas 
por él cohtra los estranjeros, Ja espoliacion de sus pro- 
piedades, y lo que es aun mas impávido, los bárbaros 
asesinatos de los prisioneros de la India Muerta. 

Niega el derecho que los interventores invoca- 
ban, para intervenir, fundando, en la Convención del 
afío 28— y en el Tratado de 1840. 

Afirma, con todo el aire de verdad y buena té, 
con que hablan los Gobiernos que tienen moral públi- 
ca, que jamás atacó la independencia del Estado 
Oriental: que no tuvo, ni tendrá en adelante, ni la 
intención siquiera, de cometer tal atentado: que él fué 
siempre el mas solícito en respetar la soberanía é in„ 
dependencia de la joven República: que él habia sido 
provocado á la guerra (sin acordarse de la invasión de 
Paysandú) y que solo hacía uso de su derecho defen** 
diéndose. 

Se queja amargamente del apresamiento de la 
Escuadra Arjentina que bloqueaba á Montevideo, cla- 
sificando de inaudito aquel acto, procurando justificar 
la orden que habia dado para que ella se retirase á la 
rada de Buenos Ayres. 



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100 



IOS CINCO ERRORES CAPITALES 



Protesta severamente, por la ocupación de la Isla 
de Martin García, y la invasión de los Ríos, Paraná y 
U ruguáy. 

Rechaza, como imputación altamente calumniosa, 
la ocupación violenta y militar del territorio Oriental, sin otra 
ley que la fuerza, que los Ministros interventores le 
echan en rostro en su declaración de bloqueo. 

Que en todo el territorio, afirma, no domina otra 
autoridad que, la del Presidente Oribe, con excepción 
únicamente de Montevideo: que las divisiones Arjen* 
tinas, son meramente auxiliares: que este Jeneral Pre- 
sidente, se expide con absoluta perfecta independencia y 
libertad . 

Dice, que aquella inhumana y cruel interven* 
cion, activada y confirmada por los Ministros de In- 
glaterra y Francia, bajo el falso nombre de paz y de 
amistad, es la que realmente ha excitado la indigna* 
cion del mundo civilizado. 

Rosas imputa con insólito descaro, á las fuerzas 
inglesas y francesas que concurrieron á la toma de la 
Colonia, el incendio de algunos edificios, los robos y 
excesos que cometieron al evacuar aquel punto, las 
tropas unidas de Oribe y de la Confederación, afir* 
mando que ese proceder era mas propio de una tribu 
salvaje que de una fuerza perteneciente á Naciones 
civilizadas. 

Para justificar el respeto que, en la Provincia de 
Rueños Ayres se tiene a las personas y propiedades,. 



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DE LA INTERVENCION ANGLO» FRANCESA. 101 

cita la declaración del Caballero Juan H. Mandeville, 
fecha 12 de Mayo de 43. 

Sostiene que él no fomenta el odio á los estranje- 
roa en la República Arjentina: que no hay tal Socie* 
dad de la Maz horca, que oprime la opinión y dirije 
los asesinatos como los de Octubre de 40 y Abril de 41. 

Protesta contra la intervención que dice toman 
los Ministrasen las Cuestiones de Corrientes y el Pa- 
raguay. 

Censura el modo brusco con que se establece el 
bloqueo sin tener en cuenta, ni la distancia, ni las 
circunstancias que puedan concurrir en los buques 
según sus procedencias, para que no les comprenda 
aquella disposición. 

Dice Rosas, que la interdicción á las Escuav 
dras aliadas con las Costas de la Confederación, es 
solo debida á la repugnante y desastrosa marcha de los 
Ministros Interventores en el desempeño de la mi*; 
sion de que se hallan encargados. 

Sostiene que esos actos-de la intervención sobre 
los Ríos Paraná y sus afluentes, es una violación 
manifiesta del Tratado con la Gran Bretaña.* 

Ultimamente, como si tuviera la conciencia del 
porvenir; la seguridad plena de que, todos aquellos 
grandes hechos de la intervención, debieran venir 
á concluir con la fría devolución de los cañones to- 
mados en Obligado, y de la retirada, no menos in- 
justicable, de la intervención y bloqueo por parte* 
de la Inglaterra, concluye Rosas, cargando á los Mi- 



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102 LOS CINCO errores capitales 

nistros Interventores, todo el peso y responsabilidad 
de sus actos confiando en la justicia y en la política 
de sus respectivos Gobiernos. 

Grave fué la nueva situación de los negocios del 
Plata, después de los importantes acontecimien- 
tos que acaban de tener tugaren aquellos momentos* 
La Francia y la Inglaterra empeñadas como aca- 
ba de verse, en la Cuestión del Plata, vacilaban, des- 
pués de sus primeros pasos, sobre lo que convenía 
hacerse. Engañadas siempre, por equivocados y per» 
fidos informes, fluctuaban, entre las operaciones ac- 
tivas iniciadas ya, y los consejos del Caballero Man- 
deville de, meter un poco de bulla para obtener de 
Rosas cuanto se quisiera. 

La política y medidas adoptadas por los Minis- 
tros Interventores, fueron miradas con frialdad, y 
sin aquella importancia que en sí llevaban: no se es- 
timaron, en todas sus consecuencias favorables, á 
los intereses de la Inglaterra y de la Francia, ni 
menos con relación á los objetos de humanidad y 
bien-estar de estos pueblos. 

Creyóse bastante, lo que se había hecho, y en- 
gañados aquellos Gobiernos, comprendieron, llegado 
el momento de obtener de Rosas, todo cuanto inten- 
taban alcanzar. Detuviéronse en presencia de aque- 
lla situación, como en una pendiente peligrosa, mas 
bien dispuestos á retroceder, que á dominarla atra» 
vesándola con enérjica resolución. 

Principióse por poner en problema, la aproba* 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCEgA. 103 

cion de todo lo que se había hecho, buscando en 
esa nueva política, templarlas resistencias del Dic- 
tador, ¡Error lamentable ! 

Esa nueva fáz que en Europa presentaba la 
Cuestión, relajaba en el Plata, todos los vigorosos 
medios de ataque empleados contra el Dictador, y 
que con buen suceso, ofrecían ya importantes resul- 
tados á los pueblos, y al interés roas inmediato de 
las Potencias Interventoras. 

La llegada de la Resistencia, transporte bri- 
tánico, fue precursora de acontecimientos, que muy 
pronto, debían de llenar de sorpresa á los habitan-' 
tes del Plata. Desde entonces, la duda, empezó á 
asomar, sobre los nuevos medios que las Poten- 
cias emplearían; y esa incertidumbre, causaba gra- 
ves males al comercio, euanto debilitaba la fuerza 
moral de la Cuestión. 

Principióse á dudar, si permanecería en la pla- 
za de Montevideo, el Rejimiento ingles 45 — que for« 
maba parte de la guarnición, ó si se embarcaría en 
aquel transporte para seguir á mares lejanos, donde 
antes había sido destinado. 

Fácil es comprender, lo que este primer hecho 
del Gobierno Ingles en la Cuestión del Plata, im- 
portaría, para la numerosa población de Montevideo^ 
para el comercio que tantos nuevos compromisos ha- 
bía contraido, descansando en las anteriores decía-' 
raciones, y en los hechos que acababan de tener 
lugar. 



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•104 LOS CINCO ERRORES CAPITALES 

Sin embargo, el Sr. Guizot, el 5 de Enero, en 
reunión de Ministros, decía — que, con respecto á la in- 
tervención unida de la Francia y de la Inglaterra en el Rio 
de la Plata, ambas Potencias estaban determinadas á conti- 
nuar firmes en el camino que habían adoptado, hasta que la 
tranquilidad fuese completamente restablecida . — (Cronicle 
de 0 de Enero de 45.) 

La notoria contradicción que se encontraba 
entre aquellos hechos, y estas declaraciones, fomen- 
taban Ja incertidiimbre, haciendo nacer temores, que 
los hechos posteriores probaron, no eran infunda- 
dos. En Europa, como en América, se sentían ya, 
los efectos de la nueva política que asomaba en los 
Gabinetes interventores, produciendo en todas par- 
tes, impresiones desagradables, pues que fallaban 
todos los cálculos fundados en lo que, hasta enton- 
ces se había hecho. 

El Sr, Guizot, aplicaba á la Cuestión del Plata, 
l a misma política que en los negocios de Siria: la 
política de la esperienda provisoria: como él la clasifi- 
có: política que produjo tan- amargos desengaños, 
perjuicios tan considerables. 

Esa política, era ya censurada en la Cámara de 
Pares en Francia, por el Conde Alexis de Saint 
Priest, en la Sesión de 15 de Enero de 46: allí se 
comprendía perfectamente en aquella época, que esa 
política, era ineficáz é insuficiente: que ella no daría 
resultado alguno benéfico, á los grandes intereses 
que se consultaban en el Plata. 



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DE LA INTERVENCION ANGLO'VRANCESA. 



105 



Con ese motivo decía el Conde:— Es una enferme- 
dad que se ha apoderado de nosotros en nuestras posesiones de 
Africa, en nuestras aventuras de Occeania: de una pequeña 
salvaje insolente, hemos hecho una gran reina ; de un obscuro 
marabout, hemos hecho una gran figura histórica. Creado por 
nuestra imaginación, el fantasma se ha hecho realidad y á aca- 
bado por creer en si mismo. Asi ha sucedido con Rosas: somos 
nosotros quienes lo hemos llevado á la cima donde ahora se ha - 
lia, haciéndolo un Jefe importante, una gran figura histórica. 

El Conde tenía razón: la insignificancia del blo- 
queo de 38 á 40 — y el malhadado Tratado Makau, 
dieron á Rosas un poder que no tenía; una importan- 
cia, que jamás espetó obtener. 

El conoció desde el principio, la acción débil y 
vacilante que se empleaba contra su tiranía, y en igual 
proporción, aumentó sus exijencias, su arrogancia y 
su audacia. 

Con referencia á ese Tratado, decía el ilustrado 
Varela el 28 de Abril de 46 en el Comercio del 
Plata. “ Los hechos vinieron pronto á demostrar» 
que ese Tratado, había sido un gravísimo error políti- 
co: que había terminado, por lo pronto, una situación, 
que por complicaciones accidentales, había venido á 
ser embarazosa: pero que, dejando en pié la causa de 
los males, había dado lugar á que, nuevas dificultades, 
forzasen á la Francia á un rompimiento nuevo, con 
el monstruoso poder, cuya amistad creía haberse asen 
gurado.” 

Los despachos del Conde de Aberdeen, al Sr. 

14 



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106 



1.68 CINCO ERRORES CAPITALES 



Ouseley, de 5 de Noviembre de 45, nos ministra la 
primera prueba de, la grave modificación, que su po* 
lítica empezaba á sufrir, en los negocios del Plata. 

Sorprendido con la resistencia de Rosas, y alar» 
mado con las medidas que, en virtud de ella, había 
adoptado su Representante, en unión con el Ministro 
Francés, decía en ese despacho. 

“ Eo aquel despacho (el de 20 de Febrero) des- 
pués de decir que, el objeto principal de las Potencias 
mediadoras, era asegurar la independencia de Monte- 
video, y que sobre él no podía admitirse compromiso 
alguno, se sujirio, como un medio de calmar todo re- 
celo sobre ese punto, que los términos de la pacífica* 
cion comprendieran LA REMOCION DEL JE* 
NERAL ORIBE DEL TERRITORIO MON* 
TEVIDEANO. Es probable sin embargo, que la 
estricta insistencia en esta condición, sea mas de lo 
que se necesita para asegurar al Estado y Ciudad de 
Montevideo, su independencia y Gobierno propio, al 
paso que, pudiera ser un obstáculo sério, á un arre- 
glo con el Jeneral Rosas : y me parece bueno por lo 
tanto, recordar á V. que, el Gobierno de S. M., no 
tiene interés ni deseo de mesclarsé, en el pleno goce, 
por parte del Jeneral Oribe de sus derechos, como 
Ciudadano de Montevideo, mientras que, ni su presen- 
cia en el Estado, ni sus pretenciones á la autoridad, estén sos- 
tenidas por armas estránjeras. 

“ A la libre elección del Jeneral Oribe, conduci • 
da según las formas y el espíritu de la Constitución, 



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SE LA INTERVENCION ANGLO-FBANCE8A. 



107 



ningún derecho, ningún deseo de oponerse tiene el 
Gobierno de S. M. Pero, para asegurar esa libertad de 
elección á sus conciudadanos, será absolutamente ne- 
cesario que, las fuerzas Arjentinas que ahora lesos- 
tienen, se retiren fuera de las fronteras; y que las úni- 
cas tropas que queden en la Banda Oriental estén bajo 
la autoridad del Gobierno provisional ” 

Se vé, pues, por lo que acaba de leerse que, el 
Conde Aberdeen principiaba ya entonces por consen- 
tir en que Oribe, no saliese del Territorio Oriental; 
q¡ue quedándose en él, se le reconociese su derecho 
para tomar parte é influir en su propia elección, olvi- 
dando que, como Jeneral de Rosas, mandando sus 
tropas desde e| Sauce Grande y el Quebracho hasta 
el Arroyo Grande, y en el mismo Cerrito al frente de 
Montevideo, no podía ejercer sus derechos políticos» 
puesto que, había perdido su calidad de Ciudadano 
Oriental. 

£1 Conde debía saber que, la Asamblea Jeneral, 
existente en la Capital de Montevideo, no le reabili- 
taría para entrar á la Ciudadanía, que él tampoco lo 
pretendería, porque eso importaría el reconocimiento 
público, del Gobierno, cuya legalidad contestaba al 
frente de un Ejército estranjero; lo cual por otra par- 
te, le haría aparecer mas palpablemente, parricida y 
traidor: clasificación que había recibido ya por las 
autoridades de la República. 

Mas tarde, el 19 de Febrero de 46, el Conde de 
Aberdeen, respondiendo á la interpelación del Lord 



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IOS 



LOS CINCO EBROSE8 CAPITALES 



Beaumont en la Cámara de Lores decía: “ En el cur- 
so de esa Contienda (la del Plata), atrocidades que su- 
bleman el alma, han sido continuamente perpretadas. 
Era una guerra que no tenía en vista un objeto Na* 
cional, ni fundamentos que pudieran alegarse en 
cuanto interesaba al bien público. ....... 

‘‘ En la actualidad Oribe no es sino el Teniente de 
Rosas, impuesto al pais por Rosas á la cabeza de un Ejército 
Arjentino. Mientras que esto suceda, es ridículo ha* 
blar de la independencia de la República del Uru- 
guay,” 

En todas esas declaraciones oficiales, se encuen- 
tra un fondo de incertidumbre, de irresolución sobre 
el estado de los negocios del Plata, que salta á la pri- 
• mera lectura: una disposición á contemplar á Rosas, 
y ha hacerle concesiones contrarias, á los objetos mis- 
mos que se deseaban alcanzar. 

Contrarias, porque, una vez abandonado el ter- 
reno del derecho, para entrar en el camino peligroso 
de las concesiones, con un poder arbitrario, exhorbi- 
tante, que no reconoce Ley, ni profesa principio algu- 
no dé justicia, difícil era contentarlo, ni obtener los 
nobles fines que sirvieron de fundamento á la inter- 
vención. 

Los Ajentes de Rosas en Paris y en Londres, le 
comunicaban, con activa oportunidad, todas aquellas 
disposiciones de la Política de los Gabinetes Ingles y 
Francés; y ese conocimiento le hacía mas soberbio y 
audáz. 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-VRANCfcSA. 109 

♦ 

Así se vé que, mientras én Europa, se pénsaba 
en remover toda exijencia que pudiera irritar á Ro- 
sas y hacer imposible un arreglo final, él publicaba el 
l.° de Mayo de 46, su atroz Decreto, autorizando á 
todos sus Jetes, Oficiales y autoridades de las Costas» 
para matar á todos los Comandantes, Oficiales y ma- 
rinos franceses que fueran aprehendidos en actos de 
guerra, declarándolos incendiarios y sujetos por lo mis* 
mo A las Leyes jenerales, con la sola calidad de dar 
cuenta» 

Decreto que le colocaba fuera de la calidad de 
belijerante de derecho, y por lo mismo fuera de la 
Ley de las Naciones: que desconociendo todos les .prin- 
cipios que rijen en la guerra y aun en el caso de blo- 
queo, se colocaba en una posición especialísiraa, ha- 
ciéndole perder todas las consideraciones, que bajo de 
otros respectos, no menos equívocos, los Interventores 
estaban dispuestos á guardarle. 

Nadie creyó que ese bárbaro decreto quedase 
impune .* que ese acto horrible del Dictador, no pro- 
vocase la ira justa de los Gobiernos, á quienes así se 
insultaba, y en ellos, á la humanidad y á la civiliza- 
ción» 

Esos dos poderosos Gobiernos guardaron silen- 
cio ; y hasta hoy ninguna voz se ha alzado, para pe- 
dir satisfacciones, para pedir venganza, por la infame 
y sangrienta muerte del Guardia Marina Wardlaw, 
sacrificado por esos instintos salvages del que, aun 
continúa mereciendo las atenciones de los Gobiernos 



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tío 



108 CINCO BUBONES CAPITALES 



que todavía no han renunciado ni á su dignidad ni á 
la alta posición que les dá su poder y su historia, en* 
tre la gran familia de las Naciones. 

£1 decreto de Rosas de l.° de Mayo, fué consis 
derado generalmente, como una justificación de aquel 
atentado horrible, pretendiendo mostrar, que se habia 
obrado en entero acuerdo con sus principios y con esa 
torpe clasificación de incendiarios que aplicaba á los 
marinos de las dos Naciones interventoras. 

Su audacia llegó hasta el punto, de comunicar 
de oficio, á los Ministros interventores residentes en 
Montevideo, el Decreto que acababa de espedir. 

Las Notas con que lo acompaña en copia, á cada 
uno de aquellos Diplomáticos es de la misma fecha 
de l.° de Mayo. No puede leerse sin indignación y 
sorpresa. 

Rosas, desde su guarida, amenazaba con la muer* 
te, sin piedad, sin cuartel, sin ninguna de las formas 
que el mundo civilizado respeta por derecho y por 
humanidad, á la marina toda, de las dos grandes Po* 
tencias que, en Argel y en la India, supieron domar 
el poder salvaje que allí imperaba, haciéndose justicia, 
y haciéndola á la razón pública y al interés de todos 
los pueblos de la tierra empeñados en la paz y en el 
órden universal. 

Verdad es que, losSS. Deffaudis y Ouseley, res- 
pondieron k esa Nota insolente, clasificándola como 
correspondía y esplicando, los objetos, que el Dictador 
j?p proponía en la espedirían de su Decreto. Pero la 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCEIA. 1 1 í 

justicia y el honor de aquellas Potencias demanda* 
ban, declaraciones y actos solemnes, .para reprimir 
tanta audacia, para castigar ejemplarmente tan bár* 
baros designios, y asegurar así, la vida de sus mari- 
nos, espuestos á caer á cada momento, bajo el cuchillo 
sangriento de aquel mandón, puesto ya, hasta en las 
manos del último de sus subalternos, para jeneralizar 
mejor el asesinato: delegación de crimen, nueva y hor* 
renda. 

Las Notas de los Plenipotenciarios son de 14 de 
Mayo. 

Cada uno de esos actos de incertidumbre y de 
condecendencia de los Gabinetes Interventores, debi* 
litaban la Cuestión para ellos mismos, dándole al Dic* 
tador, nuevos motivos de alentarse y ensoberbecerse. 

Esa nueva política, importaba una reacción en 
favor del sistema que se combatía: produciendo dudas 
y vacilación en todas partes. 



V. 



Por otra parte, el Gobierno Ingles se esforza- 
ba en acreditar su lealtad al Gobieno de la Repú« 
blica, nombrando al Sr. Ouseley en el carácter de 
Ministro Plenipotenciario con misión especia), cer» 



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112 



1,08 CINCO ERRORES CAPITALES 



ca de esta República» para cultivar y perfeccionar 
las relaciones de amistad y buena intelijencía que 
felizmente existen entre ambos países. 

Publicamos á continuación la Carta Credencial 
presentada por el Sr. Ouseley al Gobierno Oriental. 
No puede ser mas honrosa y satisfactoria para éste. 
£lla parece que revela» la irrevocable resolución,' de 
mantener esas relaciones, reconociendo siempre, al 
actual Gobierno de la República en Montevideo, el 
único legal y constitucionalmente establecido. 

Carta Credencial presentada por el Ouseley , , 

(TRADUCCION.) 

Victoria por la graoi? de Dios, Reina del Reino Unido de la Qran Bre* 
taña é Irlanda, Defepsora de la Fé &a. &*., al Presidente de la Re* 
pública Oriental del {Jruguay, envía salud ! 

No teniendo deseo mas ardiente que el de cultivar y perfección! r 
las relaciones de amistad y buena intelijencía que felizmente subsisten 
entre la Gran Bretaña y la República Oriental del Uruguay, y teniendo 
la mayor confianza en la fidelidad, prudencia y otras buenas cualidades 
de nuestro fiel y muy amado Guillermo Gore Ouseley, hemos hallado 
propio, en el presente estado de los negocios en el Rio de la Plata, acre- 
ditarlo en el carácter de nuestro Ministro Plenipotenciario con una mi- 
sión especial en la República Oriental.— No dudamos que merecerá vues- 
tra aprobación y benevolencia, por un? estricta observancia de las ins- 
trucciones que ha recibido de nosotros para aseguraros nuestra cons- 
tante amistad, y el sincero descoque nos anima do preservar y adelan- 
tar en todas ocasiones los intereses y felicidad de ambas Naciones.— Por 
tanto, os pedimos deis entero crédito á todo lo que el Sr. Ouseley oa 



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DE LA . INTERVENCION ANGLO«FRANCESA. 



113 



represente en nuestro nombre, especialmente cuando, en obediencia de 
nuestras órdenes, os asegure de nuestro ardiente deseo por la felicidad 
y prosperidad de la República del Uruguay. — Así os recomendamos á la 
protección del Altísimo. — Dado en nuestra Córte en el Palacio de Wind- 
sor el 2 de Enero del año de Nuestro Señor 1846 y noveno de Nuestro 
Reinado. 

Vuestra buena amiga— 

VICTORIA;— R. 

Aberdebn. (*) 



(*) Llegábamos á este punto de nuestra obra, cuando llegó á núes* 
tras manos la Carta del Lord Palmerston al Jeneral O’Brien sobre los 
negocios del Plata. 

Ningún comentario nos permitiremos hacer á este sigular documen- 
to del primer Ministro de la Gran Bretaña: él hace por sí solo, un con-* 
traste notable con la Carta de Lord Aberdeen, acreditando al Sr. Ouse* 
ley cerca de este Gobierno. 

En 45, el Gobierno Ingles pensaba de /Un modo, y se complacía en 
cultivar las buenas relaciones con el Gobierno de Montevideo: en 48, 
¡ oh ! eso es otra cosa: la política es distinta: diversas son las miras 
de la política de Lord Palmerston; nada valen para este Ministro los 
compromisos de eu Soberana para el Gobierno y pueblo Oriental: ¡ atroz 
injusticia ! 



Oficina de Negocios Extranjeros, Noviembre 13 de 1848. 

Señor.— El Gobierno de S. M. ba tomado en consideración la carta 
que me habéis dirijido el 7 del corriente sobre los asuntos del Estado 
Oriental del Uruguay, y la necesidad que en vuestra opinión existe de la 
intervención de la Gran Bretaña en auxilio de aquel Estado; y debo ob- 
servar en contestación que los que pardeen dirijir ahora los negocios de 
Montevideo, son un puñado de aventureros extranjeros que están en po- 
sesión militar de la Capital y dominan fil Gobierno nominal de la Ciudad, 
y que fuera de los muros de esta tínica Ciudad las personas que se titulan 
Gobierno del Uruguáy no tienen una sola pulgada de terreno bajo su man- 
do. Es evidente, por otra parle, que los individuos que ejercen es* in- 

15 



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114 



I>08 CINCO ERRORES CAPITALES 



El reconocimiento del Sr. Ouseley en ese ca- 
rácter, dio al Gobierno Oriental, y á la bella causa 
que defiende con indomable constancia, un grado 
poderoso de fuerza moral, equilibrando así, las im* 
presiones que otros hechos producían en el Plata. 
Esto vigorizaba la situación que por momentos se 
hacía mas grave y complicada para la intervención 
en el Plata. 

A fines de Mayo, el gran comboy compuesto 
de ciento diez velas, bajaba de Corrientes y el Para- 
guay, custodiado por la Escuadra combinada deln^ 
glaterra y Francia, 

En San Lorenzo, (**) tuvo lugar un nuevo y 
reñido combate que duró tres horas, entre las bate- 
rías de tierra preparadas por Rosas, y los Vapores 
aliados, mientras pasaban los buques mercantes 
del comboy. 

Ese nuevo hecho de armas, empeñaba y com- 



fluencia dominante en la Ciudad de Montevideo, eon la causa de la con- 
tinuación de los males de que os quejáis, y que la paz 6erí& restablecida 
en el territorio dél Uruguay, si aquellos individuos que se mantienen obs- 
tinados en la Capital entrasen en arreglos con el Jenéral Oribe. 

Tengo el honor de ser vuestro obediente y humilde servidor , 

Palmerston. 

Al Jenernl O’Bríen, Cónsul Jeneral de la República del Uruguay. 

(British Packet de 21 de Abril, y Gaceta 
Mercantil de 25 del mismo de 194t.) 

(**) Territorio de la Provincia de Santa Pé. 



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DE LA INTERVENCION ANCLO-FRANCESA. 



115 



prometía otra vez mas, á las dos Potencias Inter» 
ventoras. La obra estaba consumada: se había for- 
zado el Paraná, y los pabellones unidos en tíavari- 
no, obstentaban en aquel magnificó Rio, su poder y 
su resolución. 

Ya Rosas no podía ser, el dueño absoluto de 
ese precioso Canal: ni dominar fácilmente las dos 
riberas del Rio. Cortada así la unidad de su acción, 
fácil era, y muy fácil, habiendo perseverado en ese 
empeño, aniquilarlo en Entre-Ríos, como en el Es- 
tado Oriental; y reducirlo al fin, con pocos esfuerzos 
mas, á los ansiados términos de la justicia y del de- 
recho. 

Pero era necesario detenerse, para entrar en 
una nueva senda, menos honorífica y mas difícil de 
avanzar en ella. 

Ese rico Comboy, trajo á Montevideo, la pros- 
peridad y la abundancia. El comercio estranjero, 
recibió nueva vida, y el Estado aseguró su existen^ 
cía por algún tiempo. 

Ensayo lisonjero, que las Potencias Interven- 
toras no debieron haber olvidado tan pronto, si su 
mente era, llenar cumplidamente los grandes obje- 
tos que revelan las instrucciones de sus Plenipoten- 
ciarios, 

El 3 de Junio se embarcó el Rejimiento Ingles 
45 — que formaba parte de la guarnición de la Ca- 
pital, dejando un vacío grande en lo material y mo- 
ral de la defensa. 



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116 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



Principiábase á contra-marchar. 

Las instrucciones de los Ministros Interven- 
tores, y muy especialmente las del Sr, Ouseley, ma- 
nifestaban claramente, la intención de los Gobier- 
nos que las expidieron, de emplear inmediatamente 
la fuerza, tan luego como Rosas manifestase la mira 
de eludir ó demorar las primeras exijencias de sus 
Representantes. 

Se le recomendaba mucho al Sr. Ouseley, le 
hiciera saber á Rosas, que sino aceptaba las basas 
que se le proponían, se espondría á muy serias con- 
secuencias; y que quizá sería ya tarde, sino aprove- 
chando la oportunidad, pretendía mas adelante vol. 
ver sobre esta negociación. 

Esas tan formales declaraciones, parecen que 
revelaban la intención irrevocable.de no retroceder, 
ni detenerse, una vez adoptados los medios de coer- 
ción, á que Rosas provocaba: de obligarlo por la 
fuerza á que, él mismo en el conflicto, volviera so- 
bre sus pasos y buscara el término de la guerra, ad- 
mitiendo las basas que se le habían propuesto. 

Nadie esperaba, por lo menos en el Plata, que 
esas dos poderosas Naciones, volvieran á buscarlo, 
adoptando caminos nuevos, y relajando así, la ac« 
cion de sus fuerzas unidas y triunfantes ya en el 
Paraná. 

Creíase que, al fin se conocía la Cuestión un po- 
co mas, y que se tenía el convencimiento de que, 
con muy pocos esfuerzos, en el camino que se había 



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DE LA INTERVEN CION ANCLO «FRANCESA. 



J 17 



entrado, se conseguirían plenamente, los importan* 
tes objetos que se deseaban alcanzar. 

Nadie soñaba en nuevas misiones al Plata: en 
proposiciones distintas de las que, fueron presenta* 
das por los SS. Deñaudis y Ouseley: ni como imaji- 
nar, que se hiciera el honor de buscarle de nuevo, 
después de su tenáz y constante negativa, á las ad* 
moniciones mas amigables: de Sus actos todos desde 
Agosto del año anterior. 

El Sr. Sarratea y el Sr. Mandeville, trabaja- 
ban activamente en Paris yen Londres, y la irideci* 
sion y el engaño, dominaban ya poderosamente, en 
aquellos Gabinetes. 

Se temía, se dudaba, se fluctuaba en medio de 
los hechos consumados en el Plata, y los nuevos in- 
formes y seguridades de aquellos Diplomáticos. 

No había ya plan: se abandonaba el que se ha* 
bía trazado en las instrucciones dadas á los Plenipo* 
tenciarios, y se elejía una nueva senda, no menos 
estéril que difícil: no menos rara que sorprendente. 

Detenerse en medio del triunfo, para ofrecer al 
adversario, proposiciones nuevas de un arreglo, pero 
sin desvirtuar la posición, y con la irrevocable resolu- 
ción de, continuar las operaciones, con doble enerjía, 
en caso de negativa, es una cosa que fácilmente se 
comprende; es también, noble y jeneroso. 

Pero, hacer alto, en aquella situación, para recur- 
rir á esos mismos medios de acomodamiento, relajan- 
do las ventajas obtenidas á costa de tanta sangre y sa* 



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118 LOS CINCO ERRO BES CAPITALES 

orificios, para, después de recibir una audáz repulsa 
del enemigo, abandonar la acción coercitiva empleada 
ya con suceso, coipo se haría en caso de haber obtenido 
cuanto se pretendía; romper en un momento tantos 
compromisos, faltar á tantas declaraciones; abandonar 
tantos amigos, tantas simpatías, tantos puntos ventajo 
sos, para volver al terreno estéril de las negociaciones, 
donde tantas derrotas se habían sufrido, para no hacer 
nada, es una posa que no puede esplicarse de otro mo* 
do que como nn ERROR CAPITAL, fruto del en- 
gaño y de la incertidumbre, ó quizá, de la falt? de co- 
nocimiento completo, de la Cuestión, del hombre y de 
las cosas. 

El bloqueo del Escalda ordenado por el Lord 
Palmerston en el año 31,— tratándose de separar la 
Uéljíca de la Holanda; y él que se hizo por las tres 
Potencias de Inglaterra, Francia y Rusia, para conse- 
guir la separación de Grecia de la Turquía, en algunos 
puntos de este último pais, no se abandonaron hasta 
haber obtenido los objetos que se habían propuesto. 

En el Plata parece que, rijen otros principios de 
honor, y otras Leyes de derecho público: se debilita la 
acción coercitiva, se abandonan los Ríos y se detiene 
en presencia de los hechos cuando nada se consigue 
del Dictador: veremos que se hará cuando él ceda. 

La misión Hood cerró este segundo período de la 
intervención, para entrar en el tercero. 

Veremos que progresos hizo la causa y la políti* 
ca interventora en este nuevo ensayo. 



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CAPITULO III. 



HOOD. 



La oibilidad di los Gabinetes Interventor!». 

I 

Los esfuerzos de los Ministros del Dictador en 
París y en Londres, ayudados por los buenos oficios 
del Sr. Mandeville, habían podido persuadir ó los 
Gabinetes Interventores, á que, no sería dificil un ar- 
reglo en los negocios del Plata, tomando por punto 
de partida, las nuevas basas que ellos ofrecían á la 
discusión común, después de declaradas inadmisibles 
lasque había conducido al Sr. Mareuil. 

Pero para que esto pudiera dar un buen resulta* 
do, se bacía sentir la necesidad de iniciar una nueva 
negociación por medio de otro Ajente, directamente 
enviado al Dictador, y sin conocimiento anterior de 
los Ministros Interventores en Montevideo, con quie- 
nes aquel no quería ya entenderse, por la severidad 
con que le habían tratado. 

Los Gabinetes Interventores, accediendo á esta 
nueva solicitud, y tal vez persuadidos á que, por este 
medio, consiguirían atraer al Dictador á un acomoda- 



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120 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



miento regular, resolvieron enviar á Sir Tomas Sa- 
muel Hooil, representando á entre-ambos Gobiernos, 
con carácter Confidencial. 

Fue elejido este Señor, antiguo Cónsul Jeneral 
del Gobierno Ingles en esta República, y jubilado ya, 
esperando que su antigua amistad con el Jeneral Ori- 
be y sus relaciones con el Dictador, pudieran influir 
en la mala voluntad de aquellos personajes, para ar- 
ribar por fin, á un tratado de paz. 

Contábase mucho con las buenas relaciones de 
Sir Tomas Samuel Hood en el Rio de la Plata, y con 
las fuertes recomendaciones que traía de Europa, de 
los Ministros del Dictador, y de algunas otras perso- 
nas influyentes. 

Su viaje fue preparado con suma reserva en Eu- 
ropa, saliendo de Plymouth en el Vapor Devasta- 
ción, directamente para Buenos Ayres, con escala en 
Bahía. 

Entrando en el Rio de la Plata, y avistando la 
Isla de Flores, debía seguir su rumbo á Buenos Ay- 
res, fuera de la vista de Montevideo. 

El Vapor Devastación llenó cumplidamente 
aquellas órdenes, fondeando en la rada de aquella Ca- 
pital el 2 de Julio con 42 de navegación. 

La sorpresa de tan inesperada novedad, produjo 
en ambas orillas del Plata, una gran sensación: en 
Montevideo especialmente, que nadie soñaba en una 
nueva misión, y que la actividad del comercio ejp 
aquellos momentos absorvía toda la atepcion. 



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DE I OL INTERVENCION ANGLO-FRANCESA. 121 

Muy pronto sóbese que, el Sr. Tomas Samuel 
Hood, era portador de una misión Confidencial cer- 
ca de Rosas, encargado por los Gobiernos Intervento- 
res, que traía el encargo de persuadirle á que, admi- 
tiese de esta vez, las basas que se le enviaban, y una 
vez hallanada su voluntad, entregarlas á los Ministros 
Interventores existentes en Montevideo para su eje* 
cucion. 

Cuales eran esas basas, era una cosa ignorada, 
para este Gobierno y para esta comprometida Capital, 
belijerante perfecto, y tan empefiado en la terrible 
guerra cuyo término se buscaba. 

Nada sabía el Gobierno de Montevideo de lo que 
se había arreglado nuevamente en Europa, ó pesar de 
ser el Gobierno reconocido del país y Uno de losbeli- 
jerantes en la Cuestión del Plata. 

Los Gobiernos Interventores confiaban anticipa- 
damente, con su decidida voluntad, á entrar en un 
arreglo que salvase la Independencia de la República, 
que garantiese las propiedades y que, libre del poder 
y de la funesta influencia del invasor, se le dejara en 
plena libertad para elejir su Gobierno conforme á la 
Constitución. 

Sin embargo, el hecho de la reserva 'y las precau- 
ciones tomadas de no tocar en Montevideo el nuevo 
enviado, y d.e que nada supieran los Ministros inter- 
ventores residentes en esta Capital, era ya en aquellos 
mementos, una concesión hecha á Rosas, un nueve 

16 



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122 



£08 CINCO ERR0BES CAPITALES 



cumplimiento, con la esperanza, sin duda, de alcanzar 
la paz tan anhelada. 

El error tenía, todavía un gran poder en aque- 
llos Gabinetes. Aquellos dos grandes hombres de Es» 
tado, el Sr. Guizot y el Lord Aberdeen, eran aluci» 
nados y conducidos por equivocados informes, á dar 
un paso retrógrado, que desvirtuaba mucho la situa- 
ción que ellos mismos habían queriJo crear en el Plata, 
entablando la intervención armada para poner término 
á la inhumana y feroz guerra que desolaba estas Re- 
públicas,, y en bien de su propia prosperidad. 

En Buenos Ayres, era cosa dada como cierta en 
aquellos momentos del arribo del Sr. Hood que, era 
portador de basas idénticas á las que, los Ajentes de 
Rosas en Europa habían presentado á los Gabinetes 
Interventores; y los funcionarios de aquel, asegura- 
ban públicamente, que pronto estaría hecha la paz. 

Tales eran las primeras impresiones que, esa nue- 
va misión, causara en el Plata: impresiones que, co- 
mo un rayo funesto recorrieron rápidamente, todos los 
puntos donde se combatía, en la confianza de que, se 
estaba bajo la poderosa protencion de las dos Poten- 
cias Interventoras; que una vez recojido el guante, 
arrojado por Rosas en Obligado, no se detendrían en 
sus operaciones, ni menos decenderían á buscarlo ha- 
ciéndole concesiones espontáneas. 

Esperábase que, apurado el conflicto de Rosas, las 
Potencias Interventoras, aguardarían á que, él las bus- 



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DE U INTERVENCION ANOLO «FRANCESA. 



123 



case, y éntonces, obtener mayores ventajas, en pró 
de ios grandes objetos que se procuraba consultar. 

Esto parecía lo natural, en el Estado, á que los 
negocios habían llegado. Pero los Interventores que 
mucho an helaban por el término de la guerra, no 
comprendían que, las concesiones que hacían en aque- 
líos momentos, alentaba á Rosas, dándole motivo pa- 
ra hacer notar á las Provincias de la República y á 
todos sus sostenedores, que las dos grandes Potencias le 
buscaban, ofreciéndole nuevamente la paz, porque temían su 
poder y le respetaban. 

Todo esto, indudablemente, en un país donde por 
tan largos años domina un sistema tan férreo como el 
de Rosas, bajo del cual ha nacido y educádose una nue- 
va jeneracion oprimida y encadenada á esas ideas, 
producía sus efectos favorables, dándole un grado de 
fuerza moral., que había perdido con los recientes de- 
sastres de su Escuadra, del combate de Obligado y 
ocupación de los Ríos Paraná y Uruguay. 

Este era un verdadero error de las Potencias In- 
terventores, que rebajaba muchos quilates su nombre 
y su poder en el Rio de la Plata; alejando mas el tér- 
mino que buscaban, cuanto mas se desviaban del úni- 
co camino de alcanzarlo. 

Los primeros efectos de ese primer error, se sen- 
tían en el Rio de Janeiro como en el Plata. 

Allí, como aquí, circulaban funestas noticias, ase** 
gurando, la resolución de los Gabinetes Interventores 
de, variar de marcha en el Rio de la Plata, haciendo 



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124 KÓ9 CIRCO ERRORES CANTALE» 

eoncesioBes al Dictador y retirando á los Ministros 
que les representaban, los SS. Deffaudis y Ouseley. 

Todas estas circunstancias alarmaron mucho al 
Gobierno de Montevideo, el que, pasó al Sr. Ouseley 
las comunicaciones siguientes: 

MINISTERIO 
de 

Relaciones Exteriores. 

a Montevideo , Julio 5 dé 1846. : 

Esparcida la noticia de que el dia 2 del corriente ha llegado á' 
Buenos Ayres el vapor de S. M. la Reina de la Gran Bretaña nombra* 
do Devastation, y que eo él viene en comisión el Señor Hood, anti- 
guo consol en esta República, el infrascripto Ministro de Relaciones Es- 
tertores ba recibido órden de S. E. el Presidente provisorio para solici— 
lar del Sr. W. G, Ouseley Ministro Plenipotenciario de S. M. B. cual- 
quiera esclarecimiento que pueda tener tendencia á la misión especial 
eon que fué acreditado en relación á la mediación ofrecida por los Go- 
biernos de Inglaterra y de Francia en la guerra que existe entre el Go- 
bernador de Buenos Ayres y los defensores de la Independencia de la 
República Oriental del Uruguay, por lo que ese incidente pueda servir á 
[a realización de los deseos manifestados por dichos gobiernos y acep- 
tados por el de la República. 

Al hacer presente el infrascripto la necesidad de esa ¿aplicación, 
se complace en retribuir al Sr. Ouseley la mayor consideración y dis- 
tinguido aprecio., 

Francisco Magariños* 

Montevideo 6 déjuliode 1846. 

El infrascripto Ministro Plenipotenciario de S; M. B„ en contesta- 
ción á la nota fecha de ayer, que tuvo el honor de recibir del Sr* Ma- 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCESA. 



125 



ga riñes, Ministro de Relaciones Estertores, pidiéndole esplieaciones so* 
bre la misión, de que se dice que el Sr. Hood está encargado por el go* 
bierno de la Reina, tiene que decir que, no habiendo llegado todavia el 
paquete que salió de Inglaterra mucho tiempo antes de la sabida del Sr. 
Rood, ninguna noticia tiene respecto* de la misión de que ae trata. 

£1 infrascripto aprovecha la oportunidad para ofrecerá S. E». el 
Sr. Magarinos, la seguridad de su distinguida consideración. 

W. G; OusKLKft 

A*. 9* B h 9 Sr. D. Francisco Magarinos. 



Montevideo 7 de Julio de 1846. 

£1 infrascripto, Ministro <)e Relaciones Eateriores, ha dado conoci- 
miento al Gobierno de la República de la eaplicacion del Sr. W, G. 
©use le y fecha de ayer, á la nota que tuvo el honor de pasarle el dia 5, 
y en su consecuencia ha recibido orden de decir en , contestación— 
cuan sensible és que, después de las insinuaciones y proposiciones he- 
chas por los Señores Plenipotenciarios de Inglaterra y de Francia, des- 
pués de la aceptación y aprobación de los Gobiernos de quienes depen« 
den, los Sres. Ministros no estén en poeision de dar una esplanacion 
completa á los objetos de la misión del Sn Hood. ' 

£1 Gobierno de la República no pretende aventurarlijéramehte nin- 
gún concepto, no quiere poner en duda, ni aan en pensamiento, la idea 
del mas' pequeño cambio en la política y en lor principios seguidos en 
la mediación confiada á los Sres. Plenipotenciarios do Francia é Ingla- 
terra, pero debe á su honor, á la responsabilidad que tiene para con la 
República y el mundo observador, la manifiesta repetición de sus miras 
y saludables propósitos. 

Los triunfos recientes de las armas de la República, dirijidas por 
el General Rivera, que ha subordinado hasta sus pensamientos á la res- 
petabilidad del Gobierno de quien depende como ciudadano y como ge- 
neral, del hombre que acaba de dar pruebas inequívocas de su capaci- 



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126 



L08 CINCO ERRORES CAPITALES 



¿ati para conducir el ejército que pelea por conservar las libres institu- 
ciones, eso» triunfos no han amenguado el deseo ardiente en que se en- 
cuentran todos los habitantes de la .República, para llegar al término 
de una paz honrosa y digna de la defensa heroica que ha consagrado un 
lugar en la historia, á mas de 40 meses de penalidades, sufrimientos, 
devastación, ruina y miseria. Sí,— la República quiere y necesita la paz, 
pero una paz que dé isistencia de hecho y de derecho á su indepen- 
dencia ; una paz que separe toda influencia personal, toda influencia de 
partido, toda influencia arjentina^ que porga al pueblo Oriental en ple- 
na libertad para elejir el Gobierno con estricta sumisión á las leye 8 
constitucionales ; una paz que permita á esa Constitución recobrar su 
antiguo vigor, que coloque las instituciones y los hombres bajo su im- 
pulso y garantía, y .que acabe en fin, con todos los odios y rivalidades. 

A truequ e de ese bien sacrificará cualquiera otras pretenciones, y 
hasta la justicia de las indemnizaciones á los quebrantes que ha sufrido, 
al atraso que ha es per i menta do. Admitirá con satisfacción que se ase- 
gure y preserve á la población estrangera aquellos goces que deben 
resultarle ai dejar las armas en un pueblo que ha contribuido á salvar 
de las violencias y espoliacionea con que todos en él han oido amena- 
zados. £1 Gobierno apetece que, cuanto mas pronto »e* posible, vuel- 
van ellos á sus pacíficos y útiles trabajos : pero repite con todo el 
fervor que le inspira su posición, y sus convicciones— la independep- 

CIA PERFECTA V ABSOLUTA DE LA REPUBLICA CORSagtada COIRO bftSO 
sine quá non ; ofrecida por los Gobiernos mediadores, reconocida por 
el Imperio del Brasil, pactada con el gobierno de la República Arjentina; 
y la libertad asi mismo perfecta v absoluta para que pueda ele- 
jir, como mejor le convenga, el Gobierno aplicable á su Constitución, 
ha sido y es únicamente lo que ha pedido siempre* lo* que ha defendido, 
lo que defenderá con todo el esfuerzo que dá vigor á su resistencia, y 
le obligará á no renuncir al uso de las armas, mientras haya aliento en 
los que deban mantener, con ellas, la sangrienta hacha en que se vé 
envuelta. 



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DE LA INTERVENCION ANCLO-FRANCESA. 



127 



Cuenta pues, para sostener la inalterable resolución tantas veces 
hecha, y que en la ocasión renueva, con el poderoso influjo de las Na- 
ciones que están interesadas en su justicia; con el voto pronunciado po r 
todos los amigos de la humanidad y de la civilización; con las declara, 
ciones solemnes que ha dictado la mediación de Inglaterra y de F/ancia;* 
con las eBpücaciones terminantes que ha producido la prensa, haciendo 
conocer los discursos de los Ministros de la Corona en Londres y en Pa- 
rís, así como las instrucciones dadas á sus Plenipotenciarios en el Rio de 
la Plata; y por ultimo, con la indomable voluntad de esa resistencia que 
está consagrada en axioma, y han contemplado y 1 admiran nacionales y 
estranjeros, amigos y enemigos de la causa que se sostiene bajo los muros 
de Montevideo.' 

El Gobierno al renovarla manifestación de ese sentimiento unisono 
en la población, y repetido por todos los ángulos de la República, á don* 
de se vá estendiendo el poder de sus libertadores, estima conducente ro- 
gar al Sr. Ouseley que lo haga conocer, de la manera que crea mas con- 
veniente, al Sr. Hood, y que transmita al Gobierno de S. M. la Reina 
de la Gran Bretaña su firme y decidida voluntad de esperar combatien- 
do el remedio á tantos males, que pueden terminar con las órdenes es- 
presas que deben emanar de la concurrencia y acuerdo entre los Gobier* 
nos de S. M. la Reina de la Gran Bretaña y de S. M. el Rey de los 
Franceses, para que cuanto antes hagan cesar los efectos de una guerra 
que, con sus horribles represalias, está escandalizando á la América, y 
ofreciendo á la Europa el cuadro lúgubre de las miserias y humillaciones 
á que se vén reducidos los principales derechos del hombre social de es* 
tas rejiones. 

El infrascripto, cumpliendo su< deber, se complace en reiterar al Sr. 
Ouseley la mas afectuosa consideración y distinguido aprecio. 

Francisco Maoariños. 

A S. E. el Sr. Gore Oúseley, Ministro Plenipotenciario de S, M. 

Üv &a. • 



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128 



LOS CINCO ESBOBBS CAPITALES 



La prensa francesa, vagaba en aquellos momentos, 
sobre los negocios del Plata. Algunos periódicos opi- 
naban que era ya tiempo de abandonar la intervención 
para que la guerra cesase; otros, como el Constitu* 
cional y la Estafeta» decían:— “ Ya es tiempo que 
las dos Potencias, y sobre todo la Francia, se decida á 
concluir con Rosas; que la política hasta hoy seguida 
no sirve sino, para dar á Rosas motivo de creer que 
solo se busca un ffetesto para ceder: y que la ínter* 
veneion debería ya haber hecho cesar esta situación, 
igualmente perjudicial á los intereses del comercio y 
de la civilización. 4 ’ 

Una petición del comercio de París decía en 
aquel año;-r“ Señores Diputados, bien veis, pues, que 
por interés de todo el mundo, es preciso obrar, y obrar 
pronto ; sin esto el comercio francés será perdido para 
siempre en este país, y grandes desastres serán la con* 
secuencia.” 

.Como se vé, el juicio que se formaba en Europa 
y América sobre aquella misión, era idéntico: allí como 
aquí, se anunciaba una modificacioo muy notable en 
la política de los Gabinetes Interventores: una modifi- 
cación que, para la Cuestión en el Plata, importaba 
una derrota moral, que pronto estendería sus efectos á 
los pueblos, y á los Ejércitos comprometidos. 

El mismo Dictador decía por el órgano de la Ga* 
ceta, su Diario favorito — “ Nos limitamos á expre- 
sar nuestra complacencia por el sábio y honorable 



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DB LA. INTERVENCION ANGLO-FRANCESA. 



129 



cambio de política sobrevenido en los consejos de 
los ilustrados Gobiernos de Inglaterra y Francia.” 
Esta alarma era natural: no se olvidaba el Trata* 
do Makau, y el fin que tubieron en aquella época, los 
aliados de hecho que tan poderosamente contribuye* 
ron á la realización de aquel Tratado, que suspendió 
momentáneamente para la Francia y sus nacionales en 
el Plata, nna situación, que mas tarde, debía reco* 
menzar con mas sangriento carácter y cuyo término, 
hoy es difícil alcanzar por otro camino que el -de la 
fuerza y del honor. 

Bajo de tan desagradables impresiones, apareció 
en el British Packet, periódico de Buenos Ayres, 
redactado en Ingles, bajo la clientela y dirección del 
Dictador, la Carta Credencial del Conde Aberdeen, al 
Ministro Arana, acreditando al Sr. Hoodjen el carác* 
ter que ella espresa y á los objetos que determina. 

ÚTRADUCOIOB .) 

Señor— 

La Reina mi Soberana, deseando sinceramente remover toda causa 
de mala intelijencia entre su Gobierno y e) de la Confederación Arjenti» 
na, y restablecer las reladiones de los dos países á su acostumbrado pié 
de amistad y cordialidad, ha tenido & bien ordenar que el Sr. Tomas S« 
Hood, que desempeñó por muchos años el cargo de Cónsul Jeneral en 
Montevideo, salga inmediatamente para Buenos Ayres con el objeto de 
comunicar con V. E. y con el Gobierno Arjentino. 

El Sr. Jftood está encargado de transmitir confidencialmente á V. 
E. ciertas proposiciones de parte de la Gran Bretaña y de la Francia, 
fundadas en gran parte, sobre las que el Gobierno de Buenos Ayres co- 

17 



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LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



J30 

municó á las dos Potencias el 26 de Octubre ¿e 1845, con la mira de 
arreglar las dificultades existentes en el Rio de la Plata. Confio en que 
las proposiciones que el Sr. Hood pondrá en noticia de V. E. y que son 
dictadas por el mas ardiente deseo de poner término á un estado de eo- 
sas altamente perjudicial á los intereses de todos, aparecerán aceptables 
al Gobierno de Buenos Ayres. Ei Sr. Hood es también portador de pro- 
posiciones semejantes, de parte del Gobierno Francés, que pondrá en 
manos de V. E- 

Por el conocimiento completo que el Sr. Hood tiene de todo lo re— 
látiro á los intereses de ambos países, confio en que la elección que de 
él se ha hecho para este servicio será agradable al Gobierno de Buenos 
Ayres. Pido á V. E. que le reciba favorablemente, y que dé entero 
erédito á cuanto él le comunique de parte del Gobierno Ingles. 

Me lisonjeo de que el Gobierno de la Confederación Arjentina, re- 
conocerá en este paso de los Gobiernos de la Gran Bretaña y de la Fran. 
cia, la prueba mas fuerte de su ansiedad por cultivar buena y amistosa 
iotelijencia con ^ Confederación Arjentina. 

Tengo e! honor de ser, con la mayor consideración, de V. E. hum4l- 
de servidor. 

(firmado) Aberdeen» 

Las primeras y las últimas palabras de esta Carta, 
eomprueban evidentemente, la ansiedad de aquellos Go • 
Hemos para cultivar buena y amistosa intelijencia con el Go- 
bierno de la Confederación. 

Esas palabras vinieron á confirmar el juicio, que 
en Europa y América, se había- formado sobre las 
verdaderas intenciones de los Gobiernos Intervento» 
res; y aunque la confianza que se ponía en la lealtad 
éílustrácion de aquellos, bacía dudoso ese mismo jui- 
cio, sin embargo, no dejó de abrir una brecha funesta 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCESA. 



131 



en el crédito de la intervención, dando lugar á dife» 
rentes cuanto peligrosas conjeturas. 

Peligrosas, porque, la situación era tal, que todo 
incidente que de a'guu modo pusiera en duda aquella 
lealtad, era un tócigo que. conducía á las mas estremas 
circunstancias. 

■ La Reina de la Gran Bretaña, deseaba remover toda 
causa de mala intelijencia entre su (gobierno y el de la Con- 
federación, y enviaba al Sr. Iiood con nuevas proposi- 
ciones, fundadas, en gran parte sobre las que el Go« 
bierno de Buenos Ayres le mandara en Octubre del 
año anterior. 

Y esas proposiciones venían después del comba- 
te de Obligado, de la ocupación de los Ríos por las 
fuerzas combinadas de las dos Potencias, y del famoso 
manifiesto de bloqueo de 18 de Setiembre, aprobada 
por esos dos Gobiernos, 

¿Qué juicio debería de formarse en América y en 
Europa, á la vista de aquellos hechos tan elocuentes, 
de aquellas declaraciones tan solemnes, de esta nueva 
y rara solicitud de los Gobiernos Interventores? 

Cuando menos, la duda, la incertidumbre mas 
mortificante, debían ajitar á los hombres leales del R io 
de la Plata, á los amigos sinceros de la civilización y 
de la libertad. 

Pero era necesario resignarse y estar dispuestos 
. para la paa^ como lo estaban para la guerra. 

Los hombres de la defensa, estaban en sus pues- 
tos: el Gobierno dispuesto sinceramente, á entrar en 



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332 



IOS CINCO ERRORES CAPITALES 



un arreglo honroso, que consultase y asegurase, los 
grandes objetos que habían hecho necesarios tantos 
sacrificios — la independencia eompleta de la Repúbli- 
ca: su órden constitucional, s us instituciones todas. 

En esa misma época, el Cónstitucional de Pa* 
bis, combatiendo la política del Ministerio, y res- 
pondiendo al Diario de dos Debates, decía: — 
“ Vuestra intervención es justa, y habéis cedido al 
grito de la opinión al empezarla. Lo único que hay 
ES, que no teneis corazón para acabarla. Dejais que un 
bárbaro tenga en jaque las dos marinas mas grandes del mun • 
do. Dejais escapar la ventaja política, que habría po- 
dido resultar de una buena acción, realizada por la 
concurrencia de la Francia y de la Inglaterra. Allí¿ 
como en todas partes, practicáis una política impo- 
tente, enervada, contradictoria, ridicula. Solo la ne- 
cesidad de defender una política semejante, es lo 
que puede esplicar los absurdos, sofismas y lasfalse* 
dades insostenibles que asientan con sangre fría 
vuestros Diarios ministeriales.” 

Todos estos hechos aumentaban el conflicto eir 
el Plata* 

La negociación Hood, seguía en Buenos Ayres 
con gran reserva, unos asegurando la paz, y otros 
dudando de alcanzarla. 

Pero la humanidad, el comercio, la •riqueza y 
prosperidad de ambas Repúblicas, objetos importan* 
tes de la intervención, continuaban sufriendo dia« 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCEgA. J33 

riamente con esa reserva y con esa incertidumbre 
quede ella nacía. 

El Sr. Hoody no se atrevía á declarar á nadie, 
ni oficial, ni privadamente, que las dos Potencias 
Interventoras, no habían modificado ni cambiado su 
política, como en su presencia lo aseguraba, la Gace< 
ta de Rosas. Su silencio daba lugar á serias conjetu-) 
ras, porque parecía afirmar con el, aquellas asercio* 
nes: por lo menos creíase que tales eran sus deseos. 

Afirmábase ya generalmente, el 11 de Julio, 
que el Sr. Hood había concluido con el Dictador un 
arreglo. - Con este motivo se cambiaron entre el 
Gobierno de la República y los Ministros Interven» 
tores, las siguientes Notas. 

MINISTERIO )' 
de £ 

Relaciones Estemobks. y 

Montevideo, Jítlio 11 de 1846 . 

El infraicripto Ministro de Relaciones Exteriores, se. dirijo 6 loe SS. 
Plenipotenciarios de las Potencias mediadoras, para obtener el resultado 
de las noticias que hayan podido adquirir con -el arribo del Paquete de 
Europa, que necesariamente deben estar en relación con lae que circulan 
por la población, anunciando que los SS. Hood y Mareuil, han de proce- 
der á un arreglo, que, hasta se supone pactado ya con loe Ajentes del 
Gobernador de Buenos Ayres. 

Como loe Gobiernos mediadores han declarado, y sus Plenipotencia» 

ríos lo han repetido de la manera mas formal; qoe la evacuación del ter- 
ritorio Oriental portas tropae Arjentinas, ee un preliminar’ indispensable 
á cualquiera negociación,.- es por eso que el Gobierno de la República, en 
conaecuencia de, an disposición, & aceptar toda proposición razonable, me 



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134 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



ordena reiterar á los SS. Plenipotenciarios el sentimiento de su adhesión 
á la declaración precitada, y con ese motivo prevenir al Sr. Ouseley, que 
en tanto que el territorio de la República esté ocupado por un solo Ar- 
jentino armado, do los inmensos qne rodean al sitiador de esta Capital, 
mientras los Orientales se encuentren sometidos por el poder y la fuer- 
za del Gobernador do Buenos Ayres, es muy difícil que haya términos há- 
biles para poner en ejecución alguna proposición que traiga el arreglo fi* 
nal de la cuestión, á no ser como lo han declarado los Poderes Mediado- 
res, y fué admitido por el Gobierno de la República. 

J21 infrascripto, aprovecha la ocasión para renovar al Sr. Ouseley, 
Ministro de S. M. B„ la mas atenta consideración y distinguido aprecio* 

Francisco Maoariños. 

A S. E. el Sr. W. Gore Ouseley, &c, &c. &c. 



(TRADUCCION.) 

(Confidencial.) 

Montevideo 13 de Julio de 1846. 

Los infrascriptos, Plenipotenciarios de las Potencias Mediadoras, 
han recibido la nota que el Sr. Magariños, Ministro de Relaciones Ex- 
teriores hizo el honor de dirijirles el 11 del corriente, pidiendo informa** 
ciones respecto al supuesto arreglo entablado por sus Gobiernos con el 
de Buenos Ayres. 

Los infrascriptos lamentan no poder dar á S. E. la información que 
solicita. 

Con respecto á los demás puntos de la nota del Sr. Magariños, vén 
con satisfacción, que el Gobierno Oriental está adherido al principio es- 
tablecido como base de todo arreglo en las cuestiones pendientes acep- 
tadas ya por declaraciones oficiales de su predecesor. 



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DE £A INTERVENCION ANGLO-FRANCEgA. 



135 



Los infrascriptos aprovechan esta oportunidad para renovar á* S. E. 
el Sr. Alagar i ño», las seguridades de su mas alta y distinguida conside- 
ración. 

Barón Deffaudis. W. G. Ousbley. 

A S. E. el Sr. D. Francisco Magariñoe, &•.’ &a. 



Por el tenor de esas comunicaciones, se vé,por 
una parte, la .bella disposición del Gobierno, maní* 
festando anticipadamente, su disposición, á entrar 
por un arreglo justo, que pusiera termino á tantas 
calamidades, salvando el principio de la indepen- 
dencia y soberanía de la República: objeto principal 
de la resistencia: por otra parte, el tristísimo papel 
que, hasta aquellos momentos, se les hacía represen* 
tar á los Ministros Interventores, manteniéndoles en 
completa ignorancia del grave negocio de que se 
trataba. 

Esa conducta, les hacía desmerecer mucho an* 
te el observador imparcial, de aquella rectitud y ta« 
lento que manifestaron desde el principio de la in- 
tervención: del celo activo y dilijente con que ha- 
bían llenado las instrucciones de sus Soberanos en 
momentos difíciles y complicados. 

Eso, era un verdadero triunfo para el Dictador, 
del cual sacaba gran partido en los pueblos del Pía» 
ta, porque servía á debilitar el temor que imponía la 
grave posición asumida por los Interventores con 
los hechos que habían tenido lugar, difundiendo la 
desaprobación de su conducta y anunciando su pron- 



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136 IOS CINCO ERRORES CAPITALES 

ta remoción: triunfo que, muy poco después tuvo, 
una tristísima realidad. 

Verdad es que, las antiguas relaciones del Sr. 
¡Hood con Oribe y con Rosas, le arrastraban muy 
distante, de aquella, imparcialidad y circunspección 
que debe guiar á los hombres rectos, en las grandes 
situaciones, y muy especialmente, cuando se trata 
de negocios que afectan á la sociedad, y al honor 
de las Naciones* 

Toda la conducta oficial del Sn Hood en esta 
misión, fjué parcial, traspasando desde el principio 
sus instrucciones, como se verá en el curso de este 
capítulo. Cortejó al Dictador hasta el fastidio, con- 
cediéndole alterar como quiso, las basas de que era 
portador, destruyéndolas en los puntos mas capita- 
les, sin hacer por su parte, resistencia de ningún 
jénero, y proclamando en voz alta, al Presidente D, 
Manuel Oribe, título que con entera justicia le nega- 
ban lps Gobiernos interventores, desde el principio 
de la lucha, y que no se lo daban ni en aquellos mo- 
mentos en esas mismas basas en que se le buscaba á 
un acomodamiento por el intermedio de Rosas. 

Oribe hasta entonces, solo h&bía sido reconoci- 
do por los Interventores, como un Teniente de Ro- 
sas, y jamás habían querido admitirle en ningún otro 
carácter oficial. 

Sin embargo, el Sr. Hood, le llamaba en todas 
partes Presidente, atacando así las mismas basas que 



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DB LA INTERVENCION ANCLO «FRANCESA . 



137 



estaba encargado de presentar en nombre de los 
Gobiernos Interventores. 

¡Fatalidad de la época, que mas inmediatamena 
te ha pesado sobre esta infortunada, cuanto justísima 
Cuestión del Plata ! 

£1 Gobierno de Nicaragua, no pudiendo resis* 
lir ias exijencias del .Gobierno ingles, o edía á sus 
pretensiones de estender los límites de Mosquitos, 
¿asta la ¿oca del Rio de San Juan, porque el ca&ok, 
es un derecho y una razón á un mismo tiempo, que 
decide fácilmente las cuestiones mas intrincadas. 

En Méjico, por una cuestión de menos importan, 
cia, el Cañón de la Francia, le rompía una pierna al 
Presidente Santa Ana, atacándose el formidable Cas* 
tillo de San Juan de Ulloa, y obligándole á aquel 
mandón, ha hacer justicia al Cónsul Francés. 

Pero en el Rio de la Plata, el Dictador, desde su 
fastuosa Quinta de Palermo, arroja del suelo Arjenti- 
no á los marinos de las dos poderosas Potencias de In<* 
glaterra y Francia: les declara Piratas incendiarios, y 
ordena su degüello por sus mas últimos Seides, se nie« 
ga ha hacerles justicia en sus mas lejítimas pretensio- 
nes, y el Canon de Obligado, suena para apagarse al 
día siguiente, y no retumbar mas en el Rio de la Pla- 
ta, en defensa de sus propios derechos, de su dignidad, 
de la ¿umanidad y de la civilización. 



18 



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II. 



El 1 ,° de Agosto llegó á Iá rada de Montevideo, 
el Vapor Devastación, conduciendo al Sr. Hood, 
después de haber terminado, como el decía, sus arre* 
gtos con el Dictador; asegurando que éste había ad« 
mitido todo cuanto se le había presentado; que pasaba 
á ver á Oribe para arreglar con él, y volver á poner 
todo en manos de los Ministros Interventores residen» 
tes en Montevideo para su ejecución. 

El Sr. Hood, no tenía misión cerca de Oribe: 
por su Carta Credencial consta, que solo estaba encar- 
gado de presentar á Rosas ciertas basas en nombre de 
los dos Gobiernos Interventores. 

Nadie hasta entonces sabía cuales eran esas bal- 
sas, rii cual el arreglo que hubiese hecho con el Dic- 
tador 

El 2, pasó el Sr; Hood al Buseo, punto inmedia- 
to al Cámpo de Oribe, cómo se sabe, después de ob- 
tenido el Consentimiento del Gobierno de la Capital y 
del Almirante y Ministro Francés* el permiso de co- 
municar con tierra, estando bloqueado como estaba 
aquel puerto. 

El Sr. Hood fué recibido por Oribe con las ma- 
yores muestras de estimación particular. Tan excesi- 



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DE LA INTERVENCION ANCLO-FRANCESA. 



139 



yo y público era su contento que, escribía al Coronel 
Flores D. José María, Jefe A rjentino á sus órdenes. 
“ El : Sr. ffpocj, mi amigo ha llegado con la paz: pron- 
to, rol verán las cosas aso estado primitivo.” 

Después de -algunos dias de cordiales conferen- 
cias con el JeneraJ Oribe en su Campo del Cerriío, de 
bailes y regocij js; después de haber revistado á la vis* 
ta del Sr. Hood una fuerza de aquel como de 800 
hombres, regresó este enviado á la Capital, habiendo 
dejado arreglado con aquel Jenera], los mismos puntos 
concertados con Rosas, con las mod ¡ficaciones que am- 
bos se permitieron hacer, á las basas enviadas do Bu- 
ropa. 

El Sr. Hood, sostenía haber hecho un gran ser- 
vicio á su pais, y á estas Repúblicas, separándose de 
las basas deque era conductor, y admitiendo que.Ro- 
sas y Oribe las despedazaran á su antojo, á fin de lle- 
gar por ese medio, al término de sus anhelados de- 
seos, la ocupación de la República y de la PresN 
ciencia. 

Rosasno aceptó las basas Hood como fueron en- 
viadaspor Mr- |G ujzot y Lord Aberdeen: las modificó, 
las alteró en lo mas substancial y grave, acomodándo* 
las á sus .intereses,. $in embargo él afirmaba que, 
amaba la paz-, y que solo el Qobierno de MonfevÁdeo 
la rechazaba- 

¡ La paz ! voz que sonaba en sus labios, como 
siempre sonó, nomo símbolo de engaño, de fraude, de 
traición: como sonó en el Tratado Macikaú, en la Con- 



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140 



LÓ8 CINCO ERRORES CAPITALES 



vención Lavalle el año 29, en Corrientes después del 
Pago Largo y de Vences. 

La paz para Rosas era entonees, y ahora mismo 
es, su triunfo completo y sin condición sobre la Repú- 
blica; la retirada humilde y desairada de las fuerzas 
navales interventoras: la entrega cordial y amistosa de 
la Capital de Montevideo, el reconocimiento de todos 
sus pretendidos derechos, y últimamente, el acata* 
miento pleno á su poder y soberana voluntad bajo la 
forma de Tratados . 

Esa es la paz que Rosas busca, y la única que lé 
conviene: porque esa paz es la guerra; y la guerra es, 
el elemento que le nutre y le dú vida en el interior y 
exterior de su poder. 

Consecuente con ese plan, Oribe obedeciendo á 
Rosas, continuaba con redoblado furor sus ataques día* 
rios sobre la Plaza, mostrando así, lo dispuestos que 
ambos estaban á entrar en un arreglo de paz como el 
Sr. Hood lo aseguraba. 

Esa conducta del Jeneral sitiador, en los momen- 
tos en que, se decía estar todo convenido y concluido 
para la paz, mostraba á todos, y aun á los mismos Mi- 
nistros Interventores, que tal paz era irrealizable: que 
el Sr. Hood, conducido por sus simpatías por el Jene* 
neral Oribe, se había dejado dominar, haciendo con- 
cesiones que ni debía ni podía hacer; dando segurida- 
des imprudentes que trastornaron el juicio de todos 
los hombres del Cerrito, proclamando su triunfo com- 



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DE IiA INTERVENCION ANGLO-FRANCESA. 141 

pleto y el reconocimiento de la pretendida Presiden- 
cia de aquel Jeneral. 

Así, el desengaño de aquellas siniestras ilusiones, 
debía producir muy luego, como produjo, mayores di- 
ficultades á los Gobiernos Interventores, para arreglar 
la Cuestión, y mayores enconos entre los belijerantes; 
culpándose recíprocamente de la continuación de la 
guerra y de las calamidades querella bacía pesar sobre 
el Pais y sobre el comercio todo del Rio de la Plata. 

£1 Gobierno de lá República, leal á sus princi- 
pios de paz y de humanidad, tan luego como tuvo co- 
nocimiento oficial del estado de la negociación, por 
medio de los Ministros Plenipotenciarios de Ingla- 
terra y Francia, pasó al Jeneral en Jefe del Ejército, 
lá comunicación que sigue. 

MINISTERIO! 

de V 

Guerra y Marina. ) 

Montevideo, Agostó 19 dé 1846. 

£1 Gobierno acaba de recibir las proposiciones oficialmente diriji- 
das por los Sres. Plenipotenciarios de Francia é Inglaterra, que han si- 
do aceptadas por el Gobernador de Buenos Ayres y General Oribe ; y 
desde ese momento está dispuesto á poner de su parte todos los medios 
que sean conciliables para hacer cesar los estragos de la guerra. De 
consiguiente ha dispuesto que prevenga al Sr. Generaren Géfe que in- 
mediatamente haga publicar en la órden del dia, que las tropas encar- 
gadas de lá defensa de la Plaza; velando siempre eir la conservación de 
sus puestos, no traspasen por forma ninguna, ni bajo ningún pretesto, 
la riltima línea de defensa;— que eviten, en jos casos del servicio en 
dicha línea, ó fuera de ella, toda hostilidad por pequefia que sea, á rae- 



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142 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



« 

nos que, como ya otras veces se ha mandado, fuesep provocadas par 
demostraciones que puedan amenazar la seguridad de la P,laza 9 de las 
fortificaciones, ó de sus defensores. 

Al hacér presente esta orden del gobierno tengo también el en- 
cargo de decir al Sr. General en Gafe, que debe procurar lo mas pronto 
posible regresar al Ejército á esperar los resultados, cumpliendo las 
disposiciones adoptadas para mantener y asegurar en tiempo la posi- 
ción tranquila que deba ocupar en la campaña. 

Tengo el honor de ofrecer al Sr. ^General la mas distinguida consi. 
delación y aprecio. 

Jos* A. Go^ea, 

Al Generé m @ef* del Ejército &c, ,£q. 



Montevideo J^go^o 19 de 1846. 

El Gobierno ha acorda 9 con esta feoba, y qpP m£pdfrp$eyenir al Sr. 
General en Gefe del Ejercito, que todos los vecinos y propietarios de la 
campaña que se presenten en sus casas bajo la protección de las fuerzas 
de la República, deben quedar en completa libertad para djsp.oner de.^us 
propiedades del modo que mejor les parezca, y que en cuanto fuere po- 
sible sean auxiliados por las autoridades de su dependencia. 

Lo que tengo el honor de comunicar al Sr. General en Gefe del 
Ejercito para su mas puntual cumpiimiento f aprovechando la ocasión de 
saludarlo muy atentamente 

José A. Costa. 

AI ,Sr. General en Gefe del Ejército &c. tyc. &c* 

En esa comunicación están evidenciados, los sin* 
ceros deseos que animaban al Gobierno por realizar la 
paz inmediatamente, removiendo pqr su parte todos 
los obstáculos que pudieran impedirla. Ella hace ho- 



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DE DA INTERVENCION ANOEO-FR ANCESA. 143 

norá los principios del Gobierno, á su lealtad y buen 
juicio. 

En áquellos momentos delicados; cuando se tra* 
taba de devolver á estos infortunados pueblos la paz y 
la felicidad que por tan largo tiempo había desapare* 
cidode ellos, otra era la conducta del Jeneral sitiador 
y de sus feroces soldados. 

En consecuencia del estado de la negociación, el 
Gobierno habia ordenado al Ejército de la Línea, per- 
manecer en sus puestos avanzados, sin hacer ningún 
jénero de provocación al enemigo. El 20 por la tar» 
de, seis Lejionarios Franceses, se adelantaron corople* 
tamente desarmados, á conversar con las avanzadas 
enemigas. Una partida enemiga, se adelantó ácia 
ellos. Los enemigos, aprovechándose cobardemente 
de esa confianza imprudente de los Lejionarios, los 
cargan repentinamente, matando dos de ellos á bayo- 
ta y á cuchillo, con la ferocidad de Caribes, otros dos 
son heridos; y los dos restantes enlazados y llevados 
con igual barbarie al Campo enemigo. 

Oribe no dió esplicacion alguna sobre ese espan- 
toso atentado: ni castigó, ni reprendió siquiera, á los 
bárbaros que en su nombre lo cometieron. 

Esos eran los principios de paz que en aquellas 
circunstancias, á la vista del Enviado Ingles, manifes- 
taba, por sus hechos, y proclamaba por su periódico el 
Defensor, diariamente. 

Sin embargo, se pretendía hacer Creer que, él 
aceptaba las basas Hood, en las cuales se proclamaba, 



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144 



IOS CINCO erbohes capitales 



una amnistía, garantía para las personas y olvido com- 
pleto de lo pasado. Y el Enviado Ingles, cerraba los 
ojos para no ver esos hechos, para no esplicárselos, ni 
transmitirlo á su Gobierno, para que con acierto pu- 
diera juzgar de lo que podía prometerse de Rosas y 
de Oribe en bien de la humanidad y de la civilización. 

Esos hechos del Jeneral sitiador, eran tanto mas 
detestables, cuanto que, el Gobierno de la República 
había ya aceptado las basas el 17 dei mismo mes, sin 
reserva, ni modificación de ningún jénero:' habíalas 
aceptado tales como fueron enviadas por los Gabinetes 
Interventores, sin permitirse ni aun observarlas, no 
obstante la notoria injusticia de la basa 8. a Ella era, 
la prueba mas acabada de la debilidad de aquellos 
Gabinetes: el mas triste y humilde homenaje que pu> 
diera hacérsele al Dictador, para alagar sus instintos 
de persecución y de venganza, anticipándose á ofre- 
cerle espontáneamente, el sacrificio de la emigración 
Arjentina.toda, establecida, y gran parte arraigada en 
la República, en cambio de la paz, que por tales me- 
díüs se buscaba. 

Esa basa era tanto mas injusta, cuanto que, por 
los términos de su redacción, tan latos como crueles, 
toda la emigración quedaba á merced del Dictador, 
bien para internarla al territorio con buena escolta, y 
bajo la vijilancia humana y benévola de Oribe y Ro- 
sas, ó bien para arrojarla fuera del Pais al primer 
puerto estranjero, sin cuidar de sus familias, ni de sus 
propiedades. 



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DB LA INTERVENCION ANGLO «FRANCESA . 



145 



¡Y esto, en nombre de la humanidad y de la ci- 
vilización! 

Presentamos á continuación las basas enviadas 
por Mr. Guizoty Lord Aberdeen, conducidas por el 
Sr. Hood, y las modificaciones que Rosas y Oribe les 
hicieron: al mismo tiempo que, la aceptación franca, 
del Gobierno do la República. 

(TRADUCCION.) 

Montevideo Agosto 18 de 1646. 

Los infrascripto Plenipotenciarios tienen el honor de trasmitir á S. 
JE. el Sr. Ministro de Relaciones Estertores, copias certificada® de las 
basas de pacificación, adoptadas por sus respectivos Gobiernos en el 
mes de Mayo. 

Esas basta han sido ya aceptadas, en 6U mayor parte, por el Go- 
bierno de Buenos Ayres y por el General ( Oribe $ y los infrascriptos 
tienen abora instrucciones para presentarlas á la aceptación del Gobier- 
no de esta República. 

Ellos confían plenamente en que estas basas serán aceptadas ; y 
que 8: E* anunciará su acquiescencia con la menor demora posible. El 
^establecimiento de la paz es un objeto de tal manera deseable, que es 
del deber de todos los interesados reunir sus esfuerzos para apresurar 
jhi consecución. 

.Los infrascriptos aprovechan esta oportunidad para renovar á S. 
E. el Ministro de Relaciones Estertores las seguridades de su alta es- 
tima y consideración. 

Barón D effaudis. — W, G. Ouselbv. , 

A. S. E. el Sr. Magariños, Ministro de Relaciones Estertores. 

N. B. — La nota que precede es traducción del ejemplar en inglés; 
otro igual, en idioma trances, con la correspondiente alternativa, fue 

19 



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146 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



dirijido al mismo tiempo al Gobierno, por los Sres. Plenipotenciarios ; 
acompañando á cada ejemplar una copia autorizada de las basas* en sus 
respectivos idiomas, fi rmadas regpectivamente-~Aws*&EEN.~-GiJizoT. 



MINISTERIO > 

de [ 

Relaciones Esteriores. ) 

Montevideo , Agosto 27 4e 1846. 

El infrascripto Ministro de Relaciones Esteriores puso inmediata- 
mente en conocimiento del Gobierno de la República la comunicación 
de ios Sres. Ministros Plenipotenciarios de los Poderes Mediadores, fe-** 
cha 18 del corriente, y las copias certificadas de las basas de paetáea- 
cion adoptadas por dichos gobiernos en el mes de Mayo último.' 

El de la República, que había ya aceptado sin hesitación el 14 de 
Julio de 1845, las primeras bases de pacificación adoptadas por las dos 
Potencias, acepta igualmente las modificaciones que se han hecho en 
esas bases, en las nueve proposiciones que le han sido presentadas por 
los Sres. Plenipotenciarios, y que tiene el honor de incluir adjuntas, con 
la aceptación particular de cada una. 

El Gobierno espera que esta persistencia en 6ns sentimientos de 
conciliación convencerá, al fin, á la Europa, que no es de la República 
del Uruguay que tiene que desconfiar, ni con su gobierno que tendrá 
<Jue usar de coacción, para la realización de sus miras generosas y pa- 
cíficas hacia las Repúblicas del Plata. 

Se persuade también el Gobierno á que, en asunto de tal trascen- 
dencia, son loa hecho 8 los que deben responder á esa aceptación, porque 
es con ellos que se ha de llegar á la ejecución del modo que corres- 
ponde, para que terminen ios disturbios y penalidades que ha traido á 
las personas y á las cosas la dilatación de una guerra innecesaria y 
atroz. 



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DE LA INTERVENCION ANGLO FRANCESA. 147 

El infrascripto tiene orden de aprovechar la ocacion para mani- 
festar á loa Sres. Plenipotenciarios de les Potencias mediadoras, que si 
el Gobierno de la República descansa completamente en la mesurada é 
inteligente disposición que preside las resoluciones de los gobiernos de 
Francia y de Inglaterra, es poique abriga la esperanza dé que conoce- 
rán fácilmente la urgente necesidad deque cualquir arreglo, por paci- 
fico queseo, tenga garantías sólidas para el presente, y para el porvenir. 

Confia también el Gobierno de la República que los Sres. Plenipo- 
tenciarios harán de su parte lo que les aconseja el práctico conoci- 
miento que han adquirido de los sucesos, y el derecho que tienen para 
ser escuchados por todos los que, apreciando los beneficios de la paz, 
desean que se realice cuanto antes, 

El infrascripto queda satisfecho de poetar transmitir estos senti- 
mientos, y se complace en reproducir personalmente al Señor 

) Gor^Ous^íey* 8 í as consideraciones mas distinguidas de su intimo 
aprecio y atención. 

Feanoisoo Maoariños. 

A. S. E, &c. &c. &c. 



BASAS. 

Los Gobiernos de S. M; la Reina de la Gran Bretaña, y de S, M* 
el Rey de los Franceses, han tomado en consideración las proposiciones 
hechas por el Jeneral Rosas á los Plenipotenciarios de las dos Potencias, 
eü 26 de Octubre de 1845, como base de pacificación de las Repúblicas 
Arjentina y Oriental. Apreciando la solicitud que manifiesta el Jeneral 
Rosas por el restablecimiento del orden y de la paz; y porque renazcan 
Jas baenas relaciones comerciales que han unido hasta el presente á las 



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148 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



dos República» con los Gobiernos de Inglaterra y Francia; sienten no 
poder aceptar aquellas proposiciones en la forma presentada. Pero, no 
teniendo las dos Potencias mira separada, ni interesada, ni ningún otro 
deseo que ver sólidamente establecida la paz y la independencia de los 
Estados del Plata, tal como ha. sido reconocida por los tratados; confian- 
do también en el deseo espresado por el Jeneral Rosas de cooperar al 
restablecimiento dé la tranquilidad, por los principios de justicia y de equi- 
dad, han resuelto, de concierto, las proposiciones siguientes, con el fin 
de arribar á un arreglo completo y definitivo de las actuales diferencias. 

PROPOSICIONES 

DE LAS POTENCIAS MEDIADORAS. 

PRIMERA. 

El Jeneral Rosas unirá sus esfuerzos á los de las dos Potencias, al 
efecto de obtener una inmediata suspensión de hostilidades entre las fuer, 
zas Orientales de la Ciudad de Montevideo, y las que ocupan la Caro-; 
paña. 

ACEPTACION 

DEL GOBIERNO DE LA REPUBLICA DEL URUGUAY. 

PRIMERA. 

El Gobierno de la República se ha asociado, antes de 
abora, á todas las tentativas hechas por los Representantes de 
las Potencias Mediadoras, ó por 6us Almirantes, para conse- 
guir la suspensión de hostilidades, y ha hecho esfuerzos re* 
petidos, aunque inútiles, para que loe prisioneros se cangeasen 
y para regularizar e6ta guerra cruel. 

Acepta, pues, esta base con satisfacción, y no solo hará 
todo cuanto de él dependa para que el armisticio se realice Jo 
mas pronto posible, sino que propone, al mismo tiempo, que ce 



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DE LA INTERVENCION ANGLO«FR ANCESA* 



149 



e atienda á todos los puntos del territorio, donde hay fuerzas 
de su dependencia. 



SEGUNDA* 

Establecido el armisticio, los Plenipotenciarios Inglés y Francés re- 
clamarán del Gobierno el inmediato desarme de la Legión Estranjera, 
así como de todos los demas estranjeros armados, que formen la guar- 
nición de la Ciudad de Montevideo, ó que puedan estar con armas en 
cualquier otra parte de la República Oriental. 

TERCERA* 

Á1 mismo tiempo que se efectúe ese desarmamentd, el Jeneral Ro* 
sas hará evacuar lodos los puntos del territorio Oriental por la totali- 
dad de las tropas Arjentinas, oficiales y soldados. 

8EGUNDA T TERCERA. 

Las instrucciones de los Gobiernos Mediadores ¿ sus Ple- 
nipotenciarios, y las notas repetidas de é9tos, habían presenta- 
tado la evacuación del territorio por las tropas Arjentinas co- 
mo una medida esencialmente prévia, que había de preceder á 
toda negociación, para el restablecimiento de la paz. En ese 
concepto, expreso y repetido, había aceptado el Gobierno la me- 
diación, desde que le fué ofrecida. Ahora, la evacuación del 
territorio no forma mas que una de las bases de la negociación. 
Además, el desarme de los estranjeros, de que no hablan las 
instrucciones de los Gobiernos Mediadores, aunque sí las no- 
tas de sus Plenipotenciarios, no se había prometido, según esos 
últimos documentos, sino después de la evacuación, y como 
consecuencia suvn; y hoy debe tener ejecución inmediatamente , 
y al mismo tiempo que la evacuación. 

Por último, las notas precitadas de los Plenipotenciarios, 
no trataban sino del desarme de sus respectivos nacionales, y 
Rhora se trata del dejarme de todos los estranjeros. 

Sin embargo, el G bierno de ía República, no por eso de- 
ja de aceptar las proposiciones segunda v tercera en todo 



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150 



LO 8 CINCO ERRORES CAPITALES 



lo que contienan) y como había aceptado las proposiciones pri- 
mitivas. Espera solamente que los SS. Plenipotenciarios en- 
contrarán arreglado al principio de reciprocidad exijir del Jefe 
de las fuerzas sitiadoras que, al mismo tiempo que se desar- 
men todos los estranjeros que eetán al servicio del Gobierno, se 
haga otro tanto con los extranjeros, que no son Arjentinos,y 
y que sirven en las filas de aquel. Parece que se puede dar con 
justicia ese sentido al periodo de la segunda base, que prescri- 
be el desarme de los estranjeros en armas, no solo en Monte- 
video, sino en cualquier otro punto de la República . En ese 
número se comprenden particularmente los súbditos Españoles, 
que el Jenerul Oribe mantiene á su servicio, á pesar de lae re- 
clamaciones del Encargado de Negocios de S. M. C., cuando 
ya el Gobierno ha licenciado á todos ios que estaban á su ser- 
vicio, desde que así se le pidió. Esa medida de reciprocidad tan 
justa habría sido seguramente indicada de una manera especial, 
por la imparcialidad de las Potencias Mediadoras, si ellas es* 
tuviesen exactamente informadas de la composición de los 
Ejércitos belijerantes. 



CUARTA. 

Tan pronto como la Legión Estranjera y los otros estranjeros que 
están en Montevideo hayan sido desarmados, y que las tropas aijentinas 
hayan sido retiradas del territorio de la República Oriental, el bloqueo 
de Buenos Ayres será levantado, la Isla de Martin Garcia será evacúa- 
da, los buques de guerra argentinos serán devueltos, hasta donde sea 
posible en el misino estado en que estaban cuando fueron tomados ; el 
pabellón de la República será saludado con veintiún cañonazos ; todos 
los buques mercantes con sus cargamentos serán restituidos de una y 
otra parte á los propietarios respectivos. 

CUARTA. 

El Gobierno acepta esta proposición, no solo por las ga- 
rantía a que ella le ofrece para la evacuación de su territorio, 
sino también pava la obligación que le impone de evacuar la 
Isla de Martin Garcia. 



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DE LA. INTERVENCION ANGLO-ÍRANOESA. 



151 



QUINTA. 

JLb navegación del Paraná es reconocida navegación interior de la 
Confederación Arjentina ; y sujeta solamente á sus leyes y reglamen- 
tos, en tanto que la República continuare ocupando las dos riberas de 
dicho rio. 

SEXTA. 

Queda plenamente admitido y reconocido que la República Aijen* 
tina está en posesión y en el goce incontestable de todos los derechos * 
sea de paz ó guerra, que pertenecen á un Estado independiente. Si el 
curso de los sucesos que han tenido lugar en la Repúbljba Oriental ha 
puesto á las Potencias aliadas en la necesidad de hacer una interrup* 
cion momentánea al ejercicio del derecho de guerra por parte de la 
República Aijentina, queda plenamente admitido que los principios bajo 
los cuales han obrado, hubiesen sido en circunstancias análogas, apli. 
cables á la Gran Bretafia y á la Francia. 

QUINTA Y REXTA. 

El Gobierno ninguna dificultad tiene para la plena acep. 
tacion de estas dos basas, cuyo contenido no le comprende, y 
cuyos principios, en ellas establecidos, no son mas que el re- 
conocimiento de la Soberania Nacional, que del mismo modo 
existe en la República del Uruguay. 

SEPTIMA. 

Cuando el desarme de las tropas estranjeras de Montevideo haya 
tenido lugar, y que las fuerzas arjentinas hubiesen evacuado el territorio 
Oriental, se procederá, para la Presidencia del Estado Oriental, á una 
nueva elección, siguiendo las formas prescriptas por la Constitución, 
Esta elección se hará libremente y sin coacción de parte alguna. El Je- 
neral Oribe declarará previamente que aceptará el resultado; 

SEPTIMA. 

El Gobierno de la República acepta esta basa con toda la 
fuma de su voluntad y con el mayor reconocimiento, Por 



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152 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



obtener lo que ella establece se ha derramado en la República 
tanta sangre, y se han hecho los mas dolorosos sacrificios. Tan 
luego como llegue el momento anhelado de su ejecución, el 
Gobierno será escrupuloso en dar las órdenes, conforme á la 
Constitución y á la ley electoral, para que se proceda á la nue 
va elección, según las formas prescriptas, con toda libertad, y 
fuera de la presencia y coacción de cualquier fuerza armada, 
Conviene recomendar aquí á la atención de los S¡3. Ple- 
nipotenciarios mediadores, que no es posible, después de un sa- 
cudimiento como el que ha sufrido el pais, esperar que la paz 
que 6e celebre sea duradera y sólida, 6Í el nuevo Gobierno crea- 
do á consecuencia do esta elección, no se halla apoyado por 
la garantía estipulada de las dos Potencias que concurren á 
su creación, y tienen interés en que se consolide, para que no 
se renueven las circunstancias que motivaron su intervención. 

OCTAVA. 

Una amnistía jeneral y completa 'será publicada, con toda seguridad 
para las personas y propiedades, y olvido de lo pasado. Los derechos de 
los estranjero8 serán respetados y admitidas sus reclamaciones lejítimas, 
de cualquiera naturaleza que ellas sean. Pero esta amnistía no impedi- 
rá que aquellos emigrados de Bs. Ay res cuya residencia en Montevideo 
pudiese dar justos recelos al Gobierno de Buenos Ayres y comprometer 
la buena armonía entre las dos Repúblicas, sean transportados, á su elec- 
ción, al mas próximo puerto estranjero, ó transferidos con buena escolta, 
de los lugares situados sobre la Costa, ó á la proximidad de la Cqsta, á 
otro lugar del interior que ellos podrán designar. 

OCTAVA. 

La amnistía jeneral y completa, sin limitación alguna, pa- 
ra las personas y propiedades; y el olvidó mas sincero de todo 
lo pasado, no es de parte del Gobierno otra cosa que la con- 
firmación de su doctrina, y la aplicación de una disposición le- 
jislaiiva que se apresuró á proponer ¿ la Asamblea General, 
desde que en 11 de Agosto de 1845 le anunció la mediación 
de las dos Potencias. 



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DB LA. INTERVENCION ANGLO-FR ANCE 8 A . 



153 



En cuanto á los derechos y reclamas iones lejitimas de los 
estranjeros, el mas inviolable respeto es ley de la Nación y 
principio de su Gobierno. 

novena. 

/Luego que el General Rosas y el General Oribe habrán dado su ad- 
hesión á las estipulaciones que preceden, si el Gobierno de Montevideo 
rehusase licenciar las tropas estrarjeras, y particularmente desarmar 
Aquellas que hacen parte de la guarnición de Montevideo, ó retardas* 
ain necesidad la ejecución de esta medida, los Plenipotenciarios decla- 
rarán que han recibido la orden para cesar toda ulterior intervención, y 
se retirarán en consecuencia, en el caso en que sua recomendaciones y 
representaciones quedasen sin efecto. 

En ese mismo caso, sin embargo, deberán antes de retirarse obte- 
ner del General Oribe la promesa oficial de una amnistía plena y com- 
pleta como queda dicho, lo mismo que garantías para la seguridad de 
los estranjeros que habitan sea en la ciudad ó en la campaña, sobre todas 
les eventualidades ulteriores que pudiesen presentarse. 

París, Mayo 5 de 1846. 

(Firmado) GUIZOT. 

Es copia conformen— Barón Deffaudis. 

novena* 

El Gobierno Oriental considera que esta base figura en 
el proyecto únicamente como garantía para que el Goberna- 
dor de Buenos Ayres aceptase las anteriores ; porque el Go- 
bierno de la República tiene aceptadas, hace mucho tiempo, 
Ja§ que en este proyecto le competen, y por tanto solo debe 
decir, respecto de la novena, que no tiene aplicación, ni 
cree que pueda tenerla, desde que hay la cortesa de que la 
fiel, estricta y leal ejecución de todas las anteriores no ha de 
interrumpirse por netos de su parte, que puedan ser reproba- 

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154 



L08 CINCO ERRORES CAPITALES 



dos con justicia» y que de consiguiente están aceptadas las 
consecuencias de esta estipulación» si la estricta y leal ejecu- 
ción de las precedentes hiciese necesario su reclamación. 

Montevideo, Agosto 27 de 1846. 

Está conforme— Francisco Magariños. 



RESPUESTA DE ROSAS. 

Relativamente á la primera proposición 

el Gobierno Arjentino» de acuerdo con los sentimientos pacíficos que 
siempre lo han animado, en vista de la política sincera y amistosa que 
han adoptado los Gobiernos de Inglaterra y Francia en las actuales cir- 
cunstancias» y de la seguridad que le presenta el caballero D. Tomas 
Samuel Hood, encargado de la misión especial del gobierno de S. M* 
Británica cerca de la Confederación Arjentina, se complace en declarar 
que por su parte adhiere á una inmediata suspensión de I&9 hostilidades 
entre las fuerzas Orientales en la ciudad de Montevideo y las en la 
campaña, siempre que esté también oonforme en ello 6u aliado el Exmo. 
Sr. Presidente de la República Oriental del Uruguay, brigadier D. Ma- 
nuel Oribe. 

En las conferencias con Su Señoría el infrascripto le presentó las 
fuertes consideraciones por que antes de ahora no tuvo lugar, por su 
parte, esta suspensión inmediata de hostilidades, y las gravísimas cir« 
constancias, cuya presencia la impedian de una manera invencible. El 
Exmo. Sr. Gobernador confia, las haya apreciado en su notoria rectitud 
y las eleve al conocimiento de su Gobierno. 

Sobre la segunda proposición 

no obstante que el arreglo de esta proposición es de )a competencia del 
Exmo. Sr, Presidente, Brigadier D. Manuel Oribe; este Gobierno, por la 



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DE LA INTERVENCION ANGLO»FRANCESA. 155 

relación ó conexión que él tiene con la continuación ó terminación de la 
guerra, declara que la acepta por su parte, siempre que dicho Exmo. Sr. 
Presidente la acepte por la suya. * 

En cuanto á la tercera proposición . , . 



el Gobierno de la Confederación la acepta igualmente en todas sus par- 
tes, si en ello estuviere conforme el expresado Exmo. Sr. Presidente 
Brigadier D. Manuel Oribe, su aliado en la guerra, y á cuyas órdenes 
están las divisiones auxiliares Arjentinas. 

Relativamente á la cuarta proposición 

V\ 

el Gobierno Arjentino la acepta, debiendo cesar el bloqueo de los Puer- 
tos de esta Provincia al tiempo de la cesación de las hostilides, y la de- 
volución de todos los buques de guerra Arjentinos, ser cumplida en el 
mismo estado mas aproximadamente posible al que tenían. 

Sobre la quinta proposición ; . 

este Gobierno la acepta igualmente, baj3 el concepto de que este dere- 
cho perfecto de la Confederaciotí no puede alterar ni suspenderse en nin. 
gun tiempo ni caso, por el hecho de rebelión en cualquiera de las Pro- 
vincias Arjentinas y de que la declaración contenida en esta quinta pro- 
posición, no importa una esclusion del derecho que la Confederación Ar- 
jentinq tiene en coman con el Estado Oriental en el Rio Uruguay. 

En cuanto á la aesta proposición . . . , 



el Gobierno Arjentino, en cuanto á esta proposición, reserva su derecho 
para discutirla oportunamente, con los Gobiernos de Francia y de Ja 
Gran Bretaña, en la parte que hace relación con la apiicacjon del prin- 
cipio. 

Sóbrela séptima proposición. . . . 



no siendo esta proposición de la competencia del Gobierno Arjentino, y 



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156 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



sí del de la República Oriental, remite á Su Señoría, para su aceptación, 
al Exmo. Sr. Presidente de aquella República Brigadier D. Manuel Oribe. 
Relativamente á la octava proposición. . . , 

hallándose el Gobierno Arjenlino fuera de los casos es presados en esta 
proposición, remite á Su Señoría sobre ella al Exmo. Sr. Presidente de 
la República Oriental del Uruguay Brigadier D. Manuel Oribe. 

Sobre la novena proposición. . 



el Gobierno Arjentino acepta esta proposición en su primera parte 
qne es la que le comprende, refiriendo á Su Señoría en la segunda, á la 
consideración del Exmo. Sr. Presidente de la República Oriental de 
Uruguay Brigadier D. Manuel Oribe. 

Felipe Arana. 



RESPUESTA DE ORIBE. 



En cuanto á la primera 



el Gobierno de S. E. sensible tanto á este humano y noble empeño de 
los Gobiernos Ingles y Francés para hacer cesar la efusión de sangre 
en este pais, cuanto al acertado juicio con que han deseado la coope- 
ración del Genera] Rosas, antiguo y fiel amigo de la República Oriental 
del Uruguay, y de su libertad é independencia, la acepta gustoso en la 
parte que le toca, juzgando conveniente y necesario que se fije para la 
suspensión de hostilidades un término breve y prudencial, á fin de que 
pueda en tiempo llegar á noticia de todos ; cuyo término una vez fija- 
do será como.es natural, notificado oficialmente á S. E. á fin de poder 
librar las órdenes convenientes á las autoridades de bu dependencia. 



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DE LA INTERVENCION ANG LO «FRANCESA. 



167 



Por lo tocante * la segunda 



la acepta también el gobierno de S. E. ; y aunque esta proposición 
por su delicada importancia, daría mérito á entraren algunas espira- 
ciones, para asegurar su efectiva y total ejecución, confiando sin emb- 
argo S. E. el Presidente en las que Su Señoría se ha servido dar en 
sus conferencias con el infrascripto, y en la buena fé que complacer re->- 
conoce en Su Señoría ; buena fé tan conforme por otra parte con las 
miras de los ilustres Gobiernos de Inglaterra y Francia, no ha creído 
deber consignar aquí la menor observación respecto á ella. 

Respecto de la tercera é . . é 



la acepta también en todas sus partes el Exmo. Sr. Presidente Brigadier 
General D, Manuel Oribe, á Cuyas ordené» se hallan las espresadas 
tropas auxiliares. 

Por lo que hace á la cuarta proposición ; 



el gobierno de S. E, la acepta también en la parte que le toca, de- 
biendo cesar el bloqueo de todos los puertos bloqueados en el Rio de la 
Plata y demas puntos de las costas de la República a) tiempo de la ce-* 
eacion de hostilidades. 

En. cuanto á la sexta proposición i , 



aunque esta proposición en 6u texto comprende solo á la Confedera- 
ción Argentina, confia 8. E. en que iguales principios de hallarse en el 
goce y ejercicio incuestionable de todo derecho ora de paz ó de guerra, 
poseído por cualquiera Nación independiente, serán aplicables á la Re- 
pública Oriental del Uruguay, 

Por lo que toca á la séptima proposición. . ¿ . 



El gobierno de S. E. el Presidente Brigadier General D. Manuel Oribe 
la acepta en todas eus partes y en los mismos términos que está anun* 



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158 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 

ciada, y dicho Exmo. Sr. Presidente declara desde ahora de la manera 
mas formal y esplicita— que estaba por el resultado de la elec- 
ción á que dicha proposición se refiere. 

Respecto á la octava proposición . . . . 



la acepta también el gobierno de S. E. no teniendo inconveniente en 
declarar, desde ahora mismo, que esa garantía plena para vidas y pro* 
piedades empieza á correr ya desde la fechado la presente aceptación ; 
que ios derechos de los estranjeros serán respetados ( lo cual por otra 
parte ha sucedido hasta aquí ) y que los reclamos de éstos, de cualquie- 
ra naturaleza que sean serán admitidos y considerados conforme á las 
leyes de la República, y á la fé de los tratados existentes. 

Relativamente á la novena proposición. . . 

el gobierno de S. E. la acepta también con tanta menos dificultad cuan- 
to que las garantías espresadas en esta proposición quedan ya asenta- 
das en la aceptación de la octava. 

Carlos G. Vill ade moros. 



iu. 



Extraordinaria fue la impresión, que la publicar 
cion de esas basas produjo en la Capital de Montevi- 
deo, y en todos los pueblos y puntos del Plata donde 
se combatía contra Rosas y Oribe. Ellos modificando 
á su antojo las basas conducidas por el Sr. Hood, ma- 
nifestaban de una manera clara y terminante que, nin- 



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DE I>A INTERVENCION ANGLO-FR ANCE8A. 



159 



gana condición admitirían que no fuese, su triunfo 
completo y absoluto; que ni el respeto debido ¿ las 
dos Poderosas Naciones Interventoras, ni sus amena* 
zas, y sus misiones oficiosas, les haría variar de plan, 
ni de medios, ni de objetos. 

Cada uno de estos pasos oficiosos, de estos empe- 
ños extra-diplomáticos, daba al Dictador mayor gra- 
do de fuerza moral, en proporción que debilitaba á 
los amigos de la intervención: á los que, desde Monte* 
video á Corrientes y al Paraguay, le ayudaban á cora* 
batir el poder de aquel, para atraerlo á un acomoda- 
miento razonable que garantiese todos los derechos, y 
asegurase la paz pública de estos países. 

Por mas que los esfuerzos de los amigos leales de 
la Causa, se empeñaban en esplicar favorablemente las 
miras de esa misión oficiosa, en Europa como en Amé- 
rica, se miraba contradictoria, ineficaz* atribuyendo la 
prolongación de la guerra á la inconsistencia de lapo* 
lítica interventora, y al notorio cambio que en cada 
una de esas misiones se notaba, en los principios y en 
los medios que se empleaban sucesivamente, tentando 
fesortes diversos, como el caminante que en la obscu- 
ridad de la noche, no sabe cual es el camino que debe 
conducirle al punto que desea llegar. 

En la Sesión de 25 de Junio de 46, en la Cáma- 
ra de Pares en Francia, el Marques de Boissy, inter- 
pelando á Mr. Guizot sobre la misión Hood, atribuía 
el mal éxito de los esfuerzos del Sr. Barón Deffaudis, 
á “ la circunstancia de haberse enviado al Plata diver • 



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160 



LOS CINCO ERHOEE8 CAPITALES 



sas misiones contrarias las unas á las otras.” Esas son 
sus palabras. 

Y Mr. Guizot esplicamlo esa misión del Sr. 
Hood, sostenía que, no babía contradicción ninguna 
entre las misiones oficiales, y los Ajente* Oficiosos: que 
muy bien podían figurar los unos al lado de los otros; 
y que el Sr. Hood antiguo Cónsul Jeneral de la lnglater* 
ra en Buenos Ayres, habiendo tenido relaciones perso- 
nales con el Presidente ¡losas y pon Oribe, creía el Go- 
bierno Ingles que podrían llegar á ser útiles esas rela- 
ciones. 

No haremos mucho alto en los errores que incur- 
ría el Sr. Guizot, cuando afirmaba que el Sr. Hood, 
había sido Cónsul Jeneral en Buenos Ayres, y cuando 
habla del Presidente Rosas, porque es muy común en 
Europa cometer estos y otros errores mucho mas gra*. 
ves sobre las cosas de América, aunque ellos muchas 
vences han producido tristes desengaños y no pocos 
perjuicios á los intereses comerciales y políticos. 

Pero no podemos pasar en silencio la débil pars 
cialidad que se manifiesta en la elección del Sr. Hood, 
prefiriéndosele para aquella misión oficiosa por sus re- 
laciones con Rosas y Oribe. 

Si la Cuestión versase sobre intereses de éstos 
contra intereses puramente anglo-franceses, se com- 
prende bien que, un Ajente Oficioso, con antiguas re- 
laciones con aquellos personajes, podría haber contri- 
buido al allanamiento de las dificultades cuyo término 
se buscaba. 



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DE LA INTERVENCION ANCLO-FRANCESA. 



161 



Pero cuando la Cuestión se ajitaba, entre Rosas 
y Oribe, por una parte; y el Presidente y el Pueblo 
Oriental por otra, sobre intereses escencialmente vita* 
les para éstos, como la independencia de la República, 
y para aquellos, la conquista, la venganza y las pasio- 
nes de partido, el envío de un Ajente amigo de los 
unos, y notoriamente opuesto á los otros, debía nece- 
sanamente dar los tristísimos y perjudiciales resulta- 
dos que dió; pronunciándose desde su llegada á Bue- 
nos Ayres, con notoria parcialidad en pró de sus re- 
laciones, y con la mas grande esquivez, é injusticia 
para con el Gobierno y Pueblo de Montevideo. 

£1 Sr. Guizot, para justificar de algún modo su 
condescendencia con el Gobierno Ingles en el envío 
del Sr. Hood'con el carácter de Ajente Oficioso, citaba 
el envío del Capitán Page, al tiempo de la misión de 
los SS. Defiaudisy Ouseley. Pero no recordaba que 
la Carta del Almirante Makau para el Dictador que 
condujo el Capitán Page, no le constituía en misión 
confidencial., como al Sr. Hood, que no era conductor 
de basas á proponer: que los encargos que trajo el 
Capitán Page, produjeron mas mal que bien, compli- 
cando hasta cierto punto la Cuestión, por las segurida- 
des que aquella Carta daba al Dictador, en oposición 
manifiesta á las instrucciones que traían los SS. De- 
fiaudis y Ouseley; y que finalmente, tales medios, 
eran completamente inútiles para alcanzar de Rosas 
ip de Oribe la mas pequeña concesión. 

Oribe, perfectamente lójico, y consecuente con 

21 



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162 



108. CINCO ERRORES CAPITALES 



sus miras, decía en su Diario oficial el defensor del 5 
de Setiembre. 

“ A nuestros ojos, y á los ojos de la Constitución 
de la República, los únicos poderes tejimos que por 
ahora existen de hecho y de derecho, son los que fue- 
ron derribados en 1838 con el auxilio estranjero; y que 
después trajo de nuevo á su puesto, la voluntad bien 
pronunciada del Pueblo Oriental. (*) 

“ Esos son los únicos poderes Constitucionales 
que reconocemos; y los únicos que reconoceremos, 
mientras no establezca otros el Pueblo Oriental, por 
el órgano lejítimo de sus Representantes, y bajo las 
formas que establece la Constitución de la Repúbli* 
ca. Pedirnos otra cosa, es pedir un imposible sabien* 
do que no se ha de conseguir.” 

El despecho de Oribe se manifestaba de todos 
modos, aparentando su disposición á entrar en un 
arreglo de paz, al mismo tiempo que se irritaba 
fuertemente, por el solo hecho de que, el Gobierno 
de la República, hubiese aceptado las basas, tales 
como le fueron presentadas por los SS. Defiaudis y 
Ouseley; negándole aquella 'calidad y la de betije- 
rante y su derecho para conocer y tomar parte en la 
negociación. 

Tal era el espíritu que sobre los negocios de 



{*) Esto es audaz: aeí hablaba Oribe bajo las bayonetas de Rosas; 
cuando solo por ellas pudo volver á pisar el suelo Oriental: cuando hoy 
mismo no se atreve á separarse de ellas. 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCESA. 103 

paz, nutría Oribe y el Dictador de Buenos Ayres, 
manifestándolo en todos sus actos, sin desmentirse 
un solo momento: y no obstante, los Gobiernos lo* 
terventores continuaban esperando de su justicia y 
de su benevolencia, un término amigable á la guer* 
ra devastadora que se sufría con tan notable daño 
de todos los intereses. 

Mientras Oribe tenazmente sostenía que, el 
Gobierno de la República no existía en Montevideo» 
pretendiendo apoyar esta ridicula pretensión en el 
téxto literal de las mismas basas Hood, el Sr. Gui* 
zot. Ministro del Rey de los Franceses, dirijía al 
Ministro de la República del Uruguay, la comuni- 
cación siguiente: 

( TRADUCCION.) 

El infraecripto, Ministro Secretario de estado, en el Departamento 
de Relaciones Exteriores de S. M. el Rey de los Franceses, ha recibido 
las dos notas que S. E. el Sr. Magariños le ha hecho el honor de dirijir^ 
le el 20 y 30 de Abril; la primera, para anunciarle su nombramiento de 
Ministro de Relaciones Exteriores de la República del Uruguay, la se- 
gunda para anunciarle el retiro del Sr. Ellauri, de la misión de Paris. El 
infrascripto agradece al Sr. Magariños esas dos comunicaciones. Los 
sentimientos que ellas espresan le ban causado una satisfacción tanto 
mas viva, cuanto que encuentra en ellos la prueba de la- justicia que en 
Montevideo se hace á la benevolencia que ha animado siempre al Go- 
bierno del Rey por la República del Uruguay. 

El infrascripto aprovecha esta ocasión para ofrecer al Sr. Magariños 
1*8 seguridades de su alta consideración. 

(firmado) Guizot. 

Paris 4 de Julio de 1846. 

,A S. E. el Sr. Magariños, Ministro de Relaciones Exteriores de la Re. 

pública del Uruguay, &c, &c. &c. 



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164 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



Todos estos hechos aumentaban la confusión, 
haciendo á la vez, mas palpable el error que guiaba 
por tan mala senda, á la política interventora; por 
que sus actos no eran explícitos, claros, terminantes: 
porque cada nuevo paso que daba en este complica- 
do negocio del Plata, llevaba ya el sello de la des- 
confianza, de la incertidumbre, de la duda, á la vis- 
ta de todo lo que se habia presenciado desde Man- 
deville y Delurde. 

Durante esta negociación, se había estipulado, 
una suspensión de hostilidades entre la Plaza y los 
sitiadores. Con este motivo se conoció, hasta que 
punto se había llevado el engaño en el Campo de 
Oribe, haciéndose comprender á todos, que el Sr. 
Hood había ¡do allí á concluir con él, las condicio- 
nes de la paz, en calidad de Plenipotenciario cerca del 
lejitimo Gobierno de la República, Oribe. 

El Sr. Hood, se prestaba grandemente á esta 
política, llamándole en todas partes de palabra y 
por escrito Presidente á Oribe, y autorizando con su 
silencio y parcialidad, todas aquellas tonterías. 

Ese era el resultado de las buenas relaciones 
del Ajente Oficioso para con Rosas y Oribe: esa la 
consecuencia de la política débil y errada de los Ga« 
binetes Interventores: consecuencia de las amiga- 
bles relaciones del Sr. Hood con Rosas y Oribe, que 
no podían dejar de dar esos frutos desde que, este 
Señor, que por otra parte mucho tenía todavía que 
esperar de estos países, presentía ya la disposición 



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DE LA INTERVENCION ANGLO. FRANCESA. 165 

de aquellos Gabinetes á ceder en la Cuestión hasta 
donde fuere necesario para arribar al resultado que 
deseaban, puesto qúe se abandonaba el camino 
abierto en Obligado con el Canon y la enerjía. 

El Sr. Hood, apercibido á su vuelta del Cerri» 
to, de la imposibilidad de hacer nada en el sentido de 
la paz, desde que Rosas y Oribe habían introducido 
modificaciones tan notables en las basas que él con- 
dujo, volvió á Buenos Ayres enviado por los Minis- 
tros Interventores, con el objeto de persuadir á Ro- 
sas, á que desistiese de sus pretensiones, cediendo á 
la admisión pura y simple de los términos propues^ 
tos por los Gabinetes Interventores* 

La opinión de los SS. Deílaudis y Ouseley á 
quienes el Sr. Hood había entregado ya la prosecu- 
ción del negocio, era decidida por la no admisión de 
las modificaciones pretendidas por Rosas y Oribe. 
Ni podía esperarse otra cosa de la ilustración y leal» 
tad de aquellos dos Diplomáticos. 

Las modificaciones hechas por Rosas y Oribe, 
eran tales, que no dejaban camino para continuar la 
negociación. Ellas importaban un rechazo perento- 
rio á las basas propuestas, y faltando este fundamen- 
to, la negociación debía romperse, puesto que, no 
estaba en las facultades de los Ministros Interven- 
tores, admitir tales alteraciones. 

Este nuevo desengaño para los pueblos del Pla- 
ta, y para todos los que tenían sincero interés por la 
terminación de la guerra, produjo también, nuevos 



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166 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



trastornos al Comercio; y no fueron pocos los que* 
brantos que se esperimentaron, especialmente en 
Buenos Ayres, donde mas se había hecho compren' 
der la próxima paz que el Sr. Hood conducía. 

Las Notas oficiales que publicamos á continua» 
cion, ofrecen los resultados de aquella misión, tan 
deferente de parte de los Gabinetes Intervento- 
res, tan parcial y apasionada por el Sr, Hood, y tan 
audazmente rechazada por Rosas y por Oribe. 

Montevideo Agosto 30 de 1946. 

No estando firmada por el Jeneral Oribe, sino tínicamente por el 
Sr. Villademoros, que obra en eu nombre, la aceptación de las bases de 
pacificación dada con fecha del 11 de este meB, no podía ser admitida, 
bajo esa forma, por loa Plenipotenciarios que firman, aun cuando aque- 
lla aceptación no hubiese dado lugar á objeciones en el foudo. En efec* 
to, esa forma, que es la seguida por los Gobiernos de Montevideo y Bue- 
nos Ayres no habría podido ser regular á los ojos de los Plenipotencia- 
rios, sino en el caso de que hubiesen reconocido la calidad de Presidente 
de la República que se atribuye el Jeneral Oribe, y la de Ministro de 
Relaciones Esteriores que él dá al Sr. Villademoros. 

Eso es lo que no les permite hacer l?s intenciones de sus Gobiernos, 
formalmente expresadas en muchos de sus despachos, y suficientemente 
indicado en las mismas bases de pacificación. 

El resultada de una 'elección libre y constilucional, es lo tínico que 
podría, como lo han declarado desde el principio, cambiar sus determina- 
ciones á este respecto. 

El Sr. Hood ha tenido, pues, que pedir al Jeneral Oribe que firme, 
él mismo, las bases de pacificación, ó, al menos, (para conciliar todo) que 
apruebe con su firma la del Sr. Villademoros. Y es este tíltimo partido 
el que ha adoptado el Jeneral Oribe* 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCE8A. 167 

Ea verdad que él ha dado esta aprobación como una especie de ra- 
tificación, continuando en tomar el título de Presidente, y conservando 
al Sr. Villademoroa el de Ministro. Pero lo» infrascripto»" creen que la 
diferencia de formas, no por eso deja de existir entre las aceptaciones 
de los Gobiernos de Montevideo y Buenos Ayres, y la aceptación del le- 
ñera} Oribe, y que ella es bastante para hacer constar las reservas que 
los Plenipotenciarios han tomado; aunque no han querido, llevar mas allá 
sus exijencias, para no aventurarse á comprometer, por simples pala- 
bra», un resultado tan precioso como el de la paz. 

Sin embargo, creen deber informar al Gobierno de la República de 
todo cuanto ha pasado; conociendo bastante sus sentimientos persona, 
les, para estar convencidos de antemano de que apreciará y participará 
de sus ideas de conciliación. 

Los Plenipotenciarios abajo firmados aprovechan con placer la oca- 
sión para renovar á S. E. el Sr. Ministro de Relaciones Exteriores las 
seguridades de su alta consideración. 

W. G. O úsele y. Barón Defvaudis. 

A S. E. el Sr. Magariños, Ministro de Relaciones Exteriores. 



MINISTERIO 
de 

Relaciones Estbrioreb. 

Montevideo , Setiembre 2 de 1846. 

He puesto en conocimiento del Gobierno de la República la comu- 
nicación, que los SS. Plenipotenciarios de las Potencias Mediadoras, me 
hicieron el honor de dirijir con fecha SO del pasado Agosto, relativa á 
la forma en que D. Manuel Oribe ha expresado, en 11 del mismo mes, la 
aceptación de las proposiciones odoptadas de común acuerdo por los Go- 

c Francia é 
hiéraos de < 

( Inglaterra. 




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168 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



La insistencia de D. Manuel Oribe en llamarse Presidente de la Re- 
pública Oriental del Uruguay á nadie puede sorprender: es consecuencia 
natural de k dependencia en que se ha colocado del Gobernador D. 
Juan Manuel de Rosas; y no es estraño tampoco que este sea el único 
delosque dirijen la administración de las Naciones de Europa y Améri- 
ca, que le reconozca derechos que no tiene á esa Presidencia desde 
que, las pretcnsiones á ese título y al Gobierno de la República, son el 
único pretesto con que aquel Gobernador de Buenos Ayres le ha envia- 
do, y la única razón con que I). Manuel Oribe conserva et Ejército Ar- 
jentino que ocupa el territorio nacional. Pero el Gobierno ha debido 
asombrarse de que el Sr. Rood haya admitido, sin reserva alguna, la 
forma dé aceptación del Jeneral Oribe, que no ha podido autorizar con 
su acquiescencia, en contradicción á la terminante declaración de las Po- 
tencias Mediadoras. 

El Gobierno pues, que no tiene otra regla de conducta que la que 
marca la Constitución; que ha de sostener en cuanto sea posible las insti- 
tuciones, y que nada, ni nadie; podrá desviarlo del deber que le imponen 
las leyes del pab, siente que todavía se arrogue ese título D. Manuel 
Oribe, y que se sirva de él para conservarse en armas contra su Patria, 
porque desea que la República en el libre uso de su Soberanía proced&t 
cuanto antes, á la elección del Msjistrado que haya de rejirla, para que 
la voluntad nacional, sin estorbos, pueda poner término á los escándalos 
que ha producido tan irregular pretensión. 

Confía por tanto, que el discernimiento de la población que rodea al 
Gobierno; la disposición que manifiestan los habitantes de la Campaña, 
y el interés que toman las Potencias Mediadoras traerá al fin la paz que 
necesitan estos Pueblos, y con ella el triunfo de los principios, para que la 
razón desvanezca las estravagancias de una pretensión irregular y mal 
fundada, porque los derechos derivados de la soberanía popular no se 
destruyen por ninguna clase de palabras 6 de nombres. Cuando en la 
calma de las pasiones reflexionen los que continúan obsecados de que la- 
do está la justicia, de que parte todas las Naciones — todos los Gobiernos 



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DE X.A INTERVENCION ANCLO- FRANCESA. J69 

— á excepción del Gobierno de D. Juan Manuel de Rosas, entonces, 
prescindiendo, de intereses puramente personales, ellos mismos han.de co- 
nocer la necesidad de sostener la pública tranquilidad, sabiendo apreciar 
,el deseo ardiente con que el Gobierno quiere afirmar el orden y la eatabi» 
lidad en la administración de la República, 

Me manda pues el Gobierno, que baga conocer á los SS. PlenipoteiH- 
c ¡arios délas Potencias Mediadoras, que no han equivocado el concepto 
,que han formado de sus sentimientos, y que agradece el buen juicio con 
que en la rectitud de ese proceder, han sabido prevenir los estorbos que 
podrían oponerse á ¿a idea de conciliación que les ha sido encomendada 
por sus respectivos Gobiérne*, y á la que el de la República 66 adhiere 
con toda la fuerza de su voluntad. 

El infrascripto Miuisiro de Relociones Estertores del Gobierno de 
la República del Uruguay, queda igualmente muy satisfecho con repetid 
á los SS. Plenipotenciarios la seguridad de su mas perfecta y distinguida 
consideración. 

Francisco M acariño?. 

C Francia 

£ S. E. el ...... . Ministro P lenipotenciario del 

\ Inglaterra. 

Sin embargo, los Ministros Interventores, por 
ámor á la paz y con recomendable lealtad, hicieron 
nuevos y sinceros esfuerzos por arribar á ella. Persua» 
dieron al Sr. Hood á que, volviese al Campo enemi- 
go, á persuadir al Jeneral Oribe á retirar sus modifi* 
caciones, y á que admitiese lisa y llanamente las ba- 
sas tales como habían venido de Europa y como las 
había aceptado el Gobierno de Montevideo. 

Oribe, se negó á esta justa demanda, como, se 
había negado Rosas; y la negociación quedó terraina- 

22 



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na 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



da para remitir á Europa su resultado, y con él, un 
nuevo y completo desengaño de obtener, por tales me- 
dios ningún acomodamiento justo con los únicos auto, 
res de las calamidades y desastres que aflijen á estas 
dos hermosas Repúblicas. 



IV. 



Puede afirmarse con fundamento, que íá parcia- 
lidad del Sr. Hood, contribuyó no poco al mal resulta' 
do de la negociación. El, sin órdenes de los Gobiernos 
Interventores, interpretando solo sus deseos y su poli» 
tica, hizo comprender á Rosas y á Oribe, que su triun- 
fo era completo, dándoles esperanzas y obrando abier* 
tamente en ese sentido. 

Desde su arribo á Buenos Ayres, su conducta fué 
completamente parcial en favor de Rosas. La Car- 
ta siguiente, es una, entre, muchas pruebas de esta 
verdad. 

El 18 de Julio escribía desde aquella Capital lo 
siguiente: 

(TRADUCCION.) 

Buenos Ayres Julio 18 de 1846* 

A I Sr. Lowthion r Capitán de la Barca Inglesa “ Holywood .* 

Señor— Habiéndome acreditado el Gobierno de S. M. B. eu envia- 
do cerca del Gobierno de la República Argentina, con el objeto de 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCESA. 



171 



* establecer la paz, en los diferentes Estados del Rio de la Plata, es de 
mi deber informar á Vd. que el General Rosas, ha, espontáneamente, 
y de su libre raotu propio, como una prueba de amistad y cordialidad 
dado órdenes á los oficiales que mandan las fiaterias en las barrancas 
del Peraná, que no molesten ni hostilicen el regreso de Vd. — Adjunto á 
Vd. una copia legalizada de dichas instrucciones. 

Soy su obsecuente servidor. 

Tomas Samuel Hood. 

P. D« Esta urden suplico á Vd. haga saber á los capitanes de cúal- 
quiera buques franceses ó estranjeros que se hallen en ese Rio. 



Esa Carta produjo en aquellas lejanas rejlones, ei 
mayor desaliento y perplejidad. Los hombres y los 
pueblos que combatían el poder del Dictador, recibie- 
ron un golpe de muerte con aquella noticia calculada* 
mente comunicada en aquellos momentos. 

El carácter que el Sr. Hood se atribuye en ellai 
es la espresion viva de la parte que tomaba en pró de 
los intereses del Dictador y de su muy antiguo amigo 
el Jeneral Oribe. 

El Federal Emtre-Riano de 16 de Julio, pe» 
riódico oficial déla Capital de aquella Provincia, des 
cía con ese motivo: 

“ Nos es íntimamente grato publicar las últimas 
noticias que nos acaban de llegar de Buenos Ayres 
por conductos fidedignos, como lo demuestran las im» 
portantísimas cartas que ponemos á continuación. La 
maquiavélica política de los Ministerios Guizot y 
Aberdeen, ha tenido que cejar al unánime pronun* 



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172 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



ciamiento tanto Europeo como Americano, contra la 
inicua antisocial intervención armada.” 

— “ Felicitamos á V. por el para siempre per- 
durable triunfo que acaba de obtener la sola decisión 
de un Pueblo que no ha querido humillarse ante la 
aterrante amenaza de dos Naciones monstruosas en 
poder, que pretendían hacernos sus tributarios. Aca- 
ba de llegar un Vapor Devastación, trayendo á su 
bordo un Ministro Ingles Hood, con poderes amplios de parte 
de la Inglaterra y la Francia para el arreglo de la Cuestión 
del Plata. Tiene muy buenos antecedentes. Tiempos 
atrás estuvo de Cónsul en Montevideo: ha venido di~ 
lectamente á este Puerto sin tocaren Montevideo. Se 
asegura también que el Sr. Mareuil que estaba en el 
Janeiro viene á esta Ciudad.” * 

Véase como se juzgaba de la misión del Sr. Hood 
en aquellos Pueblos: como se hacía juzgar, porque pa- 
ra este fin era escrita aquella Carta, y tales fueron tos 
deseos del Dictador y los de todos los que se interesa- 
ban en su triunfo. 

El Sr. Hood, burlando así la política y las miras 
de los Gobiernos que le enviaban, perjudicaba viva- 
mente A los intereses todos comprometidos en la Cues- 
tión del Plata; porque eso producía confusión, alar- 
mas y desaliento jeneral, no quedando liase segura pa- 
ra pensar ni para obrar. 

La Carta de despedida del Sr. Hood al Sr. Villa- 
demoros que insertamos á continuación, es sobre todo 
la prueba mas acabada de la parcialidad y de la in- 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCEiA. 



173 



discreción del Ajente Oficioso, llamándole Presidente 
de la República Oriental al Jeneral Oribe; traicio- 
nando así á su mismo Gobierno, que tanto había con- 
fiado en su lealtad y relaciones con estos paises. 

Esa Carta que el Diario del Cerrito publicó, no 
admite interpretaciones: no deja lugar á la duda. Ella 
produjo en Oribe y en todos los que de él dependían» 
el convencimiento, cuando menos de que tal era el le- 
jítimo y verdadero carácter legal del Jeneral Oribe: 
que así lo reconocía publicamente el mismo Ajente 
enviado por los Gobiernos Interventores; y ese hecho 
produjo no pocas ventajas á la causa de aquel con no- 
table daño á la dignidad de los Gobiernos Ingles y 
Francés, y de la Causa que en el Plata se proponían 
defender. 



(TRADUCCION.) 

£1 infrascripto, encargado de una misión especial y confidencial, 
Cerca del Gobierno de la Confederación Argentina, y también de someter 
á S. £. el Brigadier D. Manuel Oribe, Presidente de la República Orieñ> 
tal, para su acquiescencia, cierta parte de las proposiciones que ban sido 
acordadas entro los gobiernos de la Gran Bretaña y Francia, y ofrecidas 
al General Rosas como las basas de una convención para terminar las 
presentes diferencias, y habiéndolas sometido á la consideración de S. E. 
el abajo firmado tiene ahora el honor de acusar recibo de la aceptación ' 
oficial de la parte de las proposiciones que se le refieren, fecha 11 dei 
corriente. 

Al acusar recibo de ese documento, el abajo firmado no puede abs- 
tenerse de hácer justicia á la prontitud y buena voluntad que S- E. há 
mostrado en todas ocasiones, de correspónder á los gobiernos de In-¡ 



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174 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



glaterra y Francia, sentimientos que serán debidamente apreciados por 
aquellas potencias ; y que no pueden dejar de producir á la República 
Oriental* un desenlace honorable y digno de las prese ntes dificultades. 

El infrascripto altamente sensible á las grandes atenciones y fran- 
queza que S. E. le ha mostrado, durante su residencia en este campo, 
ofrece sus ma9 cordiales agradecimientos así á él, como á todos los que 
tan empeñosamente han contribuido á su comodidad y conveniencia. 

El infrascripto se aprovecha de esta ocasión para decir, que piensa 
embarcarse mañana ; y con muchos deseos por la salud de S. E. el Dr* 
D. Carlos G. Villa demoros , le saluda con su particular consi deración y 
estima. 

Tomas Samuel Hood. 



Nada tenemos que añadir, después de esta Carta, 
para probar la notoria y pública adhesión con que se 
condujo el Sr. Hood en esta negociación. Hizo cuan* 
to pudo en favor del triunfo de aquellos sus dos anti- 
guos amigos, haciendo traición á su propia misión y á 
la justicia que les era debida á los publos del Plata y 
al Gobierno de la República, que combaten contra las 
exhorbitantes pretensiones de los aliados para tirani- 
zar, para asolar, para destruir en ambas orillas del Pla- 
ta la libertad, las instituciones, y todo principio de 
progreso y civilización. 

La prensa de Rosas, no dejó en aquellos raomen* 
tos de espresar los principios y las miras del Dictador, 
después que vio frustradas todas las esperanzas que la 
misión Hood le había hecho nutrir. 

El British Packet periódico del Dictador, de- 
cía el 19 de Setiembre: 



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DE LA INTERVENCION ANGLO»FRANCE8A. 



175 



• “ Contra la esperanza jeneral, la raision del 9r. 

Hood, ha sido completamente infructuosa; todas la» 
negociaciones se han roto, aquel caballero se ha em* 
barcado para Inglaterra, en el Gorgon el 13 del 
corriente. Decimos contra la esperanza jeneral, por 
que ¿ cómo era posible imajinar que Lord Aber* 
deen, después de haber resuelto retroceder sobre 
sus pasos, hubiese persistido en su absurda política, 
á punto de enviar un Ajente que no estuviese provisto de 
poderes, para vencer la resistencia que, sin extraordi- 
naria sagacidad, debió preveer que opondría el amor' 
propio herido de los diplomáticos, cuya precipita- 
eion é incapacidad han producido el lamentable es- 
tado de cosas á'que se decía que deseaban poner tér» 
mino “1 Ese es, sin embargo, el caso: El Sr Hood, 
aunque portador de esplicaciones confidenciales,' respecto 
de las miras pacíficas, honrosas y rectas de la Gran 
Bretaña y de la Francia no ha tenido autoridad alguna 
para llevarlas á cabo en oposición á la voluntad de los 
SS. Ouseley y Deffaudis. Es probable que dentro 
de pocos dias se pongan ante el público todos los do- 
cumentos relativos á este negocio singular, y en- 
tonces podrán nuestros lectores juzgar por sí mis- 
mos.” 

Al Dictador le había revelado el Sr. Hood, in- 
mediatamente la naturaleza de su misión, su falta de 
poderes para concluir nada por sí mismo. 

Pero estaba en los intereses de aquel y de su ilus- 
tre aliado Oribe, proceder como procedieron, llevanda 



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176 LOS CINCO errobes capitales 

el engaño y alucinamiento hasta el estremo, con el fin 
manifiesto Je sacar de aquel fraudolento proceder, to' 
das las ventajas posibles. 

Y así sucedió en efecto: cada una de aquellas cir» 
cunstancias, cada uno de esos paréntesis hechos á la 
continuación de las operacionos de la intervención, re» 
flía en daño de la Causa de la humanidad y de la ci- 
vilizacion. Se relajaban los vínculos de la confianza 
que todos habían puesto en la lealtad de los Gobier- 
nos Ingles y Francés; y eso desmoralizaba todo, los 
hombres y las cosas, haciendo bajar muchos quilates á 
la enérjica política con que ios SS. Defiaudis y Ouse» 
ley, iniciaron la intervención armada en 45. 

En Corrientes y Paraguay, como en la Republi» 
ca Orientarse hicieron sentir con grave perjuicio, las 
consecuencias inmediatas de aquella inesperada mi- 
sión. El tiempo que ella duró, hizo enervar la fuerza 
pública, dejando arraigado en todas partes, un jérmen 
de duda, que por desgracia, hechos posteriores han 
venido á probar que no era infundado. 

Así quedó terminada esa misión del Ajente Ofi- 
cioso. 

Después del regreso del Sr. Hood á Europa, la 
Gaceta del Dictador, publicó los estractos siguientes: 

44 Alt anhelos an tanto por el Gobierno ArjentinO como por el Hono- 
rable Ajente Confidencial, el Caballero Hood, los pasos conducentes á la 
pacificación sólida y honrosa que los Gobiernos de la Gran Bretaña y de 
Francia habían manifestado desear, procedió el Sr. Hood á ponerse é* 
comunicación con el Exmo. Sr. Presidente del Estado Oriental Brigadier 
D. Manuel Oribe, á presentarle las proposiciones de I09 Gobiernos de lo 
Gran Bretaña y de Francia, y solicitar su adhesión á ellas. 



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DE ík INTERVENCION ANGLOFltANCESA. J 77 

El Exmo. Sr. Presidente Oribe, sinceramente dispuesto, como el 
Gobierno Arjentino, á todo arreglo honroso y eficaz de las desgraciadas 
diferencias existentes entre los dos Gobiernos de las dos Repúblicas det 
Plata y los de Francia é Inglaterra, ninguna dificultad opuso á la mutua 
decorosa intelijencia y honroso restablecimiento de la paz.— El Sr. Hood 
halló una acojida franca, y la suficiente aceptación y conformidad del Go. 
bierno legal Oriental respecto á las proposiciones que le transmitió de par. 
te de los Gobiernos de la Gran Bretaña y Francia. 

*< Así consta de las comunicaciones oficiales que pasamos á exponer, 
y «que el Exmo. Sr. Presidente Oribe trasmitió al Gobierno Arjentino en 
Nota oficial del 13 de Agosto último. 

M En 4 del mismo mes, el Sr. Ajente Confidencial Caballero Hood, 
dirrjióáS. E. el Dr. D. Carlos G. Vtllademoros, Ministro de 'Relacio- 
nes Exteriores, una Nota rficial en la que le manifestó que, encargado 
por el Gobierno de S. M. B. de una misión especial y confidencial cerca 
del Gobierno de la Confederación Arjentina para hacerle, de parte de la 
Inglaterra y la Francia, proposiciones que habían acordado dichos Go- 
biernos con el objeto de restablecer las relaciones de sus respectivos paí- 
ses á su antiguo estado de amistad y cordialidad, y habiendo concluido 
satisfactoriamente su misión al gobierno Arjentino, que había aceptado 
la parte de dichas proposiciones, que le era relativa, tenía el honor de 
ponerse en comunicación con 8. E. el Brigadier D. Manuel Oribe, y de 
incluir á S. E. el Dr. D. Carlos G. Villademoros, Ministro de Relaciones 
Exteriores, copias autorizadas de dichas proposiciones con el objeto de 
que su Gobierno pudiese tomar en consideración la parte que de dichas 
proposiciones le correspondiese: Q,ue al transmitirlas, esperaba que S, E. 
elBr. Ministro encontraría en ellas no solo los elementos para un ajuste 
honorable sino también una prueba evidente de loa amistosos sentimien- 
tos que prevalecían en los consejos del Gobierno de £. M. B. y del Rey 
de los Franceses: Y que estaría preparado para entrar en cualquier ex- 
plicación ó discusión sobre los principios de las proposiciones, cuando S. 
E. juzgase conveniente, y con la esperanza de que ellas resultarían sa- 
tisfactorias.” 

11 El Sr. Hood manifestó al Gobierno Arjentino en nota del 31 de 
Agosto último que, encargado con una misión confidencial del Gobierno 
de S. M. B. al Gobierno de la Confederación Arjentina, teBÍa el honor 
de dirijirae al Sr, Ministro de Relaciones Exteriores y manifestarle, para 
conocimiento de S, E, el Sr, Gobernador, que, habiendo el 28 de Julio 

23 



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178 LOS CINCO errores capitales 

último, recibido su aceptación á ciertas partes de las proposiciones hechas 
por los Gobiernos Ingles y Francés, como basas para una pacificación de 
las actuales diferencias existentes entre aquellas Potencias y las Repú- 
blicas del Rio de la Plata, procedió al Campamento del Jeneral Oribe, y 
obtuvo de éste la aceptación de aquella parte de las proposiciones que le 
era relativa, y el 15 del que corría, en conformidad con las órdenes de su 
Gobierno, entregó dichas aceptaciones á los Ministros Plenipotenciarios 
de Inglaterra y Francia, acompañadas por instrucciones selladas, para 
llevar ulteriormente á efecto la intentada convención: Que durante sus 
conferencias con el Sr. Ministro D. Felipe Arana, y obrando según las 
instrucciones de Lord ^berdeen, cuyo estrado tenía el honor de adjun- 
tar, no había vacilado admitir hasta donde le concernía, que el bloqueo 
de Buenos Ayres y de todo otro punto, hoy f bloqueado en el Rio de la 
Plata, sería levantado simultáneamente con ser convenido y haber tenido 
lugar un armisticio; Que era conveniente, empero, explicar que esta su- 
jestior. por parte de Lord Aberdeen, había sido hecha á virtud de su alto 
respeto ácia la justicia, y para dar una prueba espontánea de su encare- 
cido deseo de remover las dificultades existentes, y de arribar á un tér- 
mino pronto de la pacificación; pero qu^ era de sentirse que esta sujes- 
tioir no hubiese ocurrido hasta que fué demasiado tarde para obtener la 
concurrencia oficial á ella del Gobierno Francés, y que desgraciadamente, 
hoy había aparecido que el Plenipotenciario Francés no había recibido de 
su Gobierno instrucciones algunas correspondientes para admitir la modi- 
cion propuesta por Lord Aberdeen, y, en la ausencia de tales órdenes, 
rehusaba tomar 6obre sí esta responsabilidad; Que, en el estado de los 
ijegocios, parecía inevitable ó que S. E. el Sr. Gobernador jenerOBamen- 
te abandonase el derecho que había adquirido, y el cual en estricto acuer- 
do con los deseos de Lord Aberdeen había sido admitido, como una 
prueba de equidad y justicia, ó que las proposiciones debían inevitable- 
mente, y con gran perjuicio de los interesados, referirse á Inglaterra y 
Fracia por una uniformidad de instrucciones: Y que, en estas dificilés cir- 
cunstancias, él sometía el caso para la consideración de S. E. el Sr. 
Gobernador, y, confiando en sus miras liberales é ilustradas, abrigaba sin- 
ceras y confiadas esperanzas de que esta dificultad sería, para beneficio 
de este Pais y de la Europa removida.” 

. 

Manifiesta es la intención del Dictador en esas 
\ blicaciones. El, y solo él, fué el primero en oponer 



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DE LA INTERVENCION ANCLO-FRANCESA. 



179 



dificultades invencibles á las basas que condujo el Sr.' 
Hood, modificándolas á su antojo, para que le siguie- 
ra de cerca su ilustre aliado D. Manuel Oribe, obe- 
deciendo á su voluntad. Y sin embargo, procuraba 
cargar al Gobierno Oriental y á los SS. Ministros De- 
ffaudis y Ouseley, toda la responsabilidad de la ructura 
de la negociación. 

Verdad es, que la simpática condescendencia del 
Sr. Hood, dió pábulo á esas exijencias del Dictador, 
alentándolo con su imprudente parcialidad. 

Pero una vez modificadas las basas Hood, no 
existían tales, como éste había sido encargado de pre- 
sentarlas en nombre de los Gobiernos Interventores. 
Y entonces los SS. Ministros encargados de su ejecu- 
ción, no podían dar cumplimiento á sus nuevas ins- 
trucciones: necesario era remitirlas á Europa, y en 
efecto así lo hicieron. 

El Sr. Hood en Nota de 31 de Agosto, había di- 
cho á Rosas que encargado por los Gobiernos de Inglaterra 
y Francia de presentar ciertas basas para el arreglo de las 
Cuestiones pendientes entre aquellas Potencias y las Repú- 
blicas del Plata, había pasado al Campo de Oribe &a. 

Las Repúblicas del Plata, jamás estuvieron en 
guerra con aquellas Potencias. Su mediación y su in- 
tervención, no dejeneró al estado de guerra, ni hubo 
tal declaración'. El Sr. Hood hablando así á Rosas, fo- 
mentaba la estudiosa calumnia que éste imputaba ha- 
cía mucho tiempo, á esas Naciones, atribuyéndoles 
miras de conquista con el fin de sublevar la opinión 



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180 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



contra los estranjeros, su sistema antiguo sostenido en 
todas épocas y á todo trance. 

De este modo el Sr. Hood, servía á las miras del 
Dictador hasta en las Notas oficiales que le pasaba, 
para acreditar su cordial amistad; como lo había be* 
cho con Oribe, llamándole Presidente de la Repú- 
blica en la Carta de despedida que dirijió al Dr. Vi* 
llademoros; y como lo decía publicamente en todas 
partes. 

El Dictador, lójico siempre en su plan yen sus 
medios, procurando demostrar con argumentado* 
nes desnudas de fundamento y de verdad,, la absur- 
didad de los cargos que hacía á los SS. Deffaudis y 
Ouseley, para probar que estos eran y el Gobierno 
Oriental los únicos que habían roto la negociación, 
decía en su Gaceta de 23 de Setiembre de 46, por 
la boca de su Ministro de Relaciones Estertores* 
“que el no haber aceptado las modificaciones intro- 
ducidas por él sobre la época de alzarse el bloqueo, 
en laque el Sr. Hood había convenido, en virtud, 
dice Rosas, de especiales instrucciones del Conde 
Aberdeen, era una prueba evidente de la culpa de 
los Ministros Interventores.” 

Para probar esta aserción, la Gaceta publicó 
el párrafo siguiente de las instrucciones del Sr. 
Hood. 

<* Parecería que tan luego como las proposiciones hayan sido acep- 
tadas por el Jeneral Rosas y J enera] Oribe, y declarado el armisticio, 
sería justo y conveniente levantar desde luego el bloqueo de Buenos Ay- 
res y de todo otro punto en el Rio de la Plata que se halle hoy bloquea- 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCESA. 



181 



do, ¿ efecto de revelar al comercio, tan pronto como sea poaib)e r de laa 
trabas que le están impuesta?, y para dar una prueba de nuestro deseo de 
apresurar el periodo de una pacificación jeneral.” 

Copia— “ Tomas Samuel Hood ” 

Pero esa opinión del Conde de Aberdeen, que 
no importaba un mandato á su Ajente Oficioso, des- 
cansaba sobre la hipótesis de que, las basas hubie- 
sen sido aceptadas y ejecutadas en parte, teniendo 
la seguridad de que ellas lo serían plenamente en 
el todo. 

El Ministro Francés, no recibió de sú Gobierno 
semejantes prevenciones; y aunque esas palabras 
que hemos citado, se encontrasen en las instruccio* 
nes del Sr. Hood, ellas no podían obligar á aquel 
Ministro á obrar como Rosas quería y el mismo 
Ajente Oficioso, y especialmente desde que, jamás 
llegó el caso que aquella prevención determinaba. 

La Gaceta de 25 y 26 de Setiembre publican, 
una nueva diatriva contra los Ministros Interventor 
res, y el Gobierno Oriental, pretendiendo probar 
que este, no era parte en la negociación; que aque- 
llos Ministros habiéndole sometido las basas en su 
Nota de 18 de Agosto á su aceptación y conoci- 
miento, habían desnaturalizado la negociación, pues 
que los Gobiernos Interventores, no le daban otro 
carácter que el de Gobierno de Montevideo. 

Todas estas tonterías, se escribían por el Dicta» 
dor, con el doble objeto de alucinar á los Pueblos 
del Interior del Plata, y para que en Europa se 



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182 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



comprendiese que, los SS. Deffaudis y Ouseley, eran 
altamente responsables del resultado de la negocia* 
cion; — esperando que esas maniobras le dieran, el 
retiro de aquellos honrado Ministros como ya antes 
lo había manifestado. 

Los Ministros Interventores, con toda lealtad 
y buen juicio, habían comunicado al Sr. Hood en 
una Nota Colectiva, la repulsa que hacían á las mo* 
dificaciones introducidas por Rosas y Oribe; enviAn* 
dolé nuevamente' á Buenos Ayres á solicitar de éste 
las retirasfe, pues que sus instrucciones no les per- 
mitían pasar por ellas. 

Esta conducta circunspecta de ios Intervento* 
res, no le acomodaba al Dictador, .procurando por 
todos medios resistir todo cuanto yenía de ellos, pa- 
ra culparlos después con todo descaro, de la ructura 
de la negociación. 

Las concesiones, que en aquellos momentos le 
hacían los Gabinetes Interventores, le daban ma® 
altanería, animándole á proceder así, porque con» 
taba ya con la política incierta y vacilante de aque- 
llos Gobiernos tan lastimosamente engañados, y tan 
tristemente conducidos por influencias apasiona* 
das, que debieron repelerse desde el principio como 
notoriamente interesados. 

El 23 de Setiembre la Gaceta del Dictador pu« 
biicó el extracto siguiente: 

“ En fecha del 26 del corriente mes de Setiembre dirijió nuestro 
Ministro de Relaciones Exteriores al Caballero D. Tomas Samuel Hood» 



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DE tA INTERVENCION ANGL O-FRANCESA. 



183 



encargado de una misión especial del Gobierno de S. M. B. cercá del 
de la Confederación Argentina, una nota, á que hace alusión la, que 
acabamos de exponer, y le manifestó aquella: Que las diferentes esplica~ 
cione8 que, por orden del Exmo. Sr. Gobernador, había tenido con so 
Señoría sobre las verdaderas y pacíficas intenciones de los Gobiernos de 
Inglaterra y Francia para restablecer una pronta y durable pacificación 
en estas Repúblicas, h^bí^n confirmado el juicio del Gobierno Arjentino 
sobre que la ocupación de los Ríos interiores de la Confederación por 
las fuerzas navales de S. M. B. y de 8. M. el Rey de los Franceses ha-*- 
bia sido, y era contraria á esas pacíficas y amistosas intenciones de 
aquellos Gobiernos; y que la espedicion naval armada agresora del Rio 
Paraná habia sido desaprobada por los respectivos Gobiernos, habiéndo- 
se librado órdenes perentorias á sus Representantes en el Plata para el 
inmediato retiro de dichas fuerzas: Que, entretanto, el Gobierno obser- 
vaba que sin pretesto ni razón alguna se conservaba en el Paraná algunas 
fuerzas de Inglaterra y Francia, contrariando las esplícitas órdenes de 
sus Soberanos: Que, en tal estado de cosas, el Exmo. Sr, Gobernador, 
deseoso de tener con su Señoría una esplicacion franca y categórica por 
que las referidas fuernas navales permanecían ocupando indebidamente 
dicho Rio Paraná, le había ordenado la pidiese á su Señoría y que con- 
fiadamente esperába que, en la oportunidad conveniente, su Señoría 66 
sirviese transmitírsela para dar cuesta á su Gobierno y resolver en 6U 
consecuencia lo que correspondiese á la vista de de un hecho que baj 0 
ningún título podía ser justificado, y á cuya presencia no podía ser dife- 
rente por la transcendencia que él prbducía, así á la conservación de las 
relaciones de perfecta intelijencia de los Gobiernos de Inglaterra y Fran- 
cia con la Confederación como al respeto debida á la soberanía é indea 
pendencia de la Confederación.” 

El Dictacor hacía alarde de esas órdenes que su- 
ponía dadas por los Gobiernos Interventores, tan con* 
trarias á las instrucciones de los SS. Defiaudis y Ou* 
seley, que les ordenaban ocupar los Ríos; porque en 
los Pueblos del Plata esas órdenes á ser ciertas impor- 
taban una reparación ásus exigencias, y un perjuicio 
grave á la Causa que contra él se sostenía desde Mon* 
tevideo, á Corrientes y al Paraguay. La importancia 



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184 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



de la ocupación de los Ríos, desaparecería inmediata- 
mente, con aquellas nuevas órdenes; y todas las ven- 
tajas anunciadas por los Ministrara Interventores ve- 
nían por tierra, haciendo nacer nuevas dificultades. 

Todo esto era el resultado de la conducta par- 
cial del Sr. Hood. No había hasta entonces tales ór» 
denes de los Gobiernos Interventores. Pero habién- 
dose buscado un amigo de Rosas y de Oribe para que 
viniese á empeñarse por la paz, invirtiendo así tan 
menguadamente el orden de tratar los grandes ne- 
gocios de Estado, no podía dejar de producir esos 
■ resultados igualmente parciales y apasionados. 

El Sr. Hood llevaba su parcialidad por todos 
los puntos donde tocaba. De regreso á Europa tocó 
en Rio Janeiro, dando allí las mismas seguridades 
que en Buenos Ayres y en el Cerrito, de que, vol* 
vería dentro de cien dias á terminar los últimos ar- 
reglos de la Cuestión, colocando á Oribe en la Pre- 
sidencia de la República Oriental. De este modo 
correspondía á la confianza' de los Gobiernos que le 
enviaron, poniendo toda esperanza en sus relacio* 
nes con Rosas y Oribe. 

El por otra parte confiaba en la disposición de 
los Gabinetes Interventores, dispuestos desde en- 
tonces, á no cpntinuar su acción activa contra el 
Dictador, volviendo al camino de las negociaciones, 
y de las concesiones desvirtuando todo su poder. 



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V. 



Si los Gobiernos Interventores no daban entero 
crédito á los SS. Deífaudis y Ouseley, sus Represen, 
tantes en el Plata: sino escuchaban la opinión pública» 
que en Europa se manifestaba por medio de la prensa, 
como en el Brasil, en Chile y en el Rio de la Plata, 
si se desatendían los numerosos y horribles hechos del 
Dictador en ambas Repúblicas Arjentina y Oriental; 
comprobados de mil modos, si se olvidaba el memo- 
rándum del Visconde de Abrantes, que decidió la in* 
tervencion armada: si todo esto era desatendido, para 
caer en la imprudencia de dar atención á los apasiona* 
dos informes del Sr. Rosales, Ministro de Chile en 
Londres, á los SS. Mandeville, Sarratea y Moreno. 
¿ Cómo se podrá clasificar esa política, y esas estre* 
chas miras, en una cuestión tan importante para sus 
propioa intereses comerciales, tan vital para lacivili* 
zacion y la humanidad ? Haciendo justicia á la recti- 
tud de aquellos Gabinetes, fuerza es convenir en que 
solo el error les conducía tan lejos del objeto que se 
habían propuesto, adoptando cuantos planes y cuantos 
medios les eran indicados por los que, mas interés te* 
nían en estpaviarlos; haciendo así nacer dificultades 

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186 



LOS CINCO ERROkES CAPITALES 



nuevas, complicaciones y perjuicios, cuyo carácter y 
número hoy ya no es fácil calcular. 

As í han venido sucesivamente, eslabonándose los 
inconvenientes, á proporción de que, se han cometido 
tan lamentables estravíos, tan chocantes áverraciones, 
sin querer, ó sin poder comprender de una vez que, 
en el Plata, hay un monstruoso poder, enemigo de 
todos los principios de armonía social, de progreso, de 
paz pública: contrario á toda idea que tienda á civili- 
zar los Pueblos, á destruir las tendencias antisociales 
que en las luchas Americanas han desplegado los 
Quirogas, López, Ibarras, Aldaos, Ramírez, Rosas, 
Oribe, Francia. Que, á este poder, es necesar io cora* 
batir como en la India y en Argel, con el canon vigo- 
rosamente, y con la palabra simultáneamente, para 
mover á las encorbadas poblaciones que le obedeeen, 
despertándolas del profundo y oprobioso letargo en 
que duermen, hundidas en el funesto sueño del des- 
potismo, y de la esclavitud mas vergonzosa; haciendo 
por estos medios, un importantísimo servicio al mun- 
do civilizado; á quien hoy no convienen sino, Pueblos 
intelijentes y libres, que puedan sin obstáculos, desar- 
rollar proficuamente todos los jérmenes de su riqueza, 
con que contribuir á la grandeza y felicidad de la es- 
pecie humana; morijerando las costumbres y estirpan- 
do el aislamiento, los odios, y las pasiones nacionales 
que tanto han ensangrentado la tierra. 

Esa alta misión, es la única que gloriosamente 
pueden realizar los poderes Europeos en el Plata: 



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DE LA INTERVENCION ANGLO.FRANCE9A. 



J87 



misioD autorizada por la Ley común, por el voto je- 
neralde los Pueblos que jimen oprimidos bajo el peso 
de una tiranía, odiosa y corrompida; que no tienen el 
poder, de romper hoy, pero que mas tarde, cuando la 
hora llegue, lo pulverizarán para mostrar que, en los 
Pueblos. Arjentinos, no se ha extinguido el principio 
de Mayo que pobló de Repúblicas desde el Plata al 
Ecuador; misión que está igualmente aconsejada por 
el interés mas inmediato de su comercio y de su basta 
población, derramada en estas rejionei, y destinada á 
ser un dia, el vínculo mas fuerte y poderoso de amis» 
tad y buena intelijéncia entre los Pueblos Europeos 
y Americanos, estrechando y fortificando los lazos de 
jeneracion, de relaciones industriales, políticas y socia- 
les que se aumentarán á la par de su progreso. 

Esa misión es también un deber de honor pa* 
ra los Poderes Interventores, por el espíritu de la 
Convención de 1828 entre la República Arjentina 
y el Imperio del Brasil, y por el art. 4. ° del Tra- 
tado Majtau, reconocido por las instrucciones da- 
das á los SS. Defiaudis y Ouseley, para fundar la 
Intervención armada en 1845. Deber radicado poste- 
riormente en el Plata, por actos y declaraciones solem- 
nes, aprobados por esos mismos Gabinetes; y que han 
hecho contraer grandes y costosísimos sacrificios de 
Sangre y de fortunas al Gobierno de la República y á 
los Pueblos que á su lado han combatido. 

¿ Cómo se pueden romper estos compromisos ? 
¿ Cómo se pueden abandonar á estos Pueblos grave- 



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188 



LÓB CINCO ERROBES CAPITALES 



mente comprometidos á muerte, con ese monstruoso 
poder que Rosas y Oribe encabezan, y con quienes no 
hay términos posibles, de acomodamiento pacifico y 
sincero? ¿Para quienes la paz que proclaman y bus* 
cán de los Gobiernos Interventores, solo es, su triun- 
fo completo y el sometimiento y humillación de esas 
mismas numerosas poblaciones, con sus garantías, de- 
rechos y propiedades ? 

Abisma, aterra, el pensar en el porvenir de esto» 
países, si la intervención, vencida por el error, lle- 
gase á canonizar el poder y el triunfo de aquellos 
hombres y su sistema. Ni pueblos, ni comercio, ni 
industria, ni principios quedarían en- pié; porque nada 
de esto puede arraigarse y prosperar bajo el imperio 
del despotismo: porque faltando las basas de la felici- 
dad de los Pueblos modernos,.— la libertad, la justicia, 
y la igualdad— no puede darse un paso en la carrera, 
de la civilización y del progreso. 

El Sr. Hood regresó á Europa, dejando la Cues- 
tión en el Rio de la Plata, envuelta en la mayor per. 
plejidad. Creíase entonces jeneralmente, que no se- 
rían aprobadas por los Gobiernos Europeos las modi. 
ficaciones de Rosas y de Oribe: pero también se es- 
peraba que continuasen las negociaciones, y esto de- 
bilitaba mucho la posición asumida por la interven- 
ción, haciendo desfallecer la esperanza, que los suce- 
sos anteriores habían hecho nacer. 

La misión del Sr. Hood, había producido ya sus 
efectos ep el Plata, para los que la iniciaron en Euro- 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCESA. 180 

pa, y para el interés de Rosas y de Oribe. Se había 
conseguido detener el curso de la acción coercitiva; 
La permanencia de los SS. Deffaudis, Ouseley y Lat- 
né en el Plata, era dudosa, porque, mucho se trabajas 
ba por removerlos; y este cambio que anticipadamente 
se anunciaba, era el precursor infalible, de otro mas 
eompleto en la política que nuevamente debía seguir, 
se en la Cuestión. 

Los Pueblos del alto Paraná como del Uruguay; 
no se resintieron menos de tan inesperadas vistas de 
los Gobiernos interventores. La desmoralización pe- 
netró en ellos, á pesar de los esfuerzos estremos que 
se hacían por conservar el crédito délas promesas he* 
chas, esperando siempre su cumplimiento. 

La Capital de Montevideo, quedó sin embargo 
fuerte, continuando sus esfuerzos y sacrificios, con- 
fiando siempre en la lealtad y en el interés mismo de 
los Gabinetes Interventores. Por su parte, no desmin- 
tió, ni sus principios, ni su bonor, ni los grandes ob- 
jetos porque combatía. Dispuesta siempre para la 
guerra, no lo estaba menos para la paz que alcanzara 
la independencia y libertad de la República; 

Necesario era hacer nuevos y mas costosos sacri- 
ficios para conservar aquella posición, y sus rentas* 
sus propiedades, sus recursos todos, se emplearon sin- 
reserva, con una abnegacion'y constancia, que honra- 
rá siempre, al Gobierno que lo practicaron. 

Así se cerró este periodo de la intervención, es- 
perando nuevos resultados de Europa: ansiando siem- 



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190 LOS CINCO ERRORES CAPITALES 

pre, prometiéndose la realización de tantas esperan* 
zas, de tan repetidas promesas, de tan publicas y so* 
lemnes declaraciones. 

El año 47, debía ser no menos fecundo en nue- 
vos y mas alarmantes errores, que en negociaciones 
diplomáticas. J)ebíanse ver en el curso de aquel año, 
sucesos nuevos, alteraciones y cambios de política, de 
posiciones, y de medios, tan inesperados como opuestos 
á todos los principios de lealtad, de buena fé y de ho- 
nor. 

La Capital de la República, destinada á llevar 
hasta el estremo la prueba de su heroísmo y de su im- 
perturbable constancia, continuaba dando cada día, 
nuevos testimonios de su nobleza. Todos los obstácu- 
los para la paz venían de parte de Rosas y de Oribe: 
todos los cambios, modificaciones, y variaciones de la 
política interventora procedían de los Gabinetes de 
Londres y París: solo la Capital estaba en su puesto, 
pronta á sostenerlo con honor, como dispuesta á sa* 
ludar con entusiasmo, el dia de la paz que afianzase 
la independencia de la República. 

El Gobierno no tenía mas que una política, un 
objeto — su independencia y libertad. De ella no ha 
variado hasta hoy, ni variará jamás, lo esperamos, 
aunque la Cuestión y los sacrificios se estiendan mas 
allá de lo que los cálculos políticos son capaces de 
calcular. 



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CAHTULO IV. 



Howden Walesky. 



Abandono db la Intervención por el Gobierno Ingle». 

Continuación de la Francia < 

t. 

Durante el curso de la malhadada misión con* 
fidencial del Sr. Hood, tuvo lugar un cambio en el 
Gobierno Ingles. El Lord Palmerston había suce- 
dido á Lord Aberdeen en el Departamento de Re» 
daciones Exteriores. La política del nuevo Minis- 
tro, no parecía desde su principio, muy propicia á 
ja Causa de Montevideo. Tan solícito, cuando se 
sentaba en los bancos de la oposición, para pedir 
esplicaciones y conocimientos sobre la Cuestión del 
Plata, su actividad tomó un nuevo jiro, adoptando 
una política equívoca y contradictoria con los conu 
promisos de la Inglaterra, que cuando menos proba* 
ba$ no conocer ni la naturaleza solemne de aquellos, 
ni la Cuestión que entraba á dirijir, en todos sus 
detalles y aspectos, ni los grandes é importantes in«* 
tereses Ingleses comerciales y políticos que la Cues- 
tión envuelve en el presente y porvenir* 



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192 IOS CINCO ERBOBES CAPITALES 

La primera prueba de lo apasionado de sus vis* 
las, y de la falta de instrucción sobre la Cuestión, 
la ministra su respuesta en la Cámara de los Comu* 
nes el 26 de Agosto de 1846, á la interpelación que 
sobre los negocios del Plata, lo hizo el Sr, Douglass. 

“ Sir H Douglass preguntó al noble secretario de relaciones este- 
rtores si las medidas tomadas por el anterior gobierno, ó por el actual, 
para obtener un arreglo satisfactorio de las hostilidades pendientes en- 
tre Montevideo y Buenos Ayres, ofrecían esperanzas de buen resaltado; 
deseaba que la respuesta del noble Lord fuese tal que pudiese calmar 
la ansiedad del comercio.” 

“ El Vieconde Palmerston dijo : que hacia algún tiempo que el 
gobierno anterior babia mandado al Sr. Hood, cónsul jeneral en Rio 
(así), con instrucciones acompañadas de otras correspondientes por par- 
te de la Francia, cuyo objeto era procurar una terminación de las hosti- 
lidades entre Montevideo y Buenos ,Ay rea. En respuesta á la pregunta 
del honorable y bizarro oficial, solo podia decir que aun no babia tient- 
po para que el gobierno hubiese recibido noticias sobre el particular; 
pero él (Lord Palmerston) no dejaba de tener esperanzas de que los 
pasos dados por el anterior gobierno de 3. M, obtuviesen buen resal- 
tado 

El Lord Palmerston manifestaba esperanzas 
de que, los paso3 dados por su antecesor produje- 
sen buenos resultados. 

Difícil es acabar de persuadirse á que, un Esta- 
dista de la altura del Lord Palmerston, pudiera abri- 
gar la mínima esperanza de que la misión Hood pro- 
dujese resultado ninguno favorable. 

Esa misión que desvirtuaba completamente la 
acción coercitiva de la Intervención: que abandona- 
ba sus declaraciones y compromisos, sus triunfos y 
sus posiciones conquistadas ya con sangre Inglesa 



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DE IA INTERVENCION ANGLO-FRANCE8A. 



163 . 



«n Obligado y otros puntos, para darle al Dictador 
ios medios de obrar una reacción favorable, qué 
alentase su poder después de los desastres sufridos 
en su Escuadra y en el Paraná. Esa misión calculada 
por las influencias privadas, las relaciones de indivi- 
duo á individuo para rogar al Dictador haciéndole 
concesiones y ofrecimientos indecorosos é injustos 
como la basa 8 . a desnaturalizándola grave Cuestión 
oficial para traerla al terreno de las afecciones do- 
mésticas, donde se tratan con pasión y estrechez los 
intereses de familia, ¿ qué podía ofrecer de lisonje- 
ro al juicio ilustrado y elevado de un hombre de Es- 
tado, que hubiera estudiado y comprendido la Cues- 
tión, ó que, con la imparcialidad y justicia debidas, 
debiera proceder en honor de su Nación y con la 
lealtad correspondiente á sus compromisos? ¿Qué 
esperanzas podía prometerse de aquella misión 1 ? 

Fuerza es reconocer que había en el Ministro 
Ingles en esa época, error ó pasión sobre la Cues- 
tión del Plata; ó pasión y error á un mismo tiempo, 
puesto que, esa misión Hood, era entonces reproba- 
da por la prensa Inglesa y Francesa en ambos lados 
del Canal. 

Una carta de persona respetable de Paris y 
con íntimas relaciones en Inglaterra, decía en 30 de 
Agosto de aquel año; “ Los Wighs, según se refiere, 
parecen dispuestos á volver sobre el paso retrógra- 
do que los Torys dieron en la Cuestión del Plata. ” 

Desde aquella época se reconocía en Europa, 

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194 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



el error que se había cometido eñ la misión Hood, y 
ninguna esperanza se tenía de obtener, por ella, re- 
sultado ninguno favorable: así pensaban los mismos 
círculos políticos afectos al nuevo Ministerio; y esa 
opinión no podía ser ignorada por el noble Lord. 

£1 Sr. Comodoro Herbert llegó al Rio de la 
Plata el 18 de Octubre del mismo año 1846 en la 
Fragata Raleigh, á reemplazar al Sr. Almirante ln« 
glefield, que tan dignamente había mandado lás 
fuerzas firitáuicas en el Plata hasta aquella época. 
Nuevas escenas debíanse presenciar, pues se cam* 
biaba la política y los hombres encargados de prac- 
ticarla en el Plata. 

La misión del Caballero Hood, principiaba á 
dar sus frutos. 

La Gaceta del Dictador de 14 de Noviembre 
del mismo año decía: ‘‘ Rosas ha tenido en vista, ai 
adoptar esta resolución (la del 9 del mismo) el nue« 
vo estado de las relaciones entre la Gran Bretaña, 
la Francia y la Confederación Arjentina, después de 
Ja misión del Sr. Ajente Confidencial, Caballero 
D. Tomas Samuel Hood, y también la devolución 
de los prisioneros Arjentinos hecha por el Gobier» 
no de S. M. B.” 

Buenos Ayres, Noviembre 9 de 1846. — Año 37 -de la 
Libertad, 3Í de la Independencia, y 17 de la 
Confederación Arjentina. 

Al Sr. Comodoro Sir Tomas Herbert Comandante en Cíe fe de las fuer- 
zas navales de S. M. B. en el Rio de ía Plata. 

El iríraEcripto, por órden del Exmo. Sr« Gobernador y Capitán 



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DE LA INTERVENCION ANGLO'FRANCEIA, 



195 



•General de la Provincia, tiene el honor de dirijirse á V. S. para poner á 
6U disposición los artículos que componían el equipaje del oficial ingles 
«Comandante del pailebot Federal , D. Carlos G. Fegen, y que fué toma* 
do por las fuerzas Argentinas situadas en San Lorenzo al pasar dicho 
buque. 

S. E. el Señor Gobernador, con éste motivo, le ba ordenado adjunte 
á V. S. copia de la relación con que fué remitido dicho equipage por 
el Comandante accidental en Gefe del Departamento del Norte Gene- 
ral Don Lucio Mancilla y de la nota que con esta fecha se le ha diri- 
rigido detallándole los motivos de esta resolución. 

£1 infrascripto espera que el Sr. Comodoro Herbert considerará esta 
pequeña demostración del Gobierno Argentino como una nueva prueba, 
entre otras tantas que tiene dadas, del aprecio con que mira el reciente 
curso de la política de S. M. B. para con la Conferacion Argentina. 

£1 infrascripto aprovecha esta oportunidad para renovar al Sr. Co- 
jnodoro Herbert los sentimientos de aprecio con que lo ha distinguido 
en todas épocas. 

Dios guarde á V. S. muchos años. 

Felipe Arana. 

Relación de los artículos de que se compone el equipage del Ex-Coman- 

dante del Pailebot Federal, D. Carlos G. Fegen. 

Un baúl con una colchita, cuatro sábanas, una servilleta, seis pares 
pantalones blancos, un mosquetero, dos fraques azules con botónos de 
marina, una chaqueta atul, un poncho, una capa, una caja con un elás- 
tico, una ídem con un par de charreteras, dos pares de borlas para 
elástico , un escritorio con do9 despachos de oficial, once certificados de 
servicios, cuatro letras sobre Inglaterra por sueldos y varios otros pa- 
peles particulares, ooho porcelanas y pinturas finas y útiles para pintar 
una caja con un violín, una id. con una escopeta fulminante de dos car 
ñones y todos sus útiles correspondientes, una caja de caoba con útiles 
de afeitar &a., una cartera con veinte y tres vistas de paissges &c. tres 
libros en ingles, uno ídem en francés, una espada de marina con tiros, 
una almohada con fundas.— San Lorenzo, Abril 23 de 1846. 

Lucio Mancilla. 

NOTA — No se remite el colchón que usaba el Ex-Comandante In- 
gles por que ha sido represado por su legitimo dueño el Subteniente D, 
Pedro Starost. 



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196 



£08 CINCO ERRORES CAPITALES 



La importancia y seriedad del restablecimiento 
de aquellas relaciones del Dictador y del Gobierno 
Ingles, puede valorarse por la naturaleza de las 
pruebas dadas por aquel, por el modo y la forma en 
que lo hacía. 

£1 Gobierno Ingles volvía á solicitar sus buenas 
relaciones con el Dictador, no recojiendo frutos del 
establecimiento del bloqueo, de la toma de la Escua- 
dra Arjentina, de la ocupación de los Ríos y del 
formidable combate de Obligado; no, pero sí- por los 
famosos resultados de la Misión Hood, principiando 
por detenerse, por cederá las influencias apasiona- 
das de los amigos del Dictador, dando en prueba de 
la retrogradacion de su política, la devolución de 
cuatro prisioneros Arjentinos: devolución espontánea que 
no pudo ser correspondida por otra devolución (fe 
prisioneros Ingleses, por la sencilla razón de que, 
Rosas los había degollado á todos, como el Guarda Ma- 
rina Wardlaw. 

Pero así, sin embargo se proclamaba por los Dia- 
rios del Dictador, el restablecimiento de las buenas 
relaciones, en aquella época entre el Gobierno Ingles 
y la Confederación Arjentina, ó cuando menos, el 
nuevo cambio de política que desde la misiott del Ca- 
ballero Hood, había tenido lugar. 

Rosas , haciendo entender como quería, 6 lé 
convenía y como en realidad eran, aquellos lamenta- 
bles actos de error del Gobierno Ingles, reportaba in- 
mensas ventajas en todos los puntos á donde su poder 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCEiA. 



187 



alcanzaba. Sin tomarlos por el lado del ridículo como 
podía, daba á esas benévolas demostraciones del Go- 
bierno Ingles, un aire de negocios de Estado, que so* 
lo comprenden los que están en los secretos de su sis- 
tema y de su refinadísima propensión á la burla y en- 
tretenimientos grotezcos, aun en medio de los acto» 
mas serios y circunspectos. 

Quizá el Gobierno Ingles, sumido en el error, 
esperaba de veras, que aquella devolución de prisione- 
ros servirían de fundamento á una nueva negociación 
que diera por resultado, la eempleta independencia 
de la República Oriental, las garantías y seguridades 
para los súbditos y propiedades: la paz que tanto se 
anhelaba para estos paises. 

Si esa política era hábil, sincera y conveniente, 
lo dirán los hechos que vamos examinando: por lo mes 
nos á los Pueblos del Plata, que tienen conocimiento 
de la Cuestión, del poder y sistema del Dictador, les 
parecía, cuando menos, muy poco cuerda y peligrosí- 
sima. 

Mientras la prensa de Rosas proclamaba en el' 
Rio de la Plata, esos principios de la nueva política 
Inglesa, háciendo alarde de la triste devolución de los 
pocos prisioneros, la prensa Francesa, alzándose á la 
altura de la Cuestión, se espresaba como se vé de los 
extractos que publicamos á continuación:' 

“ Si, nosotros no estamos á la altura del honor en el Plata como en 
ninguna otra parte, por que hemos hecho traición á nuestros aliados, y 
forzado & nuestros compatriotas á dejar los colores de la Francia, para 



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198 



LOS CINCO ERRORE8 CAPITALES 



no correr á la ruina y á la vergüenza. Si, hemos doblado la rodilla, It 
rodilla del miedo, delante de un bandido ; por que el tratado Mackau, 
tratado solemne y decisivo, ha sido renegado por ése bandido, hollado 
por los caprichos de bu dictadura ealvaje. Si, nuestros intereses allí están 
ofendidos, maltratados, nuestro poder arruinado, y comprometida nues- 
tra lealtad.’ 1 

(La Reforme.) 

“ Por otra parte, que importa el numero en presencia dé tantas mi- 
serias ? Concedamos á uqestros adversarios su gran argumento ¿ admi- 
tamos que ya no hay mas que 1,560 franceses; pero, decidnos, por 
favor, ¿cuantos es preciso matar para conmover vuestro corazón ? Cien 
años ha, un marinero Inglés, á quien los Españoles cortaron las dos 
orejas, se contentaban con decir ; “ Recomiendo mi alma á Dios y mi 
venganza á mi Patria y la Inglaterra entraba en guerra larga y san. 
grienta contra la España. En el dia, no podéis emplear las fuerzas de 
Ja Francia contra un bárbaro, para contener la efusión de sangre fran- 
cesa ? 

“ En nombre de la humanidad, no prolonguéis por mas tiempo se- 
mejante estado de incertidumbre y de duda. O debeis declarar franca- 
mente que abandonáis á su suerte á los franceses de Montevideo, y per- 
mitir que Rosas restablezca por la matanza el orden y la unidad en el 
Plata, ó bien llevad á cabo vuestro simulacro de intervención. Se ha 
dado un combate en Obligado ; habeis dado, con este motivo, grados y 
decoraciones á nuestros oficiales, cual era el objeto de ese combate ? • 

(Constitutiomnel.) 

Hermoso es ver en esos Diarios, como se espri- 
míala opinión de muchos de los miembros de la Cá« 
mara Francesa sobre esta importante Cuestión dei 
Plata, entre los que figuraba en primera línea, el muy 
ilustrado Sr. Thiers: allí, á la vista y bajo el poder del 
Gabinete Francés, que siguiendo los errados pasos del 
Gabinete Ingles, desertaba de sus compromisos de- 
jando vulnerado el honor y los mas vitales intereses 
de ambas Naciones. 



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DE liA INTERVENCION ANGLO-FKANCESA. ] 99 

Allá en Europa se engrandecía y realzaba la 
Cuestión á sus verdaderos términos en las Cámaras y 
en la prensa: aquí se reducía á súplicas, á la pobre 
devolución de cuatro prisioneros Arjentinos, para ob- 
tener en cambio, por toda concesión de parte de Ro* 
sas, un baúl con unos pocos miserables objetos de uso particu» 
lar, y algunos pobres cumplimientos al Caballero 
Hood. 

Rosas tan solícito para hacer juego con los Docu« 
mentos oficiales, que le convienen sin ningún jénero 
de miramientos, hacía publicar en la Gaceta, la im- 
portante comunicación que sigue; 

(Privada.) 

Fragata de S. M. Haleigh, en la rada de Monte- 
video, Noviembre 22, 1346. 

Señor — 

Esta mañana he tenido el honor de recibir por el paquete de Buenos 
Aires la comunicación de V, E , de 2 del corriente, poniendo á mi dis* 
posición, por órden de S. E. el Sr. Gobernador y capitán General de la 
Provincia, los artículos que componían el equipage del viaje del Teniente 
C, G. Fpgeii, del pailebot Federal, tomado en SanLorenío, y lo queí 
confiabais lo consideraría yo como una pequeña demostración de parte 
del Gobierno Argentino. 

“ En consecuencia os ruego tengáis la bondad de asegurar á S. E. y 
al Gobierno Argentino, que tengo en debido sentido esta prueba de su 
benévola atención, en toda la extensión del amistoso lenguaje en que 
está expresada, pues considero de mi deber recibir toda demostración! 
amistosa; — Tengo el honor de ser, Señor, vuestro muy obediente servi- 
dor— 

T. Herbert. 

Comodoro al mando de tas fuerzas navales de S. M. 0. 
en el Rio de !a Pl ita y en las Costas del Brasil y Sud 
Este de Sud América. 

A S. É. 0. Felipe Arana, Ministro de Relaciones Exteriores etc. etc. 



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200 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



El Comodoro Ingles, dice que tiene en debido 
sentido esta prueba de su benévola atención (la de Ro- 
sas) y que considera de su deber recibir toda demos- 
tración amistosa. 

Esa misma Gaceta decía: “ que entendía que 
Sir Tomas Herbert había escrito confidencialmente á 
una persona de respetabilidad, en los términos mas 
cordiales y amistosos ácia S. E. el Gobernador Rosas, 
y la digna Señorita su hija, renovando antiguos y 
muy gratos recuerdos de particular amistad.” 

Estos Documentos se comentan por sí mismo. 
Abandonando la acción imponente de la fuerza, la 
coerción de medidas eficaces, se confiaba mas en las 
antiguas relaciones, que en aquellos medios que las 
Naciones emplean con honor en situaciones idénticas. 

Si el empleo de aquellos medios, hubiera de ha- 
ber producido los resultados que se buscaban por la 
intervención, y que todos los Pueblos del Plata anhe- 
laban sinceramente, muy santos y bendecidos habrían 
sido. Pero, se conocía al Dictador, y á Oribe, y se 
sabía, como se sabe ahora, que tales resortes, alejaban 
mas el término de l,a guerra: que el Gobierno que los 
empleaba, cometía un grande error, haciendo con 
ellos retardar la conclusión de una situación, demasia- 
do funesta para estos Pueblos y para el comercio Eu- 
ropeo. 

No acusaremos de parcialidad al Gobierno, y 
Ajenles que así se conducían; y aunque hechos muy 
significativos han mostrado, que cuando menos, ha- 



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Dfi'XiA INTERVENCION ANGLQ»FRANCE8A. 201 

?bía poco empeño y tal vez, ningún deseo, de hacer por 
la Causa de la República, nada de útil, reconocere- 
mos. Sin embargo, que el error conducía la política 
del nuevo Ministro Ingles en sus relaciones con las 
Repúblicas del Plata; y que, esa mala política ha sido 
la única causa de que, la guerra con todos sus desas- 
tres y horrores, se 'haya prolongado hasta hoy, y se es- 
tenderá todavía quien sabe hasta donde. 

Esta era, no solo la opinión de la parte ilustrada 
del Rio de la Plata en aquella época; lo era también 
■la de los corresponsales del Times, que — “ Considera- 
<ban la inceremoniuos mismn del Sr. Hood, como un he- 
cho, que burla toda esplieacion; afirman que laesperien- 
ciá ha ensenado, aun á los mas egoístas, que las con- 
■cesiones débiles, solo conducirían con Rosas, á com- 
plicaciones mas sérias.” 

Estas noticias eran del 10 de Octubre, cuando la 
negociación estaba rota y terminada. 

Así la opinión pública aquí, como allá, se mani- 
festaba anticipadamente mas ilustrada y previsora que 
los mismos Gobiernos que tanta confianza ponían en 
la misión del Sr. Hood: procuraba influir en sus con- 
sejos; pero se cerraba los ojos para no ver los hechos 
ni comprender lo que mas importaba en aquellos mo- 
mentos, como importa hoy mismo, los medios de ter- 
minar con honor y utilidad una cuestión, de la cual, 
por mas que se quiera huir, no es posible romper im- 
punemente, los compromisos contraidos, ni anular las 
declaraciones hechas á la faz de todo el mundo, en «i 

26 



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202 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



nombre de esas dos Poderosas Naciones, y por bieh 
de ia humanidad y de la civilización. 

El Sr. Hood había arribado á las Costas de In- 
glaterra en el Vapor Gorgor, el 12 de Noviembre. 
Ya se sabía allí las aceptaciones de las basas por el 
Gobierno Oriental y por Rosas, en la forma que cada 
uno de estos dos Gobiernos lo había hecho. La opi- 
nion se manifestaba favorablemente en el periódico 
Liverpool Times, respecto de la conducta del Go- 
bierno Oriental, sosteniendo que, este no debía ser 
responsable de la contiuuacion de la situación, puesto 
que, habia aceptado las basas leal y francamente sin 
reservas, ni modificaciones como Rosas lo habia hecho. 

El Journal des Detats, diario del Sr. Guizot, 
atribuía el mal éxito de la misión del Sr. Hood, al 
empeño de Rosas porque Oribe fuese reconocido Pre* 
sidente. Esta era la verdad. 

Debía pues esperarse que con este nuevo desen- 
gaño, la Francia renunciaría á las misiones diplomá- 
ticas, empleando otros medios mas eficaces y enérjicos 
para terminar de una vez la sangrienta y debastadora 
guerra del Plata. 

Este juicio se robustecía mas, desde que, el Dia- 
rio des Debates, órgano oficial del Sr. Guizot, dan- 
do cuenta de la misión del Sr. Hood, decia: 

“ Rosas es quien ha rechazado difinitivamente las proposiciones que 
se le hicieron! á nombre de la Francia y de la Inglaterra ; y las ha 
rechazado, no tanto en su interés inmediato cuanto en el de su aliado, 
uno de los pretendientes ó la presidencia de la Reptlblica del Uruguay. 
El objeto de eus esfuerzos era obtener de las dos potencias mediadoras 



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DE LA INTERVEN CIOJV ANGLO«FR ANCESA. 



203 



qn* reconociesen á Oribe, como presidente legal de la República de 
Montevideo ; y eso es lo que el Sr. Hood ha creído absolutamente im- 
posible conceder, pues que sus instrucciones le recomendaban, por el 
contrario, no tomar por si, ni permitir que Rosas tomase, partido nin- 
guno en esa cuestión, cuya solución quieren las potencias mediadoras 
dejar exclusivamente á los sufragios de los habitantes de Montevideo* 
“ Hay, pues, que empeñar el negocio enteramente de nuevo.” 

El Journal del Havre, escribía con ese mo- 
tivo lo que sigue: 

“ £1 regreso del Sr. Hood, y el aborto de su negociación, en el mo- 
mento mismo en que la adhesión de las tres partes interesadas pare- 
cía haber terminado con felicidad su misión, han dado lugar á las mas 
diversas conjeturas. £1 sentimiento general ha visto en este jaque di- 
plomático la inevitable consecuencia de los errores de la intervención, 
cuya política fluctuante y tortuosa había preparado por sí rojsma su der- 
rota, revelando por sus actos el secreto de su impotencia ; pero su causa 
inmediata permanece todavía objeto de interpretaciones contradictorias, 
que hallan igualmente su justificación en la estraia marcha, y en el re- 
sultado de este negocio. Es notable, en efecto, que las proposiciones 
sometidas por el Sr. £iood al gobierno aijentino prjmero, después al 
de Montevideo, y finalmente ai general Oribe, fueron aceptadas succe- 
eivft mente por cada uno de ellos, salvo modificaciones insignificantes; 
y qpe después de esta triple prueba de buena voluntad de las partes, im- 
previstas dificultades han frustrado la conclusión definitiva. Resulta de 
ahí que cada uno, teniendo que hacer valer en su favor la adhesión 
que había dado al proyecto primitivo, echa sobre la otra parte la respon- 
sabilidad dsl rompimiento ; y eso es plica porque vemos simultáneamente 
absolver y acusar á Rosas, á Oribe, al Gobierno de Montevideo y á les 
ministros de Francia y de Inglaterra los Sres. Deffaudis, y Ouseley. 

“En presencia de estas recriminaciones contradictorias, que se apoyan 
todas en los mismos motivos, es preciso buscar la verdad en datos cuyo 
orijen esté evidentemente exento de sospechosa parcialidad. Tal nos 
parece ser la carta siguiente, que tomamos de un diario ingles, y que, 
por la justicia que hace el ájente de la Francia, parece elevarse sobre 
las prevenciones que á ese respecto dominan en la prensa británica. Esa 
buena íé que le dá títulos á la confianza, pone á los pormenores que 



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204 



LOS CINCa ERRORES CAPITALES 



contiene, tanto sóbre la negociación del Sr. Hood, cuanto sobre 1 m 
causas inmediatas dé su rompimiento, el sello de un cierto crédito.** 

Ese mismo Journal del Havre, transcribe de 
un Diario Ingles una larga Carta de Montevideo, dan* 
do cuenta de la negociación Hood, en la que se balfo 
el párrafo que á continuación publicamos. 

“ Parece que el Sr. Hood, para persuadir á Rosas á que aceptase las 
condiciones propuestas por lord Aberdeen se había adelantado dema- 
siado ; y que, hábilmente circunvenido por el dictador, había consentido 
en diversas modificaciones de) texto, que, cambiando completamente el 
sentido del tratado, destruían las únicas garantías estipuladas en favor 
de Montevideo, de manera que todo lo que había escrito relativo al con- 
sentimiento de Rosas solé era verdadero en bu imaginación, pero, com- 
pletamente en disonancia con los hechos. Nuestro gobierno había aceptado 
las proposiciones tales como le fneron propuestas desde el principio; 
pero cuando el Sr. Hood vino ¿ hablar de las lijeras modificaciones que 
se habian hecho á ellas, los dos plenipotenciarios de la intervención 
las rehusaron decididamente su consentimiento. El Sr. Hood, en et 
momento en que se creia todo concluido, tuvo que volver á Buenos 
Aires ; Rosas, como era fácil de preveer, rehusé toda modifidacion, y 
aquel Sr. tuvo que volverse como había ido.” 

El Journal del Havre, continúa después las 
notables palabras con que concluye. 

“¿ La declaración con que termina su articulo el Journal des Debatr 
espresa el pensamiento del gobierno ? Asi. puede creerse, sj se refle* 
xiona que el consejo de ministros, ocupado hace ocho dias con el re- 
sultado de la misión del Sr. Hood, ha debido deliberar sobre esta cues- 
tión. En ese caso, queda por saber que es lo que el Journal des Debáis , 
entiende por empezar de nuevo todo el negocio ( Se trata simplemente 4 
de volver á turnar las negociaciones ab ovo< y de renovar el espectá- 
culo de dos grandes potencias abajándose á solicitar de Rosas una par 
A que no se le ha podido forzar, y cuya conclusión él sabrá bien eludir 
otra vez 1 i Se vá á recurrir á la fuerza, decidiéndose á emplear me- 
dios mas eficaces que los que hasta aqnthsn abortado 2 Tal es la debí* 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCESA. 



206 



cuestión que todos se hacen, en Europa como en las máijenes del Plata, 
y que no parece admitir mas que una sola solución posible, en una do- 
ble respuesta afirmativa ; á saber, la apertura de una nueva negocia- 
ción, apoyada, e6ta vez, con el envío de una fuerza irresistible.” 

En esa misma época, el Portefeuille de 22 
de Noviembre, decía: “ Puede asegurarse que hoy la 
Francia, no volvería a confiar podére» ni instrucciones 
suyas al antiguo Cónsul Jeneral de Inglaterra en Bue- 
nos Ayres (el Sr. Hood.)” 

El Lord Palmerston sin embargo dé aquel nue ¿ 
vo desaire de Rosas á las Potencias Interventoras, y 
de su tenacidad en sostener ias absurdas pretenciones- 
dé Oribe á la Presidencia de la República, contesta- 
ba á la Asociación de Comercio de Sud América, lo- 
que sigue: 

ministerio y 

de > 

Relaciones Estebiores. ) 

Noviembre 17—1846. 

Señor : Tengo orden del vieconde Palmerston para acusar a Vi 
recibo de 6U carta del 27 del pasado, y decirle en respuesta, para cono- 
cimiento de lá Asociación Mejicana y Sud-Americana en Liverpool, 
que su señoría espera que las desavenencias entre Buenos-Aires y Mon- 
tevideo se arreglarán antes de mucho. 

Pero su Señoría no puede tomar sobre sí el dar opinión alguna á la 
asociación con respecto á la renovación ( resumpjion) de sus opera-' 
dones comerciales en el Rio de la Plata. 

Soi Señor &a. 

(Firmado) tí. S. Stanley» 

Al Señor W. Rodger, presidente dé la asociación &. &. &. 

Esta opiuion del Lord, revelaba sus verdaderas 
miras en la Cuestión del Pialar sus miras de conti- 



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206 



LOS CINCO EBBOBB8 CAPITAL» 



nuar sus cumplimientos con el Dictador, después de 
Ja devolución de los cuatro prisioneros; enviando otras 
misiones diplomáticas hasta colocarse, por actos y de* 
claraciones inesplicables, fuera de los compromisos 
contraídos y de las obligaciones que le imponían al 
Gobierno Ingles, sus procedimientos oficiales, sus ac» 
tos todos en el Rio de la Plata. 

- Todos esos hechos consumados, nada importaban 
para su política; él quería abandonar la Cuestión se* 
parándose, por cualesquiera pretesto, de la interven- 
ción conjunta de la Francia, contra la opinión públi- 
ca solemnemente manifestada en Europa y en Amé- 
rica, y lo que es mas inesplicable, con notable perjui- 
cio de los intereses comerciales de la Gran Bretaña 
en estos ricos Países, con descrédito publico y veja- 
torio del honor Ingles, tan siriamente ¿m peñado en 
esta Cuestión. 

El 26 de Enero de 1847, se sabía ya en Montevi. 
deo, por Cartas del Sr. Hood, que su conducta había 
sido aprobada ppr el Lord Palmerston, dándole gra- 
cias por sus buenos servicios en el desempeño de su 
misión en el Plata, declarándole terminada ésta, pero 
á satisfacción del Gobierno Ingles. 

La prensa Inglesa, se manifestaba tan indignada 
con esa malhadada misión Hood, que el periódico Li- 
vbrpol Times, publicaba el 27 de Noviembre, el ar- 
tículo que transcribimos á continuación. 

“Podemos hacer muchas concesiones para tormento de los que creen 
en la misión de Mr. Hood, y en el jeneral Rosas. El proverbio espa* 



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DE LA INTERVENCION ANGLO'FRANCESA. 



207 



Bol dice : mochos van por lana y vuelven trasquilados. Tal ha sido la 
mísera suerte de ese desgraciado diplómate, cuyos dos viajes á través 
de la Linea no han producido otro resultado que el de dar al mundo la 
prueba mas convincente de que ó habia calculado mal su propia influen, 
cia con el jeneral Rosas, 6 estaba completamente engañado en cuanto 
al carácter de ese vengativo y nada escrupuloso jefe. ¿ Puede creer 
nadie, después de ver rota la negociación por un motivo tan frívolo co* 
no es el del tiempo en que debía entregarse la escuadra de Buenos 
Aires, que Rosas deseó nunca la paz, en los términos propuestos por 
lord Aberdeen y M. Guizot ? No es evidente, por el contrario, que él 
entretuvo á Mr. Hood con promesas mientras pudo sacar alguna venta, 
ja de au presencia, pero que tan luego como se chupó la naranja arrojó 
la cáscara ? La misión de Mr. Hood proporcionó ó Rosas convertir á 
Corrientes á su favor ; afirmarla vacilante fidelidad de (Jrquiza; y re- 
forzar asi su podjer que titubeaba ; y obtenidas estas cosas, tomó el pri- 
mer pretexto para romper la negociación. La primera base propuesta 
por lord Aberdeen y M. Guizot era excelente c era que desaparecería 
toda influencia extranjera en la República de Montevideo, y que el 
pueblo elijiria libremente su propio Gobierno, Estos términos fueron 
aceptados con gratitud por el gobierno de Montevideo, y fueron rechaza- 
dos por Rosas y por el traidor montevideano Oribe, que conduce los 
ejércitos de Rosas contra su patria. Quien, después de esto, puede du* 
dar que los corazones de loe montevideanos están con el gobierno de 
Montevideo, ó que Oribe y Rosas conocen que esa es la verdad t Si 
asi no fuera no se habrían negado á someter la contienda á la decisión 
propuesta por los gobiernos Ingles y Francés, 

«• El cargo contra el Embajador francés, Barón Deffaudis, es tan ri. 
diculo como impudente. El partió con ciertas órdenes de su gobierno, 
y ni siquiera se pretende que haya violado esas órdenes. Si M. Gui- 
zot deseaba que obedeciese cualesquiera órdenes que recibiese do Mr* 
Hood, le habría manifestado sus deseos de que asi lo hiciera, y el Ba- 
rón habría obedecido íí habría renunciado su puesto. No es presumible 
que un diplomático con 40 años de ejercicio obrase en contra de aua 
instrucciones ; ni es tampoco de presumir que asumiese la responsabi- 
lidad de todas las consecuencias que podrían sobrevenir cediendo ó las 
cxijencias del jeneral Rosas, de su sola cuenta. El ha estado dema- 
siado tiempo en el Rio de la Plata para conocer que Rosas nd quiere 
la paz, sino con las condiciones que él dicte, y por consiguiente para 



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208 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 

saber que esta sería solo la primera de una éerie de concesiones, qué 
pronto le habrían colocado en la posición de obrar en directa opóeicioa 
Con sus órdenes. Si los gobiernos de Inglaterra y Francia desean que 
sus ajenies' Ies rindan servicios honorables, lo obtendrán del Barón De. 
ffaudis y Mr. Oaseiey— del almirante Lainé y del Comodoro Hotham, 
si quieren enviarles órdenes claras?; pero si lo que quieren es engañar, 
•con truhanería ai publico, cuanto mas pronto cambien á los cuatro tanto 
mej or¿” 

En París, la prensa ilustrada, independiente, no 
se pronunciaba menos ajilada y Violenta, reprobando 
la política de los Gobiernos Interventores de aquella 
época, en el envío del Sr. Hood y en la política con» 
tradictoria, indecisa y débil que manifestaban en Ja 
Cuestión del Plata. 

El Constitucional de París de 13 de Noviera* 
bre, se espresaba así: 

*« El mal resultado de la misión del Sr. Hood en el Plata es un gran 
descalabro para la política de dt>9 caras de que era represente. El Sr. 
Hood ha propuesto en Buenos Ayresy Montevideo un proyecto de tra. 
tado que no era otra cosa que un equivoco. Cada articulóse presta á 
dos interpretaciones contrarias. El gobierno de Montevideo lo ha acep- 
tado en un sentido, el gobierno de Buenos Aires lo ha comentado en 
otro. Los $S, Defíaudis y Ouseley han preguntado al Sr. Hood que es 
lo que su tratado queria decir ; el sutil di plomático colocado al pié de 
la muralla, ha caido en las mismas redes que había tendido : se ha visto 
obligado á pronunciarse claramente por el comentario de Montevideo ¡ 
en el acto el gobierno de Buenos Aires ha retira do la aparente adhesioú 
que había dado al texto. El Sr. Hood ha vuelto á Europa á pedir á loa 
gabinetes de Londres y de París que desembrollen, si les es posible, 
enigma diplomático deque era portador. 

“ Entretanto, gracias á las oscuridades y las sutilezas de los minia* 
tros que ni saben lo que quieren, ni lo que hacen, la guerra va á desol- 
lar nuevamente las orillas del Plata, y los intereses franceses que sufren 
van á sufrir nuevos quebrantos. 

“ Se han hecho en Francia y en Inglaterra los esfuerzos mas penoso! 



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DE LA INTERVENCION ANGLO"FRANCE8A. 



209 



para oscurecer esta cuestión del Plata. Sin embargo nada hai en el 
.mundo que sea mas claro y mas sencillo. 

** Los intereses comunes de la Franciay de la Inglaterra exijen que 
Jae do# riberas de uno de los ríos mas grandes de la América no per* 
tenezcan á la misma potencia. 

*“ £1 interes y el honor de la Francia exijen que nuestros numerosos 
compatriotas establecidos en la orilla oriental del Plata, no estén á mer. 
ced de la ma9 odiosa tiranía. £1 tratado de 1840 nos obliga, por otra 
parte, á mantener la independencia de la República Oriental. La in- 
dependencia verdadera, completa, efectiva mantenida con lealtad, de la 
república de Montevideo, lie sin el objeto *que es necesario conseguir. 
En ese sentido toan obrado los Señores Ouseley y Diffaudia. 

“ Rosas y sus amigos quieren, por el contrario, como Mr, Page, 
como el Journal des Debáis , como el Sr. Hood quizá, que las dos ori- 
Has del Plata sean sometidas á la misma inüuencia, que Oribe, teniente 
de Rosas, vuelva á ser presidente de Montevideo, y que Buenos Airea 
pueda arruinar y someter esta última ciudad, 

“ Montevideo será independiente, ó será indirectamente sometida 
,al dictador argentino 1 Abí está toda la cuestión. Veamos como Ro- 
,088 procuraba obscurecerla para hacerla resolver en su favor. 

“ Las proposiciones del $r. Hood, tomadas en si mismas y separa- 
das del comentario de las respuestas de Rosas, fueron consideradas co- 
¡too aceptables por el gobierno de Montevideo: Este, en efecto, desea 
sinceramente conseguir la paz, y está dispuesto, para comprarla, á ha- 
cer todos los sacrificios compatibles, con el sosten de la independencia 
de la República Oriental. 

“'El suscribía condiciones duras en verdad, pero reservando siempre 
esa cuestión grande y fundamental de la independencia nacional, 

“ Así, él ha aceptado un armisticio y el desarme de la legión ex- , 
tr&ugera, porque él «comprendía el armisticio como concluido entre Bue- 
nos Aires y Montevideo, y el desarme como un antecedente para la 
inmediata renuncia, por parte de Rosas, á continuar en su empeño de 
¿ometer á Montevideo, por medio de un oriental, extranjero en las tro* 
pas arjentinae. 

“Ha consentido en el* alzamiento del bloqueo de Buenos Airea, 
pero con la condición que esta garantía de la ejecución del tratado no 
jseria abandonada Binó cuando las tropas extranjeras hubiesen cesado de 
,uneBa?ar la indepéndencia de la República. Oriental, 

27 



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210 



L08 CINCO ERRORES CAPITALES 



«• Ha reconocido loa derechos de Rosta á la soberanía del Paraná» 
debiendo Rosas reconocer, sin reserva alguna, los derechos de aobera. 
nía de la Banda Oriental sobre !t ribera izquierda del Uruguay. 

“Ha adherido al reconocimiento del derecho dé paz y guerra que 
pertenece & Buenos Aires, pero con e) pensamiento que no seria per 
mitido á Rosas abusar de él para invadir el térritorio Oriental sin causa, 
sin pretexto y con el tínico objeto de someterlo. 

“ En fin, é! se ha comprometido con placer á proceder á lá elec j 
cionde un presidente, pero con la condición de que Roete no ae reser- 
varía la facultad de imponer á Montevideo un presidente de su gueto, 
y de hacer la guerra al Estado Oriental si el resultado de la elección 
no correspondía á sus deseos. 

“ Enteramente al contrario de Montevideo, Rosas había compren- 
dido la convención como un medio de asentar su autoridad en el Esta- 
do Oriental y de anular la independencia de este Estado. 

Desde luego el jefe de Bueno» Aires ha renovado esa mentira tan- 
tas veces desenmascarada, que consiste en considerar la guerra que ha 
declarado á Montevideo como una guerra civil entré el presidente legal 
dq Ja 'República Oriental, D. Manuel Oribe, y una ciudad rebelde. De 
manera que la paz concluida entre Oribe y Montevideo no implicaba una 
especie de reconocimiento de Jos derechos de Oribe, y no obligaba a 
Buenos-Aires ni á su jefe, que, al día siguiente do firmado el tratado, ó 
mas bien el dia mismo del alzamiento del bloqueo* podía recomenzar la 
guerra. 

“ Por otra parte Rosas se ha reservado el medio de tomar este par^ 
tido exijiendo que el bloqueo de Buenos-Aires se levantase ántes de la 
evacuación del territorio Oriental por las tropas argentinas. 

*•* El se ba servido de la ficción de la pretendida presidencia de Ori- 
be, para no entrar, como parte contratante, en la cláusula que estípu- 
la la elección de un nuevo presidente. Esto era nada menos que dejar 
en pie la causa de la guerra . Rosas, que en este momento sostiene 
con Jas armas un pretendiente que ha suscitado» ¿ no debía obligarse 
personalmente á respetar sobre ese punto ia independencia del Estado 
Oriental ? ¿ Que otro interés, que el del sometimiento de Montevideo, 
pudo inducirle á no aceptar esta cláusula ? 

u En fin Rosas se ha abstenido igualmente, cuando se trató de acep- 
tar lá amnistía propuesta. El, que no quiso hacer el sacrificio de aui 



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m LA INTERVENCION ANQL0-FRANCE8A. 2 1 1 

taita» íe dominación toijre el Astado Oriental, tampoco quiso hacer el 
de sos venganzas.' 

44 Los amigos franceses de nuertro enemigo Rosas, no llegarán ja» 
mas á demostrar que el jefe de BoenosrAire* adhiera con lealtad á la 
independencia de Montevideo, tal como ha sido estipulada en el tratado 
de 1840. Tampoco probarán que la convención de Mr. Hood haya sido 
aceptada en 3uenos Aires como hahia sido comprendida en Montevideo ; 
jamas podrán ellos explicar las reservas y las reticencias de Rosas de 
otra manera que por aus proyectos ambiciosos sobre la República Orien- 
tal, 

“ Pero que se dirá de nuestro gobierno que permite hace una por- 
ción de tíos el equivoco sobre una cuestión tan clara, emplea á la ves 
dos clases de ajenies provistos de instrucciones contradictorias, y no ha 
sabido todavía hacer conocer, ni hacer prev&lecer su pensamiento ?” 

Citamos todas estas publicaciones de la prensa 
Europea» para probar mas plenamente el Prror de 
tos Gabinetes Interventores, y para ao dejar ni som- 
bra de duda, sobre la mala política de aquellos Go» 
tiernos, en abierta oposición á la opinión del Pue* 
blo Ingles y del Pueblo Francés, tan ilustradamente 
manifestada. Esta reparación es justa y debida á 
Jos sentimientos y lealtad de aquellas dos jenerosas 
Naciones que, desde el principio de esta sangrienta 
lucha, han manifestado las mas positivas simpatías 
por la Causa de la República Oriental, condenando 
siempre la debilidad de sus Gobiernos y la inefica* 
cía de los medios que empleaban para protejerla, y 
amparar los mismos intereses del comercio estran- 
jero. 

Conviene, á demás, en estos momentos, recor- 
dar como se esprimía la opinión de la Francia Mo« 
párquica de 1846, bajo la dirección de los SS. Thiers, 



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212 LOS CINCO EBR9BBS CAjPlT&IilB 

Marras, Bastrde,. y otras notabilidades no menos in< 
fluyentes; para fundar en esos lejjtimos anteceden* 
tes, lo que debemos esperar hoy de la Francia Re- 
publicana, dirijida por la política de aquellos mis- 
mos hombres de Estado. 

Este recuerdo es consolador, en medio de la 
abrumante idea que arrojan las publicaciones de la 
prensa que nos ha revelado que, la Francia, para 
tratar con Rosas ha hecho “ GRANDES-CONCE- 
SIONES:” que no pueden ser sino de honor, ó de 
intereses: con mengua de la grandeza de la Frao— 
cia, o con perjuicio del tesoro, levantado sobre el 
sudor del artesano, del agricultor, del manufacture- 
ro, del propietario, del comercio, y del pueblo todo 
Francés, tan oprimido ya por los impuestos. 

Pero volvamos á la narración de los hechos: qui- 
zá mas adelante escribamos algo sobre esta lastimo*- 
sa última política AD REFERENDUM. 



IL 



A fines de Enero de 1847, se trataba ya en Pa- 
rís y en Londres, de mandar nuevas instrucciones al 
Plata, faltaba solo que los Gabinetes Interventores 
se entendieran sobre esta nueva correría en el 



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DE LA INTBR VENCION ANGLO-FRANCC8A. 



213 



Océano, que no pocos y nuevos desastres debía pro- 
ducir ala política de los Interventores y á la Causa 
de la civilización en el Plata. 

Las principales Casas de Comercio de Bur- 
deos, hablan firmado una petición á la Cámara de 
Comercio, para que ella representase al Gobierno 
Francces, la necesidad de terminar de una vez la 
Cuestión. Esta demanda de todas las plazas mer- 
cantiles de Inglaterra y Francia, se hacía sentir fre« 
cuentemente; y á proporción de esta urjencia, los 
medios empleados por los Gabinetes, eran por des- 
gracia, mas errados y deficientes. 

Los Comerciantes de .Manchesfer, dirijían á 
Lord Palmerston, iguale» solicitudes para la pronta 
terminación de la situación dei Plata; indicando la 
necesidad deque fuese sobre la basa de la Inde- 
pendencia Oriental, decían, porque de otro modo 
no habría posibilidad de que la paz durase por mu- 
cho tiempo, perjudicando así los mas importantes 
interese» del comercio. 

Ni lo» Comerciantes de Manchester, ni el Co- 
Comercio de Burdeos, ni ei Pueblo Francos, ni el 
Pueblo Ingles podían entonces comprender que, hu- 
biera, paz posible, sin aquella basa: ni menos que se 
buscase aquel resultado haciéndole concesiones á 
Rosas, levantándole el bloqueo, y la intervención, 
para cambiar aquellos medios coercitivos, por cum- 
plimientos pobres y menguados; por tanta humilla* 
cion y vergüenza; por actos desleales al Pueblo 



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214 LOS CINCO ERRORES CAPITALES 

* 

Oriental, tan comprometido por ía fé que jenerosa- 
mente ¡puso en declaraciones y promesas solemnes. 

Sin embargo, no se pensaba del mismo modo 
en alguno de los Gabinetes Interventores. 

El Visconde Palmerston, contestando p| 8 de 
Enero, á los negociantes de Londres sobre la termi- 
nación de la Cuestión Oriental decía: “Qué la con- 
servación de la Independencia de la República 
Oriental era un objeto que no había {escapado á ja 
atención del Gobierno de S. M. 

Veremos mas adelante ceal fué, esa atención 
del Gobierno Ingles por la Independencia de la 
República bajo la dirección del Vjsconde Ral* 
merston. 

El 16 de Marzo sabíase ya en Rio Janeiro y en 
Montevideo el 29, el nombramiento del Lord Howdeu 
para desempeñar una misión diplomática en la. Córte 
tic Rio Janeiro, y encargado de venir al Rio de la Pla- 
ta á desempeñar otra en la Cuestión actual. 

El 28 de Enero en la Cámara de los Comunes, 
interpelado Lord Palmerston, sobre los negocios del 
Plata y sobre la bárbara muerte del Guarda Marina 
Ingles Wardlaw, decía; “ El honorable miembro me 
dispensará de entrar actualmente en pormenores sobre 
los negocios del Rio de la Plato* Espero queda» me- 
didas adoptadas, y que ván á ser puestas en ejecución 
pondrán, término al lamentable estado, de cosas que 
existe en aquel Paia.” 

Ultimamente súpose en el Rio de la Plata, quie 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCESA. 



215 



el 20 de Febrero, debía Salir el Lord Howden, tra- 
yendo la misión de emplear toda su influencia para 
arribar á la paz en estas Repúblicas. 

Un diario Tory, Morning Heralü, hace el eio- 
jio de las bellas cualidades personales del noble Lord, 
y de sus conocimientos políticos y diplomáticos, que 
en el Plata y en el Brasil, vino á comprobar con nue- 
yos rasgos de sagacidad y penetración; aprobados por 
el Visconde Palmerston. 

El Sr. Guizot, afirmaba en una de las Comisio- 
nes de la Cámara, que se había pasado una Nota Co- 
lectiva de los des Gobiernos de la Francia y la Ingla- 
térra y que esperaba muy buenos resultados. 

En el Rio de la Plata no se sintieron los efeeto* 
de aquella Nota, ni se conoció su contenido. Parece 
que el Sr. Guizot, trataba entonces de eludir las in- 
terpelaciones que se le hacían sobre este importante 
negocio, tratando de imponer silencio á las reclamacio- 
nes que de todas parte le dirijían sobre los perjuicios 
del Comercio, y los peligros que corrían sus Nacional 
les comprometidos en esta lucha. Así que, recurría en 
el conflicto á la táctica, tan antigua como gastada,- 
de imponerse reservas por lo delicado de la situa- 
ción de las negociaciones para Ro decir nada. 

La ansiedad no era menor al otro lado del Rio. 
Cartas de D. Juan José RuiZ, amigo íntimo de Oribe* 
dirijidas desde Buenos Ayres al Sr. Britos del Pino* 
en el derrito, sobre la Venida del Lord Bowden* de* 
cían: 



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316 tos CINCO. BRBORBS CAPITALES 

“ Buenos Aires, Abrit Q. 

■i Todos esperamos, con la ansiedad y deseo que ea é ustedes bien 
fácil comprender, por hal arse en la misma, fino en peor situación que 
nosotros, al nuevo Mesías Mr. Howden de quien tanto buen ó tanto ma- 
lo debemos aguardar. , Que Oios lo trsjga .cuanta antes, si su venida 
ha de darnos por resultado la terminación d.e esta eternizada y devasta-: 
dora guerra, y nos ha de hacer regresar y reunir todos en nuestra tan 
querida como desgraciada patria, Pero si asi no fuese, plegue ai cielo 
que, ¡totee de llegar al Rio de la Plata, ee sumerjan él y el vapor do 
tomillo de S. M. B. Rattler (6 el Matraqueador ) que lo conduce, y 
vayan ambos á los infiernos á matraquearse por allá con el gran diabfo" 

tf Bueno* Aire§, Abril 8. 

“ Aqui nos tiene V. esperando de un momento á otro la llegado 
del nuevo ministro ingles Mr. Howden, encargado para h pacificación 
de estas Repúblicas. Veremos, dentro de muy poco, el carácter y ta- 
maño de sus pretensiones. A bien que, si llegase a presentársenos coa 
el ís millo flojo, tenemos aquí por fortuna el ijlran Maestro, que ha de 
saber apretárselo bien.” 

El Gran Maestro de apretar tornillos, según la opor* 
Urna espresion de Ruiz, no tuvo el poder de apretar? 
los en aquella negociación á quien los manifestó tata 
descompuestos, y que tanto mal pino lia hacer en ej 
Plata. 

El 25 de Abril, sabíase ya en Montevideo el 
nombramiento del Conde Walesky, para venir al Rio 
de la Plata en misión extraordinaria por parte de la 
Francia, acompañando al Lord Howden, para pro* 
sentar á Rosas nuevas proposiciones de paz entro am- 
bas Repúblicas. 

El Gobierno Francés, se había negado á la de- 
manda del Gobierno Ingles de que, Lord Howden vi- 
niese solo al Rio de la Plata, á representar á entrft* 



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DE EA INTERVENCION ANO LO «FRANCES A. 217 

ambos Gobiernos en el arreglo de la Cuestión; ¡ pre- 
visión celestial ! 

Entre les multiplicados errores y averraciones 
cometidas por Mr. Guizot en esta Cuestión, es quizá 
aquella, la única Vez que procedió con entera pruden' 
cia y tino. La conducta del Lord Howden en el Rio 
de la Plata, vino mas tarde á justificar aquella reser* 
va, que los resultados de la misión del Sr. Hood acon- 
sejaban elocuentemente. 

piada puede dar una idea mas completa del ca- 
rácter y objetos de la nueva misión que se anunciaba 
que, la publicación del artículo que el periódico Pon* 
TEFEüiLLE, hizo en Paria con motivo del viaje de* 
Lord Howden á aquella Corte. 

44 Las numerosas peticiones de las Ciudades fabricadoras de Ingla- 
terra, urgiendo al Gobierno Británico á que intervenga para resta ble» 
cer prontamente la paz en las már je oes del Plata, han decidido á lord 
Palmer» ton á confiar ynt misión á lord Howden, nombrado última- 
mente Ministro Plenipotenciario de la Gran Bretaña cerca de la Corte 
del Jeneiro. El Gabinete de San James, considerando con razón que la 
condición esencial del éxito de esta misión reposa en el mútuo acuerdo 
de la Inglaterra y dé la Francia, ha juzgado oportuno enviar á Lord 
Howden á Potís, á fin de entenderse verbalmente con el Sr. Guizot, 
sobre la marcha de las negociaciones que han de seguirse con Rosas. 

V Si estamos bien informados, lord Howden que hace como diez 
días se encuentra entre nosotros, parece que ha manifestado al Sr. Goi- 
zot la qsperanza de obtener del gobierno francés plenos poderes, igua- 
les á aquellos con que le ha investido el gabinete ingles. Lord How- 
deo piensa que, concentrando en sus manos toda lo negociaeion, podrá 
llevarla adelante con mas energía y conducirla mas pronto & un resulta- 
do .satisfactorio. La demanda del plenipotenciario británico fué some- 
tida por el Sr. Guizot al consejo de ministros ; y este decidió que al 
mismo tiempo que se apresura á aceptar la oferta de la Inglaterra de 

28 



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218 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



obrar de comuft acuerdo con él en eete negocio, no convenía á ta digni- 
dad de la Francia dejarse representar por un sjente extranjero. Lord 
Hnwden no ha invocado el antecedente establecido por el Sr. Ministro 
de Ñegocios Extranjeros en esta misma cuestión del Plata ; ha pareci- 
do somete rae conestente á la exactitud de un principio jeneral de po- 
lítica , y desde entonces laB conferencias de lord Ñowden con el Sr. 
Guizot no han versado sino sobre el sentido de las instrucciones del ple- 
nipotenciario especial, que el gabinete de las Tullerias, á ejemplo de la 
Inglaterra, va á enviar i las márjenes del Plata» 

*• Sabido és que el Sr. Hood, enviado por el gabinete ingles á Bue- 
nos Aires con el fin de ayudar á los Sres. Ouseley y Deffiudis á poner 
término á la guerra civil en aquel pais, habia reducido á Rosas á firmar 
un armisticio, que los Sres. Ouseley y Deffaudis habían rehusado san- 
cionar» El Sr. Hood, desde 6U arribo á Buenos Aires, había sido de 
tal modo enredado en las intrigas de Rosas, qoe no habia visto en el 
armisticio un espediente destinado á engañar al negociador ingles, dan- 
do bastante tiempo á Rosas para volver a empezar toas tarde, y con 
mas enerjía las hostilidades contra Montevideo. Lo que mas necesita- 
ba Rosas, si quería acabar victoriosamente la guerra, era procurarse 
dinero. El dictador habia reunido en Buenos Aires provisiones inmen- 
sas de cueros, que, amontonadas como están, no tienen casi ningún va- 
lor, pero que, si el bloqueo era levantado solamente por algunos meses, 
se despacharían con grandes beneficios y llenarían las cajas vacias dé 
Rosas. 

“ Con esta mira, Rosas tuvo cuidado de estipular, en el tratado ne- 
gociado por el intermedio del Sr. Hood, que el bloqueo de Buenos Aires 
seria levantado sin que sug tropas tuviesen que evacuar la Banda Orien- 
tal ; pero el ejército arjentino debía al contrario retirarse inmediata» 
mente. 

“ Algunos especuladores, que tienen relaciones Con Buenos Aires, 
ban tratado de extraviar h opinión respecto á los SS. Ouseley y Deñau- 
dis ; por que estos d timos no quisieron dejarse engañar por Rosas. 
El gobierno ingles, y el gabinete francés se ban apresurado á hacer 
justicia á la previsión y á la firmeza de los dos plenipotenciarios ; y lord 
Palmerston no ha dejado de desaprobar completamente la conducta del 
Sr. Hood, desaprobación que motiva la misión de lord Howdén. Si la 
Inglaterra y la Francia juzgan conveniente enviar plenipotenciarios es- 
peciales á Buenos Aires, no es por que una ni la otra desapruébela 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCEZA. 



219 



tpareba de las negociaciones conducidas por los Sres. Deffdodis y Ou* 
«eley, sino para sostener y apoyar mejor á estos últimos respecto á Ro- 
sas* Según las órdenes comunicadas por el Sr. Guizotá lord Howden» 
el plenipotenciario francés que ve á ser enviado md hoc debe insistir mas 
que nunca para que la paz entre Buenos Aires y Montevideo tenga por 
base la evacuación simultanea de la Banda Oriental por ios dos ejér- 
citos enemigos. 

u Lord Howden se embarcará la semana próxima en Southampton 
para dirijirse á su destino. £1 Plenipotenciario francés que será nom- 
brado de pocos dias le seguirá de cerca.” 

Las íntimas relaciones de los Redactores del 
Portefeuille con el Sr. Guizot y con las personas 
del Gobierno, daban á sus palabras entero crédito, 
allá, como aquí; y la opinión quedó formada en Euro* 
pa, como en el Rio de la Plata, sobre los verdaderos 
objetos de la nueva misión del Conde Walesky y Lord 
Howden. • 



III. 



Por fin, después de tantas ansiedades, de tantos 
cálculos y conjeturas, llegó á la rada de Montevideo 
el 6 de Mayo de 1847 el Vapor Cassini, conducien- 
do á su bordo al Sr. Conde Wálesky, Ministro Fran- 
cés en la Cuestión del Plata, y al Sr. Lc-Predeur Ca- 
pitán de Navio, (hoy Contra-Almirante) encargado de 
mandar la Estación del Plata, reemplazando al bizar. 
ro Contra-Almirante Lainé. 



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¿20 LOS CINCO ERRORES CAPITALES 

Ambos personajes bajaron á tierra, y el primero 
pasó á saludar al Gobierno con la mayor atención. 

Muy luego súpose que el Sr. Barón Deffaudis re- 
gresaría á Europa, habiendo terminado su misión ex* 
traordinaria, lo mismo que, el Sr. Laine. 

El Sr. Conde Walesky pasó inmediatamente á 
Buenos Ayres, dejando en la Capital, respetuosos re- 
cuerdos desús primeros pasos. 

El Lord Howden, cuyo arribo á Bahía lo comu- 
nicaba el Cassini, debía llegar por momentos. 

Fácil es calcular la situación que desde aquellos 
instantes, asumió la Cuestión. Después de tan tris- 
tes desengaños, de tan fatales antecedentes, ninguna 
confianza podía inspirar la nueva misión. Esta consi- 
deración se hacía mas grave desde que, sé principia- 
ba, por hacer al Dictador, una concesión tan impor- 
tante, como lo era, la remoción del Barón Deffaudis y 
del Contra-Almirante Lainé. De los dos altos funcío» 
narios Franceses que mas ilustradamente habían tra- 
tado la Cuestión, y mas dignamente representado á la 
Francia en momentos muy complicados y difíciles. 

Las pretenciones del Dictador por la retirada de 
aquellos personajes, se realizaba, con profundo pesar 
para todos los amigos de la Francia, y de la Cuestión 
del Plata, para todos los amigos de la civilización y de 
|a libertad. 

Ese primer hecho, anunciaba otros mas funestos; 
y se presentía por todos la realización de combinacio- 
nes ó medidas que herirían de muerte la Cuestión. 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCEIA. 221 

El 9 de Mayo llegó á la rada exterior el Vapor 
Rattler, conduciendo al Lord Howden; y sin comu- 
nicar con tierra, ni saludar si Gobierno como muy 
cortesmente lo había hecho el Conde Walesky, se 
trasladó al Firebrand* que montaba el Comodoro 
Herbert, y juntos marcharon inmediatamente á Bue- 
nos Ayres. 

Desde aquellos momentos el Lord Howdeti em. 
pezó a manifestar su mala voluntad por la Causa de 
Montevideo* impresa en su espíritu por la política del 
Lord Palmerston tan notoriamente pronunciada de 
mil modos. Así que, los temores se aumentaron, y 
mas tarde, tuvieron tristísima y cruel realidad. 

Üna Carta de Londres de 26 de Marzo publica- 
da en el Journal de Commercio del Rio Janeiro* 
decía: 

“ Se aseguré que no hay la menor combinación entre fóa dos ájen, 
tea ( Lord Howden, y el Conde Walesky ). La Inglaterra no quiere 
intervenir con Rosas en sus cneetiones Arjentinas, mientras los france- 
ses quieren derribarle.” 

Los sucesos que tuvieron lugar en él Plata al ter. 
minar esa misión* probaron que aquella Carta, conte- 
nía mucha parte de verdad en lo que anunciaba: que 
el Ministro Ingles, no tenía combinación con el Mi- 
nistro Francés en todo lo que el primero tenía inten- 
ción de hacer en el Plata. 

El 8 de Mayo el Vapor Cassini, amaneció fon* 
deado en la rada exterior de Buenos Ayres: el 9 de- 
sembarcó el Conde, prévio permiso de Rosase 



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IiÚS CINCO RRRORRS CAPITALES 



m 

La impresión fué grande en aquella Capital: to- 
dos afirmaban que la paz se hacía; que el bloqueo se- 
ria levantado inmediatamente. 

£1 10 desembarcaron en aquel Puerto de Bue- 
nos Ayres, el Lord Howden y el Comodoro Herbert. 
Este último, no obstante las restricciones establecidas 
por el Dictador para la Marina inglesa y Francesa, y 
sin que formase parte de la comitiva diplomática. 

Inmediatamente ambos Plenipotenciarios tuvie- 
ron distintas conferencias con el Ministro de Rosas 
Arana, y presentaron sus Credenciales. 

Hasta el 14 nada se había hecho entre les Pleni- 
potenciarios y el Dictador: aquellos instaban porque 
no se perdiera tiempo. 

El Dictador, principiaba por poner en planta sus 
manejos, su táctica favorita de ganar tiempo, hacerse 
rogar y promover dilaciones de todos modos para fa- 
tigar la paciencia de los negociadores, hacerlos deae9> 
perar ó caer en las redes que frecuentemente acostum- 
bra tender en esos casos. 

Dejemos á los nuevos Ministros Interventores 
entretenidos con el Dictador al otro lado del Rio, y 
veamos lo que pasaba en Montevideo en aquellos mo- 
mentos. 

Los Jefes de las Estaciones Inglesa y Francesa, 
solicitaban del Gobierno de la República una suspen- 
sión de armas. El Gobierno, accedía gustoso a tan 
humanitaria sol¡cicitud,conio siempre lo había hecho, 
procurando evitar de todos modos la efusión desangre. 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCESA. 228 

El 19 quedó aceptado por Oribe el armisticio: de 
su Campo se anunciaba ya en aquella fecha que el 
bloqueo sería levantado. 

Durante estos acontecimientos se embarcaban de 
regreso á Europa, los SS. Deffaudis y Lainé, en la 
Fragata Africaine, dejando en la Capital de la Re- 
pública un recuerdo de aprecio y respeto en todos sus 
habitantes, que solo pueden comprenderse por ta na* 
turaleza de los importantes servicios que prestaron al 
Comercio y al honor de su Nación, y por las demostráis 
dones públicas que todos hicieron en los momentos 
de su partida. 

Una Comisión de Franceses, qué no habían to* 
mado parte en la Cuestión, fue á despedirse de ellos á 
bordo en nombre de sus Compatriotas. 

Otra de parte de los Franceses armados, fué mas 
tarde, á cumplir con iguales deberes. 

Publicamos las Cartas de despedida que los resi* 
dentes Franceses, dirijieron en aquella ocasión á los 
SS. Deífaudis y Lainé. Nada puede dar mejor la me* 
dida del aprecio público á que eran acreedores aque- 
llos ilustres personajes, que esas comunicaciones tan 
sinceras como desinteresadas: ni tampoco, nada habla 
mas alto para acusar los errores de los Gabinetes 
que removían en aquellos momentos, á los SS. De- 
ffaudisy Lainé del Rio de la Plata, donde tan impor- 
tantes servicios habían prestado, é su propia causa y 
honor. 

Nosotros satisfacemos uh deber de rigorosa justi* 



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224 



108 CINCO ERRORES CAPITALES 



cia, y de gratitud sincera, reproduciendo esos impor- 
tañes Documentos que tanto hpnran á aquellos dos 
ilustres Franceses, único homenaje que podemos ren- 
dirles al otro lado de los mares donde $e encuentran. 

(TRADUCCION.) 

A S. E. el señor Barón Deffaudis Ministro Plenipotenciario 
de Francia. 

Señor Barón : 

Los infrascriptos residentes franceses en Montevideo, han sabido 
con aflicción profunda yueetra próxima partida para Francia. 

Las pruebas reiteradas de vuestra benevolencia, la eficacia de vues- 
tros efuerzos cuando ellos han implorado vuestro apoyo en favor de sus 
reclamaciones cerqa del gobierno de la República; vuestra jenerosidad 
para con nuestros compatriotas desgraciados ; la nobleza y la eneijía 
de vuestro carácter, cuyos gloriosos antecedentes conocíamos ; vuestra 
constante solicitud en defender los intereses de vuestros nacionales, 
pueden haberos atraído la animosidad de ios enemigos de la intervención 
y de la humanidad ; pero os han ganado el reconocimiento eterno de 
las poblaciones civilizadas de las dos márjenes del Rio de la Plata. 

Si alguna cosa, Sr. Barón, puede templar la amargura de nuestro 
pesar, es la esperanza de qoe el Sr. Conde Walewsky, vuestro honra* 
ble sucesor, continuará siguiendo la marcha fírme, discreta y hábil que 
V. ha adoptado ; y que llegará, por fío, á poner un término á la difícil 
posición en que nos hallamos, y que V. ha comprendido tan bien. 

Dignaos, Sr. Barón, aceptar el tributo dé nuestro mis sincero pe. 
sar ; el no ménoB puro de nuestra gratitud ; creer que vuestro recuerdo 
nos será siempre querido, y aceptar el homenaje de los sentimientos mas 
respectuosos con que tenemos el honor de ser, Sr. Barón, &. &. &. 

( Siguen lasjirmas.) 



(traducción.) 

Señor Almirante 



Montevideo , 12 de Mayo de 1847. 



Vuestra solicitud benevolente hacia vuestros compatriota^ residen: 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCEiA. 



225 



tes en las dos riveras del Plata, impone á los que están establecidos en 
esta Ciudad un deber muy dulce, y es el de expresaros nuestras since- 
ras gracias por las pruebas de verdadera simpatía con que nos habéis 
honrado constantemente ; así como nuestro pesar mas vivo por vuestra 
próxima partida, en ios momento? en que esperamos con tan grande an- 
siedad la solución de la importante cuestión po'ítica en que habéis to- 
mado parte, por los intereses generales del comercio de la Francia. 

Ojalá que él Jefe honorable que ha venido á reemplazaros en el 
Plata pueda dejar en estos lugares un recuerdo tan querido como el que 
siempre irá ligado á vuestro nombre. 

Dignaos, Sr. Almirante, aceptar los votos que hacemos por vuestra 
futura prosperidad, y la expresión de profunda gratitud y de respeto con 
que tenemos el honor de ser vuestros muy humildes y obedientes ser- 
vidores. 

•( Siguen las firmas . ) 

Sr. Contra-Almirante Lainé á bordo de la Fragata Africana, en la rada. 



(traducción.) 

Sr. Barón ; 

Los oficiales infrascriptos, en nombre de la Legión Francesa, miran 
con un sentimiento de dolor la próxima partida de V. E. Vivamente 
penetrados de las proebas reiteradas que V. E. se ba dignado darles de 
su benevóla simpatía, vienen á manifestarle solemnemente el vivo pe- 
sar que esperimentan. Pierden en V. E, un defensor, cuyo noble ca- 
rácter les inspiraba la mas entera confianza : asi debe V. E. estar cierto 
de que su recuerdo durará largo tiempo en la memoria de losinfrascñp- 
tos, y que su reconocimiento seguirá siempre á V, E. 

Dígnese V. E., Sr. Barón, aceptar el homenaje de esos sentimien- 
tos, como el de la respetuosa adhesión con que tienen el honor de ser 
& &. &. 

(Sígnenlas firmas.) 

Montevideo, 13 de Mayo de 1847. 



29 



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326 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



(TRADUCCION.) 

Señor Almirante ; 

El anuncio de vuestra próxima separación ha causado una sensa- 
ción dolorost en la población francesa, lo mismo que en los hombres 
honrados de todas las naciones ; pero sobre todo en los fejionarios de 
quienes somos órgano* Penetrados de reconocimiento por las pruebas 
de benévola simpatía con que os habois dignado honrarla, la lfjion viene 
á manifestaros el vivo pesar con que vé alejarse á uno de los jefes en 
quienes habia puesto, con rszon, toda su confianza : ella pierde en 
vos un noble defensor, cuyo recuerdo siempre estará presente á su me* 
moría. 

¡ Puedan merecer vuestro agrado los votos que hace por vuestra fe- 
licidad ! Dignaos, al menos, aceptarlos Sr. Almirante, y creer en la 
respetuosa adhesión con que tenemos el honor de ser &. &• &, 

( Siguen las firmas .) 

Montevideo 13 de Mayo de 1847. 



(TRADUCCION.) 

Señor Barón : 

Colocado por circunstancias desgraciadas á la cabeza de un cuerpo 
compuesto de una parte de los residentes franceses, actualmente arma- 
dos en Montevideo, faltaría á lo que debo á mis compañeros de armas y 
á loque me debo á mi míeme si omitiese expresaros, en nombra de ellos 
y en el mió propio, la parte muy eíncera que tomamos en el vivo pe- 
sar que siente, al veros alejar de esta capital, la gran mayoría de sus ha- 
bitantes, asi extrangeros como hijos del pais. Este pesar, señor barón, 
ea la prueba dé la confianza que todos teníamos en vos, como también 
de los derechos que habéis ya adquirido á nuestra gratitud. 

En medio de nuestro sentimiento, quisiéramos Sr. barón, que es- 
tuvieseis convencido de que nuestro agradecimiento no puede comparar- 
se sino con nuestra admiración, y con el profundo respeto a que no 9 
obligan vuestro leal y noble carácter (del cual nos eporgullesemos como* 
franceses) y la habilidad, la justicia, la firmeza y la moderación que 
siempre han sido la regla de vuestra conducta política en los negocies 



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DE LA INTERVENCION ANGLO «FRANCESA. 



927 



del Pista ; conducta que á veces ha hecho mas difícil la influencia, sin 
duda, de nuestra mala estrella. 

Por todo lo que os debemos, dignaos Señor Barón, aceptar al me- 
nos los votos ardientes que hacemos por que la Providencia os acuerdo 
larga vida y sobre vos derrame toda clase de prosperidad y ventura. 

Recibid, Señor Barón, la expresión de los sentimientos respetuosos 
con que tengo el honor de ser, de V. E. muy humilde y obediente ser- 
vidor. 

El Coronel del Regimiento de Cazadores Vascos, 
Be». 

Montevideo Mayo 17 de 1847. 



Los Comerciantes y residentes Británicos en 
Montevideo, manifestaron de la mánera mas pública, 
sus sentimientos de gratitud y respeto á los SS. De- 
flaudis y Lainé, en los momentos de partir. Ellos les 
dirijieron las Cartas siguientes que tanto honran ásu 
rectitud, como á los personajes á quienes las dirijían. 



(TRADUCCION.) 

Señor Barón : 



Montevideo Mayo 10 de 1847; 



Los infrascriptos comerciantes y residentes Británicos en Monte- 
video, penetrados de intenso agradecimientd'hácia V. E., por las ven* 
tajas directas é indirectas que han refluido sobre nosotros, en común con* 
vuestros compatriotas y otros extranjeros en Montevideo, en consecuen- 
cia de la justicia, firmeza y propiedad desplegada en las varias situa- 
ciones de vuestra misión á este Rio, como colega del Sr. Ouseley, Minia* 
tro Plenipotenciario de S. M. B., no podemos presenciar la partida de 
V. E, de esta capital sin atestiguar del modo mas eiocero y respetuo- 
so nuestra alta estimación de vuestro ^carácter y vuestra conducta. 

Hemos presenciado con admiración ¡a firmeza y conveniencia de 
vuestra conducta pública en las numerosas circunstancias delicadas, difi- 
cultades embarazosas, y fatigantes cambios que han marcado la marcha 
de la Intervención ; y hemos aprendido á estimar la bondad, urbani- 



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£28 



LOS CINCO ERRORES CAFITALE8 



dad y cortesía que siempre os han acompañado en la vida privada, y 
que han contribuido á confirmar y fortificar la buena inteligencia y 
amigables sentimientos que existen entre los franceses é ingleses resi. 
dentes en Montevideo, y á promover la armonía en todas las clases de 
su población. 

Permitidnos, pues, manifestar á V. E. la expresión de nuestro pe- 
sar por que haya llegado el momento de alejaros de nosotros, y la segu- 
ridad de que os lleváis nuestro respeto y gratitud, y nuestros mas cor- 
diales deseos por vuestra salud y felicidad. 

'Tenemos el honor de ser, Sr. Barón, &c. &c. 

( Siguen 6 0 firmas.) 

A S. E. el Barón Defiaudis, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipo* 
tenciario de S. M. el Rey de los Franceses. 




‘ Montevideo Mayo 10 de 1847. 

Señor Almirante : 

Los infrascriptos Comerciantes y residentes Británicos en Monte- 
video, habiendo oido decir que tratáis de alejaros de estas cercanías» 
deseamos manifestaros nuestro pesar por este suceso, y nuestra admi- 
ración por vuestra conducta durante el trabajoso período en que habéis 
comandado la escuadra francesa en este Rio. 

Os debemos nuestra gratitud por el modo hábil en que los buques 
de guerra á vuestras órdenes cooperaron con los de la Gran Bretaña en 
la protección de nuestro comercio, y del que se hizo bajo otros pabello- 
nes en el Rio Paraná, preservándoles de los numerosos peligros á que 
estuvieron expuestos en su viaje, tanto al subir como al bajar aquel Rio. 

Cordialmente os agradecemos la protección á las vidas y á las pro- 
piedades Británicas que siempre habéis prestado con tanta prontitud co- 
mo gallardía, y especialmente en la Colonia, donde desembarcasteis 
una fuerza francesa para la seguridad de nuestros compatriotas, cuando 
la de nuestra nación fué inesperadamente retirada. 

Nosotros es respetamos por la conducta honorable y consistente que 
habéis observado durante la marcha de la intervención Francesa é In- 
glesa en los negocios de) Rio de la Plata, y por la simpatía que siempre 
habéis manifestado por la causa de la justicia y la humanidad. 



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DE LA INTERVENCION AKGLO»FRANCE8A. 



229 



En conelusion, repetimos la espresion de nuestro sincero pesar por 
vuestra partida de Montevideo, y os aseguramos que nuestros mejores y 
mas cordiales votos son por vuestra continuada salud y felicidad; 
Tenemos el honor de ser sefior Amirante &c. &c. 

( Siguen 60 firmas.) 

Al Sr. Almirante Laine, últimamente Comandante en Jefe de las fuerzas 
navales de S. M. el Rey de los Franceses en el Rio de la Plata 
&c. &c. &c. 



IV. 



El 20 de Mayo, sabíase aquí que el Dictador ha- 
bía contestado á los Ministros Interventores, sobre las 
proposiciones que estos le hicieran: no se sabía cuales 
serían esas proposiciones , y esto aumentaba la an- 
siedad. 

El Ministro Ingles continuaba en Buenos Áyres, 
dando repetidas pruebas de su amabilidad y franco 
carácter, que por desgracia no había querido tener la 
jenerosidad de mostrar en su tránsito tan esquivo por 
esta rada. 

El British Packet, al servicio del Dictador, 
ponderaba las bellas cualidades del Lord, del modo sU 
guíente: 

“ Difícil sería que la aristocracia inglesa estuviese mas dignamente 
representada, en un país democrático, que lo que está aquí por Lord 
Howden* Su afabilidad, y la ausencia de toda esa altanería, que se 6u- 



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230 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



pone inherente ai rango á que pertenece, le ha ganado dorada Opinión 
entre toda clase de personas. Su aparición noches pasadas en el tea* 
tro de La Victoria, sin ostentación alguna, entre loa coocurrentes del 
patio, agregó no poco á su popularidad/’ 

Hechos posteriores probaron que, aquellos elo* 
jios no eran infundados, pues la imparqialidad del 
noble Lord se mostr6 plenamente, al terminar su mi. 
sion en el Plata. 

El noble Lord se esforzaba en manifestar de to* 
dos modos sus deseos de un arreglo amistoso, y quizá 
se escedía en esas significativas demostraciones en pre- 
sencia de un hombre tan propenso, pomo el Dictador, 
á ridiculizar esos medios. 

Así, mientras el Lord Howden hacía todo eso tyn 
alabado por los Federales, el Dictador, al siguiente día 
formaba 4000 hombres en la Plaza y 30 piezas de ar« 
tillería, ostentando ese poder en los momentos en que 
se negociaba. 

El 1. ° de Junio se sabía ya aquí, que el Dicta- 
dor había contestado á los SS. Ministros Intervento- 
res rehusándose adherir á las proposiciones de aque- 
llos, constantes de 13 artículos, y presentando por su 
parte otras nuevas, fundadas en las basas Hood. 

Ignorábase como serian miradas por los Inter* 
ventores aquellas proposiciones. Desde el principio 
se aseguraba que la negociación sería rota por la 
mala voluntad del Dictador, y que los Ministros se 
retirarían á Montevideo. 

Esa resistencia del Dictador, se manifestaba 



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DE LA INTERVENCION ANCLO-FRANCESA. 



231 



también en Oribe. Su Papel oficial, redactado en* 
tre sus Batallones, decía el SO de Junio. 

“ ¿Supondrán acaso los salvajes unitarios que el pueblo Oriental 
armado en masa ha combatido tantos afios al lado del Gobierno legal 
de la nación y que ha derramado fu fargre para ceder á un bando re- 
belde el triunfa que ha obtenido por medio de eu esfuerzo y su cons- 
tancia? ¿ Contra quien ha peleado la Nación Oriental? ¿Cual ha sido el 
objeto de la guerfa? 

“ Que las Potencias aliadas envían sus Plenipotenciarios á hacer 
proposiciones de paz á los Gobiernos legales de las dos Repúblicas del 
Plata que no tengan por basa el reconocimiento de sus derechos, de su 
dignidad y su justicia* Piensa que habíamos de celebrar ni admitir 
una paz injusta 6 que inutilizase los heroicos trabajos que ambas Re- 
públicas del Plata han empleado para restablecer en ellas el órden legal 
y asegurar eu independencia y libertad?* Está engafisdo, y lo está tam- 
bién en suponer que esos Plenipotenciarios vienen á tratar con el titu- 
lado Gobierno de Montevideo como parte en la negociación de paz.’* 

Y esos planes^ y esas tendencias tan publica* 
mente manifestadas por Rosas y Oribe, y tan opues* 
tasa la paz, que no dejaban ni remota esperanza de 
un arreglo equitativo, es lo que no han querido, ó 
no han sabido comprender ni considerar, los Go- 
biernos que tantas veces se han dejado burlarían 
atrevidamente con mentidas palabras de paz, desar- 
rollando y publicando é sus propios ojos los mas 
abominables planes de guerra, persecución y ester- 
minio. 

El noble Lord continuaba en Buenos Ayres 
dando pruebas de su bello carácter para los Fede- 
rales. El 81 de Mayo, hacía un magnífico paseo a| 
Campamento de los Santos Lugares, acompañado 
de la familia y séquito del Dictador, Allí tuvo oca* 



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£38 LOS CINCO EBSOPS8 CAPITALE8 

sion de ver y dar la mano á los Gasiques Indios 
amigos y aliados de Rosas, y examinar sus costum- 
bres y otros pormenores muy importantes para un 
Diplomático de su altura y para los objetos de su 
misión. Esto era saber negociar. 

Ni esos exajerados cumplimientos tuvieron po* 
der para ablandar á Rosas; ni lo tendrán jamás. 
Ellos complicaban más la situación, dándole mayor 
audacia al mismo que esperaban docilizar por tan 
menguados medios. 

Anunciábase ya en aquella fecha, que el Dicta* 
dor pedía indemnizaciones pecuniarias: que sus pro- 
posiciones reducidas á 14 artículos, estaban muy 
distantes de armonizarse con las basas presentadas 
por los Interventores. 

? La negociación llegaba á un próximo desenla- 
ce Los mismos Ministros Interventores aseguraban 
á sus compatriotas, que había puntos muy difíciles 
de arreglar, aunque no desesperaban enteramente 
de obtener un buen resultado. 

El 23 de Junio, el Lord Howden pasaba al 
Dictador la Nota que publicamos á continuación, 
con la respuesta de aquel, por medio de su Ministro 
de Relaciones Exteriores. 

Buenos Aires , Junio 23 cíe 1847. 

Exmo. Sr.— 

Tengo razón para creer que se abriga muy generalmente una idea, 
y á la verdad se circula muy dilijentemente por algunas personas- ein 
ningún objeto conciliatorio, de que el gobierno Ingles está deseoso d e 
incluir las banderas inglesas que ha tiempo han estado en poieaien del 



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DB LA, INTERVENCION AMOLO-FRANCESA. 



258 



Gobierno Arjentino, en el srticulo de la Convención que se refiere á et 
can ge de banderas y cañones. Como esta idea es no solo errónea, sino 
también parece haber producido considerable desafecto, considero mi 
deber declarar claramente á V. E., que el gobierno Ingles no tiene in- 
tención alguna de pedir las banderas á que se ha aludido, que ningunas 
instrucciones tengo sobre el particular, y que el articulo en la Conven- 
ción alude únicamente á la recíproca restitución de aquellas banderas y 
cañones capturados por cada parto en el suceso de Obligado ; cuyo su- 
ceso, por grande que fuese <1 valor exhibido por ambas partea, fué una 
colicion que, no tengo hesitación alguna en decirlo, ea mirada por mi 
Gobierno como sentirse profundamente. 

Tengo el honor de ser con la mas alta consideración, Señor, de 
V. E. muy obediente y humilde servidor. 

• 

Howdiic. 

A £. E. D. Felipe Arana, &a. &a. &a. 



El infrascripto ha recibido orden del Exmo. Sr. Gobernador para 
decir á V. E. en contestación á su enunciada nota, que # el Gobierne 
Arjentino jamas ha participado de la errónea idea que V. E expresa se 
circula muy diligentemente por ajgunas personas, sin ningún objeto con- 
ciliatorio, de que el Gobierno Ing'es está deseoso de incluir en el arti- 
culo de la Convención que se refiere á un cange de banderas y cañones, 
las banderas inglesas que ha tiempo están en posesión del Gobierno Ar- 
jentino.— Siempre ha creído que tal articulo se refiere únicamente ¿ le 
reciproca restitución de las banderas y cañones capturados porcada par* 
te en el suceso de Obligado, suceso que ó la par del Gobierno de S. M. B. t 
por grande que haya sido el valor exhibido por ambas partes, es mirado 
por el de la Confederación como muy digno de sentirse profundamente. 

Y en el deber en que se baya de retribuir á V. E* la noble franque- 
za, con que contradice tan infundado y falso rumor, no obstante las 
convicciones que el infrascripto deja manifestadas, ha recibido asi mis- 
mo orden del Exmo. Sr. Gobernador para significar á Y. E. el alto 
aprecio que le ha merecido á este Gobierno el sincero espíritu conci- 
liatorio que V. E. comprueba con la precedente declaración, en la que 
ha consignado un estimable testimonio de la elevada rectitud del Gobier- 
ne de S. M. B., y de los diüjentes leales esfuerzos de V. E. perol res- 

30 



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234 LÓ9 CINCO ERRORES CAPITALES 

tablécimiento de las buenas amistosas relaciones entre ambos paites ; 
noble é importante objeto á. cuya aaecusion tienden también muy sigáis 
cativamente los que este gobierno tiene demostrados.-^Dios guarde á 
V. tí, muchos años* 

FblifbAbana. 

El Gobierno Ingles principiaba por aquel acto 
público á desligarse de sos compromisos con la Fran« 
cia. Las dos Potencias habían combatido en Obli- 
gado; y para la toma de esos cañones y de esa ban- 
dera, habían sacrificado sangre Francesa al iado de 
sangre Inglesa.: el compromiso de aquella jornada 
era común para ambas Naciones, y no podía la una 
desligarse de la otra por aquellos medios, sin termi- 
nar antes el pacto de intervención ajustado entre 
ellas, y en virtud del cual habían combatido juntas 
en el Paraná. 

Menos podía hacer eso Lord Howden en aque- 
llos momentos, en que se negociaba conjuntamente 
con la Francia, y cuando se vió después que fas ins- 
trucciones de loados miembros, eran perfectamente 
iguales. 

Pero ese proceder del Lord, era precursor de 
lo que debía hacer despees en la rada de Montevi- 
deo: nótese que el noble Lord hacía eso en vísperas, 
de romperse la negociación, cuando el Dictador re» 
peliendo las nuevas proposiciones que le hacían loo. 
Gabinetes Interventores, les arrojaba otra vez el 
guante sin ceder un ápice de sus pretenciones. 

Esto hacía mas potable el proceder del noble 



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DE IA INTERVENCION ANCJL0-FRANCE8A. 



885 



Lord. Como era natural) la ansiedad crecía ¿ punto 
de no tener base para pensar, ni ' comtmioar, y 'bu 
ambas riberas del Plata fueron inmensos los perjui- 
cios que el comercio recibía en aquella prolongada 
negociación. 

Por último, después de inútiles esfuerzos por 
parte de los Interventores, pata atraer al Dictador á 
trn acomodamiento justo: después de repetidísiiwag 
conferencias alternativamente con aquel y «a Minis- 
tro dé Relaciones Exteriores: despees de agotados 
todos los medios diplomáticos, bs resortes Dedos dé 
la cortesía , los cortejos mas inusitados per parte del 
Lord Hotrden, la negociación quedé rota él 29 de 
Jomé á la noche. 

El 30, personas comisionadas por el Conde Wa- 
lesky y por el Lord flowden anunciaban á sus Na- 
cionales que la negociación estaba rota, y de parte 
del Lord se decía que por ahora.” 

Los dos Plenipotenciarios hablan pedido ya 
sus pasaportes, y estaban prontos á embarcarse. 

Rosas pedía á la última hora una conferencia 
con los dos Plenipotenciarios, pero ella no dió resul- 
tado alguno favorable á la paz. 

La situación de Buenos Ayres, durante aquella 
negociación, fuá muy crítica: en ninguna ocasión se 
esperi mentaron mas perjuicios en el comercio, y en to- 
das las transaciones, que en aquellos mementos, tan 
difíciles de describir. 

Todos les esfuerzos se pusieron en armenia para 



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236 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



«tajar el rompimiento de las negociaciones: individuos 
influyentes de todas las clases, trabajaron por halianar 
las dificultades. El Sr. Harris, Encargado de Negó* 
cios de los Estados Unidos, empleó su mediación y 
altos respetos en aquel mismo sentido, pero todo fuá 
inútil. 

Todos preveían las consecuencias de nuevo rom* 
pimiento de las negociaciones: las calamidades iban á 
continuar, y no era fácil calcular hasta donde llega* 
rían por el camino que el Dictador no quería aban- 
donar, negándose ó todo. 

El 4 de Junio Lord Howden llegó á la rada de 
Montevideo en el Vapor de S. M. B. Alecto, y bajo 
la insignia del Comodoro Herbert que le acompañaba. 

El British Packet, periódico del Dictador, pa* 
sando rápidamente de los repetidos elojios que tribu- 
taba á lo que clasificaba de nueva y hábil política de 
los Gabinetes Interventores, el 3 de Junio les llamaba 
rapaces despojantes, espresándose como se vé por 
el periodo que transcribimos á continuación. 

«• Tenemos que desempeñar el panoso deber de anunciar en esta se- 
mana ei completo mal éxito, al menos por ahora, de las importantes ne- 
gociaciones, que con tanta confianza se esneraba conducirían al arreglo 
final de los negocios del Rio de la Plata. Este resultado no solo ha sor. 
prendido, ha confundido á todo el mundo ; porque la intervención ang!o- 
francesa, aunque emprendida sobre fundamentos impolíticos y falsos, 
era con todo mirada por muchos como enteramente desinteresada. La 
ilusión, 6in embargo, se ha disipado : el hueco pretexto de sostenerla 
independencia del Estado Oriental no puede ser invocado por mas tiem- 
po como justificación de esos execrables abusos déla fuerza, que por 
muchos años han escandalizado al mundo, J envuelto en ruina los mas 



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DE LA INTERVENCION ANGLO'FRANGESA. 287 

importantes intereses. La Gran Brataña y la Francia aparecen ahora» 
no en el carácter de campeones de la independencia Oriental, que gra- 
tuitamente asumieron, sino en el de despojantes rapaces de los dere- 
chos soberanos de la República Arjentina* Que esos dos poderes hayan 
tomado posición tan poco envidiable á los ojos del mundo estamos per- 
suadidos que es cosa enteramente independiente de la voluntad, tanto 
del honorable lord Howden como del Conde Walewrki ; y confiamos 
en que las representaciones de estos dos caballeros á sus respectivas 
cortes serán de tal naturaleza, que las inducirán á abandonar de una 
vez el sistema de expoliación que solo puede producir las mas desastro- 
sas ¿obsecuencias.” 

Rosas desde muy al principio hacia aquella pu- 
blicación para prevenir la opinión y trastornar el jui- 
cio de los que á la distancia y sin conocimiento com* 
pleto de causa quisieran juzgar del resultado de aque* 
lia negociación. 

£1 Sr. Contra-Almirante Le-Predur comunicaba 
al Gobierno de Montevideo, la ruptura de las negocia* 
cienes con la Carta que copiamos aquí. 

Fragata Erigonb, 1 . ° de Julio de 1847.’ 

Señor Ministro ; 

Acabo de recibir una carta del Sr. Conde Walewski, en la que mé 
anuncia, que ha roto las negociaciones con el Gobernador Rosas, de 
concierto coa su có’ega Lord H^wd^n, sin haber podido arribar ó la 
paz; y me apresuro á participar á V. E. esta noticia, para que pueda 
hacer conocer al Gobierno de Montevideo el estado de las cosas, y to- 
mar disposiciones en consecuencia.— Él Sr. Conde Walewski, me anun. 
cía 6U llegada á Montevideo parjt el lunes ; y desearía que no hubiese 
ninguna clase de hostilidades hasta entónces con el Cerrito, por que 
tiene la intención de concluir, ei es posible, un armisticio de seis me- 
tes con Oribe, durante el cual, se permita introducir en la plaza los fru- 
tos de la campaña, hasta que . los gobiernos de europa hayan tomado 
«Q: partido. Tratad pues de limitaros á vuestra defensa en el caso que 



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238 



£0S CINCO "ERRORES CAPITAL®# 



gefris atacado, tomando con ese fin las disposiciones que juaguéis con- 
venientes. 

Dignaos aceptar, Sr, Ministro, las seguridades de mis sentiinieOtós 
mes distinguidos. 

{II Contra Almirante, * 
Lp-Prepop*. 

El 7 de Julio llegó á la rada de Montevideo el 
Conde Walesky en el Vapor Casini. 

No fuá menos lúgubre y sorprendente la impre- 
sión (que la ruptura de la negociación predigo en el 
Cferrito, “dohdé tantas esperanzas tenían -do entrar es«. 
ta vez'en la Capital. 

Eos Plenipotenciarios visitaron rnuy foege al 
Gobierno Provisorio de la República, embarcándole 
inmediatamente el Lord Howden k 'bordo do la Ra> 

pÉiqn- 

El Sr. Conde Walesky, que provisionalmente 
se había alejado en el Consulado Francés, recibió de 
los negociantes y otros residentes Franceses de la Ca- 
pital, las demostraciones mas respetuosas de aprecio. 

El Lord Howden siempre esquivo, seguía Otra 
política; le faltaba la amabilidad y franqueza que tan 
pródigamente había manifestado en Buenos Ayres. 

Les Plenipotenciarios conservaban aun la espes 
ranza de ajustar un armisticio por seis meses entre la 
Plaza y los sitiadores, proporcionando la introducción 
de ganados de la Campaña bajo ciertas condicio- 
nes. Con este objeto se hicieron proposiciones al Je- 
nerál Oribe. El 12, el Conde Brossard Secretario di 



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DE IA INTERVENCION, AKCaO.FBANCEIA. 



839 



la Legación Francesa, pasó al Campo enemiga i re* 
cabar una contestación sobre el asunto y arreglar al* 
guoos puntos dudosos. 

Inútiles y errados eran aquellos esfuerzos: enoja- 
do Rosas, debía estarlo también Oribe que no tenía 
libertad parí hacer otra cosa que, lo que le ordenaha 
su Jefe Supremo. Ninguna condición que de algún 
modo pudiera favorecer á la* Plaza, podía esperarse 
de la tenacidad del uno y de la ciega obediencia del 
otro. 

Entre tanto, la opinión fluctuaba nuevamente 
sobre los inciertos resultados de aquella tentativa de 
armisticio; y no era poca la relajación y loa perjui* 
cios <]ue esa situación producía al Comercio y á la 
moral de la defensa en. la Capital, como en otros pun.- ; 
tos importantes ocupados por sus tropas. 

No fueron menos fatales los perjuicios que la 
prolongación de aquella situación causaba en el alto 
Paraná y Uruguay., La ¡ncertidumbre,, aflojaba todos 
los vínculos de unión y de, esperanzas: hacía vacilar la 
fé de algunos, ,y los Pueblos como el Soldado, perdían, 
sin poderlo evitar, muchos quilates de su entusiasmo^ 
de su patriotismo y de su confianza en la Interven* 
cipa armada, tantas veces marchando y contramar- 
chando en presencia de las exijencias y del poder del 
Dictador, sin atreverse á tomar el aplomo y la reso- 
lución, á que éste les provocaba con cada' uno de sus 
actos y en todos los momentos. 

Los. Diados de Rosas, rotas las negociaciones} 



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540 



LOS CINCO ERRORES CAPITALB* 



clasificaban á los Gobiernos Interventores de rapaces 
despojantes: y sin embargo, sus Representantes pro* 
poDÍan á Oribe un armisticio por seis meses: y lo pro* 
ponían cuando los ánimos acababan de asumir un es- 
tado de irritabilidad y de encono por consecuencia de 
la ruptura de las negociaciones, culpándose recíproca* 
mente de aquellos tristes resultados. 

Esto era evidente, un grande error, ó buscar en 
ese paso un pretesto cualquiera, por alguno de los ne< 
gociadores, para adoptar una nuera y estrada reso- 
lución. 

El Gobierno de la Capital, siempre leal, se pres- 
taba inocente, á todas las combinaciones; sin dudar, 
ni remotamente, de la buena fé de los que se las pro- 
ponían. El Pueblo, el Comercio, el Ejército, la po- 
blación toda, comprometidos y no comprometidos, 
descansaban en la solemnidad de los compromisos de 
las altas partes que intervenían en el negocio, y sus 
operaciones comerciales, como todo lo que tendía á la 
seguridad de las familias y propiedades, se basaba so- 
bre aquellos fundamentos. ¿ Ni cómo esperar un acto 
desleal, una verdadera hostilidad de una de las partes 
comprometidas en su sostenimiento ? Y no obstante, 
nada era mas peligroso que aquella ciega confianza, 
como lo probaron los sucesos posteriores, con sorpresa 
y admiración de todos. 

El Conde 8rossard y el Conde Bentivoglio, vol- 
vieron á pasar al Campo sitiador el 13 de Julio eo 
continuación de las condiciones del armisticio. 



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DE ÍA INTERVENCION ANOLO. FRANCESA. 241 

El Capitán Tathan de la marina Británica, salió 
también el 13 al Campo enemigo con el mismo obje- 
to. Oribe, había rechazado perentoriamente las pri- 
meras proposiciones que se le hicieron. Mas tarde pro- 
puso otras que los Plenipotenciarios sometieron at có« 
nocimíento y aprobación del Gobierno. Este las so- 
metió al Consejo de Estado, pero su tenor era tan no- 
toriamente perjudicial á la seguridad é intereses de la 
defensa, que unánimemente fueron rechazadas por el 
Gobierno y Consejo de Estado, comunicándolo así á 
los SS. Plenipotenciarios el mismo dia 14. 

El 16, el muy honorable Lord Howden, luego 
que tuvo conocimiento de la resolución del Gobierno» 
sin ninguna esplicacion, ni observación, ni conferen- 
cia, ni discusión con éste: sin tener la cortesía de ver-, 
le y negociar como se había hecho con Oribe, espidió, 
por sí solo, y sin conocimiento ni acuerdo del Plenipo- 
tenciario Francés, la orden perentoria, de alzar el 
bloqueo en los Puertos y Costas de Buenos Ayres, y 
en los puntos donde dominaba Oribe, declarando al 
mismo tiempo, haber cesado toda ulterior interven- 
ción de parte del Gobierno Británico en los negocios 
del Plata. 

Tan estraña como sorprendente resolución, pro- 
dujo la sensación mas profunda en todas las clases: 
sorprendió al mismo Plenipotenciario Francés, que ni 
la esperaba, ni tenía el menor conocimiento de tales 
designios. Lejos de eso, sus instrucciones perfectamen- 
te iguales á las del Lord, le prevenían continuar en 

31 



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242 



lt>8 CINCO ERRORES CAPITALES 

la conservación de la Plaza, ai el Dictador se negaba 
á las proposiciones que se le hicieran. £1 Dictador 
había resistido entrar en ningún acomodamiento sobre 
aquellas basas, y no obstante Lord Howden le alza 
el bloqueo y db clara haber cesado toda ulterior 
intervención de parte del Gobierno Ingles. 

Ese hecho grave, contrario á toda regla de jus- 
ticia, á los principios reconocidos, ádos objetos que 
dictaron la intervención y el establecimiento del 
bloqueo, á las solemnes declaraciones del Gobierno 
en cuyo nombre se hacía, á los compromisos con- 
traidos con el Gobierno de la Repúhlica, con el Co- 
mercio en jeneral, con sus propios Nacionales, con- 
trario también al buen sentido, importaba la averra- 
cion y versatilidad mas injustificable que ninguna 
reparación puede bastar á subsanarlos gravísimos 
quebrantos que produjo. 

El importaba también, un cambio completo y 
transcendental, en la naturaleza de la intervención. 
Desertando de ella el Gobierno Ingles, por tan im- 
previstos y reprobados medios, la intervención venía 
á ser sola del Gobierno Francés; y los fundamentos 
del Memorándum del Visconde de Abrantes, que 
adoptados, á la faz de la Europa, como ciertos y posi- 
tivos, habían servido de causa justa para la Interven- 
ción armada en el Rio de la Plata, venían á ser, por 
este nuevo proceder del Plenipotenciario Ingles, de- 
clarados ó falsos, ó insuficientes, ó engañosos, ó nu- 
los, admitiendo que, el Dictador tenía pleno dere- 

í 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCESA. 



243 



cho para hacer todo cuanto el Memorándum cont»- 
nía, contra la humanidad y la civilización, contra el 
Comercio estranjero, contra la vida y propiedades 
de sus propios Nacionales: ese hecho, destruía exa 
brupto todos los principios de justicia, de equidad» 
de honor, de conveniencia jeneral, admitidos y reco* 
cidos por todo el mundo en la Cuestión del Plata. 

Importaba mas: importaba la derrota mas vo« 
chornosa para el Gobierno Ingles, por el poder san- 
griento del Dictador de Buenos Ayres. 

Fenómenos raros, anomalías inesplicables, con- 
tradicciones estrenas y repugnantes se han visto en 
esta prolongada Cuestión; pero ningún acontecí» 
miento de la naturaleza ni de la importancia de la 
resolución adoptada por Lord Howden. 

Se entabla la Intervención armada y se adopt 
tan medidas coercitivas porque, el Dictador, invade 
la Independencia Oriental, degüella las Pobla- 
ciones, Estranjeras y Nacionales, destruye, confisca 
las propiedades, arruina el Comercio. 

Y el Gobierno Ingles, retira por su parte la in«. 
tervencion, y alza las medidas coercitivas porque el 
Dictador, continúa invadiendo, degollando, confis- 
cando, destruyendo, y asolando completamente el 
territorio Oriental. 

Para ser lójicos, será necesario, que, cuando se 
haga la paz con el Dictador (si paz puede hacerse, 
con tal poder y por tales medios) bloquearle, estre- 



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244 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



charlo por nuevas medidas de coerción hasta decla- 
rarle la guerra. 

Las piezas oficiales que publicamos á continua* 
cion, instruyen de los fundamentos en que Lord 
Howden apoya su resolución; y de la manera tan 
rara como la puso en ejecución. 



(TRADUCCION.) 



Fragata de S. M. Raleigh, frente 
¿ Montevideo, Julio 15 — 1847. 



Señor : 

Tengo el honor de incluir á V. copia de una carta que he escrito al 
Comodoro Sir Tomas Herbert, la que pido á V. que ponga en noticia 
del Cuerpo de Comerciantes Británicos en esta ciudad. 

Digo también, para conocimiento de V. y de ellos, que mi misión 
en el Rio de la Plata ha terminado. 

Antes de ausentarme de este Rió, he hecho los arreglos necesarios 
y adecuados para la protección de las vidas y propiedades inglesas, que 
concibo 6er el único objeto lejítimo para que tropas británicas estén de- 
sembarcadas en países extranjeros, en tiempos que no son de guerra efec* 
tiva. 

Tengo el honor de ser &c. &c. 



(firmado.) 



Howden. 



Al Sr. Martin T. Hood, Cónsul General interino de S. M. B.— Mon- 
tevideo. 



Señor : 



Montevideo, Julio 16 de 1847 . 



En las instrucciones que recibí de Lord Palmerston, con fecha 22 de 
Marzo de 1847. se dice : 

Si es necesario, podréis dar á los arreglos el carácter de simples 
convenciones militares, que no envuelvan ninguna idea de reconoci- 
miento de derecho?, sino que contengan simplemente la admisión del 






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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCE8A. 



245 



hecho existente, de que ciertas personas están á la cabeza de ciertos 
cuerpos de tropa. 

Obrando de acuerdo con el espíritu de este permiso, y deseoso de 
evitar la pérdida espantosa de vidas humanas consumidas cruelmente y 
sin provecho en una guerra como esta, en la cual, á pesar de que los 
conflictos diarios son indecisivos y ein gloria, la suma total de muertes al 
fin del mes es muy considerable, propuse de acuerdo con mi colega, el 
conde Walew?k¡, un armisticio honorable y equitativo al Gobierno de 
Montevideo y al jenerat Oribe .* debía durar por seis meses, en cuyo 
tiempo la ciudad debia ser abastecida por el jeneral Oribe, qae debía 
entregar al infimo precio del primer costo, 1,500 cabezas de ganado al 
mes. 

El jeneral Oribe aceptó est9 armisticio, no solo con la condición 
propuesta, sino en tal forma que el titulo que él se arroga de Presidente 
Legal no apareciese firmado de modo que incapacitase á los Plenipoten- 
ciarios de Inglaterra y Francia para poner sus nombres en el documento. 

El Gobierno de Moutevideo ha reasado el armisticio, que yo no va- 
cilo en decir qae era ventajoso á sus intereses, por que se halla sin di- 
nero, sin crédito y sin tropas del pais. 

Considerando yo: primero, que los Orientales de Montevideo no 
obran en este momento libremente, sino enteramente coartados por una 
guarnición ejtrangera ; y segundo, que este bloqueo ha perdido entera- 
mente 6U carácter primitivo de medida coercitiva contra el General Ro- 
sas, y se ha convertido en un modo de der dinero, en parte al Gobier- 
no de Montevideo, y en parte á ciertos individuos extranjeros residen- 
tes allí, con perjuicio continuado del extenso y valioso comercio de la 
Inglaterra en estas aguas, os requiero por la presente. Señor, que alzels 
el bloqueo de ambas márjenes del Rio de la Plata, y que toméis las 
providencias necesarias para cesar en toda ulterior intervención en es- 
tas aguas. Después de haber obrado juntos por tanto tiempo, permitid- 
me aprovechar esta oportunidad de agradeceros sincoramente la asis- 
tencia uniformemente benévola y eficaz que de vos he recibido en to- 
das ocasiones en pro del servicio de Su Majestad, durante una dilatada 
y difícil negociación 

Tengo el honor &c. 

(firmado.) Howden. 

Al Comodoro Sir Tomas Herbert &c, &c< 



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246 IOS CINCO ERBOBES CAPITALES 

A la simple lectura de la comunicación del 
Lord al Comodoro Heibert, ordenándole el alza* 
miento del bloqueo, y ctse de toda ulterior interven- 
ción, se vé y se comprende, toda la injusticia de esa 
. resolución: toda la mala voluntad que la aconsejaba 
contra el Gobierno y Pueblo Oriental, y contra los 
intereses todos del Comercio y de la humanidad. 

El primer fundamento en que el Lord se apoya, 
es completamente contrario & todo principio de jus- 
ticia., á toda idea de equidad y de razón. 

£1 Gobierno Oriental rehusaba el armisticio, 
porque tenía incontestable derecho á rehusar todo 
lo que le era dañoso y perjudicial, y del modo y con 
las condiciones como lo proponía Oribe era, positi- 
vamente inadmisible. Al proceder el Gobierno así, 
no ofendía ningún derecho, ni se oponía á los téf* 
minos de un arreglo jeneral jje pacificación: rehusa- 
ba una tregua que ninguna relación tenía con los 
términos de la negociación que acababa de romper- 
se, y que nada anunciaba que se volvería sobre ella, 
puesto que Rosas repelía todo medio justo de ar- 
reglo. 

Los Plenipotenciarios, no tenían derecho de 
imponer al Gobierno Oriental, un armisticio que él 
consideraba perjudicialísimo, y que la opinión del 
Consejo de Estado y de todo el Pueblo así lo clasi- 
ficaba. 

El Lord invoca un artículo de sus instrucciones 
para fundar su resolución. Pero ese artículo no te- 



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DE LA INTERVENCION AN6L0-FBANCB8A. 



247 



nía aplicación al caso del armisticio de que se tra- 
taba. 

En las basas Hood, se encuentra la disposición 
de que, admitidas aquellas por Rosas y Oribe, y re- 
husando admitirlas el Gobierno de Montevideo, los 
Plenipotenciarios cesarían toda ulterior intervención. 

Aquella disposición no podía ser aplicable al ca- 
so de que se trataba. Allí se hablaba en arreglo defini- 
tivo, y se daba orden para evitar la continuación de 
la Intervención si el Gobierno rehusaba adherir á 
las basas propuestas por los Gobiernos Interventores. 

Aquí solo se trataba de una tregua, cuyos re- 
sultados no podían preveerse, ni menos alcanzarse 
cual sería la resolución que adoptarían los Gobier- 
nos Interventores á la vista de la tenaz resistencia 
del Dictador. 

Pero lo que hace mas saltante, injusta é insos* 
tenible la medida adoptada por el Lord, es la ine- 
xacta é injuriosa clasificación que hace del Gobierno 
de Montevideo, de su posición, de su crédito, de la 
naturaleza de su poder, y de los medios con que 
cuenta para continuar la Cuestión. 

Si no tuviéramos otros datos para juzgar de las 
miras apasionadas del Lord Howden, de su parciali- 
dad y errada política, desde los momentos de su arri- 
bo ai Rio de la Plata; bastafía su Nota de 16 de Julio 
para formar la mas cabal idea de sus planes de aban- 
donar la Cuestión, sino ordenados por Lord Palmers- 
ton espresamente, indicados al menos, y manifestados, 



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348 LOS CINCO ERRORES CAPITALES 

del modo, y en la forma, que en tales ocasiones se pro- 
cede, para crear la Causa ó el motivo en que, fundar 
una resolución tan inesperada, como injusta: tan con* 
traria á la fé de las promesas y declaraciones hechas 
por el Gobierno Ingles, como perjudicial al Comercio 
y á las poblaciones todas del Rio de la Plata arrastra- 
das y comprometidas por aquellas mismas promesas y 
seguridades. 

Jamás, los Orientales que están dentro de los 
muros de Montevideo, ni el Gobierno mismo, han es- 
tado coartados por las guarniciones estranjeras que la 
Plaza ha tenido. El Gobiernoha conservado constan- 
temente su independencia, su dignidad, la plenitud 
completa de su autoridad. Un solo hecho, no puede 
citarse de que la guarnición estranjera haya ejercido 
coacción sobre las autoridades lejítimas de Montes 
video. 

Eso no era de parte del Lord Howden sino un 
pretesto frívolo, y desmentido por la notoriedad de los 
hechos, para fundar aparentemente su injusta y apa- 
sionada resolución. 

No es menos apasionada y errada la opinión del 
Lord, de que el bloqueo hubiese dejado de ser una 
medida de coerción contra Rosas, convirtiéndose en 
medio de hacer dinero el Gobierno de Montevideo- y 
algunos estranjeros, con perjuicio del Comercio In- 
gles. 

El bloqueo, como en aquella ocasión se practica- 
* ba, producía positivamente un gran mal al Dictador, 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCEÍA. 



249 



obstruyéndole sus Puertos, y obligándolo á no recibir 
sino por la vía de Montevideo, los artículos que mas 
necesitaba, siempre en corto número. El beneficio, que 
de estas operaciones resultaba á Montevideo, era algo 
mas que una coerción: era una verdadera hostilidad 
para el Dictador que le aflijía y arruinaba, á medida de 
que, Montevideo llenaba sus arcas, daba nueva vida 6 
su existencia, robustecía su poder, aumentando así la 
posibilidad de obtener de aquel, un término honora- 
ble á la Cuestión, en la que la Francia y la Inglaterra 
estaban tan empeñadas. 

El Comercio Ingles ningún perjuicio sufría por 
ese modo de negociar: si algunos gastos aumentaba en 
)a operación, mayores eran también las utilidades que 
obtenía sobre el mercado de Buenos Ayres, escaso 
siempre de todos los principales artículos de consumo. 
El Comercio estranjero en jeneral, se hallaba en el 
mismo caso. 

Esto lo habían comprendido tan bien los SS. De* 
ffaudis y Ouseley, y los Almirantes de aquella época, 
que todos uniformemente toleraban y aun protejían 
aquella manera de hacer el Comercio. 

Y ó fé que, obraban con perfecto buen sentido. 
La Intervención, una vez resistida y desairada por el 
Dictador, tenía un doble carácter. Era, también pro* 
tectora de Montevideo, y de la Independencia de la 
República. La posición que los negocios habían asu- 
mido por la soja culpa de Rosas, les imponía el de- 

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250 IOS CINCO ERRORES CAPITALES 

ber de sostener la Plaza y cooperar del modo que pu« 
diesen á su mantenimiento. 

De otro modo habría sido, cooperar á su ruina: á 
que cayera bajo el poder de Rosas, á darle a este un 
triunfo inmediato y seguro. Y entonces, ¿no sería eso 
la derrota mas vergonzosa y menguada de la interven- 
ción, trabajando contra los mismos objetos que se ha- 
bían propuesto? Entonces, su intervención vendría á 
ser en favor del Dictador, en vez de serlo de la In- 
dependencia de la República. 

La triste prueba de esta verdad la hallamos, en 
los resultados que dio la resolución del alzamiento del 
bloqueo qor las fuerzas Inglesas, y la relajación en 
que cayó posteriormente bajo la marina Francesa. 

El Dictador no tuvo ya necesidad del Comercio 
de Montevideo, y la bloqueó por su parte, cortando 
todo tráfico con ella. De hay su ruina, y la postración 
del Comercio y de la vida, que antes de eso, hacía de 
esta Plaza un mercado floreciente. 

Si en el concepto del Lord Howden no era justo, 
protejer á Montevideo con perjuicio del Dictador: á 
Montevideo cuya protección estaba declarada por los 
interventores. ¿ Cómo sería equitativo protejer á 
aquel con grave perjuicio de esta Capital, y con peli- 
gro inminente de reducirla á un extremo por aquellos 
medios ? 

Los hechos del momento, las situaciones respec- 
tivas de ambos Pueblos, de Montevideo y Buenos Ay* 
res, resuelven perentoriamente la Cuestión. 



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DE LA INTERVENCION ANQLO'FRANCEgA. 



251 



Buenos Ayres se halla rica y repoblada con la 
apertura de sus Puertos. 

Montevideo, pobre y despoblada con el alzan 
miento del bloqueo de los Puertos Arjentinos y de 
aquellos donde domina el poder de Oribe. 

Así pues, la medida del Lord Howden, sobre in* 
justa é inmerecida, vino á ser parcialísima y perjudi- 
cial á la misma Causa, en cuya protección obró tanto 
tieippo la Inglaterra en unión con la Francia. 

Que el Gobierno de Montevideo se hallaba m 

dinero, sin crédito y sin tropas del Pais, dice también el 
Lord Howden, para fundar su irritante proceder en su 
Nota de 16 de Julio. 

Inexactitud completa é injuriosa, hay en estas 
pocas palabras tan ajenas de la circunspección de un 
Diplomático) y de la imparcialidad y mesura que de- 
bía guardar, cuando se trataba de un Gobierno que, 
tantas pruebas de lealtad había dado al Gobierno In- 
gles, sacrificando sus rentas, la fortuna toda de la Re- 
pública, la vida de sus hijos, su porvenir, por poner 
entera (é en siis promesas y declaraciones. 

£1 Gobierno de Montevideo tenía tropas del 
Pais, dentro de sus muros y en los puntos fortificados 
de la Colonia y Maldonado; en las Islas de Martin 
García y del Vizcaíno: tenía en Santa Teresa y en el 
Chuy, frontera del Rio Grande, mandadas estas últi- 
mas por el Coronel Silveira, que operaban activamen- 
te en Campaña sobre las tropas invasoras. 

Esas fuerzas de dentro y fuera de la Capital, se- 



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252 tos cinco tsttnoBtes capitales 

gun los estados levantados por el Sr. Ministro de la 
Guerra en aquella época J eneral Correa, montaban ¿ 
5,800 hombres prontos á abrir nuevas é importantes 
operaciones sobre varios puntos ocupados y otros que 
no lo estaban por los enemigos. 

De la efectividad de esta fuerza se dió entonces 
conocimiento oficial á las autoridades Francesas en el 
Plata. 

En la Capital podían levantarse muchas mas. 

Para el desenvolvimiento de este plan, se habían 
pedido ya los Vapores Franceses, y todo estaba pron- 
to para emprender una nueva campaña con actividad 
y ventajas seguras. Peto el procedimiento del Pleni- 
potenciarlo Ingles, produciendo conflictos en todo, hi* 
zo nacer dentro de la Capital, dificultades que inutili- 
zaron completamente aquel procediraientov 

El Gobierno de la República tenía dinero: había 
enajenado las rentas públicas y recibía mensualmente 
en pago de ellas, las sumas suficientes para atender á 
los gastos de la guerra. A todo se atendía con ellas 
abundantemente, y las tropas no carecían de vestua- 
rio, vituallas y armamento. Los empleados civiles, 
eran atendidos también con regularidad. 

Las rentas de Aduana de ese mismo mes de Ju*> 
lio, que tanto desmoralizó al Comercio, montaban á 
179,000 pesos, cuya mitad era del Gobierno. Inde- 
pendientemente de esas rentas, tenía el Gobierno el 
derecho de luces, y otros varios ramos menores coi 
ios que atendía á muchos objetos distintos. 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCEÍA. 



258 



Pero la resolución del Lord, vino á quitar al 
-Gobierno el dinero que tenía: vino ha hacerle una 
hostilidad manifiesta, un perjuicio gratuito y grande. 

Teniendo el Gobierno en aquella época* dinero 
y crédito, porque el que tieno dinero tiene crédito, 
el noble Lord, vino á quitarle ambas cosas: vino á 
arruinar los medios que el Gobierno tenía de tener 
dinero y crédito, descargando un golpe mortal sobre 
el Comercio de esta Plaza, que relajó todo, redu- 
ciéndola al estado de aniquilamiento y languidez 
respectivo, á que hoy se halla reducida. 

Esa medida adoptada por el Lord Howden fué* 
además de injusta é inmerecida, impolítica y apasio- 
nada. 

Los anteriores .Ministros Interventores* los SS. 
Deffaudis y Ouseley, habían declarado solemnemen^ 
te en la Nota Colectiva de 4 dé Agosto de 1845, 
que, intervenían en la Cuestión Oriental, hasta dejar 
plenamente asegurada la Independencia de la República. 
El Gobierno Oriental, á quien se pidió en esa mis- 
ma Nota su cooperación franca y decisiva para lle- 
nar aquellas grandes miras, admitió la intervención 
-que se le proponía sobre aquella basa* haciendo por 
-su parte todo jénero de sacrificios 

Esas declaraciones, ese pacto expreso entre los 
Plenipotenciarios de Inglaterra y Francia y el Go* 
bierno Oriental, fué aprobado completamente por 
los Gobiernos de aquellas dos grandes Naciones. 

Y sin embargo, el Lord Howdeo,le rompe re* 



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254 



LOS CINCO errores capitalbs 



pentinamente, por parte del Gobierno Ingles, sin el 
acuerdo de la Francia con cuya concurrencia se ha* 
bía hecho: le rompe sin tener ni la civilidad de d¡- 
rijirse al Gobierno de la República, antes ni des- 
pués de aquel acto, para hacerle saber su resolu- 
ción, y los motivos en que la fundaba. Le rompe 
convirtiéndose instantáneamente, de interventor y 
amigo, en protector de la Causa de Rosas y de Ori- 
be; en aliado de sus intereses, asumiendo una posi- 
ción notoriamente perjudicial á la Causa de Monte, 
video, y á la Independencia de la República, tan so- 
lemnemente comprometido el Gobierno Ingles en 
sostenerla y salvarla de la conquista de Rosas. 

Todo eso importaba el alzamiento del bloqueo, 
y el cese de toda ulterior intervención de parle del 
Gobierno Ingles, ordenado por Lord Howden. 

Juzgúese, si en este proceder había tbdo, error 
Capital, injusticia, parcialidad, deslealtad, y des- 
honor para el poder Ingles. 

El Lord Howden, no se permitió ni el comedi- 
miento de conferenciar con el Gobierno de la Re- 
pública cerca del cual se hallaba acreditado el 
Cónsul Británico, ni sobre el armisticio que se le 
había propuesto, ni sobre la resolución que iba á 
adoptar, tan grave y de tanto alcance: mientras que, 
fué personalmente a conferenciar y ajustar con Orí. 
be las condiciones de ese armisticio, que este arre- 
glo como le convenía. Fué personalmente cerca de 
Oribe á tratar de este importante negocio, no pty- 



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DE LA INTERVENCION ANCLO- FRANCESA. 



255 



tante que declara en su Nota de 16 de Julio, haber 
recabado que aquel no apareciese firmando con él ti- 
tulo que él se arroga de Presidente legal , y no creyó deber 
acercarse cerca del Gobierno de la República reco- 
nocido por su Gobierno, y por todos los demás que 
tienen ante él, acreditados sus Representantes. 

Esa declaración del Plenipotenciario Ingles, vi* 
no por otra parte á confirmar la resolución del Go- 
bierno -Ingles, de negarle á Oribe esa legalidad Pre«¡ 
sidencial que pretendía se le reconociese, como se 
lo había negado el Gobierno Francés, El Lord tra- 
taba pues con un Jefe militar, dependiente del Dic-' 
tador, para ajustar y decidir sobre un negocio que 
podía, según los principios y vistas del Lord, deci- 
dir de los destinos de la República, y se desdeñaba 
de discutir y entenderse con el Gobierno sobre el 
mismo caso, tratándole de imponer contra su volun- 
tad y sus intereses, un armisticio perjudicialísimo, ó 
si lo resistía, abandonarlo á su destino, y perjudicán- 
dolo con la adopción repentina de una medida vio« 
lenta y estrepitosa. 

La medida, era también horriblemente perjudi- 
cial al mismo Comercio y propiedades estranjeras, 
después de serlo á sus enemigos políticos del País. 

Oribe tenía embargadas y las tiene hasta hoy, las 
propiedades de estranjeros y adversarios suyos que es* 
tán dentro de Montevideo, ó se hallan fuera del País. 

Alzando el bloqueo á los puertos donde Oribe 
dominaba, las exportaciones de frutos del territorio, 



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LOS CINCO EBROBES CAPITALES 



250 

salidos de esas mismas haciendas embargadas, se ha*, 
cían como hasta hoy se hacen por ellos, sin examen 
de sus propietarios, sin reclamos de ningún jénero, ni 
posibilidad' de hacerlos, porque allí no hay Cónsules» 
ni quien tenga el valor de representar á nadie sobre 
asuntos de esa naturaleza, de los cuales saca todos sus 
recursos; y de este modo, Nacionales y Estranjeros, 
venían á serlos perjudicados inmediatamente, hallán- 
dose entre los últimos muchos súbditos Británicos due- 
ños de valiosas propiedades en la Campana. 

El Lord afirma en su Nota del 15 al Comodoro 
Herbert, que no vacila en decir que era ventajoso. Las 1500 
cabezas de ganado que mensualmente se comprometía 
Oribe á vender al Gobierno de Montevideo al précio 
que aquel quisiera ponerle, no se necesitaban para el 
consumo de la población ni del Ejército. 

En el año anterior se habían introducido por 
agua á la Capital 14,220 cabezas de ganado vacuno, 
12,000 ovejas, 1,131 cerdos. En los meses corridos de 
1847 hasta Julio, la introducción de ganado vacuno as* 
cendía á 4,871 reses, 5361 ovejas, y 500 cerdos, todo 
en pié. Así pues muy insignificante habría sido la 
yentaja de la introducción de ganado en la cantidad y 
modo como pretendía Oribe: por el contrario, los re- 
sultados da ese tráfico y comunicación habrían sido 
muy dañosos á la moral de la defensa. 

Justo es declarar que el Plenipotenciario Eran* 
ces, no participaba de las opiniones del Lord, ni de 
sü? ocultos designios. Su conducta política fue pjry 



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DE LA INTERVENCION ANCLO-FRANCESA. 857 

4 

cunspecta hasta los ú't irnos momentos de su perma» 
nencia en el Rio de la Plata. Franceses, Ingleses, y 
Nacionales del País, le rindieron las mas significati* 
vas pruebas de respeto y gratitud; y la intervención 
continuó por sus acertadas órdenes como lo exijía el 
honor y los compromisos déla Francia. 

En consecuencia de la resolución del Lord, el 
.Comodoro Herbert anunció verbalmente al Gobier- 
no por medio de un Ofícial subalterno que, iba á reti- 
rar los Marinos que tenía en tierra, dos piezas de arti* 
Hería, y la guarnición que existía en la Isla de la Lis 
bertad. 



V. 



Los Documentos publicados por la prensa de 
Oribe que insertamos á continuación, instruyen de lo 
que, sobre el negocio del armisticio ocurrió entre él, 
y los Ministros Plenipotenciarios. 



Puerto de Montevideo , 7 de Julio de 1847* 

Los Plenipotenciarios de Inglaterra y Francia en el interés de la 
humanidad, y con el deseo de evitar por algunos medios honorables que 
continúe la efusión de sangre, proponen á S. E. el Sr. General Oribe, 
el siguiente arreglo temporario en el deseo de llegar á algún resultado 
definitivo, satisfactorio á las partes respectivas* 

En tal concepto los Plenipotenciarios irán al Cuartel General de 

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258 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



S. E. el Sr. General Oribe, con el fin de arribar á la conclusión del ar- 
misticio propuesto, de cuyas bases incluyen una copia. 

Ruegan á S. E., admita la seguridad de su alta consideración &c. 

PROPOSICIONES DE ARMISTICIO. 

Art, 1. ° Se establecerá un armisticio por el término de cinco me- 
ses. 

2. ° Los beligerantes mantendrán sus presentes posiciones. 

3. ° Se facilitará á la ciudad de Montevideo, provisiones y habrá, 
libre comunicación entre esta y la campaña. 

4. ° Inmediatamente será levantado el bloqueo en ambos lados del 
Rio' de la Plata, por las fuerzas navales de Inglaterra y Francia. 

S. E. el Sr. Presidente Oribe, animado por los sentimientos de hu- 
manidad que le caracterizan, y dispuesto siempre por su parte, no solo 
á contener la efusión de sangre, sino á adoptar I 09 medios justos y ho- 
norables que se le propongan, para lograr que ella no siga regando el 
suelo de nuestra defgraciada patria, contestó á los SS. Ministros Pleni- 
potenciarios, dando su asentimiento en jeneral á la proposición del ar- 
misticio, sobre cuyas bases estaba dispuesto á oir & SS. EE, con el fin 
de arribar á la conclusión deseada. En consecuencia, los SS. Ministros 
señalaron el dia 9 del corriente para conferenciar sobre la materia, y se 
preparó su recibimiento del modo que corresponde á la categoría y alta 
representación de tan nobles huespedes. Tres coches y varios caballos 
se destinaron para bu viaje desde el punto en que anunciaron desembar- 
car, hasta el cuartel jeneral de S. E. que dista dos y media leguasj 

En su tránsito fueron acompañados por el Sr. corone!, jefe del Es- 
tado Mayor, jeneral D. Francisco Lasala, y por varios jefes y oficiales 
del ejército, y á las doce del dia llegaron al alojamiento de S. E. el Sr. 
presidente de la República, los Exmos. SS. Ministros Plenipotenciarios, 
con los SS. almirantes de las fuerzas navales de Inglaterra y Francia, 
el Sr. conde Brossard, secretario de la Legación Francesa, y otros SS. 
oficiales de la marina real de ambas naciones. 

En la conferencia que los SS. Ministros tuvieron con S. E. el Sr. 
presidente, quedó ajustada la convención para el armisticio en los tér- 
minos que expresan los artículos siguientes ; — 

1, ° Se establecerá un armisticio por e! término de seis meses» 



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DE LA, INTERVENCION ANGLO-FRANCE8A. 



259 



9. ° Los beligerantes mantendrán sus presentes posiciones* 

3.° Se facilitarán á la ciudad de Montevideo provisiones* 

4* ° Inmediatamente será levantado el bloqueo en ambos lados del 
Rio de la Plata por las fuerzas navales de Inglaterra y Francia. 

La diferencia entre estas basas convenidas y las propuestas por los 
SS. Ministros Plenipotenciarios, consiste en el aumento de un mes en 
la duración del armisticio á solicitud de dichos señores ; limitándose el 
articulo 3. c á la provisión de víveres, por razones que expuso S. E. el 
Sr. Presidente y que bailaron muy fundadas los Exraos* SS. Ministros 
Plenipotenciarios. 

Quedó igualmente acordado que esa provisión seria de 1,500 retes 
mensuales al precio de tres y un tercio pesos fuertes' ó patacones por 
cabeza, que corresponden á cuatro pesos moneda corriente del Estado» 
puestas en pié en un punto de la costa por cuenta de los proveedores. 

Arregladas y convenidas en la conferencia las precedentes basas del 
armisticio, los Exmos. Sres, Ministros Plenipotenciarios se retiraron á 
las 3^ de la tarde con el mismo acompañamiento hasta el embarcadero, 
quedando S. E. el Sr. Presidente en pasar de oficio su conformidad y 
expresa aceptación el día siguiente ó el sucesivo. Pero en ese intérvalo 
se suscitó por parte de los Sres. Ministros una dificultad Inopinada res- 
pecto del carácter político con que el Exmo.Sr. Presidente habia de ser 
considerado en la convención por dichos Sres Ministros Plenipotencia- 
rios, y después de varias explicaciones en las que por ambas partes se 
manifestó el deseo mas sincero de salvar esa dificultad para llegar á un 
fia tan importante en el interés de la humanidad, S. E. el Sr. Presi- 
dente de la República propuso los dos medios siguientes dejando á la 
elección de los Sres. Ministros Plenipotenciarios el que considerasen 
mas adaptable. 

Se admiten las proposiciones para el establecimiento del armisticio 
&c.» bajo cualquiera de las formas siguientes ; 

1. * Los Señores Almirantes de las fuerzas navales de Inglaterra 
y Francia por una parte, y una persona de correspondiente clase por la 
de S. E. el Sr. Presidente, firmarán los artículos de la convención. 

2. * Los Exmos. Sres. Ministros Plenipotenciarios de las Petencias 
Aliadas, podrán celebrar dicha convención de trégua con S. E., en Su 
carácter de General, dándole ese titulo en la parte que Jes concierna, y 
S. E., se dará el de Presidente de la República en la que le corresponda* 



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260 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



En cualesquiera de los casos antedichos, la publicación del armis- 
ticio se hará simplemente en los siguientes términos. 

Artículos de la Convención celebrada para el establecimiento de 
un armisticio. 

l.° Tal &c — 2.° &c. &c— 3. ° &c. &c.— 4.° &c. &c. 

Los Exmos. SS. Ministros no aceptaron ninguno de los dos medios 
expresados, y propusieron la redacción siguiente 

Armisticio concluido entre las partes contendentes de dentro y fue* 
ra de la ciudad de Montevideo, conteniendo los siguientes artículos» 
bajo la mediación de Inglaterra y Francia. 

Articulo 1. ° — 2. ° —3. ° — 4. ° 



(Copia Inglesa) (Copia Francesa) (Copia Española.) 



Howden Walewski Oribe. 

Walewski Howden Walewski. 

Oribe Oribe Howden. 

Admitida por el Exmo. Sr . Presidente la redacción que precede, 
quedó difinitivamente arreglada la convención del armisticio entre S. E. 
y los SS. Plenipotenciarios de Inglaterra y Francia, mostrándose am- 
bas partes intimamente satisfechas de haber logrado dar un paso tan 
avanzado en benecio de ia humanidad y lisongeándose con la esperanza 
de que él podría abrir un camino á mas importantes resultados. Pero 
esa esperanza quedó frustrada por los motivos que expresa la siguiente 
nota del muy honorable Lord Howden, y cuyas consecuencias verán 
nuestros lectores en el contenido de ese documento mismo y el de las 
dos comunicaciones que Je subsiguen. 



Fragata de S. M . Rale igh, frente a 
Montevideo , Julio 15 de 1847; 

Exmo. Sr. 

Habiendo rehusado el gobierno provisional de Montevideo, asentir 
al armisticio que yo considero razonable, justo y muy de desear en et 
sentido de la humanidad, he determinado en consecuencia levantar el 
bloqueo de ambas riberas del Rio de la Plata, en la parte que correspon- 
de i los buques de S, M. y cesar toda ulterior intervención. 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCE8A. 261 

£8 pero que V. E. me dará la gran satisfacción de confirmar el em~ 
peño de amnistía en los mismos términos que ha sido acordada entre 
V. E. y el Sr. Hood, si V. E. por la suerte de las armas entrase en la 
ciudad de Montevideo, 

No tengo duda que los sentimientos personales de V. E. le impul* 
sarán á concederme esta amnistía sin aplicación alguna por mi parte ; 
pero que será altamente Agradable, no solo á mi Gobierno, sino al pne-* 
blo ingles, que yo tenga la garantía de ella bajo la firma de Y. E. 

Dios guarde á V. E. muchos años. 

Howden. 



A S. E, el Sr. Jeneral D. Manuel Oribe. 

Meditando detenidamente los Documentos que 
acaban de leerse se vé, que Oribe no admitió el ar« 
misticio propuesto por los Plenipotenciarios, como lo 
asegura Lord Howden en su Nota del 16 de Julio al 
Comodoro Herbert, para fundar después en lo que 
llama resistencia del Gobierno, aquella misma deter- 
minación. 

Por esos mismos Documentos de Oribe consta, 
que, él rechazó las proposiciones de los Plenipotencia* 
ríos. El art. 3. ° propuesto por éstos, que disponía 
la comunicación libre de la Capital con la Campaña, 
no fué admitido por Oribe; exijiendo que fuese hecha 
esa comunicación por el Puerto del Buseo; asegurán- 
dose así todo el Comercio y toda la concurrencia de 
buques de Ultramar, reduciendo á la Capital á un es* 
tado de soledad mortal, como indudablemente habría 
sucedido, admitidas por el Gobierno aquellas condi- 
ciones. 

Asi también Oribe, alzado el bloqueo, beneficia. 



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363 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



ría todas las haciendas de sus adversarios y de los 
mismos súbditos Británicos y Franceses establecidos 
en la Campaña, proveyéndose abundantemente de 
cuanto necesitase para continuar la guerra en el caso 
de deber seguirla al vencimiento del armisticio. 

Entretanto Montevideo quedaba, asediada, sin 
comercio, y sin rentas, pues que por aquella medida 
se atraía á otro punto la concurrencia de capitales, de 
movimiento y de vida. 

Así, la conducta del Lord, aparece mas injusta y 
parcial, á la vista de aquellos Documentos. 

A Oribe, no le hizo ningún jénero de apercibí* 
miento por haberle rechazado el art. 8. ° tan substan* 
cial é importante: nada hizo para forzarlo á que lo 
aceptase: ningún paso dió para imponerle por su re* 
sistencia. 

Pero al Gobierno de la República, ni tuvo la de- 
ferencia de conferenciar ni discutir con él, las condi* 
Clones del armisticio que sfe le proponía: y cuando 
aquel, de la manera mas conveniente, manifestaba los 
perjuicios que le resultarían de admitirlo en la forma 
que se le proponía, sin ninguna esplicacion, ni obser* 
vacion, ni reparo, alza el bloqueo de ambas Orillas 
del Plata, y ordena el cese de toda ulterior intervención, 
rompiendo los pactos de su Gobierno con el de la Re- 
pública: dejando burladas todas las esperanzas y com* 
prometidos todos los intereses, y abandonando á la 
Francia en la Cuestión, de la manera mas inesplica- 



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DE LA INTERVENCION ANOLO*FRANOE§ A . 



263 



ble, sin comunicar siquiera, como ya lo hemos dichos 
con el Plenipotenciario Francés. 

Y nótese que, el Lord Howden contestando el 2 
de Julio al Encargado de Negocios de Estados Uni« 
dos sobre el alzamiento del bloqueo, decía; (< Como 
“ mis instrucciones me ordenan expresamente obrar 
“ en perfecto acuerdo con el Plenipotenciario de S. 
“ M. el Rey de los Franceses, V. advertirá que no es 
“ propio que yo dé ninguna opinión aislada, sobre un 
“ punto que abraza tantos intereses.” 

El noble Lord abandonando repentinamente sus 
mas sagrados y terminantes deberes, impuestos por 
su propio Gobierno en las instrucciones que de él te* 
nía, según su propia declaración, rompió todos los 
compromisos y respetos que, á un Plenipotenciario 
no le es dado traspasar en ninguna circunstancia, ni 
por ningún jénero de influencias por mas altas y apa* 
sionadas que sean. 

Pero los principios y la razón del Plenipotencia- 
rio, flaquearon en presencia de otros resortes que nó 
conocemos, pero que decidieron completamente de su 
voluntad y de sus actos oficiales. 

En presencia de esos nuevos principios, el 
Lord asentaba la proposición en estos términos: 

Si se admiten las proposiciones de paz, levanta- 
ré el bloqueo: si no se admiten, levantaré el bloqueo* 
sin pararme ni en la justicia, ni en la conveniencia, 
ni en los perjuicios de los interesados, ni en los com- 



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864 



1.08 CINCO ERRORES CAPITALES 



promisos del Gobierno Ingles con la República 
Oriental y con el Gobierno Francés. 

Igual lójica observó el noble Lord en el negocio 
del armisticio* 

Sino lo acepta Oribe, le admite sus modificacio* 
nes: sino lo admite el Gobierno Oriental, alza el 
bloqueo y retira la intervención: y si éste lo acep- 
ta y aquel nó, también le levantará, porque al fin, 
igual es todo en esta Cuestión después de haber su- 
frido tantas derrotas, y comprometido tantos inte' 
reses. 

Son ya conocidas las condiciones propuestas por 
.Oribe para el armisticio, modificando de una mane* 
ra tan importante, las proposiciones presentadas por 
los Plenipotenciarios. 

Las siguientes Notas del Plenipotenciario Fran* 
ces y del Ministro de Relaciones Exteriora del Go* 
bierno de la República, instruyen de los fundanren* 
tos en que éste se apoyó para no adherir al armis- 
ticio en la forma que se le proponía. 



(TRADUCCION.) 



Montevideo, Julio 14 de 1647. 



Señor : 

El Plenipotenciario de S. M. B y yo, hemos entablado una nego- 
ciación con el jeneral Oribe, con el objeto de conseguir un armisticio 
entre las dos partes beligerantes. He aquí cuales son las condiciones 
á que podria atraherse á que el general Oribe se subscribiese. 

Art. 1. ° Armisticio por seis meses. 

Art. 2. ° Ambos beligerantes conservarán sus respectivas posicio- 
nes. 



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DE LA INTERVENCION ANGLO«FRANCE8A. 



265 



Art. 3. ° La Ciudad de Montevideo será provista de ganado por icd 
cuidados del jeneral Oribe, que se compromete entregar á las autori- 
dades de la Ciudad mil quinientas reses por mes, en un dia fijado por 
los Comisarios Franceses, Ingleses y Orientales. 

Art. 4. ° Se levantarán los bloqueos establecidos en las dos ribe- 
ras del Plata por las fuerzas navales de Francia é Inglaterra. 

Os ruego, Señor, me hagais saber con la mayor brevedad, si un ar- 
misticio fundado sobre estas bases agradará al Gobierno de Montevideo* 

Tendréis á bien comprender que un arreglo de esta naturaleza, 
cuando se trata de poner de acuerdo dos partidos, no es propio, bajo 
todos aspectos, que la publicidad intervenga de modo alguno en las ne- 
gociaciones que sobre él tienen lugar. 

En consecuencia, Sr. os pido consideréis esta nota como confiden* 
cial, y que no deis de ella conocimiento, sino á aquellas personas que 
puedan ser llamadas á deliberar sobre su contenido. 

Aceptad, Señor, la seguridad demj alta consideración. 

(firmado) Walbwski. 



MINISTERIO ) 

de [ 

Relaciones Esteriores. ) 

Montevideo Julio 15 de 1847. 

El infrascripto, Ministro de Relaciones Esteriores, ha recibido, y 
puesto en conocimiento del Superior Gobierno, la nota confidencial fe- 
cha de ayer, que el Sr. Conde Walewski, Ministro Plenipotenciario de 
S. M. el Rey de los Franceses, ha tenido á bien dirijirle, participando 
haber abierto S. E. en unión con el Plenipotenciario de S. M. B., una 
negociación con el General Oribe, con el objeto de establecer un armis- 
ticio, entre los dos bélijerantes, con que podría atraérsele á subscribirle. 

El infrascripto ha rebido orden de contestar á S. E, que el Gobierno 
habría deseado un armisticio tal, que mas bien pudiese servir á predis- 
poner á todos los Orientales hasta llegar á producir una paz sólida, por 
medios adecuados, sin derogación, durante este armisticio, de las condi- 
ciones de nuestra existencia. Una de las principales es, indudablemente 
el mantenimiento de los bloqueos establecidos sobre las dos márjenes del 
Plata, por las fuerzas navales de Francia é Inglaterra, y de consiguiente 

34 



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266 



LÓS CINCO ERRORES CAPITALES 

levantarlos, disminuyendo enormemente nuestros medios y recorsos, 
comprometería muy peligrosamente nuestra conservación. 

En ese concepto, pues, convencido el Gobierno de los nobles sen- 
timientos que animan á los Sres, Ministros de Francia y de Inglaterra, 
cree, que, valorando nuestra delicada situación, reconocerán juntos los 
motivos que le impiden aceptar el armisticio, fundado sobre esas bases; 
resolución adoptada unánimemnnte, tanto por el Gobierno como por su 
Consejo de Estado, -a quien préviamente oyó. 

Al tener el infrascripto el honor de participarlo asi á S. E, el Sr* 
Conde Walew<ki, en contestación á su muy estimable carta confiden- 
cial, le es sobremanera satisfactorio repetirle las seguridades de sumas 
alta consideración y aprecio. 



Miguel Barreiro. 



Esa Nota del Gobierno , no puede ser mas 
respetuosa y circunspecta: no puede manifestar mas 
espiícitamente los deseos que animaban al Gobier- 
* no por la paz. Pero él no podía, sin traicionar sus 
altos deberes para ante la República, sin burla de 
tantos y tan costosos sacrificios de fortunas y vidas, 
admitir el armisticio que se le proponía en aquella 
forma. Eso habría sido firmar su ruina, su deshonra, 
declarar su derrota y entregarse inerme y postrado 
á la cuchilla del Dictador. 

Por el ténorde la Nota del Plenipotenciario 
Francés se vé, que el carácter de esa comunicación 
era confidencial, para esplorar, solo, si le sería 
agradable al Gobierno de la República un armis- 
ticio sobre las condiciones que se le proponían. 

El Conde no decía que aquellas condicionesliu* 
biesen ya sido ajustadas y convenidas con Oribe, 



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DE IiA INTERVENCION ANGLO-PEANCE»A. 



267 



cuando en realidad ya lo estaban. Decía únicamen- 
te que, podía atraerse á Oribe á admitirlas. 

Tampoco, se le hacía al Gobierno Oriental, 
ninguna advertencia, ni apercibimiento para hacer- 
le conocer que, sino admitía aquellas condiciones, 
se alzaría el bloqueo y se levantaría la Intervención. 

£sto hace mucho mas grave é injusto el proce. 
der del Lord Howden: proceder que. todas las pobla- 
ciones del Plata le condenaron publicamente, inclu- 
so el mismo Rosas no obstante cuanto favorecía á su 
Causa. 

Lo extraviado de los procedimientos del Pleni* 
potenciarlo Ingles, debía presentar á la reprobación 
pública, un nuevo acto de la mas menguada califica- 
ción: un acto de descortesía, de incibilidad opuesto 
completamente á los usos diplomáticos, y aun á las 
reglas mas comunes de urbanidad. 

El Gohierno de la República dirijió al noble 
Lord por medio del Ministro de Relaciones Exte- 
riores, la Nota siguiente: 

MINISTERIO ) 
de > 

Relacione» Esteriores. > 

Montevideo , Julio 18 de 1847. 

El infrascripto, Ministro Secretario de Estado en el Departamento 
de Relaciones Exteriores ; ha recibido orden de presentar á V. E. las 
observaciones siguientes : 

El Gobierno de la República Oriental del Urugoay ba sabido por 
la voz pública, con un profundo disgusto, la determinación que V. E. 
acaba de tomar á su respecto. No habiendo tenido comunicaci on alga, 
na oficia!, él quería aun dudar de la verdad de los hechos que le eran 



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268 



LOS CINCO ERBOKES CAPITALES 



referidos» en eontra dicción manifiesta con la generosidad y la justicia 
del gobierno de S. M. B« de que tenia tantas pruebas. Desgraciada- 
mente la comunicación que accidentalmente acaba de hacérsele, no 
puede ya dejarle duda. Esta comunicación es la respuesta de) jeneral 
Oribe al aviso que V. E. mismo se ha dignado darle de su decisión de 
levantar los bloqueos establecidos en el Plata, y de cesar toda inter- 
vención ulterior. Así Milord, es preciso que el Gobierno legal, recono- 
cido hasta este dia por el gobierno de S. M. EL, sepa una determinación 
tan importante para su existencia, cual es la cesación de la intervención de 
la Inglaterra, por la respuesta hecha por el general Oribe al Plenipo- 
tenciario ingles. Oh! como han mudado en efecto las cosas, Milord, 
para que el gobierno de la reina de Inglaterra nos trate con tanto des- 
den ! i Que hemos hecho nosotros para merecer tal tratamiento % 
Nosotros que estamos penetrados del mas profundo reconocimiento por 
el jeneroso apoyo que nos ha prestado la Inglaterra, nosotros cuyo pri- 
mer pensamiento es, y siempre ha sido, hacer todos los sacrificios antes 
de mostrarnos ingratos écia el gobierno á quien tanto debemos. E« 
preciso que enemigos bastante astutos nos hayan mal servido cerca de 
V. E. ; es preciso que falsas relaciones hayan venido á sorprender su 
juicio ilustrado, para que V. E. nos haya tratado con tanta injusticia. 
Permítanos V. E. examinar brevemente los hechos para tratar de des- 
cubrir de que modo lo habrá el gobierno merécido. El Gobierno Orien- 
ta] habia sabido con satisfacción que el gobierno de S. M. B. había 
confiado nuestro destino en las manos de un hombre de una posición 
tan elevada, y de un carácter tan generalmente estimado cual V. EL 
El gobierno esperaba con confianza y resignación las determinaciones 
que se tomasen en común con el Plenipotenciario del rey de los fra nce- 
ses en Buenos Aires. Estaba, por otra parte, decidido á aceptar esas 
determinaciones (que no podian ser sino justas y equitativas) como una 
ley suprema á la cual todo le hacia un deber el someterse sin hesitación. 
Hay en las bases Hood un articulo relativo á los medios que emplea- 
rían los Plenipotenciarios en el caso que este Gobierno rehusase ejecu* 
tar lo que ellos hubiesen ajustado. Nos apresuramos á afirmarlo á V. E. : 
jamas este artjculo habría podido recibir su aplicación, porque habríamos 
considerado como deber sagrado aceptar ciegamente y con toda con- 
fianza lo que los Gobiernos protectores de Inglaterra y Francia habían 
decidido respecto de* nosotros. Quedaron rotas las negociaciones con 
Buenos Aires. V, E. y S. E. el Plenipotenciario de Francia expresaron 



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DE LA INTERVENCION ANGLO «FRANGES A. 



269 



á este Gobierno la intención que tenían de negociar un armisticio entre 
el Gobierno y el ejército sitiador. Aguardamos con impaciencia el re„ 
soltado de esta negociación, en la esperanza de que seria un primer 
paso hacia el fin que anhelábamos con todos nuestros votos ; es decir» 
la pacificación de este pais. El 14 de Julio por la mañana, S. E. el Sr¿ 
Plenipotenciario de Francia nosdirijió una carta confidencial para ins<¿- 
trujrnoeque de acuerdo con V. E., Milord, se habia ocupado de nego- 
ciar un armisticio entre las fuerzas Orientales de la campaña y las de 
la ciudad. El Sr. Plenipotenciario de Francia tuvo á bien exponer á este 
Gobierno las condiciones á que no rehusaría subscribir el jeneral Oribe¿ 
Las examinamos con el mayor cuidado, con el mas grande deseo, sobre 
todo, de encontrarlas aceptables. Desgraciadamente no era así. Todos 
los miembros del Gobierno y del Consejo de Estado unánimemente ha- 
llaron, que Jas condiciones de dicho armisticio, todo en ventaja del je- 
neral Oribe, hacían nuestra pérdida y nueetra ruina. Antes habría va* 
lido entregarnos inmediatamente. Un armisticio que abre la mar al jene- 
ral Oribe, y que no abre al Gobierno el interior del pais, nos atrevemos 
¿decirlo, no era equitativo. El levantamiento del bloqueo tendría por 
efecto reducir á nada todas nuestras rentas, hacer pasar todo el comerá 
cío al Buceo, puesto en posesión del jeneral Or ibe ; por Consiguiente 
crearle nuevos recursos para continuar la guerra, quitándonos á nosotros 
todos los que podíamos tener. Que nos sea permitido añadir aquí, Mi- 
lord, que una cesación de hostilidanes entre una ciudad sitiada y un 
ejército sitiador, no es real sino cuando el ejército sitiador suspende los 
efectos del sitio. Porque todas las hostilidades no cesan porque no se 
tiren ya cañonazos. La mas grande, la mas peligrosa hostilidad es im- 
pedir toda comunicación con la ciudad que se sitia. La introducción 
de mil y quinientas reses, suponiendo que esta introducción hubiese te» 
nido lugar legalmente, seria de naturaleza á hacer bajar el precio de la 
carne, y por consecuencia á disminuir la miséria. V. E. tendrá á bien 
observar que el Gobierno habría tenido que pagar estas 1,500 cabezas de 
ganado al jeneral Oribe, y el estado de decadencia á que estaríamos re- 
ducidos por el alzamiento del bloqueo, no nos habría permitido, tal vez, 
ni aun hacer ese pago. Por otra parte, la carne no es lo que mas falta, 
pueden las embarcaciones traerla del Brasil, y aun de las costas Arjen- 
tinas, por poco dinero que haya para pagarlas. El Gobierno de la Re. 
pública del Uruguay no ha podido pues hesitar un solo instante en dese- 
char las condiciones del armisticio á que habría subscripto el jeneral 



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270 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



Oribe» por que esas condiciones serian su reina. El 15 de Julio por la 
mañana, el ministro de Relaciones Exteriores ^transmitió por escrito á 
g. E. el Plenipotenciario de Francia su parecer sobre las condiciones 
propuestas, y sin otra intimación, sin ma9 advertencia de genero alguno, 
algunas horas después, la voz pública vino á pacer saber ai gobierno que 
la Inglaterra levantaba el bloqueo y cesaba en la intervención. Ayer 
17 del corriente, también sin precedente advertencia, las tropas ingle- 
sas que ocupaban su puesto sobre la linea interior, lo dejaron llevándose 
sus cañones, sin mas que un simple aviso verbal. ^ Gomo explicar se- 
mejante tratamiento ? ¿ Puede admitirse que, sin graves motivos, el go? 
bierno de S. M. B. de que nadie conoce mas que nosotros la política 
generosa, se decida á terminar su mediación en estos psrage», hacien- 
do cesar las. medidas coercitivas contra los fuertes recalcitrantes que 
aun acaban de rechazar en Buenos Aires las aberturas de conciliación 
transmitidas por V. E. por abandonar al débil enteramente Heno de 
confianza en la justicia de sus decisiones 1 Si y. E, tiene algunas que- 
jas contra el Gobierno de la República Orienta), debería participárselas , 
sumas grande anhelo 6erá hacer justicia á esas quejas; peso sino es 
así ; que le sea permitido al gobierno de la República quejarse del poco 
miramiento con que V. E. le ha tratado y de la forma de qué ee ha ser- 
vido ; que le sea permitido declarar solemnemente que él nada ha he- 
cho para atraer sobre si semejante tratamiento por parte del gobierno de 
S. M. la Reina de Inglaterra, y de apelar de todo á la alta justicia déla 
Soberana, por la que cualquiera que sean los hechos presentes, no ex* 
perimentará menos un eterno reconocimiento por los servicios de todo 
genero que ee ha dignado acordarle hasta este día. 

El infrascripto saluda á V. E. con la consideración debida. 

Miguel Barreiro. 



Esa Nota llegó á manos de| Lord Howden in- 
mediatamente el mismo dia que fuá escrita: bien 
pues, el noble Lord, estraflo y vergonzoso procedi- 
miento, abandonó la rada de Montevideo, en la no- 
che del 25, seis dias después de recibida aquella 
comunicación sin haber tenido ni la cortesía de acu* 



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DE LA INTERVENCION ANCLO-FRANCESA. 



271 



sar recibo, dejando á toda la población, estranjera y 
nacional, abismada, sorprendida, indignada hasta el 
último panto de los procederes de an Plenipotencia- 
rio del Gobierno Ingles* 

Así terminó en el Rio de la Plata la misión ofi- 
cial del Lord Howden, ofreciendo en los anales di- 
plomáticos, un ejemplo único quizá hasta boy en Stt 
jé ñero. Y sin embargo, esa misión mereció la apro- 
bación del Lord Palmerston, primer Ministro déla 
Gran Bretaña, 

Durante esos procedimientos del Plenipoten- 
ciario Ingles, el Ministro Francés Conde Walesky* 
se presentaba al Gobierno el 23 para asegurarle ofi- 
cialmente que, no habiendo podido arribar á un ar- 
reglo con el Dictador dé Buenos Ayres fundado som- 
bre las BASAS Hood, “ las cosas quedaban eñ el mismo es- 
tado en que estaban antes: que las fuerzas navales de S. M. el 
Rey de los Franceses continuarían bloqueando las Costas 
Orientales ocupadas por Oribe y las Costas de Éuenos Ayres. 

“ Que S. M. el Rey de los Franceses y su Gobierno, to- 
maban el mayor interés en la República del Uruguay , en don- 
de los Franceses han encontrado siempre una jenerosa hospi- 
talidad.” 

¡ Qué contraste tan notable entre los procede- 
res del Conde Walesky y tos del Lord Howden 1 
Este por haber rechazado el Dictador el arreglo que 
se le proponía para la paz, le alza el bloqueo y de- 
clara haber cesado toda ulterior intervención. Aquel 
por la misma Causa, ordena la continuación de la 
intervención y del bloqueo en ambas Costas del Rio; 



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LOS CINCO EBBOBES CAPITALES 



272 

¡ Qué distintas vistas, que distinta lójica, que 
distinto honor, que distinta rectitud y justicia ! 

El Sr. Conde Walesky debía partir muy pronto 
a Francia á dar cuenta de su misión. El Sr. Devoize 
había sido recibido el 22 de Julio en el carácter de 
Cónsul Jenerai, y Encargado de Negocios de S. M. 
el Bey de los Franceses. 

La Comisión de Residentes Franceses, en Mon- 
tevideo, presentó al Conde Walesky, en aquellos mo- 
mentos la manifestación de sus sentimientos, hacien- 
do la mas honrosa justicia á sus procedimientos y con- 
denando los del Plenipotenciario Ingles. 

Señor Mioistro Plenipotenciario : 

La actitud. en que os habéis colocado en presencia del paso tan 
extraordinario como inesperado de vuestro colega de Inglaterra, ha ve- 
nido á dar una prueba brillante de que no seria posible sostener con 
mayor nobleza en ei extranjero el honor y la dignidad de la Francia, 

En nuestra calidad de Franceses, no podemos menos que vanaglo- 
riarnos de la conducta de nuestro representante, porqué el honor de ella 
recae sobre todos. 

Amigos, enemigos ó indiferentes, todos á una voz proclaman en el 
Plata, el espíritu conciliador, la conciencia y el celo que habéis mostra- 
do, Señor Conde, para conseguir el éxito de la noble misión de paz que 
estaba á vuestro cargo. 

Pero esta? disposiciones á la conciliación debían encontrar un límite 
flesde que dejasen de ser compatibles con el honor y lealtad de la Fran- 
cia, desde que no estuviesen de acuerdo con la política sabia y justa 
del gobierno del rey, desde que ofendiesen la religión de los comproT 
misos solemnes contra idos en nombre de nuestro pais, 

Solo después de haber hecho esfuerzos inauditos para no traspasar 
ese límjte, vuestras disposiciones á la conciliación cedieron el lugar á 
esa firmeza inconmovible que dá la conciencia del deber, y que es el mas 
bello complemento de la moderación* 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCE8A. 273 

Testigos de esta conducta! que es para nosotros la mas segara ga« 
rsntia de que la protección de nuestro país no nos faltará nunca» heñida 
creído, espontánea y unánimemente» que debemos apresurarnos á ofre- 
ceros este testimonio de imestra gratitud, por el modo como desempe- 
fiaie un deber tan importante. 

Dignaos señor conde aceptarlo con la espresion de nuestro recono- 
cimiento y de nuestros mas ardientes votos» al tnÍ6mo tiempo que la 
reiterada oferta de nuestra concurrencia unánime, y de nuestra coope- 
ración mas decidida, para ayudaros á alcanzar el noble fin que os habéis 
propuesto. 

El Sr. Coronel Thiebeau, Jefe de la Lejion de 
Voluntarios Franceses, visitó taaibien al Sr. Conde 
Walesky con toda la Oficialidad dirijiéndole las pala- 
bras que transcribimos á continuación, con la contes- 
tación del Conde. 

Sr. Conde: 

La legión por el órgano de sus oficiales, viene á daros la seguridad 
de su decisión, y á ponerse enteramente á vuestra disposición, cuales- 
quiera que sean las eventualidades de la paz ó de la guerra. 

Si para responder á la amenaza y al insulto, si por el conocimiento 
de los antecedentes, y ai cediendo á nuestras convicciones, hemos ofre^- 
cido nuestro brazo para defender esta tierra hospitalaria, como para la 
seguridad de nuestras faniilias, creed, Señor Conde, que nuestros cora- 
zones han sido siempre de la Patria. 

Si cuatro años de trabajos penosos, de privaciones y de miséria, si 
la abnegación de nuestras personas y de nuestros intereses han podido 
merecernos alguna benevolencia y darnos algunos derechos á vuestra 
poderosa protección, dignaos, Señor Conde, ser nuestro intérprete para 
con S. M. para que se nos devuelva nuestra bandera ; este ha sido 
siempre nuestro voto mas ardiente y mas sincero, porque, si algunos de 
nosotros deben sucumbir todavía en esta guerra cruel, queremos tener al 
menos en este momento supremo, la dulce satisfacción de poder echar la 
postrer mirada sobre ese pabellón que inmortalizó á nuestros padres y 
será la gloria de nuestra Patria. 

La población francesa armada ó no armada, ha sido siempre una- 

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274 



LOS CINCO ERRORE8 CAPITALES 



Rime, dígase lo que se quiera, en aus deseos, y nunca ha formado mas 
que una sola e idéntica familia. Maldecido sea aquel que lo contrario 
hubiese pretendido ; y si ha habido algunos disidentes, es porque eo 
ellos hablaba mas alto el egoísmo que la nacionalidad. 

Esperábamos la paz, Señor Conde ; pero vuestros nobles esfuerzos, 
vuestro espíritu conciliatorio, y me atrevo á decir también vuestras rei- 
teradas tentativas para arribar á un fin tan noble, han tenido que fracs* 
sar contra la mala fé y la barbarie. 

Artesanos convertidos en soldados, valemos, sin duda, mny poco ; 
pero no nos faltará valor ni voluntad para obedecer vuestras órdenes, y 
las de nuestro digno jr bravo Almirante ; disponed, pues, de nosotros 
Sr. Conde, y vuestro corazón eminentemente patriota encontrará siem- 
pre en nosotros dignos y leales hijos de la Francia. 

El Sr. Conde Waleski, contestó, poco roas ó me- 
nos, en los siguientes términos. 

Doy las gracias á la Legión por las expresiones queseaba de ha- 
cerme oir. Yo no he dudado nunca, por mi parte, Señores, de que 
vuestro único objeto, al tomar las armas, era el de defender el hogar do- 
méstico. Permitidme esperar que como defensores del orden y dóciles á 
los consejos de la razón y del deber, sabréis preservaros de las pasiones 
políticas que á vuestro derredor se agitan. Cuando llegue el momento 
oportuno, volvereis dichosos á vuestros trabajos, y probareis que solo la 
necesidad os obligó á haceros soldados. 

Por lo que respecta á la bandera Francesa, debeis comprender, Se- 
ñores, que es un deseo que es imposible satisfacer ; pero estad seguros 
de que el Rei toma un gran interés en vuestro destino, y si, como no lo 
dudo, os hacéis dignos de sus bondades, observando una conducta cuer. 
da, moderada y prudente, jamas os faltará la poderosa protección déla 
Francia. 

Bello era para el Plenipotenciario Francés en 
aquellos momentos, ver tan pública y universalmente 
aprobada y bendecida su coinportacion oficial en e! 
Bio de la Plata; mientras que la del Lord Howden r se 
cubría de negras sombras, que la hacían irregular á los 



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DE LA INTERVENCION ANGLO'FRANCEgá. 



275 



píos del mismo Rosas á quien mas inmediatamente 
favorecía. 

El Conde Walesky se despidió del Gobierno de 
lá República el 3 de Agosto, embarcándose el 4 en el 
Vapor Casini para Francia, después de haber termi- 
nado su misión de la manera mas elevada y digna, de** 
jando en el Rio de la Plata, recuerdos de gratitud y 
respeto que no se borrarán jamás. 



VI. 



Para probar mejor el error Capital de los Ga- 
binetes Interventores, prometiéndose del Dictador un 
arreglo equitativo, insertamos á continuación el pro* 
yecto de Convención que sirvió para romper esta Cuar- 
ta malhadada negociación. 

(TRADUCCION.) 



CONVENCION 

PARA LA PACIFICACION BEL KlO DE LA PLATA. 

El Muy Honorable Juan Hobavt, Lord Howden, Par del Reino Uni- 
do, Caballero de varias órdenes, Coronel en el Ejército de Su Majestad 
británica, Su Enviado Extraordinario y Ministro Pleqipotenciario cer- 
ca del Emperador del Brasil, encargado con úna Misión especial á la 
Confederación Arjentina y República Oriental del Uruguay, á nombre del; 



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276 



LOS CINCO EBROBE8 CAPITALES 



Gobierno dé la Gran Bretaña; y el Conde Walesky, &a., &a. t &a., á 
nombre del Gobierno de Francia, por la primera parte:—» 

á nombre del Jenera! Rosa*, Gobernador de la Provincia de Buenos Ay- 
rea, Encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación Ar- 
gentina: — 

á nombre del Jeneral Oribe, titulándose ser Presidente de la República 
Oriental del Uruguay, por la segundar— 

Y— 

á nombre de D. Joaquín Suarez, Presidente Provisorio de Te República 
Oriental del Uruguay, por la tercera: — 

han convenido en los siguientes artículos, cuyo objeto es poner término 
¿ las hostilidades que se han sostenido por algún tiempo há, en el Rio 
de la Plata, y en los Paises vecinos; y confirmar á la República Oriental 
del Uruguay, en el goce de la independencia que es el deseo de todas las 
partes contratantes asegurar á aquella República por la presente Con- 
vención: 

Articulo l.° 

Tan luego como haya sido firmada esta convención por todas las 
partes interesadas en ella, habrá una inmediata cesación de todas las 
hostilidades por mar y por tierra, entre todas las referidas partes ; y to- 
dos los bloqueos cesarán al mUrno tiempo. 

Articulo 2.° 

La Legión extranjera y todos los demas Extranjeros que lleven ar- 
mas, y que formen la guarnición de la ciudad de Montevideo, ó que se 
hallen en armas en cualesquiera otra parte de la República Oriental, se* 
rán desarmados inmediatamente ; y los comandantes de las fuerzas na- 
vales de Inglaterra y Francia quedan autorizados y requeridos para ver 
que este arreglo sea llevado á ejecución. 

Articulo 3.° 

El General Rosas y el General Oribe se comprometen á retirar d& 
toda parte del territorio Oriental todas las tropas Arjentinas que se ha-* 
Uea allí»' 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCE8A. 



277 



Articulo 4. ° 

Los baques de guerra Arjentinos serán devueltos inmediatamente 
*1 Gobierno Arjentino, en cuanto sea posible en el mismo estado en que 
ee hallaban cuando fueron detenidos ; la Isla de Martin Garcia será tam* 
bien devuelta al Gobierno Arjentino ; todos los cañones y banderas cap- 
turadas por las partes respectivas serán asimismo devueltas á la parte de 
quien fueron tomadas; y todo buque mercante detenido lo mismo que 
sus cargamentos, serán por todas las partes entregados á sos respectivos 
dueños. 

Articulo 5.° 

Se admite ser los Ríos Paraná y Uruguay aguas interiores, coya 
navegación se halla sujeta á los derechos territoriales que, según la ley 
territorial de las Naciones, son aplicables á las aguas interiores. 

Articuló 6-° 

Queda libremente reconocido y admitido, que la República Arjenti- 
nayla República Oriental del Uruguay se hallan respectivamente en 
el incuestionado goce y ejercicio de todo derecho, ya de pazo guerra, 
poseido por cualesquiera Nación independiente. Y si el curso de los 
sucesos en la República Oriental ha hecho necesario á las Potencias 
aliadas interrumpir por algún tiempo el ejercicio de los derechos belije- 
rantes de la República Arjentina, se admite de un modo solemne, que 
los principios sobre loa que las dos Potencias han obrado, habrían, bajo 
iguales circunstancias, sido aplicables ya á la Gran Bretaña ó á la 
Francia. 

Articulo 7, ° 

Después que haya sido ejecutado el desarme dé las tropas extran- 
geras en Montevideo, y después que las fuerzas de la República Arjen« 
tina hayan evacuado el territorio Oriental, una nneva elección para la 
Presidencia del Estado Oriental tendrá lugar, en conformidad á las for* 
mas preacriptas por la Constitución. Esta elección se hará libremente 
y sin coacción de parte alguna ; y el General Oribe declara por lá 
presente, que estará por el resultado de semejante elección. 

Articulo 8. ° 

Serfc declarada una amnistía general y completa por los dos Gobier- 



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278 L08 CINCO ERRORES CAPITALES 

nos de Buenos Aires y de Montevideo, con plena seguridad para la vi- 
da y propiedad, y olvido de lo pasado. Los derechos de loa Extrange- 
ros serán respetados, y admitidos sus reclamos legítimos de cualesquie- 
ra naturaleza que sean. 

En testimonio de lo que, loe infrascriptos, hallándose debidamente 
autorizados, por sus respectivos Gobiernos, han puesto su firma y sello 
en este instrumento. 

El Dictador en su Mensaje á su amable Sala de 
Representantes de 28 de Julio de 1847, revelaba en 
pocos renglones las causas porque aquella negociación 
fuá rota en los primeros momentos de tomarla ep con» 
sideración, por sus extraordinarias exijencias, y por 
ese espíritu y plan constantemente sostenido de recha- 
zar todo lo que no sea su triunfo completo en la Cues- 
tión. 

Dejémosle hablar al Dictador: estas son sus pa- 
labras. 

« Por lo expuesto os instruiréis que solamente se arreglo el preám- 
bulo de la Convención, quedando sin acordarse en el todo, los artículos 
primero, segundo y tercero, discutidos ; sin ser considerados el cuarto, 
8 exto y séptimo, todos ellos los de las basas presentadas por el Ajente 
confidenciali Caballero D. Tomas Samuel Hood ; y sin arreglarse defi- 
nitivamente, aunque también discutidos, loe que se introdujeron sobre 
la ratificación, y respecto de los títulos del Exmo, Sr. Presidente legal 
de la República Oriental, Brigadier D. Manuel Oribe ; habiéndose roto 
la negociación al considerarse el articulo quinto.” 

Las basas de esa Convención, no estaban acep- 
tadas por ninguna de las partes: no quería el Dicta- 
dor aceptarlas: los Ministros Interventores no podían 
aceptarlas. Cada una de las partes las entendía de uq 
modo distinto. 



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DE LA. INTERVENCION ANGLO-FR ANCEiA. 2^9 

El Proyecto había sido presentado por los Ple- 
nipotenciarios: era completamente sobre las basas 
Hood: sin embargo Rosas lo desechó in totum porque 
su redacción era tan clara y terminante, que no le 
permitía incluir las astucias y reservas con que ha- 
bía envuelto a su apasionado Hood. 

Los Plenipotenciarios declararon que no podían 
reconocer á Oribe como Presidente, porque eso sería 
contrario á la política de sus Gobiernos, y porque para eso no 
tenían discresionales poderes. 

El Dictador por su parte, sostenía que él, no po« 
día dejarlo de reconocer como Presidente, porque en 
ese carácter era proclamado en los Pueblos de la Con* 
federación. 

El Dictador, hablando por la boca de la Gaceta 
decía el 10 de Agosto: 

“ Penosa sorpresa se esperimenta al ver la proposición de semejante 
proyecto, el mas adecuado, no para procurar una paz honrosa y durable, 
sino para frustrarla, exijiendo á las Repúblicas del Rio de la Plata y á 
sus Gobiernos legales “ el reconocimiento de una inaudita legalidad en 
la rebelión de los ealvojes unitarios,” la aquiescencia al escándalo del 
armamento extrangero en Montevideo, “la anulación del carácter y de* 
rechos del Gobierno legal del Exmo. Sr. Presidente de la República 
Oriental, Brigadier D. Manuel Oribe/’ instituido en su orijen por la 
nación Oriental, y sustentado heroicamente por ella, el sacrificio de las 
perrogativas de soberanía é independencia de ambas Repúblicas, el aban, 
dono de loa esenciales derechos de imperio y dominio sobre los rios in- 
teriores de ellas, y la sanción de la intervención Europea en la política, 
en la guerra, en todos los negocios de los Estados Americanos.’’ 

El Caballero Hood, engañosamente había hecho 
entender y les había persuadido á los Gabinetes In- 



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280 



108 CINCO EBR0BE8 CAPITALES 



terventores, que el alzamiento del bloqueo en el cual, 
no habían consentido los SS. DeíFaudis y O use ley, 
era el único punto de la dificultad; que cediéndole & 
Rosas en él, todo lo demás estaba arreglado. Los 
Ajentes del Dictador hacían comprender eso mismo 
en Paris y Londres. Y ese era el grande error de 
aquellos dos Gobiernos. 

Habían abandonado su posición verdadera: la po- 
sicion ventajosa que les dió el combate de Obligado y 
la ocupación de los . Ríos: principiaban á desvirtuar 
toda su acción; á buscar al Dictador por medios com- 
placientes, á mostrar debilidad, y su deseo de salir de 
la Cuestión á todo trance, y en esa menguada senda se 
perdía todo, las ventajas adqueridas y el honor: las mas 
altas conveniencias de sus propios intereses mercanti- 
les, y las simpatías de las numerosas poblaciones del 
Plata; la confianza y la esperanza que por tan dilata- 
do tiempo, les había nutrido. Quedaban solo amargos 
desengaños, sacrificios inútiles de sangre y fortunas, la 
aborrecida memoria de sü imprudente confianza. 

Tan malo era el proceder de Lord Howden en 
el alzamiento del bloqueo, que el mismo Rosas, no le 
dió ninguna importancia. En $u Mensaje habla de él 
incidentalmente. Las últimas palabras de ese Docu- 
mento oficial de Rosas, hacen una formal clasificación 
de la Intervención, de sus actuales vistas y de sus an- 
teriores miras; dándola como subsistente, y prometién- 
dose un nuevo resultado. 

“ No son ya equívocas las verdaderas vistas que presenta ese de? 



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DE LA INTERVENCION ANGLO «FRANCESA. 



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Üoado asunto contra la completa independencia de estos paiess y de 
los demas Estados Americanos. El potúivo carácter de Ja interven- 
ción Anglo-Francesa, no es el que se anunció dársele al establecerla.” 

Rosas llevó tan lejos su audacia en aquella negó* 
dación, que no tuvo emharazo en presentar á los Pie* 
nipotenciarios un nuevo proyecto de Convención 
acompañado de un Memorándum esplicativo. Am* 
bas piezas son una muestra esquisita de su carácter, 
de su sistema y de sus planes jamás abandonados en 
esta lucha, de dominarlo todo; de obtener un triunfo 
decisivo sobre los Gobiernos Interventores, como so* 
bre la Independencia de la República Oriental; sobre 
los principios de civilización, como sobre las garantías 
de todos los habitantes del Plata. 

Si esa Convención que él presentaba á los Pleni- 
potencíanos se hubiese aceptado, ¿ qué quedaba pa- 
ra los Pueblos, y para la libertad 

El despotismo mas absoluto, canonizado de nuevo, y 
elevado al último grado del apojeo de fuerza á que 
puede alcanzar la cuchilla tan sangrienta ya y horri- 
ble del Dictador. 

CONVENCION 

PARA LA PAZ DE LAS REPUBLICAS DEL RlO DE LA PLATA. 

El Exmo. Sr. Gobernador y Capitán General de la Provincia de 
Buenos Aires, Encargado de las Relaciones Exteriores de la Confede- 
ración Arjentina, S. M. la Reina de la Gran Bretaña y S. M. el Rei de 
los Franceses, deseando arreglar y concluir las diferencias existentes y 
establecer la paz, de conformidad á las basas presentadas por los go- 
biernos de Francia é Inglaterra, por el intermedio del caballero D. To- 

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282 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



mas Samuel Hood, y aceptadas por las partes interesadas, con las mo- 
dificaciones propuestas por el Gobierno Arjentino y el Exmo. Sr. Presi- 
dente, General D. Manuel Oribe, han nombrado á este efecto por sus 
Plenipotenciarios, ¿ saber : 

S. E. el Sr. Gobernador y capitán jeneral de la Providencia de Bue- 
nos Aires, Encargado de las relaciones exteriores de la Confederación 
Arjentina, á S. E. el Ministro de Relaciones Exteriores, camarista Dr. 
D. Felipe Arana : 

S. M. la Reina de la Gran Bretaña á S. E. el muy Honorable Juan 
Hobart, Lord Howden, Par del Reino Unido, Caballero de varias órde- 
nes, coronel en el ejército de S. M. B. eu Enviado Extraordinario y Mi- 
nistro Plenipotenciario cerca de S. M. el Emperador del Brasil, En- 
cargado con una misión especial á la Confederación Arjentina y Repú- 
blica Oriental del Uruguay. 

Y S. M. el Rei de los Franceses á S. E. el Sr. Conde Colonna Wa- 
leweki. Enviado Extraordinario de S. M. 

Quienes después de haberse comunicado sus respectivos plenos po* 
dere#, y hallándolo s en debida forma, han convenido lo que sigue : 

Articulo 1,° 

El Gobierno Encargado de las Relaciones Exteriores de la Confe- 
deración Arjentina adhiere á una inmediata suspensión de las hostilida- 
des entre las fuetzas Orientales en la Ciudad de Montevideo y las en 
la Campaña, luego que haya sido firmada y ratificada por su aliado, el 
Exmo. Sr. Presidente Brigadier D, Manuel Oribe, su Convención respec- 
tiva. 

Articulo 2.° 

Habiendo sido establecido el armisticio, con dicha conformidad de 
3. E. el Sr¿ Presidente General D. Manuel Oribe, los Exm.os- Señores 
Plenipotenciarios de la Gran Bretaña y de Francia reclamarán del Go- 
bierno de Montevideo el inmediato desarme de la Legión Extranjera, y 
de todos los demas extranjeros que se hállen con las armas, y formen la 
guarnición de la Ciudad de Montevideo, ó que estén en armas en cual- 
quiera otra parte de la República Oriental. 



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DE LA INTERVENCION ANGLO«FRANCESA. 



283 



Articulo 3.° 

Simultáneamente con la ejecución de lo estipulado en el preceden* 
te articulo el Gobierno Encargado de las Relaciones Exteriores de la 
Confederación Arjentina hará sean retiradas todas las tropas Argentinas, 
Oficiales y soldados, dé toda parte del territorio Oriental, cuando au alia* 
do, el Exmo, Sr. Presidente D. Manuel Oribe, haya firmado y ratifica- 
do su Convención respectiva, por la que convenga en au retiro. 

Articulo 4.° 

Cesará el bloqueo de Buenos Aires al mismo tiempo de lá cesación 
de las hostilidades ,* é inmediatamente después que hayan sido desar- 
mados la Legión Extrangera y los demas extrangeros en Montevideo, y 
retiradas las tropas Argentinas de la República Oriental, será restituida 
la Isla de Martin Garcia, serán devueltos todos los buques de guerra 
Argentinos en el mismo estado mas próximamente posible al que tenían» 
el pabellón de la República Argentina será saludado con veinte y un 
cañozos, los cañones y banderas tomados serán recíprocamente devuel- 
tos; y por todas las altas Partes Contratantes serán entregados á sus 
respectivos dueños todos los buques mercantes con sus cargamentos* 

Articulo 5.° 

Se admite serla navegación del Rio Paraná una navegación inte- 
rior de la Confederación Argentina, y sujeta solamente á sus leyes y re- 
glamentos, lo mismo que la del Rio Uruguay en común con el Estado 
Oriental. 

Articulo 6. ° 

Habiendo declarado los Gobiernos de S. M. B. y de SI M. el Rey 
de los Franceses en sus proposiciones de paz de cinco de Mayo de mil 
ochocientos cuarenta y seis, que •* queda libremente reconocido y admi- 
tido, que la República Argentina se baila en el goce y ejercicio incuestio- 
nable de todo derecho, .ora de paz ó guerra, poseído por cualquiera Na- 
ción independiente M ; y que “ «i el curso de loe sucesos en la Repúbli- 
ca Oriental ha hecho necesario. que las Potencias aliadas interrumpan 
por cierto tiempo el ejercicio de los derechos beligerantes de (a Repúbli* 
ca Arjentina, queda plenamente admitido, que los principios bajo los 
'cuales han obrado, bajo iguales circunstancias habrían sido aplicables» 



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LOS CINCO. ERRORES CAPITALES 



ya ó la Gran Bretañs ó la Francia ” ; el Gobierno Arjentino »e resenrv 
eu derecho, en chanto ¿ esta declaración, para discutirlo oportunamente 
con los Gobiernos de S. M. B. y de S. M. el Rey de los Franceses en 
lo relativo á la aplicación del principio envuelto eu la segand* parte de 
ella. 

Articulo 7.° 

Si el Gobierno de Montevideo rehusase despedir á las tropas ex- 
tranjeras, y en particular desarmar á aquellas que forman parte de la 
guarnición de Montevideo, ó demorase innecesariamente la ejecución de 
esta medida, los Plenipotenciarios declararán que han recibido órdenes 
para cesar toda ulterior intervención, y consiguientemente se retirarán 
en el evento de quedar sin efecto sus recomendaciones y representacio- 
nes. 

Articulo 8.° 

La presente Convención, que se firmará en tres ejemplares, será 
ratificada por el Gobierno de la Confederación Arjentina, y las ratifi- 
caciones de ella serán canjeadas en París y Londres, en el término de 
ocho meses, ó mas pronto si se pudiere verificar, por el intermedio de los 
Ministros Plenipotenciarios del Gobierno de la República acreditados 
cerca de los de S. M. la Reina de la Gran Bretaña, y de S. M. el Rey 
de los Franceses. 

En testimonio de lo cual, los Plenipotenciarios, plenamente autori- 
zados por sus respectivos Gobiernos, firman y sellan la presente Con- 
vención, en Buenos Aires á de del año del Señor de mil 

ochocientos cuarenta y siete*— 

(L. S.) Felipe Arana. 

(L. S.) Lord Howden. 

(L S.) Conde Colonna Walewski. 

El Memorándum esplicativo, es una larguísima 
y fastidiosa argumentación, intentando demostrar 
que, el proyecto de Convención que presenta es ajus- 
tado enteramente, á las basas Hood, sobre las cua- 
les el Dictador se había prestado á tratar, y el ho- 
norable Lord Howden en Nota de 11 de Mayo, 



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de' LA INTERVENCION ANGtO-FBANCESA. 285 

había manifestado hallarse autorizado á negociar* 
sobre las mismas basas. 

La audacia y pretensiones del Dictador se ha- 
llan retratados en ese Documento vivísimamente, y 
con colores tan animados, como manifiestas sus ten- 
dencias á que, Oribe fuese reconocido Presidente 
de la República, ocupando la Capital por los insidio- 
sos medios que proponía, ofendiendo hasta cierto 
punto, el buen sentido de los negociadores* y sobre 
todo el del Plenipotenciario Francés, que tan hábil 
como circunspecto, se mostraba en aquella nego- 
ciación. 

Los poderes Interventores recibían una nueva 
repulsa: un nuevo testimonio de su error, en juzgar 
al Dictador capáz de prestarse á un arreglo regular* 
Eran vencidos otra vez, en el terreno retrógrado dé 
las negociaciones. Era la cuarta misión; y los ne- 
gocios se hallaban en peor estado que al principio: 
sí, en peor estado, porque cada una de aquéllas der- 
rotas, debilitaba y relajaba todos los medios de re- 
sistencia, tanto cuanto robustecía los del Dictador. 

Los Plenipotenciarios respondieron victoriosa- 
mente al Memorándum, analizando hábilmente el 
proyecto de Convención presentado por el Dic- 
tador. 

Buenos Aires , Junio 3 de 1847. 

A S. E. el Sr. Arana, Ministro de Relaciones Exteriores de la Confe- 
deración Arjentina. * 

Los Plenipotenciarios abajo firmados han recibido la nota que S. E. 



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286 



LOS CINCO £RROBB8 CAPITALES 



el Sr. Ministro do Relaciones Exteriores les ha dirijido eon fecha 28 de 
Mayo, asi como la memoria ee plica tiva y el proyecto de convención que 
le, era anexo. 

Después de un maduro examen de todas estas piezas, los plenipo- 
tenciarios abajo firmados tienen el honor de esponer lo que sigue, i 8. 
E. el Sr. Arana, Ministro de Relaciones Exteriores de la Confedera- 
ción Arjentina. 

Todas las partes están de acuerdo sobre este punto, que las basas 
de pacificación presentadas por Mr. Hood son la piedra fundamental so- 
bre la que debe reposar la negociacipn, cuyo fia es establecer la paz en- 
tre las Repúblicas del Plata, asegurándola perfecta y absoluta inde- 
pendencia del Estado del Uruguay, 

Peto las proposiciones de Mr. Hood no son en sí miañas sino un 
elemento informe al que es indispensable dar una estructura regalar y 
práctica. 

En efecto la misión de Mr. Hood se limitaba á negociar con las di- 
ferentes partes interesadas para obtener su adhesión á ciertas bases que 
debían servir de punto de partida para llegar á un arreglo definitivo.. 

Mr. Hood, después de haber obtenido la adhesión de las partes, te- 
nia por instrucciones entregar la aceptación de los interesados á los 
Plenipotenciarios de Francia y de Inglaterra, á los que pertenecía desde 
entonces el convertir fes bases precitadas en un instrumento cualquiera, 
que permitiese proceder regularmente á la ejecución de las estipulacio- 
nes que ellas encerraban. 

Asi, si no hubiese levantado un disentimiento relativo á 4a época de 
la cesación del bloqueo, habiendo terminado La tarea de Mr. Hood, Ja de 
los Plenipotenciarios iba á empezar, y ella consistía, como se ha anun« 
ciado mas arriba, á dar una forma práctica y regular á lo que no era to- 
davía sino un simple preliminar, conteniendo sin embargo todos los ele- 
mentos de la negociación. 

Mas tarde, los Gobiernos de Francia y de Inglaterra, habiendo re- 
suelto acceder á la demanda hecha por los jenerales Rosas y Oribe re- 
lativamente á la época del levantamiento del bloqueo, solo disentimieo. 
to que impidió á las parles estar de acuerdo, se han ocupado ellos mis- 
mis de encontrar la forma la mas propia para darse á .un documento en- 
teramente y delusivamente fundado sobre las bases aceptadas. 

Los dos gobiernos han pensado que en un asunto correlativo entre 
muchos interesados y en que los unos hacían depender la ejecución de 



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287 



DE LA INTERVENCION' ANCLO-FRANCESA. 

sos obligaciones del consentimiento de los otros, el solo modo que per- 
mite llegar á una solución Faiiefactoria érala de una convención en )a 
que todos los interados tomaren parte. 

Actos separados presentaban en la ejecución dificultades casi inven- 
cibles. El proyecto de tratado que 8 . E. el Sr. Arana acaba de transmi- 
tir & los Plenipotenciarios es la mas luminosa demostración. 

JL08 Plenipotenciarios ruegan á S. E. esté bien convencido que ellos 
no cesarán de llevar en toda esa discusión el mas aíncero deseo de con- 
ciliación ; ellos esperan que el Sr. Ministro de Relaciones Exteriores, 
se dignará, de su parte, apreciar las observaciones que siguen eon dispo- 
siciones semejantes. 

La ejecución de los tres primeros artículos del proyecto del Sr. 
Arana es enteramente subordiuada al consentimiento de uu tercero, S. 
E. el joneral Oribe, qne no es en modo alguna parte en el tratado qne 
debe intervenir entre loe dos Gobiernos y el Gobierno Arjentino. Eso* 
tres artículos que encierran las estipulaciones las mas importantes de la 
negociación, pudiendo ser invalidados ipsojaclo por la repulsa del jene- 
ral Oribe, aon desde entonces completamente ilusorios, síb objeto como 
sin fin* 

Pero, se dirá, en la aceptación de las proposiciones Hood, S. E, e| 
Sr. Gobernador de Buenos Aires había estipulado que él no consentiría 
en el retiro de sus tropas, &c. &c. &c. sin que el jeneral Oribe consin- 
tiese en él. 

Esto es verdad, y es justamente en vista de esos intereses correla- 
tivos, de esas obligaciones condicionales resultantes de la aceptación de 
las proposiciones Hood, que los Gobiernos de Francia y de Inglaterra, 
después de madura consideración, se habían fijado en la forma de una 
Convención en la que tomasen parte todos los interesados, como el me- 
jor medio de poner en ejecución las bases Hood. 

En efecto, el General Oribe, siendo parte en la Convención, acep- 
ta naturalmente todas las cláusulas ; el Gobierno de Buenos Aires no 
tiene entónces que hacer ni reserva ni referencia. Asi sobresale eviden- 
temente la ventaja en esta circunstancia, de una sola Convención gene- 
ré sobre muchas convenciones particulares. 

Los Plenipotenciarios abajo firmados, penetrados de esta convicción, 
han tenido el honor de transmitir á S. E. el Sr. Ministro de Relaciones 
Exteriores un proyecto de Convención que, en la forma como en el fon- 
do* es enteramente conforme á las bases de pacificación de Mr. Hood, 



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238 



1*08 CINCO ERRORES CAPITALES 



<< «alvo las modificaciones que los Gobiernos de Francia y de Inglaterra 
“ han creído deber introducir en ellas, para hacer justicia, tanto come 
“ fuese posible, á las observaciones con que SS. EE. los (venérales Ro- 
11 a as y Oribe han acompañado su aceptación de dichas basas.” 

Los Plenipotenciarios sienten vivamente que el Gobierno Arjentino 
no haya mirado esta Convención como el medio mas seguro y mas satis? 
factorio de llegar al resultado á que deben tender los esfuerzos d6 todos. 

Los Gobiernos de Francia y de Inglaterra profesan ea sus relacio- 
nes con los otros Estados un muy gran respeto por las suceptibilidades 
nacionales, para haber dejado subsistir en ese proyecto de Convención 
la menor enunciación que fuese de naturaleza capaz de hacer el mas le- 
ve ataque á la dignidad del Gobierno Arjentino. 

Sin embargo, si la repugnancia del Gobierno de Buenos Aires por 
una Convención general es invencible, los abajo firmados no piden sino 
el instruirse de ello, y buscar con S, E. el Sr. Arana otro modo, para 
convenir las bases dé pacificación en una forma á la vez ejecutable y 
conveniente. 

Será fácil á los Plenipotenciarios abajo firmados demostrar, que el 
proyecto de Convención que les es propuesto, no corresponde á ningu- 
na de estas dos condiciones. Para esto basta examinar imparciálmente 
cual seria en esta Convención la posiejon respectiva de las partes ; 

De un lado , los dos Gobiernos de Francia y de Inglaterra se obli? 
gan á : 

el levantamiento del bloqueo, 
la restitución de los buques de guerra arjentinos 
. de los buques mercantes &c. &c. 
la entrega de la Isla de Martin García, 
ademas, se obligan á reclamar el desarme de 
los extranjeros on Montevideo. 

Del otro lada , qué ofrece en cambio el Gobierno Aijentino 1 una 8O7 
la cosa: la retirada de las tropas arjentinas del territorio Oriental. 

Pero esta cláusula subordinada á una primera condición, el desar- 
me de los extranjeros, ee encuentra anulada enteraménte por el final 
del parráfo que somete la ejecución á la voluntad absoluta fie S. E. el 
jeneral Oribe. 

Los Plenipotenciarios abajo firmados se refieren con confianza á 
3 . E, el Sr. Arana mismo : tal arreglo seria equitativo 1 



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DE LA INTERVENCION ANGLO«FRANCE9A. 260 

Por otra parte en lugar de una Convención ó cuya ejecución se 
puede proceder inmediatamente, el contra-proyecto transmitido está re-’ 
dactado bajo la forma de tratado, sujeto á ratificación y para coya rati- 
ficación ae ha dejado una latitud de ocho mesee. 

Es imposible admitir que una tal demora de ejecueion en circuns- 
tancias tan premiosas esté eo el pensamiento del Gobierno Arjentino. 

Los abajo firmados esperan, pues, que después de haber considera- 
do las observaciones que han creído deber consignar aquí, el Gobierne 
de Buenos Aires reconocerá por si mismo que el proyecto de tratada 
transmitido por 8. £, el Ministro de Relaciones Exteriores no es admi- 
sible. 

Animados de un deseo dfe conciliación tan vivo como sincero, los 
Plenipotenciarios están prontos á renunciar el proyecto de una Conven- 
ción jenerai firmada por las partes, aunque este modo le# parezca eienw 
pre d mas propio para llegar al fio común : ellos unirán sus esfuerzos 
ó los de S, E. el Sr, Arana, para encontrar uua forma que permita esta- 
blecer una Convención particular entre los Gobiernos de Francia y de 
Inglaterra y el Gobierno Arjentino sobre las bases de pacificación pre- 
sentadas por Mr. Hood. 

Se lée en la memoria explicativa transmitida por el Sr. Arana.* 

“ El Gobierno Arjentino considera como esencial la división de la 
“ negociación para distinguir lo que concierne ¿ la Coofederacion, de 
“ lo que corresponde al Estado Oriental. ” 

Los Plenipotenciarios están prontos á adoptar este principio asi 
formulado, cuya primera consecuencia es sin contradicción ol poner fue- 
ra de cuestión toda referencia á S. E. el Jenerai Oribe. Si el Gobier* 
no Arjentino no cree poderse obligar sin el consentimiento de 8- E. el 
Jenerai Oribe, nada le impide consultar á este jenerai antes de toda de- 
cisión rilterior. Pero los Plenipotenciarios no hesitan en declarar por 
su parte que no podrían jamás poner sus firmas en una Convención de» 
finitiva, cuyas principales cláusulas estén subordinadas á la voluntad de 
un tercero extraño á la dicha Convención. 

Habría todavía quizá un medio de resolver esta dificultad. Los Ple- 
nipotenciarios podrían concluir previamente una Convepcüon con S. E. 
el Jenerai Oribe ; el Gobierno Arjentino no tendría desde entonces nin- 
guna objeción, sin duda, para estipular separadamente y sin ninguna 
referencia. 

Si tal es el deseo del Gobierno Arjentino, los Plenipotenciarios en 

37 



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290 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



so sincero anhelo por llegar á una solución satisfactoria, se concerta* 
rían á este respecto. 

Pero ante todo, sería indispensable convenir con precisión los tér- 
minos del instrumento que intervendría en seguida entre los Gobiernos 
de Francia y de Inglaterra y el Gobierno Arjentino. 

Los Plenipotenciarios piensan desde luego que el preámbulo de to- 
da Convención debe contener una enunciación del finqúese proponen 
las partes contratantes. El objeto de la presente Convención, es el po- 
ner fin á las hostilidades que han tenido lugar después de algún tiempo 
en el Plata y en los paises vecinos, y de confirmar la República Orien- 
tal del Uruguay en el goce de una independencia llena y entera. 

Tal preámbulo seria por otr$i parte enteramente conforme á las de- 
claraciones y á los principios enunciados en diferentes ocasiones por e? 
Gobierno de Buenos Aires. 

Los srticulos 1, 2 y 3, menos la referencia á un tercero extraño á 
la convención, deberán sin duda satisfacer & todas las partes. 

Los Plenipotenciarios tomarán sobre sí el adoptar en el artículo 4. ° 
lo que concierne al saludo ; siendo el resto de este articulo enteramente 
conforme al del proyecto transmitido por los abajo firmados el 14 de 
Mayo. 

En cuanto al articulo 5, los Plenipotenciarios dejan á S. E. el Sr. 
Arana la elección entre el texto exacto de Jas bases Hood ó el texto 
del artículo 5 del proyecto transmitido el 14 de Mayo, cuya redacción 
no ha sido acordada por ios Gobiernos de Francia y de Inglaterra, sino 
con el objeto de satisfacer á las observaciones dol Gobierno de Buenos 
Aires consignadas en la aceptación de las bases. 

Relativamente al articulo 6, la declaración espontánea que Jos Go- 
biernos de Francia y de Inglaterra han consentido en hacer, debe pa- 
recer plenamente satisfactoria al Gobierno Arjentino ; no se podría por 
otra parte iosertar en un acto definitivo semejante declaración, sino en 
cuanto la parte á que es concedida la coasidere como enteramente sa- 
tisfactoria y la acepte como tal ; ninguna reserva á este respecto puede, 
pues, ser admitida en una Convención ; el Gobierno Arjentino por esto, 
no conservará menos el derecho de discutir por la via diplomática tal á 
cual principio. O si el Gobierno Argentino lo prefiere se podría supri- 
mir totalmente en la Convención el articulo 6. Los Plenipotenciarios 
obligándose á hacerlo objeto de una comunicación adicional, que seria 
entregada á S. E« el Sr. Arana en el momento de firmarse la Conven- 



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DE XiA INTERVENCION ANOLO-FRANCEIA. 



291 



cion, y sobre la que entonces sería permitido á S. E, el hacer toda re- 
serva al acusar su recibo. 

Por lo quo concierne el articulo 7, las bases precisan á la verdad 
la marcha que tendrían que seguir los Plenipotenciarios en el caso en 
que el Gobierno de Montevideo no se prestase á sus representaciones ; 
los abajo firmados no hesitan en reiterar aquí la seguridad, que si el Go- 
bierno en Montevideo se rehusase á licenciar las tropas extranjeras 6 
particularmente á desarmar á aquellas que hacen parte de la guarnición 
de la ciudad, 6 retardase sin necesidad la ejecución de esta medida, ellos 
harán cesar toda intervención ulterior y se retirarán. 

Pero esta declaración tan normal en simples preliminares no es de 
naturaleza de ser insertada en una Convención definitiva, tanto menos, 
cuanto que no se podría admitir que el Gobierno de Montevideo habien- 
do firmado las base?, no se conformase estrictamente á la ejecución de 
las cláusulas que ellas encierran. 

Los Plenipotenciarios tendrían todavía algunas observaciones que 
presentar relativas á la amnistía y á la admisión de los derechos y de 
las reclamaciones legítimas de los extrangeros ; las consideraciones en 
las que S, £. el Sr. Arana entra á este respecto en su memoria explica» 
tiva y los hechos que expone, dán la esperanza á los abajo firmados, que 
á este respecto como relativamente á algunos detalles de forma las par» 
tes se entenderán sin dificultad. 

Los Plenipotenciarios abajo firmados han creído de su deber respon> 
der categóricamente y por escrito á una memoria esplicativa que S. E# 
el Sr. Ministro de Relaciones Exteriores les ha transmitido, á fin de no 
dejar ninguna duda sobre las intenciones conciliantes de sus Gobiernos 
respectivos relativamente á la negociación que se sigue en este momen- 
to ; sus intenciones al cumplimiento de las que tienden todos los esfuer- 
zos de los abajo firmados, pueden reasumirse así : 

*« Hallar una forma de Convención regular y practicable, que sea 
“ la ejecución mas exacta, la expresión mas completa de las bases de 
“ pacificación presentadas por el Ajente Confidencial Mr. Hood. * 

Los abajo firmados esperan, que tan luego que S. E. el Sr. Ministro 
de Relaciones Exteriores haya pesado las consideraciones que someten 
i sus luces, Ies dará el medio de completarlas por esplicaciones verva- 
les, fijando una conferencia al término ma$ proximo t en la que los Ple- 
nipotenciarios acabarán, tienen la esperanza, de ponerse de acuerdo con 
S. E. el Sr. Ministro de Relaciones Exteriores, 



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eos 



LOS CINCO ERBOJtES CAPITALES 



Los Plenipotenciarios abajo firmados tienen el honor de ofrecer m £L 
E. el Sr. Ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno de Buenos Ai- 
res» Encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación Agen- 
tina, la seguridad de su alta consideración. 

El enviado extraordinario de Su Majestad el Rey de los Franceses* 

v A. C. WalewCki. 

Howden. 

Después de la Nota que precede, tan sencilla 
como verídica; tan ilustrada como incontestable, el 
Dictador contestó con uña nueva y mas interminable 
Comunicación que el Memorándum, esplicando, lo 
que en su concepto, había sido mal entendido por 
los Plenipotenciarios. 

En esa Nota el Dictador con tono de burla, y 
ridículo, alaba altamente los deseos manifestados 
por' los Plenipotenciarios de arribar á la paz, que él 
tanto anhela con todas las veras de su corazón: que no le 
an ima sino el deseo mas ardiente y sincero de hallar la mayor 
facilidad posible para arribar á una terminación honrosa y 
conveniente á todos en la pacificación de estas Repúblicas, no- 
ble é interesante objeto en que tiene la muy grata satisfacción 
de encontrar animados de iguales sentimientos á los SS. Ple- 
nipotenciarios. 

Con esas palabras cierra su larguísima Nota; 
esperando todavía, que eo la conferencia verbal que 
piden los Plenipotenciarios en su Comunicación de 
8 de Junio, quedarán aquellos puntos mas plena» 
mente ilustrados, y los Ministros convencidos de su 
justicia. 

Ese fué siempre el sistema favorito del Dicta- 



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DE U INTBBYENCION ANOIiO-ÍHANCESA. J9Ü 

dor, que mas de una ocasión le ha dado los resulta* 
dos que buscaba porque, desafortunadamente para 
la Causa de la humanidad y de la civilización* ha en* 
contrado quien diera fé á sus palabras! ó loque es 
mas cierto, se han cerrado los ojos para no ver ni al 
hombre, ni al sistema de decepción y astucias que 
informemente emplea, ni ios ruinosos fines que se 
propone, de dominación y conquista. 

Como ya se ha dicho en otro lügar de esta 
obra, el Sr. Hood había hecho comprender á los Ga* 
binetes Interventores que, la negociación que él ini- 
ció, se había frustrado por no haber accedido el Sr. 
Defiaudis al alzamiento del bloqueo en los momen- 
tos de ajustarse el armisticio como Rosas quería. 

Accediendo aquellos Gobiernos á esa perjudi* 
cialísima pretensión, hacían una concesión débil é 
injusta que daba al Dictador un nuevo triunfo, y á 
sus competidores una prueba mas de la marcha re- 
trógradade sus protectores, y de lo poco que po* 
dían’prometerse de tales medios. 

Las Credenciales que presentaron los Plenipo* 

tenciariosde sus respectivos Gobiernos, así lo acre* 
ditan. 



Depártaiiento estranjero. 

Londres , Mario 22 dé 1847. 

Señor : 

Tengo el honor de informar á V. E. que habiendo loa Gobiernos 
de la Gran BretaBa y Francia, tomado en consideración la dificultad que 
evito la conclusión del arreglo para la pacificación del Rio de la Plata 
que fué presentado á V. E. por Mr. Hood, han resuelto acceder al de- 



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294 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



seo expresado por el Gobierno de la Confederación Aijentina sobro eso 
punto. 

El gobierno de S. M. por lo tanto ha instruido á Lord Howden 9 
Par del Reino Unido, á quien la Reina ha nombrado para ser su En- 
viado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en la corte del Braail 9 
para que, antes de procederá supuesto en el Rio Janeiro, se dirija k 
Buenos Aires á efecto de negociar, en concierto con el Conde ’Yfe— 
lewski, á quien S. M. el Rey de los franceses ha encargado con igual 
misión al Rio de la Plata, un arreglo definitivo para la cesacioo de las 
hostilidades eptre las partes coutendentes. 

Suplico qup V. E. reciba a Lord Howden de un modo favorable, y 
que daréis entero crédito á cuanto os comunique por parte def Gobierno 
Británico. 

Tengo el honor de ser con alta consideración, señor do V. E. muy 
obediente y humilde servidor. 

Palmerston. 

A S. E. Mr. Arana &c. &c. 



Sr. Ministro ; 



París , Marzo 22 de 1847. 



Tengo ol honor de informar i V. E. que habiendo los Gobiernos 
de Francia e Inglaterra tomado en consideración la dificultad que ha 
impedido la conclusión del arreglo para la pacificación del Plata, presen* 
tado á V. E. por Mr. Hood, han resuelto acceder al deseo espresado so* 
bre ese asunto por el Gobierno de la Confederación Arjentina. 

En consecuencia, S. M. ha encargado al Sr. conde Walewsbi de 
pasar á Buenos Aires, á efecto de negociar de concierto con Lord How- 
den, á quien el Gobierno de S, M. B. ha confiado una misión igual en 
el Plata, un arreglo definitivo para la cesación de todas las hostilidades 
entre las partes belijerantes. 

Ruego á V. E. acoja favorablemente al Sr. conde Walewski, y dé 
entero crédito á todo lo que le comunique de parte del Gobierno de S. M, 

Aceptad las seguridades de la alta consideración con que tengo el 
honor de ser, señor Ministro de V. E. muy humilde y muy obediente 
servidor. 

Gvizot. 



Sr. Arana, Ministro de Relaciones Exteriores de la República Aijen- 
tina. 



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1>E LA INTERVENCION ANCLO •FRANCESA. 295 

Pero todos esos alhagos, todas esas importunas 
concesiones debían estrellarse en el constante plan 
del Dictador, de vencerlo todo y consolidar su po* 
der haciendo que á él concurrieran esos mismos po* 
derosos Gobiernos, como el Tratado Mackau le sir* 
vió al mismo objeto en otra desgraciada época, ro* 
busteciendo su fuerza moral y libertándolo del con* 
flicto en que entonces se hallaba. 

Los Plenipotenciarios por un desengaño tardío* 
comprendieron al fin que nada tenían ya que esperar* 
y pasaron al Dictador su Nota Colectiva de 30 de 
Junro. 

(TRADUCCION.) 

Éuebos Aires t Junio 30 de 1847 . 

Lob infrascriptos Plenipotenciarios no consideraron necesario con- 
testar inmediatamente la nota de 13 de Junio de 1847, que 8. E. eí Sr. 
Arana, Ministro de N. les dirijió, aunque la referida nota conte- 
nía pasajes que los infrascriptos en ninguna manera pueden admitir ; 
ellos creyeron que sería mas fácil llegar á un arreglo por medio de con- 
ferencias bervales que por comunicaciones escritas. 

El Sr. Arana ha sido testigo de los incesantes esfuerzos de los Ple- 
nipotenciarios para llenar la misión á ellos encomendada por sus res- 
pectivos Gobiernos. Esperan que S. E. el Sr. Ministro de Negocios 
Extranjeros les hará la justicia de reconocer que, al mantenerse dentro 
de los límites de sus instrucciones, han manifestado un incesante deseo 
de conciliar. 

Sus esfuerzos han sido desgraciadamente infructuosos, y solo tiene 
ahora que rogar á S. E. el Sr. Arana, Ies informe en que dia y en que 
hora puedan ellos despedirse de S.E. el Sr.Gobernador de Buenos Aires. 

Los infrascriptos aprovechan esta oportunidad para asegurar á 8. E: 
(el Sr. Arana su alta consideración. 

Howden. 

A. C¿ Walewski. 



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2 9& j,oí cuneo ebrobes capitales 

El Dictador contestó por medio de su Ministro 
de Relaciones Exteriores en Nota de 1,° deJulio, 
manifestando el gran pesar que le causaba la ruptura 
de las negociaciones, manifestando ignorar los puntos 
que. los Plenipotenciarios declaraban no poder admi* 
tir, y sosteniendo que todas las proposiciones eran 
perfectamente ajustadas á las casas íjood declaradas 
admisibles por los Gobiernos Interventores, y puestas 
de fundamento para un arreglo. t 

Los Documentos oficiales que dejamos transcrip- 
tos, completan la prueba de la mala política de ios 
Gabinetes Interventores: completan la demostración 
de sús errores en la fatigosa Cuestión del Plata.. 

Declaraciones solemnes por una parte, de prote* 
jer fa Independencia de la República: pactos esplíci- 
tos con su Gobierno demandándole su cooperación, é 
imponiéndole sacrificios: medidas coercitivas en gran* 
dq escala: negociaciones repetidas, ora imponiendo 
respeto al Dictador, ora cediendo á sus pretenciones 
y complaciéndolo aun en sus mas injustas solicitudes. ; 

í ¿ Cuáles debían ser las consecuencias morales de 
esa política ? El desaliento y la desconfianza de los 
Pueblos: la relajación y ruina del Comercio: el des-r 
crédito de los Gabinetes que tan lamentable política 
empleaban en una Cuestión de tan importantes inte* 
reses para ellos mismos. 

Se perdía la dignidad ante un poder miserable, 
que los Gabinetes Interventores quisieron hacerle 
fuerte entraodo á tratar, pop quien no podían, no de* 



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DE LA INTERVENCION ARGLO«fRANC&SA. 207 

trian tratar, sin mengua de su poder y de su civiliza* 
cien. Quisieron hacer reconocer como Gobierno, á un 
déspota absoluto, que no profesa ni observa ninguna 
de las condiciones de los Gobiernos en derecho: que 
rompiendo audazmente todos los vínculos que ligan á 
los Gobiernos para con las Sociedades, atacando todos 
los derechos, violando todos los principios, las Leyes 
mas santas de la humanidad y de la naturaleza, ha 
hecho de un Pueblo, de toda una República, florecien- 
te y poderosa en otro tiempo, una vasta y lúgubre 
mansión de crímenes, de sangre, de humillación y de 
eeterminio. 

Quedaba todavía para los Pueblos del Plata, para 
la República Oriental, tan heroica como jenerosa, la 
justicia de su Causa, la lealtad de sus procederes} es- 
perando que, alguna vez la verdad, ilustrase á los Ga- 
binetes Interventores, que en otras luchas, y Cuestio- 
nes de este jénero, se han manifestado tan conspicuos 
y grandes, tan amigos de la civilización y de la hu- 
manidad. 

Esa esperanza, atravesaba de nuevo el Océano, 
para animar á los jenerosos amigos de la República en 
distintos puntos de la Europa, y en París sobre todo, 
donde los invencibles esfuerzos del benemérito Sr. 
Le Long han dominado mas de una vez, la intriga y 
mala fé de los partidarios del Dictador, vendidos á la 
defensa de su odiosa Causa. 

Quedaba aquí la Capital, como la roca en medio 
de Jas ondas;, combatida constantemente por todas las 

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298 



108 CINCO ERRORES CAPITALES 



tempestades: unas veces salpicada del lodo que otros 
hicieron, en el curso de esta larga lucha: otras, alzán- 
dose incontrastable, sobre todas esas vicisitudes; pero 
jamás, hundida, en el abismo, ni manchada con el 
deshonor. 

El principio de la defensa se conservaba puro, 
ileso, vigoroso: si otros tienen el poder de destruirlo á 
fuerza de decepciones, el honor de la Capital se salva- 
rá sin mancilla en esta grande y asombrosa guerra: y 
sus defensores, tan modestos como dignos de la brillan- 
te Causa que con tan alto valor defienden, llevarán 
por todas partes la gloria de su historia y el nombre 
del hecho mas conspicuos en los anales de la guerra 
en los tiempos modernos. 

Quedaba aquí la Capital enclavada entre sus trin- 
chéras, que al fin será preciso derribarla é cañonazos, 
porque, la deslealtad y la perfidia, nada pueden contra 
su valor. 



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CAPITULO V. 



OORE OROS. 



Los Gabiritbs Interventores asumiendo el carácter de me- 
diadores, ENTRE EL GOBIERNO DE LA REPUBLICA T EL Je- 

neral Oribe , Teniente de Robas t separando a este en 

LA NEGOCIACION. 



I. 



Terminada la negociación anterior, y rota por la 
mala voluntad del Dictador, les bacía llamar en su Ga- 
ceta á los Gabinetes Interventores rapaces pespo* 
jantes. Frase que empleaba para sublevar la opinión 
contra ellos, haciendo entender que tenían miras posi- 
tivas de conquista, y ocupación de los Ríos contra los 
derechos de la República. 

Muy poco después, llevó su plan mas adelante: 
con la audacia que acostumbra, dio cuenta de la ne- 
gociación á su celebérrima Junta de Representantes, 
de la negociación que acababa de terminar; haciendo 
de las miras y política de los Interventores, las clasifi- 
caciones mas odiosas, las imputaciones mas ofensivas, 
atribuyéndoles planes deprabados de colonización y 
conquista. 



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900 Lira CINCO ERRORES CAPITALES 

No contento con eso, se hizo decretar salvas de 
artillería, y repiques jenera les de campanas por tres veces en 
un mismo dia, como si se celebrara alguna grande victo- 
ria: hízose felicitar por una Comisioi? de su Junta de 
Representantes en celebridad de lá habilidad y acier- 
to con que había conducido las negociaciones, descu- 
briendo esta vez, las verdaderas miras de los Gabi- 
netes Interventores, y salvando la Independencia de 
la República con el mayor acierto y enerjía. 

Todo esto para ahogar la opinión pública que lo 
condenaba universalmente por la ruptura de las negó- 
ciaciones. 

Lejos de estos Paises, donde no se tenga conoci- 
miento de la naturaleza y peculiaridades del carácter 
del Dictador de Buenos Ayres y de su sistema; pa- 
recerá increíble que un Cuerpo, que se titula de Re- 
presentantes, en un Pais que se llama República, 
expida un Decreto, al terminar una negociación di- 
plomática, para ordenar tres salvas de artillería, en un 
mismo día, y repiques jenerales de campanas en honor del 
Dictador . por la habilidad con que se condujo en aque- 
lla ocasión, cubriendo al mismo tiempo de groseros é 
inmerecidos insultos á los Gobiernos con quienes se 
trataba, después que, en la anterior misión Hood, se 
les aplaudía y honraba por el sabio y conveniente 
cambio de política que habían hecho. 

Y sin embargo, es así la verdad. Todo ese escán- 
dalo no tenía otro objeto que sofocar la opinión pú- 
blica, y llenar de vergüenza á los Gabinetes lates-- 



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DE LA INTERVENCION ASOLO- FE ANCESA. 901 

ventores ante las poblaciones del Plata, manifestaría 
do como y Conque medios, aquel poder, alzado sobré 
las ruinas de nn gran Pueblo, y robustecido con las 
repetidas concesiones de dos poderosas Naciones, se 
burlaba de la justicia y de las conveniencias de tantos 
Pueblos asolados por su culpa y diezmados por su san** 
grienta tiranía. 

Pero la mejor prueba de esta verdad, se hallará 
en los Documentos que vamos á publicar á continuas 
don. 

/ Viva la Confederación Árjentifia ! 

¡ Mueran los salvajes unitarios / 

Buenos Airea, Agosto de 1847.— Año 38 de 
la Libertad, 32 de la Independencia, y 18 d# 
la Confederación Arjentiha. 

La^Comifiioirde ftegocios Constitucionales, á la Honorable Junta de Re- 
presentantes : i 

La Comisión de Negocios Constitucionales, encargada por V. tfc* 
de presentar Un proyecto de contestación á la nota de 28 de Julio pr6~ 
ximo pasado dél P. E., en que dá cuenta detalladamente, con los docu- 
mentos relativos, de la misión de que vinieron encargados por los tío» 
biernos de Inglaterra y Francia los Ministros, Lord Howden y Conde 
Walewski.niene el honor de someter á la aprobación de los Srés. Re*, 
presentantes la adjunta minuta de comunicación y proyectó de decreto 
qüe la acompaña. 

Dios guarde á V. H. muchos años. * . 

Juan Antonio Argerich.— Baldomero García.— 
Roqu r Saenz Peña.— Francisco C. Belaustk* 
oui .—Eustaquio J. Torrés, 






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302 LOS CINCO ARROBES CAPITALES 

proyecto.de decreto. 

/ Viva la Confederación Arjentina! 

/ Mueran ios salvajes Unitarios l 

Buenos Aires, Agosto de 1847» Aüo 88 da 1* 
Libertad, 82 de la Independencia» y 18 de la 
Confederación Argentina. 

1a Junta de Representantes, Al Exmo. Sr. Gobernador y Capitán Ge- 
neral de la Provincia, Brigadier D, Juan Manuel de Rosas. 

La Junta de Representantes, reunida en sepion de esta fecha, ha 
tenido á bien sancionar el siguiente decreto. 

Art. 1. ° Apruébase en todas sus partes la conducta del Exmo. 
Sr. Gobernador y Capitán General de la Providencia, Brigadier D- Juan 
Manuel de Rosas, Encargado de las Relaciones Exteriores déla Con- 
federación Argentina, en la negociación iniciada por loa Enviados Ex- 
traordinarios de Inglaterra y Francia, Lord Howden y Conde Walewski, 
de que ha dado cuenta en nota de 28 de Julio próximo pasado. 

2. Se declara que la insistencia del Gobierno en el arreglo bajo la* 
basas Hood aceptadas por todas las partes interesadas, y la resistencia 
á todo lo que no fuese conforme con estas, según instruye en la corres- 
pondencia que ha sometido á la consideración de esta Junta, es la ex- 
presión de la voluntad de los Argentinos. 

3. El Gobierno continuará expidiéndose en este grave asunto con 
la energía, dignidad y acierto con que ha procedido en sosten del ho- 
nor é independencia de la Confederación. 

4. No siendo ya dudoso que el positivo carácter de la intervención 
Anglo-Francesa es el de atentar contra la independencia de estos paí- 
ses, se declara que en conformidad con la sanción de 24 de Marzo de 
este año, en que esta representación hizo suya toda la responsabilidad 
de los actos del Gobierno y de los sucesos, queda autorizado ilimitada- 
mente para emplear sin excepción todos los medios que le conduzcan 
á llevar á su término la gloriosa defensa da la soberanía é independen- 
cia nacional. - f 

5. Se acuerda un voto de gracias, á nombre de la Representación 
déla Provincia, al Supremo Géfe del Estado, por la sabiduría y digni- 
dad con que ha sostenido los derechos de la Confederación. 

6. Una Comisión de esta Junta,, compuesta de cuatro individuos qoe 



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DE LA INTERVENCION ANGLO •FRANCESA. ft)# 

designará y presidirá el Presidente, transmitirá este voto 6 viva vos al 
Exmo. Sr. Gobernador y Capitón General de la Provincia Brigadier Di 
Juan Manuel de Rosas, expresándole que los Representantes y todos 
sus representados, agradecidos al importante servicio que ha hecho, de 
hacer conocerlas mifas de los Gobierne* de Inglaterra y Francia, le 
felicitan y le ofrecen su activa y eficaz cooperación, dispuestos á pere- 
cer antes que consentir que su Patria sea conquistada. 

7. Se encarga al Gobierno designe un dia para que se hagan trés 
salvas, acompañadas de repiques jenerales en celebridad de la glorio- 
sa resistencia á las insidiosas proposiciones de paz, presentadas á nom- 
bre de la Inglaterra y de la Francia por sus di timos enviados. 

8* Comuniqúese en la forma acordada. 

Argerich.— García.— Saenz Peña— Belaus- 
tegui. —Torres. 



Buenos Aires, Agosto 26 de 1847, Año 88 dé íá 
* Libertad 32 de la Independencia, y 18 de la 
Confederación Argentina. 

En cumplimiento de lo dispuesto en el articulo 7. ° del decreto de 
la honorable Junta de Representantes fecha 25 del corriente, el Gobier- 
no ha acordado y decreta : 

Art. l.° El dia 29 del presente, se harán las tres salvas acompa- 
ñadas de repiques generales, que en el enunciado articulo 7. ° se 6r- 
denan ; al salir el sol la una, á las 12 del dia la otra, y al ponerse aquel 
la última. 

2. ° Comuniqúese, publiques©, é insértese en el Registro Oficial. 

Rocías. 

Felipe Arana. 



Las violentas discusiones que, con motivo de ese 
Proyecta, tuvieron lugar en la Junta de los Represen* 
tantes de Rosas, excedieron, aquella vez, á todos los 
cálculos. Ni la montada en la famosa época de la 



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S04 



LOS CINCO ERRORES CAFtTALEg 



Convención Francesa del siglo pasado, ni la moxtí* 
ña de la revolución de Febrero de hoy, manifestaron 
mas lujo de insolencia, de deprabacion y de furor, que 
los oradores del Dictador en aquella ocasión. 

£1 Diputado Torres, decía en ¿sa discusión. 

«• De estos dos Soberanos, que en esta gran cuestión ó se propo- 
nen repartirse ía presa que entreambos intentan hacer; ó el uno de ello* 
que es el Francos, quiere hacer servir imbécilmente á )& Inglaterra para 
quedarse con Montevideo, sin apercibirse, que cuando esto fuera realw 
zable, “ le serviría al fin, no para conquistarnos, sino para invadir y 
“ ocupar alguna vez algunas colonias inglesas teniendo allí tropas de 
*• refresco. ” 

Luego grita que, “ la misión de Lord Howden 
y Conde Walesky es, en su concepto, la misión mas 
infame que ha podido concebir la ambición Euro* 
pea.” 

M No la clasifico asi por las personas enviadas, sino por el Ínteres 
que envuelve. No obstante que, á pesar del alto aprecio y respeto que 
profeso á ambos, y muy principalmente al Lord, creo deber aconsejar á 
mis conciudadanos, que jamas se alucinen con las calidades personales 
de los enviados, porque si bien eljas excitan en su carácter privado 
nuestras simpatías, en su carácter publico deben despertar nuestra des- 
confianza, pues nunca debemos ver mas, 6¡no en el gno un Ingles, y en 
el otro un Francés, representantes ambos de los enemigos masferoaes 
de Ja Independencia de nuestra Patria. ” 

Todo eso no es nada: la tribuna del Dictador de* 
bía ofrecer mejores rasgos del poder oratorio y de la 
circunspección con que se trababan allí los mas gran* 
des intereses internacionales. 

Ese mismo Torres, continuaba. 

El pueblo, preciso y muy justo es decirlo, nunca creyó que Ja mi- 
sión de estos dos Ministros fuese despea. Por el contrario deseaba. 



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DB U «rTBUVBJÍCiDW ANGXO-?RANC!?S¿. 38f> 

que ni aun 88 le® hubiera pmmitido. deepin barca r, y que mas bien #• 
tratase con ellos como se. trató con Mr. Mackau, esto es, abordo. Y 
4 ojalá, señores, que asi se hubiese hecho con ellos, con los anteriores y 
con todos los que vengan i 

11 Es tal y tqn desagradable la impresión que produce la presencia 
de un Ministro Ingles, y de un Ministro Francés, que el pueblo miraba 
con un profundo disgusto, y no podía conformarse con que anduviesen, 
paseando estos enviados por nuestras calles, pues creía que solo el in- 
terés de eenoeer nuestra situación los babia traído aquí. ’* 

Pero ese furor parlamentario se Iteraba mas ade- 
Jante: las vistas del orador eran mas profundas, de ma- 
yor alcance. Continúa hablando. 

14 Cuando vino Mr. Hood, lo vimos ya— Anunció su arribo con una 
melosa carta del Lord Aberdeen— Todos los que creyeron en esta mi- 
sión i el político ó el comerciante que no vió en la carta y en las pro- 
testas de Jos soberanos un ardid ó un artificio, y creyó 6 especuló, se en* 
gañó, se arruinó. 

41 Vienen después el Lord y el Conde— Anuncian aun bajo mejores 
auspicios la paz ya per que el único punto de consulta, que era el le- 
vantamiento del bloqueo, lo traían arreglado, y ya por que sus protestas 
de pacificación parecían las mas sinceras. Los que no vieron pues en 
estos nuevos Ministro* los mismos frailes con las mismas alforjas que 
trajeron Oaseley y Defía udiv, y creyendo en la peZr se alucinaron, y es* 
pecularon, se engañaron y se arruinaron también. ” 

Ese furioso Torres, termina su larguísima diatri*. 
ba, y que ellos, los amigos del Dictador llaman discur* 
sos, coa las palabras siguientes: 

11 Podrá ser muy laudable la intención expresada por la Inglaterra-^ 
Mas en ella ninguna realidad aparece; eino i.° el reconocimiento de 
un hecho, que muoho tiempo ha lo hemos denunciado ante el Mundo : 
esto es, que en Montevideo dominan los extrangeros — Y 2.° que ape- 
sar de todo esto, está en guerra con nosotros, desde que nada nos de- 
vuelve— Y yo en tal caso, al meaos esta es mi apinion, 44 creo que nin- 
“ gun Pabellón Ingles debemos admitir como amigo* ” pues qp lo w 

39 



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306 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



da pruebas de serio 14 a pesar de la franca declaración que ha hecho el 
‘‘ Lord» ” y que como he dicho, solo es la expresión de esa noble since»* 
ridad que lo ha hecho tan apreciable entre nosotros» no obstante que es 
Ministro de la Inglaterra. ” 

No es de estrenar que el Diputado Torres hable 
así de ias bondades y popularidad del Lord Howden 
después que, como todos saben en el Rio de la Plata» 
el noble Ministro Ingles se paseaba por las calles de 
Sueños Ayres montado á caballo en recado , con caronade 
vaca y espuelas de domar , vistiendo chaqueta y poncho. 

Todo esto esplica de algún modo su conducta en 
Montevideo. 

Pues bien, nada de todo eso que el Dictador 
hacía, para obtener su triunfo y su audáz injusticia 
ha sido bastante, para que los Gabinetes Interven- 
tores adoptasen otra política mas regular y conve- 
niente; para que se resolviesen al fin, á castigar al 
Dictador haciendo justicia á tantos Pueblos, á sus 
propios Nacionales y su Comercio, vejados y espo- 
liados por tan largo tiempo. 

Aquella tenaz repulsa, aquella nueva derrota de 
la Intervención, debía producir una nueva política 
mas orijinal auD, mas condenable todavía, que todo 
lo malo, que en las misiones anteriores se había he* 
cho. 

Antes de llegar á ese hecho, que de nuevo vá 
á asombrar á todos los que sepan apreciarlo, descri- 
biremos con entera verdad, la situación en que que- 
daron las cosas en el Rio de la Plata, después del 
estrepitoso proceder del LordHowden. 



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DE IA. INTERVENCION ANGLO-FRANCESA. 30 ? 

Todo se resintió de aquella resolución tan vio* 
lenta é injusta. Nadie esperaba que fuese aprobada 
por Lord Palmerston. £1 Comercio Británico del 
Rio de la Plata la condenaba severamente. La irri- 
tación subió de punto con las medidas adoptadas por 
el Comodoro Herbert sobre los Marinos que se ha- 
llaban eu tierra en protección del valioso Comercio 
Ingles. 

El Gobierno, después de la retirada del Lord 
Howden del Rio de la Plata, cuando ya ningún ser* 
vicio prestaban á la defensa las tropas Inglesas que 
ocupaban el Fuerte de San José, situado en la boca 
del Puerto y única fortificación que existe dentro 
de la Capital capáz de servir de depósitos, y de pun* 
to de reunión en el caso de un ataque, el Gobierno 
pidió al Comodoro Herbert, evacuara aquel punto 
ocupado con parte de sus Marinos, y se lo entrega* 
se. El Comodoro lo entregó inmediatamente embar* 
cando las tropas; pero pudo ocupar el punto de la 
Aduana, muy fuerte también, donde se hallaban los 
principales depósitos del Comercio Ingles, y comu- 
nicó por medio del Cónsul á la Comisión de la Aso- 
ciación del Comercio Británico, su resolución de re» 
tirarse de tierra. 

La Comisión de la Asociación del Comercio 
Británico, dirijió por medio de su Secretario Hono* 
rario al Sr. Cónsul, la comunicación que aquí trans* 
cribimos. 



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SOS 1.68 CINCO ERRORES CAPITALES 



(traducción.) 

Señor 



Montevideo , Agosto 28 de 1847¡ 



La Comisión de la asociación del comercio británico, me encarga 
que acuse recibo de la carta de V. de 26 del corriente, á que acompaña 
copia de la comunicación del Comodoro Sir Tomas Herbert 6 V. fecha 
25, en la que anuncia, que, á consecuencia de haber pedido el gobierno 
que el Fuerte de San José, ocupado hoy por los marinos reales, fuese 
desocupado, ha determinado embarcar toda esa fuerza, asegurando á V. 
al miamo tiempo que se dará toda protección á los subditos británicos 
y á sus propiedades. 

; La comisión me encarga de decir, que el pretexto alegado para la 
retirada de los marinos es, en la opinión de aquella injustificable. Por 
cerca de 4 años y medio, loe almacenes de la Aduana han estado bajo 
la custodia de una guardia de marinos ; y por mas de h mitad de ese 
tiempo el fuerte de San José no ha estado ocupado por esas tropas ; 
porque el Comodoro Purvis y el Almirante Inglefield consideraron 'que la 
Aduana y los alojamientos adyacentes eran sobradamente segaros. El 
Fuerte de San José, situado en la estremidad mas remota de la ciudad, 
1 gual mente distante del cuartel Victoria y de las residencias de los súb- 
ditos británicos en jeneral, y no teniendo facilidades para embarcarse, 
es evidentemente un punto a) que ni los marinos ni los súbditos británi- 
cos concurrirían en caso de peligro. La Aduana por el contrario, á cau- 
es de su posición central y de su vecindad á los principales puntos de 
embarque, no solo ofrece protección, estando guardada por marinos, á 
la gran porción de propiedades allí depositadas ; sino que la comunica- 
ción con los buques de guerra es mas fácil y conveniente por aquel pon* 
tp que por otro ninguno de la ciudad. 

La Comisión conviene enteramente con el Comodoro Herbert en 
que él M tiene obligación estricta de procurar á lo» subditos británicoa 
“ en todos tiempos, y bajo todas circunstancias, la protección que ten- 
“ ga medios de darles ” ; pero, recordando el abandono que hizo de sus 
compatriotas en la Colonia— lo que los obligó q ponerse bajo la protec- 
ción del almirante francés ; — convencidos firmemente de que una fuerte 
representación fué lo único que impidió que la fuerza británica fuese re* 
tirada de Montevideo, hace algunos meses ; y viendo ahora la consu- 
mación de ese acto con que se había amenazado y el pretexto que para 
él se alegq en la dicha nota del 25 ; la Comisión no puede dejqr de 



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BE *A INTERVENCION ANG LO •FRANCESA. 809 

decir que las palabras del Comodoro han estado, y están, en la me^ 
grande discordancia con sus obras. 

La Comisión, sin embargo, considera innecesario extenderse mas 
sobre este punto, porque ha dirijido ya al Gobierno de S, M. un memorial 
sobre los procedimientos del Comodoro Sir Tomas Herbert en el Rio 
de la Plata ; y ahora solo le resta protestar contra la retirada de loe 
marinos que custodiaban la Aduana, depósito de tan gran cantidad dó 
propiedades británicas, y punto de reunión señalado, tiempo bace, como 
el mas útil eir caso necesario. 

Tengo el honor de ser &c. &c« 

C. Hodgskín^ 

Secretario Honorario. 

Al Sr. Mártir T, Hood, Cónsul General interino; 



El desacuerdo del Comercio Ingles de esta Pía-, 
za, con las medidas adoptadas por el Comodoro, se 
manifiesta bien claro en ese Documento. La opinión 
pública hacía justicia á los primeros, y los hechos 
prueban hoy mismo que tenían completa razón. 

La resolución del 16 de Julio adoptada por 
Lord Howden, comprometiendo los Intereses del 
Comercio Británico en esta Plaza, á la par del ho« 
ñor Ingles, lastimaba á los súbditos de esa Nación, 
tan solícitos por la conservación de su buen nombre 
y de su reputación social en el Rio de la Plata; La 
reprobación que hicieron de aquella medida inespe* 
rada é injusta fué tan pública, que hace honor á la 
nobleza de sus sentimientos y á su buen sentido. 

Sus esfuerzos por neutralizar ó reparar los efec. 
tos de aquella resolución, les sujirió la idea de diri* 
jir, como lo dicen ellos mismos, una representación 



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«10 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



al Gobierno de S. M., comisionando á un individuo 
para que fuese personalmente, costeado por ellos, á 
ajitaren Londres sus lejítimas pretenciones. 

El mismo Dictador á quien tanto favorecía la 
resolución del Lord Howden, clasificaba ese proce* 
der de la maqera mas severa. 

“ Mas si ese procedimiento (dice la Gaceta de 
aquel, del 2 de Setiembre) “ no notificado oficial* 
“ mente al Gobierno Arjentino, ni á los Represen* 
“ tantes de las Potencias neutrales, subsiguiente 
“ también al desconocimiento hecho por el Plenipo- 
“ tenciario Ingles de los derechos de Soberanía éln- 
“ dependencia de la Confederación Aijentina para 
(( hacer la guerra, contraer alianzas, gobernarse li* 
“ bremente, y disponer de sus Ríos interiores, ten- 
“ diese á dejar concluida de este modo la Cuestión 
“ entre ta Inglaterra y la República, no podría acep« 
“ tarse sino como un acto impropio y alarmante para 
“ la seguridad del Pais, y conservación de los prin- 
“ cipios é intereses que ha defendido y sostiene el 
“ Gobierno Arjentino aliado al Exmo. Sr. Presiden* 
“ te Legal de lá República del Uruguay, Brigadier 
“ D. Manuel Oribe.” 

¡Desgraciado Diplomático ! amigos y enemigos, 
estraños y nacionales, interesados y neutrales, todos 
reprobaron su irritante resolución del 16. 

Fuera dél Rio de la Plata debía recibir igual 
condenación, menos por el primer Ministro del Go- 
bierno Ingles. 



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DE LA INTERVENCION ANCLO- FRANCESA. S1J 

Mas elocuente aparece aquella jeneral repro^» 
bacion cuando se compara con el modo como fu& 
tratado su antecesor el Sr. Ouseley Ministro Pleni- 
potenciario en misión especial en el Plata. Al sepan 
rarsede estas playas, terminada su misión por la vo- 
luntad de Lord Palmerston, los Comerciantes y resir 
den tes Británicos de esta Capital, le dirijieron la 
honrosa Carta que publicamos á continuación- 



(TRADUCCION.) 



Señor: 



Montevideo, 21 de Mayó 1847. 



Los infrascriptos, comerciantes y residentes británicos en MonteviV 
deo» habiendo sabido, con 6incero pesar, que V. E. está próximo á re* 
tirarse del puesto que ha ocupado entre nosotros con tanto crédito para 
e i propio, y con tanto provecho para nuestro país, deseamos espretar 
nuestra verdadera admiración por la conducta ilustrada ó imparcial» por 
jas justas miras, y la profunda intelijencia que han distinguido á V. E¿ 
en su difícil carrera, durante la intervención de los gobiernos de Ingla- 
terra y Francia en el Rio de la Plata. 

Nos complacemos en dar testimonio de la firmeza, la justicia y la 
humanidad que han caracterizado vuestros procedimientos en medio de 
las numerosas dificultades y lamentables escenas que continuamente os 
han rodeado, y hemos visto, con verdadera satisfacción, la constante 
armonía que ha reinado entre V. E. y su respetable colega el Barón 
DefFaudis ; armonía que, unida á vuestros esfuerzos individuales, ha pro-' 
movido eficazmente el acuerdo y la unanimidad en todas las clases, asi 
de naturales cómo de eetran jeros en Montevideo* 

Impedidos por un profundo sentimiento de gratitud hácia vuestra 
invariable contracción á los intereses de los súbditos británicos y vi- 
gilante cuidado á sus personas y propiedades siempre que corrían peligro, 
y también por la bondad y urbanidad que han señalado vuestro trato 
personal con nosotros, no podemos permitir que V. E. se aleje de estas 
playas sin que reciba nuestro cordial agradecimiento y gratitud. 

Con justa estimación de los méritos de V,' E, en su rango oficial, 



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312 LOS CINCO EBBOKE8 CAPITALES 

y con afectuoeo aprecio de pu carácter privado, deseamos que V* £. 
acepte nuestros sinceros votos por vuestra salud y fe 1 i dad futura y por 
las de vuestra familia. 

(Hoy €5 firma».) 

A S. E. W. Gore Ouseley, Ministro Plenipotenciario de S. M. Británica. 

La opinión ilustrada de los Comerciantes y resi- 
denles Británicos en esta Capital, sobre los importan* 
tantes servicios dei Sr. Ouseley á los intereses de su 
propio Pais en aquellas graves circunstancias, es una 
nueva prueba, que condena la mala política del Ga- 
binete Ingles, que le removía para adoptar un nue- 
vo camino, una marcha retrógrada, apasionada, con- 
traria á sus mas positivas conveniencias, á sus com» 
promisos y á su honor, empeñados en esta Cuestión, 
en los momentos en que, era mas necesario obrar con 
firmeza en la prosecución dei camino trazado con tan- 
to acierto por aquel Ministro y su colega el Sr. De- 
ffaudis. 

El Lord Howden había reusado recibir á sus 
compatriotas que se dirijían á presentarle sus respetos 
y á darle algunos conocimientos que podían convenir 
á los intereses del Comercio Británico en aquellos 
momentos. 

La Comisión de residentes Británicos, se dirijió 
de nuevo al Ministro Ingles por escrito, sacándolo del 
error en que había incurrido en su primera respuesta 
sobre la entre-vista solicitada por ellos. El Lord pi- 
dió entonces á la Comisión que se le manifestase por 
escrito sobre la influencia que el alzamiento del blo- 



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DE DA INTERVENCION ANGLO-FRANCEÍA. 813 

queo de Buenos Ayres ejercería sobre los intereses 
Británicos. 

. La Comisión, con el mas hábil buen juicio, no 
abrió su opinión sobre punto tan delicado, linaitándo* 
se á comunicar las resoluciones siguientes: 

PRIMERA RESOLUCION. 

“Que esta comisión se uniforma á la opinión muchas veces expresa- 
da por el gremio de comerciantes Británicos á quien representa, en la 
apreciación de las miras justas y de la poli' ica ilustrada observada por ol 
Gobierno de 8. Majestad al emprender la intervención conjunta, del mo* 
do que se manifiesta en las instrucciones dadas á M. Ouseley, que han 
sido publicadas ; hallándose convencida de que la conservación de la in- 
dependencia de este Estado es esencial á la seguridad dei comercio 
Británico, y al progreso de la civilización en estos paisas. 

Segunda resolución. 

11 Que esta comisión, al paso que se abstiene de expresar opinión 
ninguna jeneral sobre las consecuencias probables de la remoción del 
bloqueo, sin saber las circunstancias particulares en que semeja ntecuee- 
tion so haya sometido á la consideración de los plenipotenciarios des- 
pués de rotas las negociaciones de paz, se cree justificada en la decla- 
ración que hace de su convencimiento de que la continuación del bloqueo 
en las circunstancias presentes es esencial á la seguridad de Montevi- 
deo, y á la conservación de la independencia -de esta república, ” 

Los procedimientos del Lord desdé áu llegada al 
Plata, le habían hecho completamente sospechoso, y 
en aquellos momentos probó, negándose á recibir á 
sus propios Compatriotas, que no obraba con la cir- 
cunspección de un Ministro, ni con la habilidad de un 
Diplomático, ni con el espíritu de un Ingles, tan sim- 
pático en todas partes por sus Compatriotas. 

Bien que acababa de vestir en Buenos Ayres, la 

,40 



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314 



1.08 CINCO Kan ORES CAPITALES 



chaqueta y el poncha, las espuelas de domar, usando la carona 
de vaca y el recado para montar á caballo simpatizando' 
así con los amigos y buenos servidores del tirano. 



II. 



Profunda impresión produjo en Eoropa la repen» 
tina noticia del alzamiento del bloqueo por Lord 
Howden; y mayor confusión por la falta de conocí» 
miento de las circunstancias que habían determinado 
una resolución tan estraña, sin la concurrencia del 
Plenipotenciario Francés. 

Sin otras noticias que las enviadas por Lord. 
Rowden en el Rattler, nada se decía de la ruptura 
de las negociaciones con Rosas: se hablaba solo del 
armisticio rechazado por el Gobierno de Montevideo, 
pero desfigurando la verdad do los hechos y tratando 
dft hacer á éste culpable de aquel resultado. 

Esa confusión se aumentaba por el silencio que 
guardaba el Gobierno* y por no saberse que partido 
habría, tomado el Conde Walesky en aquella ocasión. 

El Times, uno de los periódicos mas importan- 
tes de Inglaterra,, tan irritado, como ignorante de la 
medida del Plenipotenciario Ingles en cuanto á sus 
fundamentos y conveniencias, escribía el 30 de Agosto:: 



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WB LA INTERVENCION ANOLO-FRANCESA. SI 5 

u Si la medida de Lord Howden importa una resolacion que peiw 
«Dita á aquellas implacables repúblicas dar sus batallas por si mismas» 
debe esperarse que él se habrá asegurado, tan positivamente como el 
caso lo permita, de dos resultados : primero, que la terminación de la 
lucha sea pronta y segundo, que sea en favor de la parte que lo merez* 
ca. Si esas consecuencias quedan aseguradas, la carnicería que inme- 
diatamente 6e siga caerá sobre las cabezas de los que han rechazado la 
mediación que tan laboriosamente les hemos ofrecido. Es sin duda de 
grande importancia para la Europa que el comercio del Rio de la Pla- 
ta do se arruine por las luchas interminables de los que habitan sus ri~ 
beras : pero si después de tantos meses de costosa é inútil intervención 
encontramos que excede á nuestras fuerzas el harmonizar á aquellos ic- 
quietos y feroces ciudadanos, no podemos ménos de cuidar que nues- 
tra fuerza subsidia riín o se gaste en inútiles expediciones, ose emplee 
en sostener una obstinación voluntaria» ó un poder pervertido. ” 

Mientras en Inglaterra .reinaba toda esa confu* 
«ion, nada ocurría al otro lado del Canal de la Man- 
cha: nada se sabía en París á donde ninguna noticia 
directa había llegado todavía. 

Sin embargo, en Inglaterra se formaba ya el 4 
da Setiembre, la opinión bien arreglada y justa sobre 
la resolución adoptada por Lord Howden. 

£1 Liverpool Journal, escribía en aquella 

fecha. 

41 Acabado tener lugar en el Rio de la Plata un hecho de mezqui^ 
na, si no de mala diplomacia. Lord Howden, que fué mandado hace 
poco á arreglarlos negocios, los ha terminado exabrupto . Hiciéronse 
ciertas proposiciones al Gobierno de Montevideo, que este rechazó ; 
con lo que su señoría declaró terminado el bloqueo, por lo que hace ó 
las fuerzas inglesas. Los Montevideanos pueden no haber tenido razón; 
pero tienen en su favor el que nada exijian sino las condiciones que se les 
habjan prometido ordinariamente por los representantes de la Gran 
Bretaña. Lord Howden no ha guardado con ellos buena fé ; y de ahí 
sacan los Montevideanos la inferencia de que nuestro gobierno se ha he- 
cho partidario de Rosas. 



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816 



tOS CINCO ERRORES CAPITALES 



“ Ese Rosas -debe eer ua hombre terrible ; porqqs los fabricantes de 
Manchester, sin cuidarse del destino de-Montevideo, se muestran sol¿- 
eitos únicamente por el Brasil. Creen que Buenos Aires, libre de la 
atención del estrangero, declarará inmediatamente la guerra al Brasil ; 
que el Rio de la Plata no quedará desde entonces Ubre para el comer- 
cio, y que la moneda corriente brasilera caerá en desprecio, con gran 
detrimento de los intereses británicos. En consecuencia, han dirijido 
un punzante memorial á Lord Palmera ton. 

44 Es fuera de toda duda, que en este negocio hemos representado 
un jtapeí tonto y miserable. Jamas debimos manifestarnos hostiles 6 
Rosas, sin estar decididos á hacer efectiva inmediatamente nuestra 
httétlfidad. Pasamos años sin hacer nada en el Rio de la Plata, y alta- 
rá nos retiramos sin haber conseguido otra cosa qüe^uestro propio desho- 
nor. Los franceses están á punto de aprovecharse de nuestro error. 
Ellos mantienen el bloqueo con buena fé. Orijinahnente fueron ellos 
quienes provocaron las hostilidades entre las dos repúblicas, y no deben 
abandonar á sus amigos. La separación de la escuadra inglesa les ofre- 
cerá una oportunidad de arreglar los negocios de un modo brillante. No* 
sotros hemos abandonado nuestros amigos á la protección francesa.** 

La opinión pública se hacía sentir en ambos 
emisferios, sobre la mala política de los Gabinetes In- 
terventores: la prensa Europea, como la prensa Ame- 
ricana, se esprimía clara y terminante, condenando Jas 
actos de debilidad y de error de aquellos dos Gobier- 
nos qué, parece cerraban los ojos y resistían sis- 
tentadamente la luz que de todas partes les venía pa- 
ra advertirles, la reprobación jeneral que sus actos 
merecían} y los perjuicios que, con ellos causaban al 
Comercio en jeneral á la humanidad y á la civiliza- 
ción, prolongando las desgracias de estas Repúblicas, 
tan comprometidas desde 1838 por sus promesas y se- 
guridades repetidas. 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCE8A. 



317 



El Liverpool Times, se espresa asi en aquellos 
momentos. 

SI CuRAgorf, ha llegado de Rio, trayendo á M. Quaeley, nuestro 
último ministro en el Rio de la Plata. Creemos espresar la impresión 
jeneral de todos aquellos que han seguido el curso de los sucesos en 
aquella rejion, cuando decimos que el mal éxito de la misión que en su 
orijen estaba encomendada á él y al Barón Defiaudis, nació déla fluc« 
tuacion de lord Aberdeen y de M. Goizot, y no de falta de celo ó de ta- 
lento de su parte. Si lo» gobiernos de Inglaterra y Francia, hubiesen 
seguido con fijeza la política de intervención ó de no-intervencion, la 
lucha del Rio de la Plata habría terminado mucho tiempo hace ; pero? 
por causa de sus continuos cambios de ministros y de política, daban 
ánimo primero á una 8e las partes, y luego á la otra, y así prolongaban 
la contienda; se bao rebajado á sí propios á los ojos de los extranjeros 
y á los de sus mismos subditos ; hao hecho sufrir considerables perdi- 
das á todos los que habían puesto alguna confianza eu ellos j y después 
de cuatro años de incertidumbre, lo han dejado todo tan desarreglado 
como lo hallaron. ” 

Los esfuerzos de la prensa Inglesa se estrellaban 
inútilmente contra la irrevocable resolución de Lord 
Palmerston. La Causa de Montevideo se defendía allí 
con tanto denuedo, sobre los mismos baluartes del pri- 
mer Ministro de Inglaterra, como aquí sobre sus en* 
vejecidas trincheras. Pero es porque, en ella, estaban 
á la par de sus propios intereses, vinculados y estre- 
chados por diferentes relaciones y conveniencias, loa 
de la Europa moderna: los mas altos intereses de la 
Europa presente y del porvenir. 

El Comercio, la emigración Europea con sus ar- 
tes, su industria, sus fábricas, su ciencia, su civiliza* 
cion, todo reclama un basto teatro donde plantearse y 
desarrollarse con toda su magnífica grandeza; una vez 



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318 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



que loe estrechos límites de la Europa les arrojan á 
otras rejiones vírjenes y fecundas como las Repúbli* 
cas Americanas, sin necesidad de buscar los peligros 
del Cabo de Buena Esperanza para ir á los peligro* 
sos mares de las Indias, á buscar lo que no pueden 
encontrar allí, clima y riquezas tan abundantes y fe* 
races como en el Rio de la Plata. 

Así hemos visto, constantemente en esta larga lu- 
cha del Plata, al Pueblo Ingles y al Pueblo Francés 
de su parte, y á los Ministros del poder oponiéndose 
estraviados por una política inconcebible, y completa- 
mente deficiente. 

El Liverpool Journal, escribía últimamente 
en aquella época, las fulminantes palabras que siguen: 

“ Otra conversación es : que los ministros han tropezado en el 
Rio de, la Plata : que lord Howcfen ha hecho la corte á Rosas y deja- 
do á la Francia la gloria de darle una sacudida ; que muchos negociantes 
en Manchester y en Liverpool derraman maldiciones, no solo profundas 
sino ruidosas, sobre la cabeza de Lord Palmerston ; y que, en el con- 
cepto jeneral, nuestros intereses han sido torpemente sacrificados 6n el 
Rio de la Plata. ” 

Todo esto ocurría en Pueblo Ingles, desde el mo- 
mento de saberse allí, la resolución adoptada por 
Lord Howden. La prensa Británica, como las Aso- 
ciaciones de Comercio, condenaban aquella medida, 
manifestándose alarmados por sus intereses y por la 
suerte de sus Compatriotas comprometidos cruelmen- 
te. Pedían nuevas seguridades porque no considera-* 
ban suficientes las que Oribe dió á Lord Howden en 
una Carta al separarse de estas playas. Los Comer- 



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db la iNTBBVEircrorr auolo.pbakceia. 3 Iff 

«antes y el Pueblo Ingles, comprendían bien, que 
aquellas garantías prometidas por Oribe, no tenían 
otra fuerza que su voluntad, inestable como sus ca- 
prichos, y sujeta á otra y á otras voluntades superio- 
res á las suyas. 

Alarmado así el Comercio de Londres, dirijía & 
Lord Palmerston la solicitud que transcribimos á cottv 
tinuacion. 



Liverpool, Octubre 2 de 1847. 

Milord : 

- En consecuencia* del anuncio hecho por el Cónsul do S. Mf. eii‘ 
Montevideo, de que el muy honorable Lord Howden ha retirado toda* 
intervención por parle del gobierno de S. M* en los negocios del Rio 
dota Plata $ y como la? autoridades francesas no han adoptado con-' 
ducta semejante, sitió que continúan su intervención dd mismo modo 
que cuando obraban en común con los ajeotes del gobierno de 9. M. w 
Nosotros los infrascriptos, negociantes interesados en el Comercio con' 
aquellos países, pedimos muy respectoostmente á V. Señoría, que nos 
permita preguntarle; í 

Si la medida adoptada por el muy Honorable Lord fiowden ha re- 
cibido la sanción del gobierno de S. M. B. ; y si, en ese caso, debemos 
considerar como definitivamente terminada toda ulterior intervención en' 
la actual contienda política entre la Reptíblica Arjéntina, y la Repóbli-* 
ca Oriental del Uruguay. 

Solicitamos también humildemente de V. S. que nos dé los posibles 
informes respecto k la determinación 1 del gobierno francés en esté ne- 
gocio ; es decir si ese gobierno retirará’ también su intervención, ó si 
continuará prosiguiéndola con el objeto proclamado de restablecer la' 
perfecta independencia del Estado Oriental del Uruguay. 

Finalmente, milord, pedimos permiso para preguntar, si en el caso' 
de que el jeneral Oribe entrase por fuerza de armas en la ciudad de 
Montevideo, se adoptarán algunas otras medidas de protección para las 
vidas y propiedades británicas independientemente de las garantías que 
estriban en !a promesa personal obtenida por lord Howden del jeneral 
Oribe, Y yogamos ardientemente que se tenga toda la coaaideracion 



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820 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 

debida respecto de nuestros amigos y compatriotas en Montevideo* cuya 
peligrosa situación parece haberse aumentado por Ja remoción (que fe 
nos dice haber tenido lugar) de la9 fuerzas británicas que contribuían á 
la defensa de la ciudad. 

Tenemos el honor de eer y &c, &c* 

Lord Palmerston, no obstante saber cuanto ha- 
bía ocurrido en el Rio de la Plata, sobre la medida á 
que esa solicitud se refiere, y la posición que asumía 
la Francia, honrosa y consecuente con sus compromi- 
sos, no se permitió Tesponder al Comercio de Lon- 
dres; reagrabando, por su mala política, la situación, 
de tantos intereses, é irritando hasta el último pun- 
to la opinión del ilustrado Pueblo Ingles. Sus reser- 
vas y las equívocas contestaciones que mas de una vez 
empleara sobre esos asuntos, aumentaba la confusión, 
dándole una tristísima celebridad que nadie mejor que 
sus propios Compatriptas han sabido juzgarla con en- 
tero acierto. . * * 

En París, la esptosion que produjo la noticia de 
la resolución de Lord Howden, no fuá menos fuerte y 
enérjica condenándola abiertamente. La prensase 
pronunció uniformemente contra la medida. El Jour* 
NAL DES DEBATS, el CoNSTlTUTIONNEL, el Sí EC LE, el 
CoMMERCE, el COURRIER FRANJAIS, SEMA1NE, Na« 
tional, Galignani, Mesenger. Solo la Prbssb, pa- 
gada por. Rosas en París, defendía sus actos. 

Llegado el Conde Walesky á París, su conducta 
fué plenamente aprobada por el Rey y su Gobierno, 
tanto respecto de la negociación con Rosas, como so? 
bre lo ocurrido en Montevideo con Lord Howden. 



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SE liA INTEKVBKCKJS ANOLO'FEANCHA, 3$l 

El Monarca manifestaba, ostar completamente 
instruido de la Cuestión, y convencido de la necesi- 
dad de obrar enéticamente en el interés y por el ha* 
ñor de la Francia. 

£1 4 de Noviembre el Liverpool Times, traía 
el artículo siguiente: - 

“ Parece, por lo que dice el Journal des Debate , órgano del go- 
bierno franco*, que el Sr. Guizot no está dispuesto á asentir al preci- 
pitado plan adoptado por lord Howden para ponor término á las dife- 
rencias en el Kio de la Plata. Refiere el mismo diario, aparentemente 
por informes derivados de la secretaria de estado de negocios extranje- 
ros de Francia, qqe tiene razones para creer que el gobierno ingles eéiA 
fodavia dispuesto á terminar, por acuerdo común, una negociaciorí en* 
tablada á petición suya, y que no considera como difinitivo el desenlacp 
nn tanto precipitado que su ájente lord Howden dio á este negoció. Lo 
ijue dice el Journal des Debate está confirmado por cartas recibidas 
posteriormente de París, las cuáles refieren que la esenadr^ del Rio ' dfe 
la Plata va á ser reforzada, y que se volverán ¿ entablar las negociación 
nes sobre bases diferentes. Según anuncÜn esas cartas el jeneral Ro«* 
sas no será admitido á tomar parte en esta negociación, y se hará un 
tratado entre el genend vQfibey gobierno residente en la Ciudad de 
Montevideo. Los puntos que se tendrán particularmente en vista serán 
qin duda, olvido de lo pasado, segaridad de vidas y propiedades, tan- 
to de nacionales come extranjeros, la libre elección de presidente del 
pueblo Oriental, y la completa Independencia de la República del Uru- 
guay. Se dice que ambos gobiernos se opondrán á la menor tentativa 
de Rosas para impedir este arreglo . 99 

Por esa publicación se principia á ver cual era 
la opinión del Ministerio Francés en aquellos mo* 
mentos sobre la resolución adoptada por Lord 
Howden, y sobre el nuevo plan que se trataba de 
seguir para arribar á un resultado: plan que mas tar- 
de vimos con pesar, y con montéente peligro poner? 

41 



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322 16 a cinco erkokeb capitales 

se en planta por los medios mas estraños y sorpren- 
dentes. 

El Jornal des Debats del 27 de Noviembre, 
se esprimía aun mas claramente sobre el particular. 

El Ministro Francés de acuerdo con el Ministro 
Ingles, combinaban un nuevo jiro para la Cuestión, 
que no podía dejar de producir dificultades nuevas y 
de un carácter invencible. Cada vez mas, se mostra- 
ban aquellos dos hombres de Estado, ignorantes del 
carácter del Dictador, de la naturaleza de sus me- 
dios, y de la verdadera posición en que se hallaban 
las cosas en aquellos momentos. 

Cada misión un error: cada error una misión. 

Parece que ese era el programa de toda su po» 
lítica: la base de toda su diplomacia. 

Los repetidos desengaños, las continuadas re- 
pulsas del Dictador, eran hechos que pasaban sin 
estudiarse ni comprenderse. Ninguno de esos dos 
poderosos Gobiernos se atrevía á cortar el nuevo 
nudo Gordiano: ambos procuraban desatarlo, y mas 
lo enredaban á proporción de que con mas inhabili- 
dad lo manejaban. 

Ese artículo del Journal des Debats dice así: 

«« Hemos publicado ayer el mensaje dirijido por el presidente Rosas á 
la Camara de Representantes de Buenos Aire», y la nota colectiva en. 
tregada al ministro de relaciones exteriores, de la república por los mi- 
nistros de Francia y de Inglaterra. No tenemos intención de entrar de 
nuevo en los pormenores de este negocio demasiado largo ; creemos 
que el público está, al menos, tan cansado de él como nosotros. Pero, 
al peso que sentimos que no iiaya podido terminar todavía* no podemos 



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DE IA INTERVENCION ANOL#*FRANC|ESA • 



323 



menos de enconUarquo, en la solución que se lo ha dado por una d& 
las partes, ha habido una facilidad exajerada. 

“ Como puede verse por la exposición que contiene la nota co- 
lectiva, los plenipotenciarios de Francia y de Inglaterra habian ido con 
instrucciones idénticas, y su negociación debia jirar sobre basas esta- 
blecidas de antemano por un ájente confidencial de! gobierno ingles» 
Desde que esas basas dejaron de ser aceptadas por el gobierno de Bue- 
nos Aires, creemos que la obligación de los dos plenipotenciarios era re- 
ferirse á sus respectivos gobiernos. Eso hizo por su parte el Sr. conde 
Walew*ki. Habia dado á su9 instrucciones toda la latitud posible, pe* 
ro no podía traspasarlas. Complicaciones nuevas é imprevistas no po- 
dían resolverse regularmente sinó con nuevas instrucciones ; y el ple- 
nipotenciario francés obró muy discretamente suspendiendo toda couclu* 
aion hasta que hubiese recibido órdenes ulteriores. 

“ El plenipotenciario ingles, lord Howden, creyó deber obrar de otro 
modo, y dar á sus instrucciones una interpretación mas lata: cuestión 
es esa que se debatirá entre el y 6U Gobierno. Pero no creemos, como 
se ha dicho, y como las apariencias podrían dar lugar á pensarlo, que 
lord Howded obedeció, en ese paso, á un deseo del gobierno ingles de 
romper la comunidad de miras y de procederes que ha servido de regla, 
muchos años hace, á la conducta de los dos paises en los negocios del 
Plata. Tenemos mas bien motivos de creer que el gobierno ingles ha 
tenido siempre la intención de terminar de pomun acuerdo una nego- 
ciación emprendida, en tiempos pasados, á invitación suya, y que no con* 
sideracomo definitivo el desenlace un poco precipitado que su ájente 
creyó deber dar al ásunto. 

** Asegurar la independencia de la República del Uruguay ; asegu- 
rar, al mismo tiempo, la garantía de las personas y de los intereses 
estranjero8 en el Plata, tal era, y tal es todavia hoy, el fin de la política» 
de la Francia y de la Inglaterra. Existen medios de llegar á ese fin ; y, 
ei no nos engañamos, la ventaja y la conveniencia de llegar á él por 
una acción común, se sienten en Londres mejor que lo que se han sen- 
tido en Buenos Aires. ” (Sont mieux sentís á Londres qu’ils ne Vont 
ele a Buenos Aires.) * 

Por las publicaciones anteriores se vé que, se 
trataba ya en Noviembre del empleo de nuevos me- 
dios, cayendo en la cándida esperanza de obtener un 



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ág 4 tos CINCO BRVOBE8 CAP1TÁLBS -> 

resultado favorable seperando á Rosas de la Cues* 
tion para entenderse directamente con Oribe: es 
decir, para forzar al Gobierno de Montevideo á tra- 
tar con este Jeneral de Rosas, al frente de los Ejér- 
citos de Rosas, subordinado á Rosas, y á quien por 
esta Causa, los Gobiernos Interventores, jamás qui- 
sieron reconocerle en otro carácter. 

Ésto era á un mismo tiempo, un absúrdido er. 
ror, y una irritante injusticia, que no debía producir 
¿tros resultados que, el ridículo, de parte de Rosas, 
puesto que se trataba de emancipar á su siervo con- 
tra la voluntad de su Sefíorj y la reprobación por 
parte de la opinión ilustrada del Rio de la Plata, de 
una medida tan contraria á las solemnes declaracio- 
nes de los dos Gobiernos Interventores, y á los sa- 
crificios hechos en virtud de ellas, por el Pueblo y 
Gobierno Oriental. 

Con motivo de esa nueva política que en Euro# 
pa trataba de adoptarse para los negocios del Plata, 
se escribía de Londres y de Rio Janeiro^ 

t “ Londres Noviembre 3 

M En pocas palabras, creo que el estado de) negocio es éste ; Lord 
Palmereton está realmente disgustado, indignado, con la conducta audaz 
de Rosas en la última negociación ; y ni el ni Guizot intentarán volver 
á tratar con aquel : pero se procurará traer á Oribe ¿ que Convenga en j 
algunas condiciones* La expulsión de Rosas, y su influencia, de lá Ban- 
da Oriental, parece ser, sin embargo, mirada como punto indispensable 
para cualquier arreglo. La conducta de Lord Howden ha sido desapro~ 
bada y la intervención continuará coleetñ&como botes.-”' 



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DE U INTERVENCION ANGLO*FRANGE«A. 



m 



u Idem Noviembre 4. 

“ Lo que antes parecía un mal, resulta ser un bien. Es un hecho 
que los actos de Lord Howden han sido desaprobados por este gobier- 
no. La intervención mutua ha de proseguirse como antes, pero no se*- 
rá ya con concesiones á Rosas : con él no se tratara mas . Cuales se- 
rán los medios ó que se acudirá, no sé ; pero ya no se abandonará el 
propósito de restablecer la paz en la Banda Oriental. No tengo con- 
fianza ninguna en Iob principios de los que dirijen este asunto en el go- 
bierno ingles, pero sí la tengo en la tuerza de las cosas que hagan oWi* 
gatorio el triunfo de la justicia. La verdad, la razón aun la esperiencia 
y los desengaños no bastan para poner á estos gobiernos en la senda 
derecha de su deber, pero poco á poco llegarán á el ; Paz y Rosas en 
el Rio de la Plata es un imposible. Independencia y Oribe en la Banda 
Oriental es un absurdo. ” 



“ Rio de Janeiro 22 de Noviembre. 

“ Conozco mucho al capitán Gore, qué va á reemplazar en esa al 
Sf. Turner, habiéndose este retirado con su . pensión. El capitán Gore 
es hermano del honorable Felipe Gore, hoy Lord Arran, que estuvo de 
secretario de legación en Buenos Aires, y que tenia verdadero horror 
por Rosas y su bárbara política. Creo que el honorable Roberto Gore 
locará aquí en su viage para esa. ” 

Ya en aquella época no había duda ninguna 
sobre la nuera política adoptada por los Gabinete? 
Interventores. 

El honorable Capitán Roberto Gore, Encarga- 
do de Negocios del Gobierno Británico, llegaba á 
Rio de Janeiro en el Paquete á últimos de Enero: 
asegurábase que allí esperaría un Ministro Francés 
para pasar al Rio de la Plata á poner en ejecución 
el nuevo plan de MEnucion. 

El Barón Gros, encargado de esa importante 
misión, debía llegar allí muy pronto en un Vapor. 

Los mas tristes presajios anunciaban anticipa» 



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S26 



LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



demente los resultados de esta nueva misión tan es- 
trena como desacordada. 

La llegada del último Paquete de Europa anun- 
ciando el próximo arribo de los nnevos Enviados, 
produjo en el Mercado de Buenos Ayres, la mas 
grande sensación. La esperiencia de las anteriores 
negociaciones había dejado en aquella Capital re- 
cuerdos tan tristes, y desconfianzas tan lejítimas 
que, el temor y la duda dominaban todos los espíri- 
tus con un poder difícil de destruir. 

Aquí, no era menor la incertidumbre. La me- 
moria de Lord Howden: los recuerdos del Caballea 
ro Hood, y con ellos, de tantos y tan tristes antece- 
dentes de debilidad y vacilación de parte de los Ga- 
binetes Interventores, no daban lugar á ninguna es- 
peranza que pudiera nutrir las justas pretensiones 
de los amigos de la civilización y de la libertad en 
el Rio de la Plata. 

Ese desaliento, erá jeneral. Los Pueblos del 
Alto Paraná habían sucumbido, desmoralizados por 
aquellos antecedentes, oayendo ensangrentados y 
humillados bajo el poder del Dictador. 

El Uruguay estaba perdido completamente, y 
la posición de (a República era muy difícil en aque- 
llos momentos. 

El Dictador había cerrado sus Puertos, y en 
Entre-Ríos se segundaba su política con entera fir- 
meza. 

Las entradas de la Aduana no existían desde 



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DB LA ÍNTBBVEHCION ANGLO-FRANCElA. 32 1 ? 



que el alzamiento del bloqueo por las fuerzas Britá* 
nicas y la relajación del que se bacía por la Marina 
Francesa, había reducido á la nulidad mas comple* 
ta todos los canales que poco antes enriquecían á es- 
ta Capital. 

La nueva misión debía traer para la Causa de 
Montevideo, su total ruina, ó su triunfo: la reparación 
de sus quebrantos y de las injurias que se le habían 
hecho, ó la sentencia difinitiva de su muerte política; 

Pero en todos aquellos momentos delicados, se 
alzaba un sentimiento de resignación y constancia que 
sobre* pujaba todos los cálculos y asombraba á los 
enemigos de la República, 

Nadie esperaba grandes bienes de la misión que 
se anunciaba: pero todos tenían plena confianza en lá 
bondad de la Causa, esperando un insidente descono- 
cido, inesperado, nuevo, de los muchos que en el cur- 
so de esta lucha se han presentado en ocasiones solemv 
nes, para salvar á la República del peligro. 

Esa fé, dominaba misteriosamente todos los espí- 
ritus; y cada uno permanecía en su puesto. 



IIÍ. 



En la noche del 17 de Marzo, fondeó en la rada 
exterior del Puerto» la Corbeta de guerra Inglesa Iíf- 



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328 L08 CINCO ERRORES .CAPITALES 

(joiístant, trayendo á su bordo al honorable Capitán 
Core, de la Marina Real de Inglaterra, Encargado de 
Negocios de S. M. B. en la República Oriental, y 
Comisario Réjio, encargado del arreglo de la Cuestión 
Oriental. 

; El 19 por la noche fondeó en la boca del Puerto 
el Vapor Francés Magallanes, conduciendo al Ba« 
ron Gros, Comisario Réjio del Gobierno Francés y 
encargado en unión con el Representante ingles, del 
arreglo de la Cuestión. 

Ambos personajes se conservaron á bordo de sus 
respectivos buques. El, Gobierno de la República, 
piando saludarles oficialmente 4 su bordo. 

> La mas grande reserva se guardaba sobre los ob- 
jetos, déla nueva misión. La correspondencia del Ja- 
neiro, nada anunciaba basta aquellos momentos. 

Aquella tenebrosa oscuridad política, en que se 
hallaba la Capital, sobre los verdaderos objetos de una 
misión tan importante para ella, parecía anunciarle 
una gran catástrofe; una verdadera y lamentable cala* 
midad para la República y para Jos amigos todos dé 
jjs libertad y de la civilización en el Rio de la Plata. 

Esa ¡ncidiosa y desacordada' negociación, debía 
iniciar sus trabajos precedida de un espantoso crimen 
político: de un asesinato horriblemente bárbaro y ale» 
yeso, mandado ejecutar por el Jeneral Oribe, con 
quien aquellos Representantes de las dos Naciones 
mas civilizadas del mundo moderno, debían negociar 
frente a frente, no pbstante haberle declarado Teméis 



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DB U INTBHVBNCIÓlf ANGLO-FRARCEIA. 329 

' te de Rosas, al frente dé un Ejército de Rosas, y de« 

- pendiente de Rosas. 

El 21 de Marzo debían abrirse las negociaciones, 
y el 20 por la noche caía el inmortal Vareta, en me- 
dio de la población de la Capital de Montevideo, atra* 
Tesado por la espalda, por el puñal pagado por Oribe 
para ilustrar la época, de la manera atroz, como él sé 
ilustró en el Quebracho con un hermano de la vícti- 
tima, en Córdoba, en Tucuman, en Salta y en el Ar- 
royo Grande, con mil otros desgraciados indefensos. 

En eso imitaba á su Señor. 

La negociación Mackau se ilustró por el asesina* 
to de Varaogpt: la de Defiaudis y Ouseley con la de 
la familia Escocesa Riedj esta debía recibir también su 
bautismo de sangre y de crimen; y para ello se elijió 
la mas noble, la mas conspicua, la mas grande y temí 1 » 
ble de sus víctimas. 

Vareta, era una verdadera potencia de ilustración 
y de libertad: su intelijencia y su corazón, infatigables 
como el tiempo, trabajaban en todos los instantes de 
su vida, combatiendo á la tiranía de su Patria, y ó ta 
imbécil y desarreglada ambición de D. Manuel Oribe. 

Para la República Oriental, era un Apóstol in- 
cansable de sus derechos: un faro luminoso, qué en 
los negros dias del infornio, le iluminaba y alentaba 
con ilustración y verdad. 

Para el Comercio y para sus amigos, un centro 
de esperanzas; una guía segura en el intrincado labe- 

42 



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330 IOS CINCO ERHOBE8 CAFITALÉÍ 

riñto de las dificultades que á cada momento ajitaban ' 
la población toda de la Capital. 

Para su Patria, un porvenir, que llorará siempre» 

Así esta nueva negociación, venía á ser, la mas 
célebre de todas cuantas se habían ensayado en la 
Cuestión del Plata. Iniciaba sus trabajos bajo las hor- 
ribles impresiones de un espantoso crimen político, de 
grande transcendencia en el Rio de la Plata, manda-, 
do ejecutar por aquel mismo Jeneral á quien se pre- 
tendía atraer á un acomodamiento justo y equitativo: 
y esa misión debía terminar bajo la influencia del mas 
grande acontecimiento de los tiempos modernos, la fa- 
mosa y basta revolución de Febrero en Francia, seña- 
lando su principio y su terminación con esos dos he- 
chos, notables. 



IV. 



‘El 21de Marzo, los nuevos Plenipotenciarios di- 
rijieron de ó bordo al Gobierno de la República^' la k 
comunicación que" transcribimos ¿ continuácion, sin 
haber presentado previamente coíhó correspondía, las 
Credenciales que les acreditaran en el carácter que se 
anunciaban. 



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DE LA INTERVENCION A SIGLO-FRANCES A. 331 

(TRADUCCION.) 

'* 

A bordo del Magallanes, en la rada de 
Montevideo, á 21 de Marzo de 1848. 

Los Plenipotenciarios infrascriptos, enviados en misión especial al 
Rio de la Plata jíor los gobiernos de Francia é Inglaterra, tienen el 
honor de anunciar á S. E. el Sr. D. Manuel Herrera y Obes, Ministro 
de Relaciones Exteriores de la República Oriental del Uruguay, que aca- 
ban de llegar al puerto de Montevideo, y que el primer deber que tieúen 
que llenar es el declarar á S. E. que los dos gobiernos do Francia é 
Inglaterra no han eesado de estar animados del deseo de restablecer, 
por una acción común el orden y la paz en la márjen Oriental del Rio de 
la Plata. 

Los Plenipotenciarios infrascriptos hacen los mas sinceros votos 
porque pueda al fin obtenerse este feliz resultado, y aprovechan con pía. 
cer esta primera oportunidad para ofrecer á S. E. el Sr. D. Manuel 
Herrera y Obes, Ministro de R, E. de la República del Uruguay, la se* 
guiidad de su alta consideración. 

Barón Groa, 

Plenipotenciario de Francia. 

Roberto Gore, 

Plenipotenciario de loglaterra. 

A S. E. el Sr. D. Manuel Herrera y Obes, Ministro de Relaciones Ex* 
teriores en Montevideo. 



Los términos ambiguos y equívocos de la Nota 
anterior, anunciaban anticipadamente que, los Gabi- 
netes Interventores, asumiendo de nuevo el carácter 
de mediadores, después del de Interventores, busca. 
. ban un término á la Cuestión, cualquiera que él fuese, 
dándole el nombre de paz y orden aunque en ver- 
dad ninguna de las dos cosas se obtuviese. 

El Gobierno de la República, contestó con la 
Nota siguiente: 



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83 * XOi CINCO IdIMHBi - 

MINISTERIO 1 ^ ? 

de > 

Relaciones Esterioees. j 

Montév ideo, Margo 23 de 1848. 

El infrascripto, Ministro de Relaciones Exteriores, fas tenido el ho- 
nor de recibir la nota colectiva, que con fecha de ayer le han dinjido 
SS. EE. tos SeBores Plenipotenciarios de Francia é Inglaterra, Barón 
Groé y Mr. Gore ; y puesta en conocimiento de S. E. el Sf. Presidente 
déla República, ha encargado al infraecript o Ministro, de contestará 
SS. EE. qué, la participación de s« arribo á este puerto, y tas insisten- 
cias de sus gobiernos respectivos en el deseo de restablecer por una 
acción común el orden y la paz en esta República, son dos acontecí-' 
roientos qoe le sbn en extremó gratos, porque no soto tisongea su sin* 
cera solicitud por ver eesadas las calamidades de una guerra, tan pro- 
longada como desastrosa, sino porque, en esa uniformidad de acción y 
en esa persistencia en sostener un interés común, ve la mejor garantía 
deque la República obtendrá por fin la paz de que tanto necesita, sin 
menoscabo de sus derechos soberanos y de la justicia que se la debe. 

El infrascripto, Ministro de Relaciones Exteriores, al satisfacer tos 
déseos de S. E. el Sr. Presidente de la República, solo agregará, que, 
estando 6as sentimientos en completa uniformidad con los que quedan 
manifestados, tiene particular satisfacción en ofre cer á SS. EE. to9 88. 
Ministros Plenipotenciarios de Francia é Inglaterra la distinguida consi- 
deración con qoe leo saluda. 

Manuel Herrera t Obsr. 

Los Plempoténciariosy que se habían dirijido & 
Oribe al mismo tiempo qtie al Gobierno Oriental, pa- 
saron á éste nna nueva terminante Nota el 28 de 
Marzo, acompañando copia de la contestación que ha- 
bían recibido de Oribe. 

(TRADUCCION.) 

A bordo del Magallanes en el puerto de 
Montevideo á 28 de Marzo de 1848. 

■ Los Plenipotenciarios abajo firmados, habiendo tenido el honor dé 



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DE XA X|l«mV&R0!CftAmi4^^ 



*SS 

anunciar á 8. E. el Sr. Mínimo de Relacionas Exteriores, qoelos éoeGo 
biernos de Francia é Inglaterra no ban cesado de estar animados del de- 
seo de restablecer, por una acción común el ¿rdeny la patenta nfrár- 
jen Oriental de) Rio déla Plata, tienen el placer de poner en conocí» 
miento de S. E. la declaración que ban recibido del 8r. Brigadier Gene- 
ral P. Manuel Oribe por la que este confirma, sin reserva y bajo su fir- 
ma, |as promesas que había hecho ya en varias ocasiones. 

Ellos deben invitar ahora al Gobierno de la República de Montevi* 
deo á tratar con el Sr. General Óribe, tomando por base de toda negó* 
elación la amnistía completa respecto de los indígenas, y la seguridad 
de las personas yde las propiedades respecto de los eatrangeros residen* 
tea en Montevideo acordadas por S. E. el Sr. General Oribe, para el 
caso en que la tuerte de las armas ú otra cauta cualquiera, le abriese 
laa puertas de esta ciudad. 

Los infrascriptos ofrecen al efecto, y con placer, bus buenos oficios 
ql Gobierno, y aseguran al Sr. Ministro de Relaciones Exteriores que 
nada descuidarán para cnpsegujr el objeto a que con ansiedad se diri-* 
gen los votoj de todos los amigos del orden y de la paz. 

Los infrascr i ptoa esperan confiadamente que el Gobierno aceptará 
la invitación que han tenido el honor de hacerle, pero sus instrucciones 
les imponen el deber de prevenir á S. E. el Sr. Ministro de R. E. que 
ai el Gobierno creyese deber rehusarse á tratar con el Sr. General Oribe, 
ae considerará como terminada la mediación, y se levantará el bloqueo de 
ambas riberas del Plata por la escuadra Francesa. , 

Animados del mas ardiente y del mas eíncero deseo de ver cuanto 
antea restablecidos el orden y la paz, los plenipotenciarios infrascrip- 
to* no pueden dejar de pedir, con la mayor instancia, al Gobierno de 
Montevideo que refimtloqe maduramente sobra el contenido de esta nota* 
y que no pierda do vista que una última negativa de tratar con el Sp 
General Oribe pondría á los Plenipotenciarios en la penosa alternativa 
dé llenar los deberes que se les ha impuesto. 

Los infrascriptos Plenipotenckrjoa acompafian esta nota con ufi* 
copia de la declaración del Sr. Genera) Oribe, y aprovechan esta ocasión, 
para renovar á S. E. el Sr. Ministro de R. E. la seguridad do su alta 
consideración. 

Barón Gros; 

Roberto Gore. 

Al Sr, O, Manuel Heriera y Obes, Ministro de JL E. &c. 4c» 



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W>s CINCO * ERRORES CAPITALES 



(Copia:) 

El Presidente de la República Oriental del Uruguay . 

Cuartel General en el Carrito de la 
Victoria Marzo 24 de 1848. 

A| Exrao. Sr. Ministro Plenipotenciario de S. M- el Rey de loa Fran- 
ceses, Barón Gro9, Enviado en misión especial al Plata. 

El que firma Presidente Legal del Uruguay, ha recibido la nota que 
el Exmo. Sr. Ministro Plenipotenciario de S. M, el Rey de los France- 
ses, Barón Groa, Enviado con misión especial al Plata, le ha hecho et 
honor de dirijirle con fecha 22 del corriente, en la que eapresa, que : no 
habiendo cesado los dos Gobiernos de Francia é Inglaterra de estar ani- 
mados por el deseo de restablecer por una Acción común el orden y 
la paz sobre la costa Oriental del Plata, S. E. viene hoy á recordarle los 
compromisos que en varias ocásioties contrajo el infrascripto y que ahora 
á los Exmos. Señores Plenipotenciarios de Francia e Inglaterra le seria 
grato recibir á su turno, S. E. agrega que ellos se permiten esperar de 
los sentimientos personales del infrascrito que hará constar por una 
declaración oficial dirijida á los representantes de los dos Poderes, esoe 
mismos compromisos, en lo que pertenece á una amnistía completa res- 
pecto de los indígenas, y la seguridad de las personas y propiedades de 
los Estrangeros residentes en Montevideo en el caeo en que por la suer- 
te de las armas ó de alguna otra causa le sean abiertas las puertas de 
aquella ciudad. S. E. termina asegurando al infrascripto del alto agra- 
do con que los dos Poderes á quienes representan SS. EB. los SS. Ple- 
nipotenciarios, al ver de parte del infrascripto una declaración en el sen- 
tido espresado. 

Impuesto del contenido, y bien lejos de abrigar la menor resisten- 
cia á la reproducción de las promesas que el Exmo, Sr. Plenipoten- 
ciario de S, M. el Rey de los Franceses se sirve traer á la memoria, 
siente al contrario una satisfacción, al asegurar de nuevo á S. E. que 
una amnistía completa es desde abora acordada para lo futuro en favor 
de los hijos de este País, y entera seguridad para las personas y propie* 
dades de los subditos estranjeros residentes en Montevideo, en el caso 
que la suerte de las armas, ú otra causa cualquiera abriese al infrascrip- 
to las puertysde aquella ciudad. 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-fRANCEfeA. 



335 



• Con ta) motivo el infrascripto saluda á S. E. el Sr. Plenipotencia-* 
rio con los sentimientos de su mas alta consideración. 

Manuel Osito. 

Por órden de S. E. 



Está conforme. 



Carlos G. Villademóros. 



Barón Grós. 



Los términos de la Nota de los Plenipotenciarios 
tati abiertamente exijentes, revelaban toda la inten- 
ción de los Gabinetes Interventores. Oribe no era ja 
para ellos el Teniente de Rosas: era un Jeneral inde- 
pendiente, con poder propio, capáz por sí solo .de dar 
garantías para las personas y propiedades, y de cum- 
plirlas por medio de Tratados: capáz también de ga- 
rantir el órden y la paz en la República, asegurando 
6 las poblaciones Estraojeras y Nacionales la prospe- 
ridad de su Comercio, de su industria y bienestar. 

Aquellos Gabinetes que poco antes se deshonras 
ban de tratar con Oribe Teniente de Rosas: que 
acostumbraran al Gobierno de la República y á sus 
propios Nacionales, á no miraren Orí be jotra categoría 
política, que la de un menguado Jefe de los Ejércitos 
del Dictador, sujeto en todo á sus mandatos, venían 
esta vez, á imponer al Gobierno Oriental la odiosa 
obligación de tratar con ese mismo Jeneral, amena- 
zándole con emplear sus instrucciones* en el caso de 
resistirse á ello. " 

¡ Singular mediación ! < . 

Todos los paotos anteriores venían por tierra: to- 



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336 



LOS COICO BUHOS» CAPITAL» 



das las declaraciones quedaban rotas: todas las espe* 
ranzas burladas: conculcados todos los derechos; ajada 
la dignidad y el honor de los mismos Gabinetes que 
así procedían. 

Por el hecho se convertían en auxiliares de Ro- 
sas, para facilitar á Oribe la entrada en la Capital de 
Montevideo, haciéndola rendir por medio de una for- 
zada capitulación. 

¡Y hé aquí todo el secreto de la nuera misión di- 
plomática, para restablecer el orden y la paz en la 

República Oriental ! 

lo que tan enfáticamente habían anunciado á la Euro- 
pa Mr. Guizot y Lord Palmerston. 

Pobre y miserable Error de aquellos dos hom- 
bres de Estado. Esperaban encontrar en Oribe un po- 
der independiente, y creyeron muy sencillo separar 
de la negociación á Rosas único beligerante, para ajus- 
tar Tratados con aquel. 

Veremos en el curso de esta negociación hasta 
donde se llevó, el estravío de la razón y la injusticia 

El Gobierno de lá República respondió á esa 
Nota de los Plenipotenciarios de 28 de Marzo, como 
se vé de la siguiente comunicación. 

MINISTERIO ) 
de > 

Relacione» Ebteriores. J 

Montevideo, Abril 2 de 1648. 

S. E. el Sr. Presidente de !a Repúblicas que siempre ha tenido el 
deseo raes intenso de la paz, y que nunca ha perdido medio ni ocasión 
de procurar al país loe grandes beneficios que olla le promete, ha orde- 



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DE LA INTERVENCION ANGL0-FRANCES4* 

Dado al infrascripto Ministro de Relaciones Exteriores, baga aabér í 
4SÉ3. EE. loe SS. PléiHpoitencíariüs de Francia é Inglaterra, Barón Groa 
j Gore, que aceptan ja invitación que SS. EE. bacen al Gobierno de 
la República, en la nota de 28 de Marzo próximo pasado, que el intras-> 
oriptú Ministro ha tenido el honor de recibir ; y que está pronto i en~ 
4iár-en arreglos depaa coa el General Oribe, bajo loa auspicios dé loa 
, {menos oficios que lq ofrecen los Señores Plenipotenciarios, 

6. E. el Sr. Presidente de la República, ha encargado ademas al in- 
frascripto Ministro de ft. E., asegure á SS. EE que cualquier arreglo 
que tenga lugar en esta ocasión, ó en lo sucesivo, aea por los acontecí- 
' míenlos que fueren, para el Gobierno de la República será una basa 
< invariable, el acuerdo de la anmistía mas completa en beneficio de todoa 
aquellos que hubiesen tomffdo parteen la guerra actual, sean nacionales 
ó estranjeros, y la seguridad y devolución inmediata de todas las pro- 
piedades de que estuviesen poseídos por medidas de seguridad pública ó 
por cualquier otro motivo. 

v , , EI infrascripto, Ministro de Relaciones Exteriores, al dejar asi 
contestada la nota ya citada de 28 de Marzo, aprovecha la oportunidad 
para repetir $ SS, EJE. los SS. Ministros Plenipotenciarios de Francia é 
Inglaterra, Barón Gros y Gore, las ofertas de su mas distinguida consi- 
deración. 

Manuel Herrera y Obes. 

Exmos. SS. Plenipotenciarios de Francia é Inglaterra, Barón Gros 
Roberto Gore, ; > 

Los Plenipotenciarios pasaron al Gobierno en 5 
de Abril las basas para entrar en la negociación, y Ja 
propuesta para un armisticio, ofreciéndose muy for- 
malmente como mediadores, para obtener los resul- 
tados que buscaban. 

(TRADUCCION.) 

A bordo del Magallanes, puerto de 
Montevideo, Abril 5 de 1648. 

Los infrascriptos Plenipotenciarios han recibido del Sr. Ministro cié 
R. E. la nota que 3, E, les ha hecho el honor de dirijírles eí $ áe Wte 

43 



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LÓft CINCO líRROHES CAPITALES 



m 

mé§, en contestación á la que ellos le pasaron el 28 de Marzo último. 
Ellos ven con placer que el gobierne de la República de Montevideo se 
presta á la invitación que tuvieron el honor de hacerle, que consiente 
en tratar sobre la paz con S„ E. el Sr« Jeneral Oribe, y que acepta tam- 
bien ana buenos oficios para facilitar 6 hacer posible las transaciones 
que deberán tener lugar con el objeto de dar á la República Oriental la 
paz de que tanto necesita. 

No corresponde en manera alguna á los dos gobiernos el dictar fas 
disposiciones de los arreglos que pueden tener lugar, pero ks iafras- 
criptoe Plenipotenciarios tienen orden de indicar aquí las principales 
bases, y sor las siguientes ¿ 

1. «* S. E. el Sr. General Oribe retirará las tropas Arjen tinas que 
se hallan bajo su mando. 

2. * Los estranjeros organizados en batallones, en Montevideo se- 
rán licenciados y desarmados. 

3. 0 Ambas operaciones se verificarán simultáneamente. 

4. • Los Comandantes de las fuerzas Franceses é Inglesas prestST 
rán su concurso en ambas operaciones. 

Estas bases esenciales, y que fueron asentadas ya en anteriores 
negociaciones, parecen de tal naturaleza que podrán producir al fin 
una reconciliación sincera entre hijos de un mismo país, y los Pleni- 
potencia ríos que subscriben están persuadidos que todos los Orientales, 
sean cuales fuesen sus opiniones, no aspiran mas que á darse cordial- 
mente las manos, á olvidar lo pasado y á cicatrizar las llagas de su pa- 
tria común, y que en su ilustrado patriotismo encontrarán Ja necesidad 
de hacerse mutuamente las concesiones indispensables para borrar fiinesu 
tes recuerdos y para no dejar, sobre todo, ningún germen que pueda 
dar tristes y peligrosas inquietudes en el porvenir* 

Felices en tener que hace r oir palabras tan llenas de esperanzas 
los infrascriptos Plenipotenciarios ofrecen á las partes interesadas, si 
íhese necesario, sus buenos oficios como mediadores, y concluyen ma- 
nifestando un deseo que no puede dejar de ser atendido : ios infrascrip- 
tos verían con placer que, en los momentos en que la idéa de una pro* 
zima paz hace renacer la esperanza en todos los corazones, tuviese lu- 
gar una suspensión de hostilidades por una y otra parte. 

Es innecesaria toda explicación á este respecto: todos los Orientales 
comprenderán el sentimiento que dicta ese deseo, asi como los que sus- 
criben sabrán, por su parte, apreciar el motivo que le haga dar acogida* 



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D« LA INTERVENCION ANGLO 'FRANCESA. 



939 



XjOf infrascriptos PlenipotCDciarios aprovechan con placer esta scim 
eion para renovar á S. E. el Ministro de R. E. las seguridades de su alte 
consideración* 

Barón Groa. 

Roberto Gorb. 

A S. E. el Sr. D. Manuel Herrera y Obes, Ministro de R. E. &c. &c* 



El Gobierno respondió á esa Nota de los Pleni- 
potenciarios con las reservas convenientes. Ya en 
aquellos momentos empezábase á conocer mejor las 
verdaderas miras de los nuevos mediadores. Sus 
instruccionas eran tales que, no dejaban camino que 
adoptar. Necesario era tratar con Oribe, á quien la 
Asamblea Jeneral había declarado traidor y puesto 
fuera de la Ley, ó sufrir el enojo de los Gabinetes In- 
terventores resueltos á alzar completamente el blo- 
queo y terminar de todo punto la Intervención. 

Los Plenipotenciarios, después de haber recabado 
desde las Cámaras de sus Fragatas, con tan estraña 
violencia el consentimiento del Gobierno á tratar coa 
Oribe, pasaron personalmente á anunciarle la acepta- 
ción que éste había hecho de las basas que se le pro- 
pusieran, y de su buena disposición á tratar con él 
por el intermedio do ellos. 

Veremos mas adelante de que modo Oribe que-* 
ría tratar con el Gobierno de la República, y cuales 
fueran las basas que él proponía rechazando abierta- 
mente las presentadas por los Plenipotenciarios. 

Aquellos Señores, dejaban ya sentir desde sus 
primeras conferencias la necesidad de que, se admitie- 



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340 



? ** LOS CINCO ERRORES CAPITALES 



se á Oribe como Presidente, prometiéndose de la ñon- 
dad de su carácter y de la garantía de su palabra , los tna 
yores bienes para el Pais, y la mas completa seguri- 
dad para las personas y propiedades. 



' Montevideo, Abril 7 de 1848; 

El infrascripto Ministro de Relaciones Exteriores, ha recibido ór- 
den de S. E. el Sr. Presidente de la República para decir á SS, EE.loa 
Señores Plenipotenciarios de las Potencias mediadora*, en contestación 
á la nota colectiva que con fecha 5 del corriente, el infrascripto ha te- 
nido el honor de recibir : que no siendo las 4 bases que se indican en 
ella, como absolutamente necesarias para cimentar cualquier arreglo de 
paz, entre el gobierno de la Repdblica y el Jeneral Oribe, en virtud de 
losbuenos oficios que los Señores Plenipotenciarios han ofrecido y el 
Gobierno ha aceptado, sino la reproducción de las mismas exíjencias 
hechas en las misiones anteriores y á que el Gobierno de la República 
ha adherido del modo ma9 absoluto, vuelve á hacer igual adherimiento 
á las que los Señores Plenipotenciarios le presentan, y en el modo y 
forma que antes tubo lugar, no teniendo el Gobierno otro ínteres en Ib 
presente guerra, que el de asegurar la Independencia Nacional, cuy^ 
efectividad ha sido también el objeto incesante délos empeños de los 
Poderes Mediadores ; el infrascripto asegura á SS. EE. los Señores" 
Plenipotenciarios, que, para el Señor Presidente de la Repíiblica aque- 
llas condiciones serán siempre bases sine qua non de todo arreglo de 
paz, y que en este concepto el Gobierno se reserva hacer oportuna- 
mente todas las observaciones que la justicia y la buena fe que deben 
presidir á las convenciones de esta especie, aconsejan en beneficio de 
una paz tan sólida y duradera, como el Gobierno de la República lo 
desea.— En cuanto á la suspensión de las hostilidades que SS. EE. los 
Señores plenipotenciarios desean ver establecida éntre ambos belige- 
rantes ; todo lo que el infrascripto puede decir á SS. EE, en prueba 
de su completa conformidad con los sentimientos que manifiestan los 
Señores Plenipotenciarios, es que, con fecha 23 de Marzo próximo pa- 
sado por el Ministro de la Guerra se dieron las órdenes roas terminantes» 



MINISTERIO 

de 

RlLACIONBS £sTERIORE8. 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCESA. 341 

}■ 

para que por parte de las fuerzas qde eetáobejo su dependencia, ift> sé 
haga ninguna clase de hostilidad al enemigo. Si se observa que esté 
hecho ha tenido lugar en los momentos que el enemigo, del modo mas 
reprobado, hostilizaba, no solo á nuestras lineas, sino á la población iu* 
defens* u que se pajea bft* por ellas, el infrascripto cree que SSÍ EE. no 
dudarán un momento de Ja sinceridad de los deseos del Gobiernp y de 
la liberalidad de los principios que cimentan su administración. 

El infrascripto, Ministro de Relaciones Exteriores, aprovecha nue- 
vamente esta oportunidad, para reproducir á SS. EE. los SeBores Ple- 
nipotenciarios de Francia é Inglaterra Barón Groa y Roberto Gore las 
seguridades de su mas distinguida consideración. 

Manuel Herrera y Obes. 

Excelentísimos, Señores Plenipotenciarios de Francia é Inglaterra fiaron 

Groa y Roberto?’ Gorel ’ ’ ' *' 1 * 1 ' 

El Gobierno eñ previsiqn de las uIte;ioridades de 
esa política, pasó á los Plenipotenciarios la Nota si-i 
guíente: " 

ministerio ) 

de > 

Relaciones Esteriores. > 

Montevideo Abril 13 de 1848. 

El infrascripto Ministro debelaciones Exteriores, ha puesto en co- 
nocimiento de S. É. el Sr.' Presidente de la República, la participación 
verbal que le han hecho los Sres. Plenipotenciarios de Francia é In- 
glaterra, de que el jeneral Oribe ha aceptado las basas que SS. EE. Je 
propusieron con el objeto de dar lá paz á lá República ; y qúe, por con- 
siguiente, estaba pronto á tratar con el Gobierno, por intermedio de los 
Sres. Plenipotenciarios. 

En consecuencia el infrascripto ha recibido orden de dirijirse á los 
Sres. Plenipotenciarios y decirles .* que, considerando el Gobierno la gra- 
vedad de/lap negociaciones que deben empezar á tener lugar, y de Jas 
responsabilidades que ellas llevan consigo ; espera que los Sres. Pleni- 
potenciarios se presten á consignar aquella declaración de un modo ofi- 
cial y por escrito, para que de este modo pueda el Gobierno tener un 



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LOS CI8C0 MROBS8 CAPITALES 



343 

¡punto cierto de partida, y que le sirva para basar sus resoluciones díte, 
ijores. 

El infrascripto, al cumplir con ese deber tiene el placer de reiterar 
á SS. ES. los Sres. Plenipotenciarios de las potencias mediadoras, las 
seguridades de su mas distinguida consideración. 

Manuel Herrera t Obes. 

LosSS. Ministros contestaron inmediatamente 
con la Nota que transcribimos á continuación. 

(TRADUCCION.) 

A bordo del Magallanes, en Monte* 
video, Abril 14 de 1849. 

Los Plenipotenciarios de Francia é Inglaterra han recibido esta ma* 
Dana la nota que S. E. el Sr. Ministro de R. E. les ha hecho el honor 
de dirijirles con fecha de ayer, pidiéndoles se sirvan pasarle oficialmente 
y por escrito las comunicaciones verbales y confidenciales que tubieron 
el honor da hacerle en su última visita. 

Su Exelencia el Sr. Ministro de R, E. deberá haberse persuadido 
que si en este momento les hubiera sido posible á los Plenipotenciarios 
el escribir sobre esto una nota oficial al gobierna de Montevideo, no 
hubieran perdido un instante en hacerlo* 

Los infrascriptos aprovechan esta ocasión para reiterar á S. E. el 
Sr. Ministro de R. E. las seguridades de su mas distinguida conside- 
ración. 

Barón Groo. 

Roberto Gorb. 

A S. E. el Sr. D. Manuel Herrera y Obes, Ministro de Relaciones Ex- 
teriores && &C’&c. 

Esta comunicación es completamente un rasgo 
diplomático: una evasión manifiesta, pero no sin ob% 
jeto en aquellos momentos. Oribe no quería tratar con 
el Gobierno de la República: los Plenipotenciarios lo 
sabino; Oribe quería su triunfo completo, bajo la fot* 



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DE LA INTERVENCION ANOLO-ÍRANCEIA. i4¿ 

ma de una capitulación jemejante, á la que le anejó 
del poder en 1838. £1 lo había manifestado así, desde 
las primeras conferencias que tuvo con los Plenipo- 
tenciarios: lo decía públicamente su periódico oficial 
el Defensor, y lo propalaban á gritos sus partidario* 
todos. 

Por eso la resistencia de los Plenipotenciarios, 4 
reducir á documento escrito, sus manifestaciones ver- 
bales. 

La negociación se prolongaba, y la situación de la 
Capital se hacía por momentos mas crítica. Oribe, 
bo respondía á los Plenipotenciarios: no podía respon- 
der definitivamente porque no tenía libertad para res- 
ponder. Debía consultar á su Señon aliado, y la su- 
prema voluntad de éste, debía decidir definitivamen* 
te del negocio. 

Aquí empezaban los trabajos del humilde titula- 
do Presidente Oribe. Su independencia, su poder 
legal, el de sus Cámaras Lejislativas, sus 14,000 
Orientales, todo, todo, debía fracasar en presencia de 
la indomable voluntad de su Seüor aliado, y de unos 
cuantos menguados Batallones de éste, que están hoy 
para robustecer la Soberanía é Independencia de su Repú- 
blica. 

Esa era la única esperanza de salvación que que» 
daba. Rosas mal de su grado, debía aliarse, esta vez, 
á los intereses de la Capital para resistir la nueva po- 
lítica délos Gabinetes Interventores: para vengarse 
del imperdonable pecado que habían cometido, de 



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844 



LOS CINCO ERBORES CAPITALES 



considerar á Oribe poder independiente para tra- 
tar por sí mismo, separando á Rosas de la Cuestión. 

Rosas no podía pasar por semejante afrenta: no 
convenía á sus miras un desenlace semejante de la 
Cuestión. 

El quiere ver á Oribe dentro de la Capital, al 
frente del Gobierno de la República, pero, bajo la in- 
fluencia de sus armas, y de la dirección de su absolu- 
ta voluntad. Solo así, puede convenirle para la reali- 
zación de sus planes de dominación y de conquista. 
De otro modo le abandonaría á su destino, dejándolo 
sucumbir, pobre y menguado, bajo el peso de su pro- 
pia nulidad. 

El Gobierno pasó en aquella grave situación á 
los Plenipotenciarios, la comunicación que aquí in- 
sertamos. 

ministerio i 

de > 

Relaciones Extíbiobks. ’ 

Montevideo, Abril 18 de 1847. 

El infrascripto, Ministro de R. E , ha recibido orden de S. E. el 
Sr. Presidente de la República, para dirijirse á SS. EE. loa SS. Pleni- 
potenciarios de los poderes mediadores, y hacerles presente que la pro- 
longación de las negociaciones entabladas, ó por mejor decir, el retardo 
que sufren en sus términos, por la conducta del jenerai Oribe, es un 
acontecimiento grave y de serias consecuencias para el Gobierno. La 
ansiedad pública, la incertidumbre, la agitación natural que ella produce 
en todos los ánimos, cria una situación violenta, que al Gobierno le es 
difícil mantener. Por otra parte, la liberalidad de su marcha adminis- 
trativa, y la índole de las instituciones que le sirven de basa, alientan á 
nuestros 'enemigos interiores, y les abre un vasto campo de éspecu'a- 
cion política, que ellos saben esplotar maravillosamente, haciendo correr 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCESA. 845 

los rumores mas absurdos y mas ridículos, pero también Jos mas á pro- 
pósito para favorecer I 09 intereses que patrocinan; 

El infrascripto, en nombre de S É. el Sr. Presidente de la Repú- 
blica, ruega pues á SS. EE. los Sres, Plenipotenciarios, quieran activa? 
el curso de su misión, cerca del j^neral Oribe, y recabarle cuanto antes la 
contestación que tenga á bien dar á las declaraciones e invitaciones, 
que, por deber ser recíprocas, S. E. el Presidente cree, que se le han he- 
cho por SS. EE. los Eres. Plenipotenciarios, y ponerla en conocimiento 
de este Gobierno, 

El infrascripto tiene el honor de reproducir &c. 

Manuel Herrera v Obes. 

A S. E. el Sr. Plenipotenciario de Francia, Barón Groa. 

Los Plenipotenciarios respondieron coa la Nota 
siguiente: 

(TRADUCCION.) 

A bordo del Magallanes, rada de Mon- 
tevideo á2i de Abril de 1848. 

Los infrascriptos han recibido la nota que S. E. el Sr. Ministro de 
R. E. ha tenido á bien dirijirles con fecha 18 del corriente. 

Ellos tienen el honor de contestarle que el mal tiempo que ha reí* 
nado estos dias no les ha permitido ir al Cerrito, lo que no han podido 
verificar hasta el dia de ayer, y pueden asegurar á S, E, que, tan lue- 
go como puedan hacerlo, pondrán en su conocimiento la respuesta que 
hayan recibido del Sr. jeneral Oribe. 

Los infrascriptos aprovechan esta ocasión para renovar á S. E. el 
Sr. Ministro de R, E. la seguridad de su alta consideración. 

Barón Gros. 

Roberto Gore. 

Al Exmo. Sr. D. Manuel Herrera y Obes, Ministro de Relaciones Ex- 
teriores &c. &c. &c.— Montevideo. 

Por fin, el 25 de Abril los SS. Ministros Media- 
dores, pasaron al Gobierno la contestación de Oribe, 

44 



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34é 1,08 CIMCO ESR0BE8 CAPITALH* 

presentando éste un proyecto por su parte, tan oriji*» 
nal como audáz y estúpido. 



(tbadcccior.) Maoaixahb», R»da de Montevi- 

deo Abril 25 dé 1848. 



Loa plenipotenciarios que aoaerlben participan á S. E. el Sr. Mi- 
nero de R.Eique han recibido del Sr. VMademoros una contención 
& la nota que habian tenido el honor de dirijir a S. E - el Sr. General 
Oribe pidiéndole, en nombre de sus respectivos Gobiernos, el que, por 
intermedio de ello», si fuese necesario, e prestase á entrar en negociscio- 
nea de paseen el Gobierno de Montevideo. 

Ello, acompañan esta rióla con una copia de los párrafos que se re- 
fieren é esta cuestión, á fin de que textualmente lleguen al conocimiento 
de S. E. el Sr. Ministro de R. E. 

A loa plenipotenciarios infrascriptos lea ea muy grato el ver que per 
ambaa partea han sido oficialmente aceptadas laa bases esenciales es- 
tablecidas por los dos Gobiernos, ee decir, la amnistía completa rea» 
p T f .» de loa indígenas y la seguridad respecto dé las personas y propie. 
dades de lea extranjeras residentes en la Réptíblica, el retiro de los Ar> 
gentinos.el desarme de los extranjeros armados en Montevideo y la «• 
multaneidsd de estas dos ooéracionea. . 

Los infrascriptos han tenido ya el honor de manifestar i 8. E. el 
Sr. Ministró de R. E. que desde que estas bases fuesen admitida» por 
una y otra parte, en ninguna manera correspondía á los dos gobiernos 
de Francia é Inglaterra el mezclarse en los arreglos que pudieran so- 
brevenir entre las partes belijerantes, para poner un termino á las cala- 
midades que sflijer. á su patria común ; á ellaa corresponde ahora el 
consumar la obra de la pacificación, felizmente empezada; y los infras- 
criptos sentirán un verdadero placer ei ven realizarse prontamente sus 
deseos y sus esperan*^ 

Loa plenipotencia Heé de Francia y de Indglaterra aprovechan esta 
ocasión de reiterar á S. E. el Sr. Ministro de R. E. la seguridad de su 



alta consideración. 



BAKótir Oros. 



Roberto Gorev 



Á S. É5. él Sr. í). Alaftuéí Hérréra y Obes, MinÍ3Íro dé Relaciones Ex~ 
tértoreb ¿te. && éh MouléVidétt, 



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DB U IíiTBRVE««Oíl A*aLQ.Í JIAMCEIA. g4V 



(Cofia.) 

Cuartel Jeneral en el Cerrito de U 
Victoria, Abril 21 de 1848. 

£1 Ministro de Relaciones Exteriores del Estado .Oriental del Uruguay, 
al Exmo, Sr. Plenipotenciario de S. M. el Rey de los Franceses, 

, Enviado con misión especial al Plata ; Barón Gros. 

Ha recibido el Exmo. Presidente de la República, Brigadier Jene- 
ral D. Manuel Oribe, la -nota colectiva de los Exmos. Sres. Plenipoten- 
ciarios de S. M. el Rey de los Franceses^ de S. M. Británica, Barón 
Gros y caballero Robero Gore, fecha en la rada dé Montevideo á 5 del 
corriente, en la que SS. EE. &c. dtc. 

impuesto detenidamente de todo, y no menos ansioso S. E. el Sr. 
«Presidente de ver lucir sobre el cielo de su patria dias de paz y de tran- 
quilidad, siempre que ellos reposen sobre basas sólidas, honorables y 
dignas, ha ordenado al infrascripto contestar que está por su parte dis- 
puesto á entrar en arreglos para la pacificación de la República, acep- 
tando con agrado la mediación ofrecida por los Exmo9. Sres. Plenipo- 
tenciarios de Francia é Inglaterra, bajo las basas siguientes ; 

Art. l.° — El Gobierno actual de Montevideo, reconoce y respe- 
ta en la persona del Exmo. Sr. Brigadier Jeneral D. Manuel Oribe, al 
Presidente legal déla República Oriental del Uruguay. 

2.o Queriendo por su parte el Exmo. Sr. Presidente D, Manuel 
•Oribe hechar un velo sobre lo pasado, y ^preparar á su patria una paz 
durable, se compromete á anular las confiscaciones que han tenido lu- 
gar por causas políticas, en cuanto á los bienes raíces que aun estubie- 
fien bajo el dominio del Estado, ó á indemnizará los que fueron propie* 
•taños de aquellos de que se hubiesen ya dispuesto. 

3. ° Queda concedida amnistía completa, para los hijos del páis, 
y garantida conforme ¿ las leyes, y á la f¿ de los tratados, la entera se- 
guridad de las personas y propiedades de los súbditos estranjeros resi* 
denles en cualquiera parte del Estado. 

4. ° La amnistía concedida por el artículo anterior, no impedirá que 
aqnellos de los emigrados Arjentinns, cuya residencia en Montevideo pu- 
diese dar justos recelós al gobierno de Buenos Aires, y comprometer la 
buena armonía entre las dos Repúblicas, sean, á su elección transporta- 
dos al puerto estranjero mas vecino, ó transferidos de los lugares situa- 
dos sobre la costa, ó en la cercanía de ella, á cualquiera otro lugar del 
interior que podrán designar, 



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848 



LOS CINCO J2RHORES CAPITALES 



5. ° Lo» estranjeros armados en Montevideo, ó en en siquiera otro 
ponto por el Gobierno de aquella ciudad, serán licenciados, y entrega, 
rán las armas que se les habían confiado, á las personas nombradas á es. 
te efecto por la autoridad reconocida con arreglo á la presente conven* 
cion. 

6. ° Ejerciendo ya el Exmo, Sr. Presidente Brigadier jeneral D. 
Manuel Oribe, en virtud de las basas precedentes, la plenitud de sus de- 
rechos, y considerando, en consecuencia, innecesarios los socorros que 
habia obtenido de su ilustre aliado el Gobierno de la Confederación Ar- 
jentina, se compromete á restituir á este, las tropas auxiliares Arjentinas, 
poniéndose préviamente de acuerdo con el mismo, sobre las medidas 
mas apropósito para su retirada del territorio de la República. 

7. ° Las operaciones espresadas en los dos artículos anteriores, es 
decir, la entrega de las armas por los estranjeros, y la retirada de las 
tropas Arjentinas, tendrán lugar en su caso, simultáneamente. 

Para complemento de dichas basas acepta Su Ecseleqcia, para su 
caso, como consecuencia natural é indispensable do las mismas, y en la 
parte que le corresponde, la declaración que confidencialmente han he- 
cho al infrascripto los Exilios. Señores Plenipotenciarios, concebida en 
los términos siguientes : 

11 Los Plenipotenciarios de Francia é Inglaterra teniendo conoci- 
“ miento de los artículos convenidos arriba, entre las fuerzas en armas, 
11 en la República Oriental del Uruguay, se comprometen en nombre de 
“ sus respectivos Gobiernos, cída uno en los límites de sus atribuciones, 
“ y como consecuencia natural de esta convención, á hacer levantar el 
*< bloqueo de las riberas del Plata, á hacer evacuar la isla de Martin 
•« García, y á volver al Gobierno de la República Arjentina los buques 
«« de esa nación que han sido capturados, y que volverán á tomar 6U 
** pabellón. Éste pabellón será saludado con veinte y un cañonazos, y 
“ el saludo será contestado inmediatamente : se comprometen tam> 
11 bien ¿ prestar el concurso de las fuerzas navales délas dos Potencias 
en lo que podría concérnir á la ejecución de las dos operaciones men- 
11 cionadas en el articulo 7. ° de la presente convención. 99 

En cnanto á esta última parte, sin embargo, creyendo S. E. el Pre* 
Bidente de )a República, que la mejor garantía para el cumplimiento de 
lo pactado, es el ínteres de los contratantes en su ejecución, ha ordena* 
do al infrascripto presente, sin aceptar la cooperación ofrecida de las 
fuerzas navales, sus mas sinceros agradecimientos á los Exmoe. SS. Pie. 



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DE LA INTERVENCION ANGLO-FRANCESA. 



349 



aipotenciaries por tal oferta, asi como por el noble y bonroeo deseo que 
manifiestan de la pacificación de este Estado. 

Por lo demas el infrascripto declara por orden de S. E. que la pre- 
sente convención es contraida solo á la pacificación del Estado Orien- 
tal del Uruguay, y en nada entiende afectar intereses de otro orden, vi- 
tales para la República, como son los que la ligan con la Confederación 
Árjentina, por emergencias de la lucha que se pretende hacer cesar. 

Con tal motivo el infrascripto, tiene el honor de saludar á los Ex- 
celentísimos Bree. Plenipotenciarios con su alto aprecio y consideración. 

Carlos G. Villadbmoros. 

Está conforme. 

Éaron Gros. 

Roberto Gore. 



Ésa Nota de los Plenipotenciarios, completa la 
prueba de las verdaderas intenciones de sus Gobier- 
nos, de que una vez admitidas las basas que ellos lla- 
maban exsenciales, presentadas en su Nota de 5 de 
Abril, nada les importaba lo demás, aunque Oribe 
por su influencia entrase en la Capital y completase 
su triunfo, aunque fuese sobre sus propios Nacionales, 
sobre su Comercio y dignidad. 

El error apasionado de los dos Diplomáticos, lie» 
gaba hasta el punto de no comprender, ni la insigni- 
cancia de la primera basa presentada por ellos mis* 
mos, ni toda la insidiosa mala fé de Oribe y audacia, 
al presentar por su parte su proyecto. 

Y sin embargo de la naturaleza de esas basas, 
que para Oribe importaban todo su triunfo completo y 
absoluto, para los Gabinetes Interventores la derrota 
mas vergonzosa, y para la Capital, el mas torpe sacrN 



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350 



LÓ8 CINCO ERRORES CAPITALES 



ficto de todos sus derechos, de sus grandes esfuerzos y 
de la Independencia de la República, á los Plenipo- 
tenciarios les era muy grato ver que amibas partes habían 
oficialmente aceptado las basas propuestas por ellos. 

Esto era burlarse de la desgracia de un gran 
Pueblo: era suponerlo tan estúpido, que no compren- 
diera, todas las funestas consecuencias de esos medios 
que se le proponían, para terminar la Cuestión, soste- 
nida á costa de tanta sangre y sacrificios, exijiéndole 
que sellase con su consentimiento forzado y arrancado 
por la violencia, su propia ruina, su vergüenza y su 
ignominia, entregándose maniatado y cobarde, al cu- 
chillo del implacable Oribe. 

{ Pretensión inaudita ! 

Eso efa, como lo d ijo un escritor ilustrado .de esa 
época, el Sr. Mármol. “ Tomar á Oribe por la mano 
y conducirlo á la Ciudad de Montevideo bajo la mis- 
ma influencia que le había estorbado su entrada á ella, 
alegando reconocer en él, el Jefe de un Ejército con* 
quistador, subalterno del Gobierno de Buenos Ayres.” 

El Gobierno de la República, en obsequio á la 
paz, había consentido sin observación en tratar coa 
Oribe, no obstante, la forma conminatoria y desusada 
conque se le proponía. 

Ahora se le imponía con el mismo imperta, que 
aceptase y sellase su derrota, su ignominia y su escla* 
vitad. 

No se hiciera mas con Rasas, orijen de todas las 
cala-mida des en «d Plata, autor esdusivo de la guerra* 



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DE LA INTERVENCION ANQLO* FRANCESA. 



351 



Si no hacéis la paz (se le decía en 1845) y reti- 
ráis las tropas de la República Oriental, intervendre- 
mos á mano armada, tomaremos vuestra Escuadra; 
bloquearemos vuestros Puertos y ocuparemos los Ríos, 
porque' no podemos admitir á Oribe vuestro Jeneral r 
en el carácter de Presidente de aquella República co- 
mo lo pretendéis. 

Pues bien; ahora se le decía al Gobierno de 
Montevideo, si no tratáis con Oribe y admitirlas con- 
diciones de su triunfo, reconociéndolo como Presiden- 
te legal, oe abandonamos completamente, no obstante 
nuestros compromisos, y los sacrificios que habéis he- 
cho por nuestra culpa. 

A Rosas le hablaban como interventores. 

Al Gobierno de Montevideo como Mediadores. 

Pero es que, la diplomacia tiene, para algunos 
Ministros de Estado, una lójica y una justicia á parte. 

Y todo eso ¿ por qué ? . . . . porque Rosas des- 
preciaba los cañones de Trafalgar, de Abukir y de 
Navarino. 

Sigamos la negociación. 

El 27 de Abril, los Plenipotenciarios propusie- 
ron a) Gobierno un armisticio en que Oribe había 
convenido ya proponiendo por su parte las basas. 

El Gobierno, dispuesto siempre á toda idea de 
paz y á evitar el sacrificio de nuevas víctimas, aceptó 
las condiciones del armisticio propuestas por Oribe y 
la negociación continuó su marcha. 

No podían pasarse en silencio las irritantes y aus 



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Sé»; ft *0S CHKeOr*BR9*fiS CARITM.fi! : ' 

daees condiciones presentadas por Oribe para el arre-* 
glo de la Cuestión en 21 de Abril. Ellas eran tatr 
abiertamente opuestas, á las que presentaron los Ple- 
nipotenciarios, que perentoriamente las rechazaba» 
estableciendo, ó mejor dicho, dictando las condiciones 
* de su triunfo. Y sin embargo los negociadores se ma- 
nifestaban muy contentos. 

El Gobierno, con entera justicia y buen juicio, 
rechazó esas condiciones de Oribe, pasando á los Me-, 
diadores la luminosa Nota que transcribimos 4 qontii 
nuacion. 

ministerio ) 

de £ 

Relacione^ Esterioess. ) 

Montevideo, Mayo 12 de 1849. 

El infrascripto Minietrp de R. E. tiene orden de S, E. el Sr. Pre- 
sidentede la República para decir á SS. EE. los SS. Plenipotenciarios de 
Jad Potencias mediadoras, en contestación á su nota colectiva de 25 íé 
Abfii próximo pasado que el infrascripto tuvo el honor de recibir el 20 
á'Ia noche, de manos del Sr. Encargado de Negocios de Francia, que 
no encuentra en la que el Sr. Villademoros ha pasado á los Sres. Pleni- 
potenciarios, en nombre del Jeneral Oribe, el día 21, y que en copia sé 
incluyó, la aceptación de las basas propuestas en nota del 5. M 

Aunque esta parece bien claro á S. E. el Sr. Presidente, juzga sin 
embargo, deber á los respetos que le merecen los Sres. Plenipotenciarios, 
consignar aquí los fundamentos de su juicio; y para esto, eéale permitido 
al infrascripto el recordar rápidamente algunos antecedentes del negocio. 

En nota de 28 de Mar?o SS. EE. los Sres, Plenipotenciarios invita- 
ron al Gobierno de la República á tratar con el Jeneral Oribe, y aun ha. 
liaron conducente el comunicarle con la inmediata retirada de la ínter- 
vención en caso de una negativa; y para el contrario se anticiparon á 
ofrecer la prestación de sus buenos oficios. El Gobierno estaba en en 
derecho sino miraba al Jeneral Oribe como 6 un Jefe con quien debiese y 
podite entrar en otros convenios que los militares, La ocppsoion de la 



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M LA INTBBTfiNCXOH ANCttO«FRANC&»*. 



IS» 

República por ol Ejército Arjentíno que lo invadió en 1843, es una ame- 
nasa aéria á m Independencia Nacional; y bajo el peso de esa humilla* 
cion y de ios peligros en que ella pone á la República, el Jeneral Oribe 
no podia ser para el Gobierno, para el país y aun para los Poderes me* 
diadores, sino el Jefe de ese ejército, con solo la personería necesaria pá? 
ra hacer la guerra por cuenta del Soberano de quien depende. Pero se 
desentendió de esta consideración: en el ánimo de S. E. el Sr. Presiden? 
te pudo mas el deseo de acreditar la completa seguridad de sus deseos 
por la paz; y en eu virtud el infrascripto recibió orden de contestar co* 
ino lo hizo en eu nota de 2 de Abril participando la absoluta y sobre todo 
pronta conformidad del Gobierno en tratar con el Jenoral Oribe y el pla-r 
cer con que aceptaba la mediación ofrecida. De este modo, Sres. Píen i-: 
potencíanos, el Gobierno abrió por eu parte, esta negociación, dando «ra 
testimonio inequívoco y práctico, de que no eran aparentes ni fementi- 
das Ips protestas que hacía, y que hoy reitera, de no omitir jéuero al. 
guno de sacrificios para llegar á la paz, á escepcion del honor y de 
existencia política del Estado que preside. 

Esta verdad fué desde luego reconocida por los Sres. Plenipoten» 
ciorioe, quienes al acusar recibo de aquella nota, congratularon al Go- 
bierno por su deferencia; y declararon que aunque no competía á los 
dos Gobiernos que representaban, el imponer á las partes las condieio* 
pea de un arreglo, con todo, dijeron categóricamente que tenían instruc^ 
ciones para indicar como bases principales do dicho arreglo las cuatro 
que inmediatamente expresaban: exijieron la conformidad del Gobierno, y 
repitieron el ofrecimiento de sua buenos oficios, y aun el de constituirá^ 
en intermediarios, si era necesario. ^ 

El Gobierno respondió con la misma prontitud que lo había hecho 
pnces, declarando su aceptación pura y simple de las cnatro bases ten- 
tada», y relegando todos los demás puntos que se enlazan con este nego- 
cio, para la oportunidad respectiva; esto es, para la negociación que natu- 
ralmente debía tener lugar después que las bsses estuyiesen aceptadas 
por embaa partes* Esta respuesta, Sres. Plenipotenciarios, es un nuevo 
y solemne testimonio de las disposiciones y sentimientps del Gobierno. 

Pero el Jeneral Oribe no procedió así. Pespues de 10 dias de de- 
mora, halló á bien responder á los Sres. Plenipotenciarios en los térmi- 
nos que resultan de su nota del 31 y que SS. EE. han reputado equivo* 
cad «mente ser una aceptación de Jas bases propuestas. Esa contesta- 
ción, no es otra cosa mas,, que una serie de artículos que no se sabe si so* 

*5 



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854 



Lüs eflteo intnüttE& eÁPiMis« 



etijehcias perentorias qué aquel Jéftéra! enlite como condiciones do fá 
aceptación; ó si son meras propuestas de arreglos qué ¿1 presenta. En fin 
fes todo, menos lo que sé le ha pedido, suponiendo qüé la exijencia dé 
Jos Sres. Plenipotenciarios, haya sido la misma qué se hizo al Gobierno 
el fi de Abril próximo pasado. 

Para asegurarlo así el infrascripto, tiene presente que, si en lo que ha 
dicho el Sr¿ Villademoros hay aceptación, es indisputable que no es lisa 
y llana Bino condicional; y en e9te caso, SS. EE, no pueden admitirla; y 
si ello se reduce á proposiciones de arreglo, el Jeneral Oribe entabla una 
jestion prematura é inusitada, que solo darla por resultado, e9traviarel 
jiro que el Gobierno y los Sres. Plenipotenciarios han querido imprimir 
á la negociación actual. Por este medio anticipando propuestas ó exí- 
jencias ajenas del estado que tiene el negocio, el Jeneral Oribe podría 
dar logar á que se le acusase de esquitar la aceptación llana de la prime- 
ra base, y preparar así discuciones desagradables, de que el Gobierno 
quiere huir sinceramente. 

Boy, en el estado que tiene la negociación, todo lo que hay que ha a 
cer es obtener de ambas partes el allanamiento puro y simple á Ia 9 bases 
propuestas. Solo después que esto se haya conseguido y que esten co- 
nocidos el modo y la forma de entenderse, es que tendrán lugar las pro- 
posiciones recíprocas, las discusiones y conferencias á que ellas dén lu- 
gar, y en que deben intervenir los Sres. Plenipotenciarios, para allanar 
las dificultades que se presenten, en virtud de su espontánea oferta y 
de la formal aceptación que ha hecho el Gobierno de los buenos oficios 
de SS. EE. De este modo, á lo menos, el Gobierno lo ha entendido 
siempre, porque esa es la sencillísima marcha que prescriben el órden 
natural de las ideas y las prácticas usuales de las negociaciones de paz. 

Además, la contestación del Sr. Villademoros, es una demostración 
práctica de la exactitud con que el infrascripto ha dicho que el Jeneral 
Oribe no ha adherido á las bases propuestas* Su primera condición, que 
incuestionablemente es la fundamental de este negocio, prescribe que:-* 
•• El Gobierno actual de Montevideo reconozca y respete en la persona 
•* del Exmo. Sr. Brigadier Jeneral D, Manuel Oribe, al Presidente legal 
“ de la República Oriental del Uruguay. ,, En seguida se ocupa de dictar 
Otras condiciones análogas, y es solo cuando ya ha dejado todo prepara- 
do y dispuesto á su placer, que recien habla de la desocupación del ter- 
ritorio de la República por las tropas Arjentinas, diciendo estas textuales 
palabras:— “ Ejerciendo ya el Exmo. Sr, Presidente Brigadier Jeneral D. 



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M *A tNT£RV£N{)JON AKGbO-FJUNCíMA. 



3M 



4 f Manuel Oribe, en virtud de las base* precedentes, la plenitud de aua 

V derechos (presidenciales) y considerando en consecuencia innecesarioa 
44 los socorros de sa ilustre aliado el Gobierno de la Confederación Ar- 
gentina, se compromete á restituirle las tropas auxiliares erjentinaa 
44 poniéndose prévismente de acuerdo con el mismo, sobre las medidas 

V mas á p opósito para su retirada del territorio de la República/' 

De e6to ¿ qué resulta 1 que no hay aceptación de la primera base 
propuesto por los Sres* Plenipotenciarios:— 1. ° , pprque ella depende 
de la realización de un hecho ajeno ó la intervención, y que, como tal, 
para nada figura en sus exijencias:— 2.° porque la evacuación del terri- 
torio, como se promete, no es una concesión á la voluntad de los Pode- 
res mediadores, sino una consecuencia del triunfo completo del «leneral 
Oribe sobre sus enemigos, cosa que aquellos Poderes no pueden ni aun 
consentir, sin ponerse en abierta y manifiesta contradicción, con la posi- 
ción que han asumido en esta cuestión, y sin violar todos los compromisQ* 
de honor é interés que pesan sobre ellos: — 3. ° porque el cumplimiento 
de esa obligación, necesita el concierto prévio con un poder ajeno á la 
negociación, y que tiene en su mano todos los medios de inutilizarla, ya 
sea oponiéndose abiertamente á lo pactado, ó sea pactando aquellas ma* 
ñeras de efectuarlo que la hagan conpletamente ilusoria:— 4, Q porque 
el hecho se estipula como posterior á la efectuación del pacto que se ce * 
lebre, lo que está en abierta oposición con la voluntad espresa de los Po- 
deres interventores, manifestada del modo mas solemne y uniforme por 
medio de sus respectivos ajentes desde 1842, y que hasta ahora no ha 
sido ni aun modificada por otras declaraciones de igual naturaleza. 

Pero no es esto solo. £1 Jeneral Oribe ha repelido de plano la 4. * 
base y este hecho es una comprobación mas de aquella verdad. Cono» 
ciendo los Gobiernos interventores que no solo respecto del desarme de 
las Lejiones, sino especialmente de la desocupación del territorio, el mo- 
do y la forma pueden importar la cosa misma, á causa de lo fácil que es 
burlar en la ejecución, la realidad de aquella operación esencial, han bas- 
cado alguna seguridad, y esta han creido encontrarla en la presencia é 
intervención precisa y directa de sus fuerzas en la operación. Tan es es. 
to así, que esos Gobiernos no se han limitado a ofrecer ni á proponer, 
sino que han resuelto imponer y dictar, a ambas partes, la obligación de 
conformarse con que los dos hechos, de que la desocupación del territo. 
rio y el licénciamiento de los estranjeros en aímas, se verifiquen me. 
diante la concurrencia de las fuerzas navales de ambas Potencias. De Iq 



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Sfift 



XOS «M KII0MI «INVálJt 



contrario* tos «res» Ptonlpwenelalior oobotoeren colocado i «wsmí 
éédaen la ya invariable categoría de ba$e prtneipál, emo lo verificaren 
en au citada comunicación del 5 de Abril. 

v Bien pues, rech&ssndo el Jeneral Oribe aquella base, resiste fe rea- 
lización de fe primera, porque destruye ta tísica gafa mía, por otra parte 
bien incompleta, del pleno cumplimiento del pacto, y autorízala sospe- 
cha de Intenciones infieles, tanto mas, Cuanto que la aceptación de tal 
base en nada le perjudica. Así es que el infrascripto no trepida en decir 6 
los Sres. Plenipotenciarios, que, en su concepto, el Jeneral Oribe,, ne 
solo no ba aceptado, sino que ha repelido las bases propuesta, per qae lo 
uno es consecuencia de Jo otro, y, por consiguiente, ba roto por el htf* 
chó la negociación. 

En apoyó de esta proposición, el infrascripto se permitirá observar 
también á los Sres.P)eni potencíanos, que aun cuando lo que ha dicho con 
referencia á ía primera base no fué exacto, la repulsa aislada de la 4. * 
bastaría para darle todo el carácter de verdad que tiene. Desde que los 
Sres. Plenipotenciarios no son negociadores sino meros Comisarios, como 
repetidas vece# lo batí decfaradb él Gobierno, el hecho de la aceptación 
es indivisible, porque ella do puede admitirse en una parte y en otra no, 
sid^ entrar por el hecho en una negociación. Si pues el Jeneral Oribe 
rechaza una base cualquiera, como lo hace, desde que no admite fe que 
se refiere ó ese concurso de fes fuerzas navales, invalida también por el 
hecho aquel acto y le inutiliza para las ulteriores que debiese traer. 

Pe pof todo ello que el infrascripto, con arregló á lo que deja roaqU 
feilado, juzga completamente inútil é intempestivo él ocuparse hoy ée 
fea diversas exijencias ó propuestas que el Jeneral Oribe reproduce en 
su nota del 15 de Abril próximo pasado; y rwga á los Sres. Plenipoten- 
ciarios, que en caso que no miren como rota ya la negociación por parte 
del Jeneral Oribe, como indudablemente tendrían derecho á mirarla , 
quieran, aí menos, estrecharle á que dentro de un términoco ríe y pe- 
rentorio, dé personalmente su aceptación ó negativa á las bases propues- 
tas, y que lo haga como el Gobierno lo hizo y él debe hacerle. Este ac* 
to debe ser personal, aun cuando los Sres. Plenipotenciarios hayan reco- 
hocido en el Sr. Villademoror el carácter con que se presenta de órgano 
del Jeneral Oribe. 

Este procedimiento es rigorosamente justo, y consecuente con el ca- 
rácter que invisten los Sres. Plenipotenciarios. No teniendo SS. EE»« 
otiro encargo, que el de hacer saber las resoluciones y la voluntad ü 



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x>b iiA ummwncioN anglo-pranceia. 



m 



m respectivos Gobierno», mi fsoultad pata entrar sobre elfo* en ri ng la 
jáaero dedireusion, como lo» Sce». Plenipotenciario» lo han declarado Ai 
Gobierno repetidas veces; no habiendo permitido esta declaración qnb 
S. E. el Sf. Presidente, al dar sit aceptación, introdujese en ella ninguna 
condición ni etplicacion que l* modificase, no puede prooederae de otro 
modo cor el Jeneral Oribe, sin establecer una desigualdad tal entre 
los belijerantes, Con respecto á los Poderes mediadores, que cambiaría 
completamente el carácter de la. misión que el Gobierno cree que ha sido 
confiada á los Sres. Plenipotenciarios, 

S. E. el Sr. Presidente espera, pees, que SS. ÉE. los Sres. Plenipo- 
tenciarios se preatarán á su petición, y que en ella no verán sino el de*? 
seo sincero que le anima de dar á la República una paz 'verdadera y du- 
rable, cimentada en la efectividad de su independencia, y en el pleno 
ejercicio de 6iis libertades soberanas. 

El infrascripto aprovecha esta nueva oportunidad* para reiterar á 
SS. EE. los Sres. Plenipotenciarios las seguridades de su mas alta con* 
aideracion. 

Mjlkübl Haaaaiu. y Ocas. 

Exmos. Sres. Plenipotenciarios de Francia é Ioglaterra, Barón Oro» y 
Roberto Go re, . , , . 

Los Médiadores no respondieron á esa Nota del 
Gobierno tan pronto como era de esperarse en un 
asunto tan grave y vista la justicia de sus fundamentos» 

Entretanto, era ya pública la resistencia que Ro- 
sas había manifestado á la nueva misión, por su carác* 
ter, sus medios y objetos que se proponía. 

Herido en lo mas Vivo de su orgulloSa posición 
por la separación que de él se hacía en el negocio, no 
podía consentir en que, su Jeneral interino del Ejército 
de Vanguardia de la Confederación Arjentina, bajo el po* 
der de sus Batallones y sin mas voluntad que la suya, 
se presentase esta véz dictando por sí solo, condicio? 



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958 



l6l CINCO RRR0RB8 0A7ITALHS 



nes para tomar la Plaza y asumir al fin su ansiado 
puesto de Presidente legal de la República. 

Esta era una muy ruda pretensión de Oribe que 
debía conducirle al fin, ai mas vergonzoso ridículo. 

Sin poder propio, y por consecuencia sin volun- 
tad libre para deliberar ni ajustar tratado ninguno, 
¿ qué otra cosa debía suceder ? 

Pero en este episodio de la Intervención, el 
error vento de parte de los Gabinetes Interventores 
que, le suponían al Jeneral Oribe algo mas que el Je- 
neral del Quebracho, de San Calá, de Famaia y del 
Arroyo Grande, dependiente y subordinado al Dic» 
tador. 

Hiciéronle creer otra cosa, y él, y ellos, se per- 
dieron pobremente en una negociación inútil y mas 
desacordada que todas las anteriores. 

El Gobierno, pública ya esa abiértB indignación 
de Rosas, pasó á los Mediadores, la Nota que se veré 
á continuación. 

MINISTERIO ) 

- de > 

Relaciones Esterioreb. y 

Montevideo Maye 20 ¿de 1648. 

Los rumores que circulan en esta ciudad, desde algunos dias a esta 
parte, y que confirman las publicaciones oficiales del gobierno de Bue« 
nos Ayres, dan casi la certeza de que las gestión entabladas por los SS. 
Plenipotenciarios, para restablecer el órden y la paz en la República, no 
pueden seguir adelante, y que, por el contrario, se hallan rotas por las 
resistencias tenaces del gobernador de Buenos Ayres, y el sometimien- 
to del general Oribe á estas voluntado?, y á las resoluciones del gobier- 
no de quien depende. 



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DE LA ÍNfUHVElfCfON ANGLO-FRANCCSA. 



339 



£q tal caso, la prolongación de la situación que ha creado la apati* 
(don en este puerto de los Sres. Plenipotenciarios, no tolo no tiene ob* 
jeto, sino que és inútilmente ruinoso para los intereses de todojeneró 
qae de ella dependen, y aun podría llegar á juzgarse mal si no se le pu- 
siese un término pronto, justo y necesario. Los S res. Plenipotenciarios 
que saben hasta donde está ligado' el Gobierno, por los deberes y res* 
potabilidades que le imponen las instituciones de la República, com- 
prenderán fácilmente todas las complicaciones y dificultades en que lo 
envolvería semejante estado de cosas. 

S. E. el Sr. Presidente, deseando pues, evitár esos conflictos y pre- 
venir las malas consecuencias que traerían consigo, me ha encargado do 
rogar á SS. EE. losSres. Plenipotenciarios, quieran activar, cuanto sea 
posible, el obtener del general Oribe la contestación é que se refiere la 
nota de este Ministerio de 12 del corriente, y participarla luego al Go- 
bierno, para las resoluciones ulteriores que ella demande. 

Con este motivo tengo e? honor de reiterar á SS. EE. los Sres- 
Plenipotenciarios, las seguridades de mi alta consideración. 

Manu el Herrera y Ores. 

Exmos. Sres. Plenipotenciarios de Francia é Inglaterra, fiaron 
Groe y Roberto Gore. 

Los Mediadores respondieron á esa comunicación 
con la que transcribimos en este lugar. 

(TRADUCCION.) 

A bordo del Magallanes, Rada da 
Montevideo, Mayo 22 de 1848.’ 

Los infrascriptos han recibido la nota que S. E. el Sr. Ministro de 
Relaciones Exteriores les ha hecho el honor dé dirijirles, pidiéndoles 
algunas espiraciones sobre los rumores que circulan respecto de la opo- 
sición del gobernador de Buenes A y res á los arreglos de paz que hubie* 
ran podido efectuarse entre las p Rites belijerantes en la República del 
Uruguay, y suplicándoles al mismo tiempo que pidiesen al general Ori- 
be una respuesta categórica á las objeciones que el Sr, Ministro de R.Ei 
habia consignado en su nota de 12 del corriente. 

Los infrascriptos se apresuran á contestar confidencialmente á Sv 



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m 



44 * mw vm****» ^ 

E.queeeos rumores parece» fundados, pueato quie el ^r. Jenera} Oribe 
ha retractado las que habja presentado por el condueto de los que sus* 
-oribe». 

Los infrascriptos habrían tenido ya el honor de prevenirle esto ofi- 
cialmente á S. E. el Sr, Ministro de R. E., si su misión no se encontra- 
se hasta cierto punto suspendida en consecuencia de loa acontecí míen» 
tos que han tenido lugar en Europa, y si no esperasen de un momento ¿ 
Otro nuevas instrucciones que modifiquen ó confirmen las que se les ha- 
bían dado. 

Loa infrascriptos aprovechan estaooasiop para renovar ¿ S. JJ. el 
gr. Ministrq deR. E. la seguridad des» alta consideración. 

Barón Gaos. 

Roberto Gore. 

A S. E. el Sr. D. Manuel y Herrera Obes, Ministro de Relaciones E*? 

teriores d&c. &c, &c. 

Triste désengaño para los mediadores: nuera y 
mas menguada derrota para los Gabinetes que adop- 
taron un espediente tan poco meditado: providencial 
triunfo de la Capital en aquellos momentos, los mas 
graves, los mas complicados en que se encontraba des* 
pues de sesenta y dos meses de asedio. 

Los Gabinetes, alternativamente interventores y 
mediadores, ofreciendo su apoyo á Oribe para entrar 
en Montevideo. 

i Rosas aliándose con aquella Capital para resistir 
ese triunfo. 

¡ Singularísimo fenómeno ! 

Muy luego Oribe, volviendo á su antigua y nor- 
mal posición de súbdito de Rosas, luego que este le 
hizo conocer su soberana voluntad, rompió la nego- 
ciación.. 



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DX LA'nrrERTElfClOlf AltfatO-FKAlTCTSA. 901 

Los Mediadores pasaron al Gobierno l?s Notas 
siguientes: 

(TRADUCCION.) 

A bordo del Magallanes, rada de Mon 7 
teyidep á 23 de Abril de 1848. 

Loe infrascriptos acaban de recibir ahora mismo una nota de 8. E. el 
Sr. General Oribe» de la que con esta acompañan copia, y en la que 
anuncia que se romperán las hostilidades entre las partes beligerantes 
veinticuatro horas despees de la en que dicha nota haya llegado ó su 
destino. 

Ella llegó á bordo de la Ralkigh á medio dia. 

Los infrascriptos mandarán sin demora una copia certificada á Mal* 
donado y á la Colonia, en donde las hostilidades no deben volver i em- 4 
pozar sino veinticuatro horas después de la recepción oficial de esta not 
te, según lo establece el art. 2. ° de la convención de 27 de Abril. 

^.infrascriptos aprovechan esta ocasión para reiterar á S. E. e| 
ér. Ministro de R. E. las seguridades de su alta consideración. 

Barón Gaos. 

Roberto Gorb. U 

Al Exmo. Sr. D. Manuel Herrera y Obes, Ministro de Relaciones Ex? 
tenores &c, &c. &c. Montevideo. 



El Ministro ote Relaciones Exteriores 1 
del Estado Oriental del Uruguay. ( 

Cuartel Jeneral en el Cerrito de la 
Victoria, Mayo 22 de 1848. 

Al Exmo. Sr. Plenipotenciario de Francia, enviado en misión especial 
al Plata, Barón Groe. 

El que firma, por orden del Exmo. Sr. Presidente de la República, 
Brigadier Jen eral D. Manuel Oribe, tiene el honor de dirqiise al Exnaov 
Sr. Plenipotenciario de Francia, para hacerle saber que no teniendo ys^ 
objeto la suspensión de hostilidades entre las fuerzas al mando de S, E. 
y las de la pla^sa sitiada de Montevideo, por haber quedado sin efecto ía' 

46 



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S62 1 * 0 * CtNCdERnORESCAPITRLBI * ' 

^pgocuicion proyectada. por intermedio dolos Exmos/Sres. Plenipoten- 
ciarios de Francia e Inglaterra, cesará dicha suspensión, y se renovarás 
lás hostilidades en esta línea al cabo de veinticuatro horas, contadas des* 
de que SS, EE. reciban la presente, con arreglo á la convención de 27 
de Abril último, conforme á la cual obrarán también los jéfes á las or- 
denes del Exmo. Sr, Presidente, en los puntos de Maldonado y Colonia. 

Con tal motivo, el infrascripto eáluda al Exmo, Sr. Plenipotencia- 
rio de Francia con su mas alta consideración y aprecio. 

Carlos G. Vi lladh moros. 

Es copia. 

Barón Gros. 

Roberto Gork. 

El Gobierno contestó exijiendo las declaraciones 
y medidas que se ven en la Nota que vamos á trans- 
cribir. Justo era ya poner término á la situación crL 
tica en que se hallaba la Capital y el Comercio, por 
ppnsecuencia d e la mala política de los Interventores 
y< Mediadores* Todo se había relajado y desvirtuado 
en aquella negociación. La situación jiraba desde 
Marzo, dentro de un círculo. tan peligroso como des- 
leal. De los nuevos Mediadores, á Oribe: de éste, á 
Rosas: de Rosas á Oribe y á los Mediadores, desem- 
peñando su papel cada una de estas partes maravillo, 
sámente. 

Los mediadores imponiendo sérios apercibimien- 
tos al Gobierno de Montevideo para obligarlo á tra- 
tar con Oribe, amenazándole abandonarlo sino lo 
hacía. 

Mientras que á ése mismo Oribe, los Mediadores 
trataban con el mayor acatamiento y condescen- 
dencia. . . - 



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DE LAINTBRVEfWQM ANaiO<FJtAfiCBf A. 8S* 

Oribe, diotando sus condiciones y su voluntad, -4 
ios mismos Mediadores y al Gobierno de Montevideo, 
con todo el aire de un verdadero poder independiente 
y soberano; al mismo tiempo que, se sometía humil* 
demente , á las soberanas dicisiones de su Senos 

ALIADO. 

Rosas á su vez, mandando á Oribe romper las 
negociaciones, que sin su prévia licencia entablara, y 
ordeñándole como verdadero SeíÍor, obedeciese 
sus órdenes volviendo á ocupar el menguado lugar que 
se le tienía designado: y Oribe obedeciendo ciega y 
vergonzosamente aquella voluntad soberana que le go« 
bierpa á su antojo desde 1840. 

Esta era la verdadera situación de la política. So* 
Lo el Gobierno se encontraba, en aquellos momentos, 
en el puesto de honor que tomó el 16 de Febrero de 
|843. 

Veamos esa Nota del Gobierno de Montevideo^ 

MINISTERIO) 
de \ 

Relacione* Estbriobes. ) 

Montevideo , Mayo 27 de 1849. 

El 25 a medio día tube el honor de recibir la nota del 22 que SS. 
EE. los S8. Plenipotenciarios de las Potencias mediadoras han tenido * 
bien dirijirme, para participarme, en contestación á mi anterior de 20 c|el 
Corriente, que el jeneraí Oribe ha retractado las proposiciones que había 
hecho por intermedio de SS. EE. 

Aunque los Sres. Plenipotenciarios se refieren á las proposiciones, 
de arreglo de que el Gobierno no se ha ocupado, por las razones que 
¿apuse en mi nota dél 12, y no á la aceptación de las bases principales 
propuestas por SS. EE., que era lo quo el Gobierno quería saber, 



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m 



&4s capitalis 



tedo/mira esa retractación del jeneral Oribe, como una negativa es prosa 
¿ la aceptación de las mencionadas bases por el estrecho enlace qne 
tienen entre sí. Sin embargo, como en asuntos de tanta gravedad, es 
itn portante que los hechos queden perfectamente establecidos, y que los 
eonceptoé sean claros é interjhrersables, S. E. el Sr Presidente mega 
á los Sres. Plenipotenciarios, quieran manifestarle categóricamente si la 
creencia del gobierno es conforme con la de SS. EE., y si este hecho 
importa la ruptura definitiva de las negociaciones empezadas. 

Al mismo tiempo S. E. el Sr. Presidente me ha ordenado, pida é 
los Sres. Plenipotenciarios quieran manifestarle las razones ó fúndame** 
tos en que el jeneral Oribe se haya apoyado, para faltar, de un modo 
tan singular, á la fe que debía inspirar á sus promesas, y comprometer 
tan- seriamente eso libertad a independencia de procedimientos que tanto 
hm hecho valer hasta ahora, para iejitimar sus monstruosas é injustifi- 
cables pretensiones. El conocimiento de ese acto en todos sos detalles, 
es de absoluta necesidad para la marcha ulterior del gobierno, y 8. E« 
crtte que la deferencia de los Sres. Plenipotenciarios en prestarse :á sos 
desees, en nada contraria las resoluciones que SS< EE. manifiestan ha- 
ber adoptado, pues que ese acto no es sino el complemento de otros 
ques ee ejercieron en tiempo y circunstancias h ábiles y que de ellos de- 
penden. * ^ j 

Entretanto, como cualquiera quesea la interpretación que se dé é 
1* conducta del Jeneral Oribe, ó la fuerza de los motivos que le hayan 
impulsado é obra* como ha obrado, es un hecho de toda evidencia que 
las gestiones de los Eres. Plenipotenciarios no pueden ir a adelante, f 
que por esta razón, la misión que les fué confiada, tal como se cotieibté 
por sus respectivos gobiernos, ba cesado ; S* E. el Sr. Presidente cree 
que es llegado ya el caso de poner un término i la situación penosa en 
que se encuentra esta plaza, que hoy, menos que nunca, puede ni debe 
ser indiferente á los Sres. Plenipotenciarios. No hay interés que con 
ella no sufra del modo mas funesto ; y si este mal podía imponerse 
cuando se creía que era necesario y forzoso, para los fines de los Po- 
deres mediadores, hoy, que esa razón no e caíate, pone las cosas en eí 
mayor estado de violencia. 

Cuando los Sres. Plenipotenciarios llegaron á estas aguas, esta plá- 
sa era el centro de todas tas transaciones mercantiles del Rio de la Pla- 
ta, y comó era natural, en ella se situaron y emplearon todos loa capí* 

eatran jerga y nacionales que las ajimentabaiK Si el bloqueo existen- 



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DB £ A «ITTBRVEffClOlf A*Crt.O-l>RANG£IA. 



81 » 

m hubiera levantado inmediatoment*, eses capitales y loa especufc- 
doree hubieran basado sos nuevas combinaciones* sobre un hecho cierto 
y los derechos que él confiere ; paro» como no ha sucedido así : como 
la franquicia de que eatáo en posesión los puertos de Buenos Airea y 
loe de la costa de la República* no es otra cosa mas que la relajación* 
en la practica* de eee bloqueo» cosa que era alterable y modificaba á 
voluntad de los Sres. Plenipotenciario s, laa especulaciones están parali- 
zadas, lo® capitales comprometidos, y U población sometida á un esta- 
do el mas afligente y el mas grave* porque refluye y afecta la parte po- 
lítica y militar en que se apoya la defensa de esta ciudad. 

Para restablecer pues* las cosas al estádo que tenían, y hacer ceaar 
loé principales males de aquella situación, •?. E. cree q«e basta, por aho- 
ya, vigorizar y hacer efectivo el bloqueo, con que los gobiernos ínter» 
Ventores, han considerado justo y conveniente hostilizar al gobierno de 
Buenos Aires, y á sos fuerzas en la República. Esta medida no es nue- 
va* es la misma queec'istía, y aun ecsi$te, pues que el puerto de Bue<* 
nos Aires está bloqueándose aun por un buque de las fuerzas navales dé 
los Poderes mediadores ; y por conSiguieote^ es de aqiielistque ios Srer, 
Plenipotenciarios pueden tomar* sin hacer innovaciones que oréeé uñé' 
situación nueva, para el caso que las instrucciones actuales de 83. 
fueren alteradas por las primeras instrucciones de sus gobiernos, di asi 
no se procediese, podría asegurarse lo contrario, porque entonces se alte. 
Varia, verdaderamente el órden establecido, y, para esto, seria precise 
suponer en práctica las instrucciones, cuya ejecución 38. EB., parecen 
estar resueltos á suspender hasta la llegada de las primeras noticias de 
Europa. 

Ademar, la situación pública, tal como existe boy, es en puro pro- 
vecho del gobernador de Buenos Aires ; y esto, no solo 8. E. cree que eé 
injusto, sino que hasta lo baila contrario á los mismos intereses de loe 
Poderes interventores, porque aumenta el poder material y moral de aquel 
caudillo* y dé, por cénsiguíente, mayor vigor á las tenaces resistencias 
qée le sugieren sus desmedidas y ambiciosas pretensiones. Los 38. Ple- 
nipotenciarios saben que este convencimiento fué el que dictó !a conduc- 
ta del Sr. Conde Waleérski, cuando apesar de la separación del hono-í 
rabie Lord Howden, y de la deficiencia de medios que dejaba la retira- 
da de las fuerzas navales de S. M. B., orejó de au deber continuar con 
el bloqoeo y establecerlo, aun como condición de ecsistencia para Mon-» 
t^video* cuya conservación eva un interés primordial de la interveuciónr 



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M6 xos cinco erbobeb hantaui : 

, . Desde entonces acá, ¿ka ocurrido aigun hecho que modifique el 
estado de las cosas ? ¿ El gobierno francés no ha aprobado la conducta 
de su Ministro? ¿ El gobierno británico no se ha asociado á esa po- 
lítica restableciendo las cesas en el mismo pié quetenian antes dola rup- 
tura del Plenipotenciario Ingles ? ¿ El gobierno de Buenos Aires ha da- 
do algún paso que lo haya hecho acreedor á las consideraciones de loa 
gobiernos interventores ? ¿I Ha cesado él de contrariarlas miras y los 
deseos de esos gobiernos en ia cuestión que se agita entre las dos Re- 
públicas del Plata ? ¿ No se está viendo todo lp contrario ? La gota 
misma de los Sres. Plenipotenciarios á que tengo el honor de contes- 
tar ¿ no atribuye á la oposición del gobierno de Buenos Aires, la retrae* 
tacion del jeneral Oribe ? Y si tal no ha sucedido ¿ como se juzgaría eo 
estas poblaciones del abandono de las únicas hostilidades que se han 
empleado para someter al gobernador de Buenos Airee ? ¿ Que clase dq 
impresión produciría en ellas ? 

Por tales consideraciones, y otras que S. E . abandona á la sagaci- 
dad y perspicacia de los SS. Plenipotenciarios, él no duda que so pres* 
tacan á tomar las medidas que solicita, ó en su defecto, cualesquiera 
otras que dén por resultado mejorar la situación común, y asegurar la 
defensa regular y eficaz de esta plaza, por el tiempo, á lo menos, quo 
SS. EE. consideren que deben permanecer en la posición especializa 
que están resueltos á asumir, y en que S. E. consiente, á esa condición. 
¿Os SÉ. Plenipotenciarios saben pues, que son las creencias que me hag 
manifestado confidencialmente, que la resolución que adoptan, es solo 
de circunstancias y no de derecho, ni de uso, ni de practicas diplomáti- 
cas ¿ y en este caso, S. E. el Sr. Presidente crée que está en posesión 
de hacer uso de aquella facultad, que, por otra parte, le es Hoveramente 
impuesta por las responsabilidades que. pesan sobre él. 

Al dejar cumplidas las órdenes que he recibido, me es grato reite- 
rar á SS. EB. los Sres. Plenipotenciarios de las Potencias mediadoras, 
las seguridades de mi mas distinguida consideración. 

Manuel Herrera t Obes. 

Excelentísimos, Sefiores Plenipotenciarios de Francia é Inglaterra Bas 
.. ron Gros y Roberto Gore. 

Los Mediadores, respondieron llenos de embara- 
zos, con la retractación de Oribe ordenada por Rosas, 



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DE «* INTBUVJÜMCIOM AECaO-ntAHOESA. É#ft 

por un lado, y por otro con los grandes acontecimíen* 
tos que en Febrero tenían lugar en París. 

Burladas todas sus combinaciones, por la supre* 
ma voluntad del Dictador de Buenos Ayres, la famo- 
sa revolución Francesa, venía, en cierto modo, á au* 
xi liarles para salir del conflicto, declarando, como sus- 
pendida la negociación hasta recibir nuevas instruc- 
ciones. 

El error y la vergüenza de la nueva derrota era 
necesario cubrirla de algún modo, y ese grande y 
magnífico acontecimiento absorvía en su propia gran- 
deza, todas las miserias del pasado y del presente* 
marcando una nueva y brillante marcha á la diploma- 
cia, á la política y á los intereses todos de las Nacio- 
nes, en la carrera de la civilización y de la libertad. 

Era esa para los Mediadores, la tabla del náu- 
frago. 

Bella y consolante transición: de las pobres ne- 
gociaciones de Oribe, el espíritu se alzaba, á ocupar- 
se, de los brillantes acontecimientos que llenaban dé 
asombro á todo el mundo. 

Salía el pensamiento como de una miserable pri- 
sión, para entrar en un nuevo y magnífico teatro 
donde todo se rejeneraba y tomaba nuevo ser: á cuya 
poderosa influencia, el mundo cambiaba su faz, y sus 
destinos se mudaban instantáneamente. 

La Nota de los Mediadores dice así: 



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W ■ I&8 CINCO ERltOMESCAWTALBS ?*? 

(«RATOCCION,) , ' :• ' '■ i' *r ■ r ' ¡- V '-h - -** 

Magallanes,, Rada de Montevideo 

Mayo 29 de 1848 >* 

Los infrascriptos han recibido ayer á las 4 de la tarde, la nota q«Ot 
8, E. el Sr. Ministro de R» E. les ha hecho el honor de dirijtrtee con 
fecha 27 del corriente. 

' Ellos han tenido ya el honor dé decirconfidencialmente á S. E. qüé 
con motivo de los grandes acontecimientos qué han tenido lugar en E»¿ 
ropa, se encuentran en la necesidad dé suspender en ciértó modo lami^ 
8Íon que estaban encargados de desempeñar hasta tanto que nuevas hw- 
truccioues, que esperan de un momento a otro, vengan á confirmar 6 
modificar las que se les habían dado. 

Ellos no pueden hacer mas que repetir hoy ¿ S. E. lo que le comu- 
nicaron en su nota de 23 del corriente, agregando solo, que les es étt 
estremo eénsible el que esta determinación, cuya imperiosa necesidad uo 
puede sjn embargo V. E. dejar de conocer, pueda presentar el ntenoc 
inconveniente al gobierno de Montevideo. 

Los que suscriben aprovechan ésta ocasión para renovar S 8. E. él 
Sr. Ministro de R. E. la seguridad de su mas distinguida consideración. 

Barón Groe. 

Roberto Gore. 

AS. £. el Sr. D. Manuel y Herrera Obes, Ministro de Relaciones Ex- 
teriores &c. &c« &c. 

El 7 de Junio, el Sr. Barón Gres, Plenipoteri* 
ciarlo del Gobierno Francés, pasó al Gobierne de 
la República la siguiente contestación; 

Magallanes, Rada .de Montevideo, 
Jumo 7 de 1848. 

El abajo firmado, Plenipotenciario de Francia, ha recibido el Id y 
29 de Mayo último, las dos notas que S. E. el Sr. Mioistro de Relacio- 
nes Ex rer iores le ha hecho el honor de escribirle el 12 y 27 del mismo 
mes. En la primera S. E. establece que el Sr. General Oribe lejos de 
haber accedido pora y simplemente á la invitación que h&bia recibido 
para tratar de la pas con el Gobierno de Montevideo, sobre iaa basas 



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Bft LA XHimtVaMIOéV A1IGL(HPRAHCR8A. 



Mentadas por las dos Potencias mediadoras, ha, al contrario, ó aceptada 
condicional mente esas basas, ó noto de hecho toda negociación : el Sr« 
Ministro de Relacione* Exteriores ruega también á ambos Plenipoten- 
ciarios, se dignen ecsigir del General Oribe, una nueva respuesta mas 
categórica que la primera, ¿ la demanda que le babia sido hecha por la 
nota del 5 de Abril último, y que sin duda, debia ser semejante a l&qup el 
Gobierno de Monte video había recibido el mismo día. En la segunda 
nota el Sr. Ministro de Relaciones Exteriores ruega al abajo firmado 
tenga á bien hacerle conocer los motivos que hayan podido determinar 
al General Oribe á retractar las proposiciones trasmitidas por interme- 
dio sayo; retractación hecha oficial por la renovación de las hostili- 
dades, y por las notas que el abajo firmado había tenido el honor de pa- 
sar á S. E. el 22 y 29 del roes pasado. El Sr. Ministro de Relaciones 
Exteriores, es pone también á los Plenipotenciarios la dificil situación 
en que se halla Montevideo, y les pide se dignen tomar las medidas 
que les parezcan indispensables para mejorar la situación común, y 
asegurar la defensa de la ciudad, ,por el tiempo, al menofe, que ellos crean 
deber suspender su misión ; es decir, hasta la ' llegada de las noticias 
de Europa que próximamente esperan. 

El abajo firmado cediendo á un sentimiento de alta conveniencia, 
que S. E. el Sr. Ministro de Relaciones Exteriores no desconocerá, 
cree deber abstenerse de responder por una discusión que sería al menos 
inútil, á las numerosas observaciones contenidas en esas do» notas ; ob- 
servaciones que el abajo firmado debe tanto menos aceptar, cuanto que 
muchas de ellas giran sobre hechos que S. E. no podía conocer exactio 
monte, ó sobre su poeisionea que no eran fundadas. 

S. E. el Sr. Msnistro de R. E., dice, con razón, que los Plenipo- 
tenciarios, no siendo negociadores, sino solamente encargados de hacer 
conocer las resoluciones y voluntades de bus gobiernos respectivos, no 
tienen la facultad de entrar ¿este respecto en ningún género de discu- 
sión ; pero por lo mismo que ellos no tenían que discutir, y que debían 
sin embargo, hacer efectivos tos buenos oficios que habían ofrecido 
y que fueron aceptados, han debido transmitir á una de las partes beli- 
gerantes cualesquiera que fuesen las proposiciones de par que pudieran 
ser presentadas por la otra ; con tal que, sin embargo, en esas mismas 
proposiciones se hallasen comprendidas las basas presentadas por las dojs 
potencias, y, especialmente, amnistía respecto de los indíjenas, la eegn. 
jidad respecto de las persou&s y propiedades de los eatranjeros, ei der 

47 



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870 



htS CINCO ERRORBS CAPITALB8 



toarme de las legiones, la partida de los Arjentinos, y la simultaneidad de 
estas dos operaciones. Si S. E. el Sr. Ministro de R. E M al aceptar 
estas mismas basas las hubiera intercalado en su proyecto de pacifica- 
ción que hubiese empezado ó concluido por todas las cláusulas que hu- 
biere juzgado conveniente insertar, el abajo firmado se habría apresu- 
rado á transmitirlas al Sr. Jeneral Oribe ,* como ba'eido de bu deber pa~ 
sar al Sr. Ministro de Relaciones Exteriores una copia de las proposi- 
ciones de) Jeneral Oribe, puesto que entre ellds se encontraban las ba- 
tas de que solamente tenían que ocuparse las Potencias mediadoras. Loe 
Plenipotenciarios no habrían, sin embargo, hesitado en prestarse á loa 
deseos delSr. Ministro de R.E., y pedir al Sr. Jeneral Oribe una nueva 
respuesta mas categórica que la que habia dado, si un hecho, que todo * 
el mundo conoce hoy, no hubiera venido á hacer imposible el suceso de 
la misión confiada á los dos Ajentes : el Sr. Jeneral Oribe ha retirado 
las proposiciones que habia presentado por su intermedio, y esta retrae^ 
tacion es una repulsa formal de prestarse á la invitación que le habia sido 
dirijida por los dos gobiernos, de tratar con Montevideo sobre las basas 
sentadas por ellos. 

Una nota de fecha 1? de Mayo no puede dejar duda á este respec- 
to, y para que S. E. el Sr. Ministro de R. E. pueda exactamente co- 
nocer los motivos que han obligado al Jeneral Oribe á tomar la detérmi- 
nación que hace saber, el abajo firmado sgrega aquí una copia certifi* 
cada de los párrafos mas importantes de esa misma nota. 

La repulga del Sr. jeneral Oribe era una de las eventualidades ne- 
cesariamente prevista por las potencias mediadoras, y los Plenipotencia- 
rios habrían obrado conforme á las instrucciones idénticas que habistf 
recibido, si el Sr. Plenipotenciario de Inglaterra no hubiera pasada al 
abajo firmado dos notas oficiales, datpdas el 3 y 6 de este mes, para 
declararle que, desde que el Gobierno Francés no habia enviado nuevas 
instrucciones al abajo firmado, ya no consideraba á los dos sgentes co¿ 
mo autorizados en ausencia de esos podereB indispensables (iu the absea- 
ce of such requisite authority) á continuar la misión colectiva que lea 
habia sido confiada por sus gobiernos respectivos. 

Esta determinación pone forzosamente un término a la misión que 
losados Plenipotenciarios tenían de concierto que llenar, y para obede- 
cer á las órdenes que ha recibido, el abajo, firmado volverá inmediata** 
mente á Europa, después de haber significado al gobierno de Buenos 
Aires que los dos gobiernos de Francia é Inglaterra le consideran obü- 



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DE LA INTERVENCION ANO LO «FRANCESA. 971 

gado á respetar la independencia de la República de Montevideo, peí 
muchos testos formales, especialmente por la convención do 27 de 
Agosto de 1828 y por el articulo 4. ° de la convención de 20 de Octú- 
bre de 1840. 

El abajo firmado aprovecha esta última ocasión para manifestar á 
S. E. el Sr. Ministro de Relaciones Exteriores toda la pena que siente 
El ver que los esfuerzos que habia hecho para restablecer la paz eq este 
Estado soo desgraciadamente -inútiles. Y renueva también á S. E. If 
seguridad de sus sentimientos de alta consideración. 

Barón Gaos, 

Al Sr. D. Manuel Herrera y Obee, Ministro de Relaciones Egteriorós 
&c. &a. &c. 



(Copia.) 

MINISTERIO BE RELACIONES EXTERIORES ) 

BEL ESTADO ORIENTAL DEL URUGUAY. S 

Cuartel Jeneral en el Cerrito de 1* 
Victoria, Mayo 17 de 1848. 

Al Exmo. Sr. Plenipotenciario de Francia, enviado en misión especial 
al Plata, Barón Gros. 

El que firma, por orden del Exmo. Sr. Presidente de la República» 
brigadier general D. Manuel Oribe, tiene el honor de dirijirse al Exmo. 
Sr. Plenipotenciario de Francia para hacerle saber que habiendo este 
gobierno pasado á manos del Exmo. de la Confederación Argentina ; 
como su aliado en la presente lucha, copia de la convención proyectada 
por intermedio de los Exmos. Sres. Plenipotenciarios de Francia é In- 
glaterra, para la pacificación de este Estado, con el objeto de consultar 
el acuerdo, sobre la retirada de las divisiones auxiliares arjentinas, de 
que habla el artículo 6. ° de la espresada convención, no ha creido el 
Exmo. gobierno mencionado de la Confederación Arjentma, ser llegado 
el caso de retirarse las tropas auxilieres arjentinas, porque no solo no 
juzga preservados por la antedicha convención loa derechos é intereses 
de las Repúblicas del Plata, sino al contrario, llama la atención de S. E. 
el Presidente sobre los graves inconvenientes que traería su consuma- 
ción. 



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878 



r lOt CINCO BKAOMBS CAPITALES ; 



En talestado deeosasS.E.el Presidente de ls Rsptibtiei lio hú* 
bieae establecido, en el referido art. 6. ° el prévio acuerdo con el Ezs 
gobierno de la Confederación Arjentina, sobre tas medidas que deberían 
tomarse para la retirada de las divisiones auxiliares, prévio acuerdo que 
siendo establecido sobre una tan importante basa de la proyectada con* 
vención, como que de la sóla sotueion de ella, depende la ejecución, en 
su caso, de todas la9 otras, mantiene necesariamente en suspenso, míen* 
tras aquel no se verifique, toda la negociación, sin producir derechos oí 
obligaciones para ninguna dé las partes ; aunque estos principios y Ib 
decida intención de 8, E. el Presidente de marchar en todo de acuer- 
do con el Exmo. gobierno de la Confederación Arjentina, no hubiesen 
en varias ocasiones sido presentados por el órgano del infrascripto ó los 
ÉxmoB. Sres. Plenipotenciarios, y aunque el mismo Exmo. Sr. Presi- 
dente no hubiese instado en esta acción al Exmo. gobierno de la Con- 
federación Arjentina, para que se espresase con la franqueza amistosa 
á que ta alianza de ambas Repúblicas, sus mútuos sacrificios y su in- 
terés común le autorizaban, siempre seria evidente que el Exmo. Gobier* 
Ufé de le Confederación Arjentina usaría, en virtud de todas esas consi- 
deraciones" de un derecho perfecto al emitir su opinión, manifestar su 
títodó de ver á respecto de la proyectada convención, é indicar tambieri 
las condiciones con que en guarda de sus intereses, se prestaría ¿ un 
arreglo, derecho perfecto que en ninguna manera le disputaría su Exce- 
lencia, cualquiera que fuese el interes que mediase. 

, Por otra parte existe 

• • - * ••••••••••••••#••• * 

una vez que por las rabones espuestas no se puede obtener este bene- 
ficio de la última proyectada convención por el intermedio de 8S« EE. 
que se registra en la nota que el infrascripto tiene el honor de dirigir 
á SS. EE. por órden del Exmo. Sr. Presidente, Brigadier General D# 
Manuel Oribe fecha 21 de Abril próximo pasado, y que por igual órden 
declara ahora el que firjne rio puede ser ya tomada en consideración* 



Esto sin embargo de ningún modo debilita los sentimientos de esti- 
poa y gratitud que S. É. abriga ácia los EE« SS. Plenipotenciarios, por 
sus esfuerzos en favor de la paz de estas regiones ; que por su parte Su 
Exelencia el Presidente vivamente desea. 

Con tal motivo el infrascripto tiene el honor de saludar á los BIX 



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DE LA IMTBEVJCÑG10X A NG LO «FRANCES A. 



«78 



88. Plenipotenciario® de Prenota ó Inglaterra con su mae alta comido- 
ración. 

(firmado.) Carlos G. VilíademoroS. 

fiatá conforme, 

Baróé Groé. 



El 11 de Junio, el Gobierno contestó al Baroa 
Groe con la Nota que aquí transcribimos, quedando 
terminada definitivamente la negociación. 

ministerio ) 

de V 

Relacione* Esteriores. ) 

Montevideo , Junio 11 de 1848. 

8, E. el Presidente de la República, queda impuesto de la nota fe* 
¿ha 7 del corriente, que 8. E. el Sr. Barón Groa, dirijíó ayer al infiras*» 
c ripio Ministro de Relaciones Exteriores, y de la cópia, en estrado, dd 
la que el Jeneral Oribe pasó ó 88. EE« los Sres. Plenipotenciarios de 
los Poderes interventores, participándoles que las negociaciones empe* 
zada« quedaban de todo punto rotas, pur la negativa del Gobernador dé 
Buenos Ay res á retirar sus tropas del territorio de la República. 

Al mismo tiempo S. E, se ha enterado con estrañeza del cese de la 
misión colectiva que 8. E. el Sr, Barón Oros se sirve comunicarle, y ha 
encargado al infrascripto lo transmita así á 8. E. el Sr. Barón Gros. 

El infrascripto, cumple, pues, cotí las órdenes recibidas; y apreven 
cha la ocasión para reiterar a 8. E. el señor Barón, las seguridades de 
su mas alta consideración y aprecio. 

Manuel Herrera t Obes. 

A S. E. el señor Barón Gros. # 

» 

El 8 de Julio el Plenipotenciario Ingles, pasó al 
Gobierno, una Nota igual á la del Ministro Francés 
de 7 de Junio. . 



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V. 



La Capital se salvaba nuevamente del mas in- 
minente peligro en que la colocaron tos mismos Ga* 
binetes, que con sus repetidas y solemnes declara* 
ciqnes, le impulsaron á continuar sus costosos sacri* 
ficios desde Mandeville y Delurde, renovando suce- 
sivamente sus declaraciones y protestas para salvar 
la Independencia de la República. 

Protejiendó abiertamente la entrada de Oribe 
en Montevideo, al frente de un Ejército de Rosas, 
candidato de éste, desde los momentos de la inva*? 
sien, y desde antes de ella, se destruía en su base y, 
en su ecsencia, esa misma independencia que solo 
puede existir, cuando la República, libre de todo 
poder estranjero, de toda influencia y coacción es« 
traña, ejerza su soberanía elijiendo sus mandata- 
rios y disponiendo de sus destinos. 

El resultado que los Interventores (Mediadores 
esta vez) se proponían, era un crimen contra la leaU 
tad que ellos mismos se habían obligado á guardar 
en la Cuestión. 

Era un Error Cafetal esperar que, por tan 
es t rabos medios, pudiera terminar la Cuestión y 'ciar 
la faz y el orden á la República, como lo anuncia*? 



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DE IiA INTERVENCION ANGLO-FEANCEgA. 



175 



ban los Plenipotenciarios en sus primeras comuni* 
caciones al Gobierno. 

La indiscreta ansiedad que aquellos Gabinetes 
manifestaban públicamente, por salir de la Cues* 
tion, perjudicando al éxito final de ella, no les dejaba 
conocer toda la deshonra, toda la ignominia, toda la 
injusticia y todos los inconvenientes que esa política 
traía aparejados. Contundidos con las anteriores der* 
rotas, con las reclamaciones y acriminaciones que de 
todas partes se les dirijían, solo buscaban un hbdIo 
cualquiera, par& poder anunciar á la Europa y al 
mundo, haber terminado la Cuestión del Plata, esperando 
que el hecho, subordinase todas las opiniones, todos 
los intereses perjudicados, librando él porvenir dees- 
tos infortunados Pueblos, del Comercio estranjero* 
de su industria y prosperidad futura, á las garantías 
que Oribe ofrecía, con tan candorosa buena fé, como 
el Dictador de Dueños Ayres en el Tratado Makau 
ofreció, indemnizaciones á los Franceses perjudica^ 
dos, y respeto á la independencia de la República* 
que tan bien supo cumplir después. 

Esos Gabinetes Interventores, no tomaban en 
cuenta el papel que en esa imprudente negociación 
le reservaban al Dictador: la naturaleza de su poder 
en aquellos momentos, su insaciable ambición y su 
indomable orgullo que, ofendidos con el nuevo jiro 
que se le daba á la Cuestión, la rechazaría perento* 
riamente, con mas audacia y arrogancia, que lo ha** 
bía hecho en las negociaciones anteriores; siendo 



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VR - tos cnce nsoia «timui- 

así, mas vergonzosa la derrotade los ’ Gabinetes lftí- 
terventores y mucho mas difícil y complicada la po- 
sición que asumirían después. 

No comprendían esos Gabinetes, toda la re sis* 
tencia que esa cobarde y pérfida negociación venía 
á provocar en el Rio de la Plata, entre sus pro- 
pios nacionales, en el Pueblo todo de la Capital, y 
en el Ejército que cubre sus trincheras, que antes 
de pasar por la ignominia de presentar el cuello 41 
cuchillo de Oribe, antes de manchar vilmente las 
glorias de cinco años, adoptarían' una resolución 
magnánima, digna de un gran Pueblo, en una Cau« 
sa santa protejida por el Cielo, descargando sus 
consecuencias sobre aquellos que, con tanta desleal- 
tad les colocaban en esa terrible alternativa. 

Ni gloria, ni interés, ni porvenir podía ofrecerles 
á los Gabinetes Interventores, aquella negociación. 
En el cataclismo de todos los ricos elementos polí- 
ticos, comerciales y sociales, que aquella ignominiosa 
misión venía á producir en el Plata, la Francia y la 
Inglaterra perderían masque nadie.Perderían el ho- 
nor, que para las grandes Naciones* como para las 
mas pequeñas, es el resorte poderoso de los grandes 
hechos, la base de los mas importantes negocios de 
Estado. Perderían las ventajas de su Comercio, y de 
su emigración en el Plata, trabados entonces y en- 
cadenados por el sistema de restricciones y absolu- 
tismo, que aquel triunfo, dejaría establecido en am- 
bas Repúblicas bajo el poder férreo, del Dictador de 



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Tdb la intervención anglo.franceia . ZV ¡ 

Buenos Ay res, elevado por ese medio al zeuis de«u 
loca ambición. 

Perderían mas: perderían esa estimación jeneral, 
ese buen nombre y respeto que todas las Naciones 
tienen necesidad de consultar en el Estranjero, como 
base indipensable en los tiempos modernos, para con- 
solidar y perfeccionar las relaciones comerciales y so* 
ciales, fuente fecunda hoy de la prosperidad de las 
Naciones y de su civilización; y sin las cuales forzoso 
es recojer antipatías arraigadas, como en el Brasil, ó 
proceder como en la India, y en Argel, con el canon 
déla conquista. 

Los Pueblos del Plata, cayendo por la deslealtad 
de aquellos Gabinetes, caían con gloria, relegando la 
Cuestión de principios, de libertad y de civilización 
para otra época, que tarde ó temprano llegará sin dii- 
da, (sí llegará) para estos Pueblos; y entonces, revin- 
dicando su dignidad y sus derechos, ajadas por el Dio* 
tador, asumirían una posición independiente y propia, 
libre de compromisos y mas honorable, cuanto que, 
ella sería conquistada con sus propios esfuerzos, con 
el mismo valor y perseverancia con que, alcanzaron 
su independencia del poder Español y esa posición 
vendría á ser mas alta, mas conspicua, y mas conve- 
niente para los Pueblos del Plata. 

Pero hacemos completa justicia al Pueblo Fran- 
cés y al Pueblo Ingles. Ellos no participaban de esa 
pobre y estraviada politica de sus Gobiernos: por el 
contrario la condenaban pública y severamente. Ahí 

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